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2019 2 Amazonia Peruana ¿Qué Futuro? Tabla de contenido Presentación Introducción Origen y finalidad Lo que este libro es y no es I. Visiones, ideologías y políticas sobre una Amazonia deseable Entendiendo la visión “desarrollista” Entendiendo la visión prudente: ambientalismo, socioambientalismo Desarrollo sostenible y otros estilos de desarrollo ¿Consenso posible? II. Mitos, confusiones y medio verdades ¿Tierra virgen? ¿Es verdad que el desarrollo prehispánico amazónico fue sostenible y ejemplar? ¿Espacio vacío? ¿Tierra sin dueños? “Chunchos bravos” Manto verde: ¿Todo igual? Biodiversidad: ¿Ventaja o desventaja? ¿Biopiratería? El siempre cambiante tamaño de los bosques de la Amazonía peruana Suelos pobres, pero…. “Pulmón del mundo” Perú, “país forestal” La ilusión del manejo forestal Promesas vanas: certificación y criterios e indicadores de sustentabilidad Internacionalización de la Amazonía Ordenamiento territorial, zonificación ecológica-económica III. Nuevas realidades La Sierra en la Selva: expansión agropecuaria y deforestación Ojos que no ven, corazón que no siente: la degradación del bosque Contribución a la economía nacional y pobreza Más y mejor infraestructura Las secuelas de la Iirsa El caso de las “interoceánicas” en el Perú Esperando las ferrovías e hidrovías Hidrocarburos ¿Hasta cuándo? Hidroenergía ¿cómo y para quién? La minería anárquica y devastadora 3 La Amazonía se urbaniza y tuguriza Contaminación en todas sus formas Caza y pesca: cada día menos y más difícil El cambio climático ya se siente y cuesta mucho IV. La gestión de la Selva: actores y sus acciones La “Ley de la Selva” continúa gobernando la Amazonía: Informalidad e ilegalidad ¿Política amazónica peruana? Planificación inexistente o inadecuada ¿Existe una política ambiental peruana? Los nuevos indígenas amazónicos Los actores financieros Amazonia y sociedad nacional Amazonia y sociedad mundial Influencia incontestable y creciente de China y Brasil Los científicos y su influencia en la Amazonía V. Lo que puede hacerse para un futuro mejor Estabilizar la frontera agropecuaria-forestal. Perspectivas y límites Aumentar la productividad agropecuaria Moratoria de construcción de carreteras en la Selva Regularización de la tenencia de la tierra y moratoria de venta de tierra con bosque para fines agropecuarios Sobre concesiones y permisos de extracción forestal Enfrentar la minería ilegal Para mitigar impactos de la explotación de hidrocarburos El manejo de las cuencas y los bosques de protección Áreas protegidas, la válvula de seguridad Los territorios indígenas ¡ojalá Reforestación y restauración El potencial subutilizado del bosque secundario Reinventando la gestión de los bosques naturales Piscicultura, manejo de la pesca y de la vida silvestre Turismo en la naturaleza Grandes empresas y sociedad local Oportunidades que ofrece la lucha contra el cambio climático VI. ¿Qué futuro? ¿Reinventar el Estado en busca de la democracia? Una visión de lo que puede ser esa Amazonia deseable Referencias 4 Presentación Esta es la versión original del libro “Amazonia: ¿Qué Futuro?” que se ofrece a los interesados con autorización de los patrocinadores de la edición publicada: Fondo Editorial de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle y Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza (Pronaturaleza). No tiene diferencias significativas con el texto impreso por la Editora y Librería Jurídica Grijley E.I.R.L., excepto en lo referente a diseño y diagramación. Este libro se terminó de escribir en diciembre de 2017 y su impresión fue concluida por la Editora Jurídica Grijley en mayo de 2019. Por ese motivo, como es obvio, algunas referencias estadísticas, así como hechos posteriores no fueron considerados. La realidad amazónica es rápidamente cambiante. El autor agradece a los patrocinadores por su apoyo para la publicación y a la Editora Grijley por su excelente aporte. Asimismo, muy en especial, reconoce el arduo trabajo del Dr. Lucas Lavado, primer editor y promotor de este como de otros libros de su autoría. 5 Introducción Origen y finalidad En 1990 el autor escribió un libro1 en el que pretendía resumir lo que estaba ocurriendo en la Amazonía peruana y, sobre esa base, trataba de vislumbrar las tendencias más probables para el ambiente, la sociedad y la economía. Ese libro también proponía las medidas alternativas que en el mejor entender del autor permitirían que la región se desarrollara de una forma ambientalmente durable y socialmente deseable. Casi treinta años han transcurrido desde esa revisión de la situación y la Amazonía ha cambiado mucho. No todo lo que se preveía a mediados de los años 1980, cuando aquel libro comenzó a ser escrito, realmente ocurrió. Los hechos superaron las previsiones o, en otros casos, éstas no se cumplieron. Algunos supuestos estaban errados y también ocurrieron hechos que no fueron previstos y hubo ¿cuándo no? equívocos. La Amazonia o Selva del Perú, aunque todavía relegada, ya no es la región tan aislada y abandonada por el gobierno central. Ahora hay carreteras por todas partes y otras que la unen al Brasil y a Ecuador y dentro de poco habrá más y también hidrovías y quizá ferrocarriles. El aporte económico de la Selva pasó de insignificante a ser significante, aunque todavía lejos de su potencial. La población creció bastante y ahora es más urbana que rural. Los indígenas amazónicos, antes ignorados, han ganado un papel político de primer orden gracias a su organización y arrojo y, lo que fueron reconocimientos incipientes de sus derechos se ha convertido en reclamos territoriales considerables. Ellos son ahora protagonistas, quizá los más activos y bien equipados de la política regional. La tímida regionalización de más de veinte años antes se ha convertido en verdaderos gobiernos departamentales que aunque muy imperfectos ya consiguen influenciar mucho el futuro de sus habitantes. Y estos reclaman más, mucho más que antes. En el ámbito geopolítico es obvio que se conocía el poderío y la influencia del Brasil en Sur América y en la Amazonia del Perú. Pero hasta los anos 1980s el Brasil parecía no interesarse mucho por sus vecinos amazónicos, aunque sus planificadores y diplomáticos ya iniciaban sus tentativas de poner el pie en la Selva peruana. Ahora, ese país tiene influencia gravitante en mucho de lo que acontece en la Amazonia del Perú. Sus empresas estudian y construyen gran parte de las obras y conducen muchas de las explotaciones de recursos, sus bancos financian o respaldan los emprendimientos y sus empresas públicas operan varios de esos negocios que son mucho más interesantes para ellos que para los peruanos. Los grandes bancos multilaterales, como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo pierden sus relaciones financieras con el Perú y las ceden al Brasil y a la Corporación Andina de Fomento y, ahora también a China. El socio comercial y empresarial más importante del Perú sigue siendo EEUU, pero China ya está casi al mismo nivel. El mundo también cambió mucho en esas tres décadas. La globalización se tornó una realidad palpable hasta en los últimos rincones del orbe y también de la Amazonía. Los computadores portátiles, la Internet y los teléfonos celulares funcionan con poca energía desde cualquier lugar remoto y ya no hay secretos para los satélites ni para los usuarios de herramientas de posicionamiento global. La demanda creciente de alimentos de los países emergentes más populosos ha posibilitado la transformación del cerrado brasileño en un inmenso campo de cultivo y crianza y eso está avanzando raudamente sobre la Amazonía de ese país y ya toca las 1 Dourojeanni, M. J. 1990 Amazonía ¿Qué Hacer? CETA, Iquitos, 444p. 6 puertas de la peruana. Otro cambio importante se deriva de la constatación de que el fenómeno de cambio climático es una realidad y de que el rol que la Amazonía desempeña como cementerio de carbono ya no es discutible. Lo que no cambió y que más bien aumentó como consecuencia de la aceleración del desarrollo, es la deforestación y por ende la destrucción de ecosistemas y de la diversidad biológica contenida en ellos. También aumentó mucho la degradación de los bosques que, aunque no fueron talados, han sido privados de parte sustancial de su contenido biológico, especialmente el más valioso para los humanos, como las maderas nobles y su fauna más conspicua. Al hacer ese descremado se interfiere simultáneamente en una serie de procesos naturales que afectan el futuro. Igualmente han aumentado los impactos ambientales negativos sobre suelos y agua, especialmente, a consecuencia de la contaminación minera, urbana y agrícola. La Amazonia es grande, bella y codiciada. Sus recursos naturales hasta el presente sobreexplotados y a la vez desperdiciados son menos importantes que sus servicios ambientales. De otra parte, la Amazonia peruana como toda la Amazonia se ha beneficiado del establecimiento de muchas áreas protegidas adicionales, así como de territorios indígenas más amplios. Ha comenzado a considerarse con alguna seriedad la conformación de corredores biológicos que permiten mantener el flujo genético entre áreas protegidas y el 7 sector privado comienza a participar en la tarea de proteger la biodiversidad. Ha habido ensayos pequeños y localizados, pero valederos, de agricultura o agroforestería sostenible, de manejo de recursos de fauna silvestre y de pesca. Otra tendencia que se ha confirmado es el desarrollo del ecoturismo y de otras modalidades de turismo en la naturaleza. Muchos de esos esfuerzos han sido realizados con participación efectiva y para beneficio directo de comunidades locales, como está de moda. También ha mejorado la calidad y la intensidad de la investigación científica, especialmente en el Brasil, pero también en el Perú. Todo lo anterior, y mucho más, configura una nueva realidad que merece ser analizada y comparada con la línea de base de los años 1980. Como se verá, varios de los paradigmas del desarrollo amazónico que guiaban a actores parapetados en trincheras diferentes se han revelado inexactos para unos y para otros. Hay argumentos que los ambientalistas ya no pueden usar pero hay evidencias que, asimismo, refuerzan la idea de que los desarrollistas deben observar un límite ya muy próximo a sus propósitos de expansión de la generación de riqueza en forma convencional. De eso trata este libro. Partiendo de la situación de la década de los años 1980 recopilada y resumida en el libro publicado en 1990, se analizan los cambios, se observan los errores, las inflexiones y sus motivos y se revisan las proyecciones. Se discuten éxitos y fracasos y se hacen nuevas proposiciones en la procura de un futuro mejor para la Amazonía bajo los nuevos parámetros amazónicos y mundiales. Porque la Amazonía peruana, es decir la Selva, está íntimamente asociada al resto de la Amazonia, pero especialmente a la brasileña, se hacen varias referencias a la situación en ese país. Brasil y Perú suman el 81% del territorio de la Amazonia y aunque varias veces menor que la brasileña, la Amazonia peruana es la que tiene más influencia ecológica en ésta, principalmente por ser el lugar de nacimiento del río Amazonas y de muchos de sus principales tributarios, es decir por poseer la mayor parte de la cuenca alta y media de la Amazonia. De otra parte, el Brasil es el país que tiene más influencia política y económica en el destino de la Amazonia peruana. Lo que este libro es y no es Este libro es una colección de opiniones sobre los principales temas de actualidad amazónica. Es esencialmente un texto político, pero es uno que no se preocupa con aparentar ser políticamente correcto. Al contrario, no disimula ser polémico ni pretende escapar a las consecuencias de esa actitud. Hay secciones que van a encantar a algunos lectores y otras que van a provocar la ira de esos mismos lectores. Otras van a ser detestadas por casi todos. Es improbable, aunque bien quisiera, que alguien concuerde con todo lo que se dice. Pero si el libro hace pensar un poco más a unos y otros, entonces habrá logrado su objetivo, que es dar a conocer mejor la crisis por la que atraviesa esa maravillosa región del planeta en el intuito de que sea mejor tratada. Este libro no es una enciclopedia sobre la Amazonía peruana. No dice todo sobre ella. No describe extensamente su geografía, su ecología, su economía, su sociedad, su historia, ni nada de eso. Apenas toca esos temas cuando es indispensable para la explicación que se desarrolla. Quien lo lea no extraerá conocimientos académicos que, en cambio, puede encontrar en otro lugar. En el libro hay mucha información, pero se la utiliza con fines argumentales y, por lo tanto, está dispersa. Hay temas que el autor conoce bien y hay otros que conoce poco o mal pero que incluyó en el texto para no dejarlos de lado, pues también son 8 importantes. En algunos temas está muy actualizado, en otros un poco menos en especial debido a la rapidez del enorme flujo de informaciones que se producen a diario sobre esa región. Este libro es un impulso para describir lo que el autor siente o sabe que la mayor parte de la ciudadanía aún no comprende. Estando ya avanzado el siglo XXI y estando la Amazonía casi extinguida en relación con lo que fue apenas setenta años atrás, es decir apenas en el término de una vida humana, la mayor parte de los habitantes del planeta y de los países amazónicos siguen creyendo que esa región es igual a cuando Orellana llevó allí los primeros ojos sorprendidos y las primeras manos ávidas de los europeos. Lamentablemente, esa región no es más nada de eso. Este libro no es tampoco --¿y cómo podría serlo?-- totalmente original. Mucho de lo que aquí se escribe ya fue dicho por otros y también por el propio autor. En efecto, por ejemplo, en 1993 le correspondió compartir la coordinación técnica del informe de la Comisión Amazónica de Desarrollo y Medio Ambiente que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y las Naciones Unidas patrocinaron y que produjo el documento “Amazonía sin Mitos” 2, en el que como su título indica ya se hizo un primer esfuerzo de descartar o mostrar la verdad sobre La población amazónica merece que el resto de los peruanos se preocupe por ellos y les brinde una verdadera oportunidad de muchos de los mismos aspectos que desarrollo (milano). se discuten en este libro. Pero la velocidad de los cambios se acelera año a año y ya existen diferencias, algunas notorias, sin mencionar que aquel informe fue producto de un laborioso consenso, con requintes de lo que era políticamente correcto, que no siempre reflejó la opinión del autor. Además, en el presente libro se han aprovechado parcialmente varios artículos de opinión del autor que fueron publicados en revistas virtuales, especialmente en portugués en el sitio O Eco3 y en castellano, en Actualidad Ambiental4. La organización del libro tampoco es convencional. Su estructura está basada en lo antes mencionado: en el primer capítulo se revisan las visiones sobre lo que podría ser un futuro deseable y para quienes; en el segundo se discuten las medias verdades del pasado que ahora son casi mentiras y los mitos que resisten a la erosión del tiempo; en el tercero se describen las nuevas realidades y, en el cuarto, se aborda la gestión del espacio amazónico y sus actores centrales. En el penúltimo capítulo se hace un esfuerzo para explicar lo que puede hacerse para construir un futuro mejor y, en el último se describe cómo ese futuro podría ser y se mencionan algunos de los elementos indispensables para alcanzarlo. Por eso, algunos temas 2 Esa Comisión estuvo integrada por expresidentes de cada uno de los países amazónicos y contó con personalidades como Gabriel García Márquez, Javier Pérez de Cuellar y José Goldemberg, además de representantes de los indígenas y de los pobladores tradicionales. 3 O Eco (http://www.oeco.org.br/) 4 Actualidad Ambiental (http://www.actualidadambiental.pe/) 9 se reiteran en más de un capítulo, aunque desde ángulos diferentes y, eso puede dar una semblanza de confusión. Así siendo, este libro no es completo. El lector no encontrará respuesta u opinión sobre todo lo que puede desear, pero si sobre muchos temas que son motivo de debates y desentendimientos conceptuales. También será evidente para el lector que unos temas se desarrollan más que otros. Eso, aunque puede desconcertar, es una licencia que como dicho refleja el interés del autor por temas específicos o su mayor conocimiento al respecto. Este libro tampoco es un texto científico. El autor ya se cansó de tener que citar una fuente para los hechos más evidentes y bien conocidos, como lo hizo durante más de 40 años. Aun así, procura hacerlo cada vez que asume que esa información es nueva o que, si es antigua, no es recordada o si, en cambio, es particularmente relevante. Por eso y a pesar de lo manifestado, se ofrece un cuantioso número de citas y referencias bibliográficas. Las de textos publicados convencionalmente se citan al final. Las que sólo fueron publicadas en la Internet y los comentarios se citan al pie de página. El autor definitivamente prefiere considerar este libro como un manifiesto conceptual o tal vez político, de política amazónica que un libro técnico. Finalmente La primera edición de este libro fue publicada en 2011, bajo el título “Amazonía Probable y Deseable”5. Esta nueva edición recoge lo esencial de la primera, pero ha sido actualizada, revisada y corregida. Los ocho años transcurridos entre la preparación de la primera edición y esta han visto cambios importantes que no podían ser soslayados. El volumen de revisiones y correcciones ha sido grande. Aunque hay algunos textos que poco se tocaron --aquellos en los que el autor no es especialista-- otros fueron completamente modificados. Por eso, de común acuerdo con el editor, se decidió cambiar el título, aunque el nuevo mantiene la idea del anterior. Las fotografías incluidas en este libro son en su gran mayoría del propio autor. En los casos en que no lo son se indica el origen. Al autor le apasiona escribir y por eso puede pasar muchas horas diarias durante meses y años pesquisando informaciones y redactando. Eso implica, evidentemente, desatender otros menesteres importantes y se transforma en un peso para la familia que espera más atención y participación. Por eso sería muy injusto en esta ocasión no mencionar su agradecimiento profundo a su esposa, María Tereza, que con paciencia y a veces con impaciencia soportó la preparación de este libro en sus dos versiones. Escribir puede parecer difícil, pero transformar los manuscritos en libros tampoco es fácil. Mi editor es un profesional y académico experimentado que, como el autor, gusta mucho de su trabajo al que por eso hace tan bien. Lucas Lavado merece todo mi agradecimiento por su invalorable apoyo para transformar este libro en una realidad. 5 Dourojeannni, Marc J. 2011 Amazonia Probable y Deseable Ed. Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Lima 273p. 10 I. Visiones, ideologías y políticas sobre una Amazonia deseable Las visiones sobre el futuro de la Amazonia peruana se encuentran, grosso modo, entre dos extremos que son bien conocidos: (i) una región en que la destrucción y alteración de los bosques naturales se ha detenido, asegurando el mantenimiento de servicios ambientales esenciales y, (ii) una región que contribuye muy significativamente a la economía nacional mediante actividades agropecuarias y explotación irrestricta de sus recursos naturales renovables y no renovables. La lógica detrás de la primera visión es que la Amazonia peruana --como toda ella-- ha sufrido tanta destrucción de sus recursos naturales renovables, especialmente sus bosques, que sus servicios ambientales están ya alcanzando el punto de “no retorno” y que las consecuencias económicas y sociales de ese hecho serán enormes, mayores que cualquier beneficio mediato que pueda obtenerse sustituyendo o alterando lo que queda del bosque para especulaciones económicas. El punto de vista de los que defienden la segunda opción es que la Amazonia tiene gran potencial para la producción agropecuaria y que asimismo debe producir madera, petróleo, minerales y otros bienes y que, por lo tanto, la sustitución del bosque es inevitable y que las consecuencias ambientales serán soportables o solucionables. Visiones antagónicas sobre el desarrollo de la Selva. Pero en realidad hay espacio para ambas si se aplica el sentido común. Debe quedar claro que la primera opción no implica paralizar el desarrollo económico de la Selva. En efecto, si bien defiende detener la deforestación --deforestación cero--, preconiza el uso más intensivo de la tierra deforestada y ya habilitada con infraestructura de transporte. Existe evidencia incontestable que la productividad agropecuaria de esa región, actualmente muy baja, puede ser incrementada varias veces, es decir, que se puede elevar mucho el producto bruto amazónico sin deforestar más. Tampoco se opone a la explotación de recursos no renovables. Apenas insiste en que se haga usando técnicas ambientalmente adecuadas. Es decir que esa visión presupone imponer y respetar límites a la expansión futura de la actividad económica. Pero también implica una serie de medidas para usar más y mejor las áreas que ya han sido deforestadas o degradadas. La segunda visión no cree --o pretende no creer-- que la sustitución de todo o de gran parte del bosque sea inadecuada o peligrosa para el futuro. Al contrario, aplaude que los recursos de la Amazonia sean aprovechados y que en ella prosperen la extracción forestal, las actividades 11 agropecuarias y las plantaciones industriales, así como actividades de pesca, minería y extracción de hidrocarburos. Para eso promueve la infraestructura de transportes, generación de energía, industria y, asimismo, expansión urbana. Esa visión corresponde a la inmensa mayoría de la sociedad peruana, incluyendo gran parte de los más influyentes, o sea los empresarios, industriales, hacendados y comerciantes; así como casi todos los pobres --entre ellos agricultores y mineros informales-- que ven en la Amazonia una esperanza de mejorar sus vidas y, claro, también incluye todos los que dependen de los anteriores, así como los políticos y gobernantes que los representan. Ellos quieren libertad para explotar, procesar, vender y comprar los recursos naturales de la Amazonía y los bienes que de ellos se derivan. Son aquellos para quienes la Amazonía viene precedida del signo monetario. Se trata pues de visiones del futuro que en sus extremos son absolutamente opuestas pero que tienen una infinidad de opciones intermediarias, de esas que suelen describirse como “ni tanto ni tan poco”. Definirla y consensuarla no es tan difícil. El problema de fondo es conseguir acuerdos valederos para hacer lo que se necesita para alcanzarla. Por eso, la discusión por delante no es tanto sobre el “futuro aceptable o deseable” sino sobre cómo alcanzarlo. El cómo --aceptable o soportable-- es la esencia de este libro. No existe “futuro deseable” que sea unanimidad, salvo que se trate de una utopía y que, por lo tanto, sea irrealizable. Aunque pueda lograrse cierto consenso, o por lo menos una mayoría a favor de un objetivo deseable para el futuro predecible, esto no se extenderá a la cuestión fundamental de cómo alcanzarlo. En efecto, transformar en realidad el futuro escogido implicará necesariamente limitar los intereses de segmentos de la sociedad que, en consecuencia, se opondrán o se resistirán a cumplir las medidas aprobadas. Entendiendo la visión “desarrollista” o economicista La población humana crece y sus necesidades también. Estas últimas aumentan aún más rápidamente. Por eso, espacios grandes como la Amazonia sufren o reflejan demandas tanto locales como nacionales y, cada vez más, mundiales y son vistos como espacios vacíos para la expansión de la población, la producción de bienes y las correspondientes oportunidades de negocio. Y así ha sido desde que, después de la segunda guerra mundial, la Amazonia peruana, como la de los demás países que son sus dueños, fue abierta a la ocupación masiva mediante la construcción de carreteras. La consecuencia más evidente de la ocupación de la Selva por el resto de los peruanos ha sido la deforestación de posiblemente más del 18% de esa región y la degradación -principalmente debido a la extracción maderera-- de la mayor parte de los bosques que aún existen. Otra consecuencia, cada vez más evidente, es la contaminación de ríos y suelos a consecuencia de la explotación minera y de hidrocarburos, así como de la agricultura. Asimismo, ya está demostrado el impacto negativo de la deforestación sobre el régimen hídrico. Lo peor es que la calidad de la vida de la población regional no ha mejorado y que sus niveles de pobreza están entre los más bajos del país. Es, pues, indiscutible que algo estuvo errado en la política y la práctica del “desarrollismo6” en la Selva durante los últimos 80 años. Para este texto, “desarrollismo” es apenas un término usado para expresar un estilo de desarrollo que otorga exagerada prioridad al objetivo de crecer, aumentar, producir, crear empleos, hacer dinero y que tiene tanta fe en que eso es lo único que necesitan las sociedades de los países en vías de desarrollo, que atropella otros elementos que son igualmente esenciales para un futuro durablemente prospero, en especial el ambiente. 6 12 Pero el Perú insiste en seguir haciendo todo igual al pasado, es decir seguir practicando lo que se conoce como “business as usual”. Es decir que con sus diversas variaciones y facetas que, no es del caso describir aquí, el desarrollismo aumentó la presión sobre los recursos naturales y expandió mucho la infraestructura para explotarlos. Luego, la aplicación del término desarrollismo fue siendo cada vez más difusa y finalmente su nombre fue cayendo en desuso por los economistas que ahora hablan esporádicamente de neo-desarrollismo. El neoliberalismo tomó su lugar. Aunque el desarrollismo es confundido con una de las formas del capitalismo neoliberal, éste es diferente pues al contrario del desarrollismo reduce la influencia del estado y, por eso, enfatiza tanto en la privatización de la producción y de los servicios, inclusive de la explotación de materias primas estratégicas, como el petróleo y en la de los servicios públicos, como las carreteras y el agua potable, por ejemplo. Pero, al final, las consecuencias para los recursos naturales y el ambiente son las mismas. Probablemente debido a esos antecedentes, el desarrollismo, confundido o no con el neoliberalismo, se ha convertido en un emblema de “enemigo del ambiente” y este mismo autor lo ha usado frecuentemente para describir los que quieren desarrollo a cualquier precio, especialmente sin llevar seriamente en cuenta las implicaciones ambientales y sociales y sus costos de medio y largo plazo. De todos los gobernantes de los países amazónicos que siguieron esa política, el más destacado ha sido el presidente brasileño Juscelino Kubitschek que, en su afán de aplicarlo, trasladó la capital de su país de Rio de Janeiro al centro del mismo, en Brasilia. Esa medida, entre muchas otras, permitió la rápida ocupación del cerrado que, como bien se sabe, desarrolló considerablemente a costa de la conversión de los El sueño del desarrollismo es transformar la Selva en un gran ecosistemas naturales en campos de emporio agropecuario, como el que se observa en tierras del cultivos y crianzas. El Presidente cerrado de Brasil Belaúnde Terry fue su fiel imitador peruano con la construcción de la Marginal de la Selva y su fallido intento de mover la capital del Perú de Lima a Ciudad Constitución, en el río Pachitea. Aunque con disfraz socializante, el gobierno militar de Juan Velazco Alvarado también aplicó un criterio típicamente desarrollista en lo referente a su política de explotación petrolera en la Selva Norte, cuyas consecuencias se pagan hasta el presente. Pero eso es asimismo lo que hicieron todos los gobiernos peruanos, sin excepción, siendo expresiones centrales recientes de esa política la construcción de las carreteras interoceánicas sur y norte, así como las propuestas de hacer ferrovías, entre muchas otras. El discurso de los que representan la posición desarrollista o economicista es usualmente “políticamente correcto”, es decir que casi siempre dice lo contrario de lo que piensan y hacen. Abusan de la táctica de no oponerse formalmente a una visión razonable, equilibrada de desarrollo amazónico y por eso se lavan las manos aceptando leyes y medidas que en teoría son suficientes para permitir un futuro deseable de la Amazonía, pero que saben que no serán cumplidas y creando instituciones convenientemente inocuas, como sus ministerios del ambiente. Por ejemplo, todas las grandes carreteras amazónicas son promovidas y a veces planeadas con “los más esmerados cuidados ambientales y sociales”. Pero no existe ningún 13 caso en que así fuera, ni en el Perú ni en ningún país amazónico. Ese uso persistente y plenamente deliberado de la mentira aletarga y engaña a las mayorías nacionales. Si en el Perú apenas se cumpliera la constitución y las leyes, eso sería suficiente para materializar la visión de desarrollo que preconiza límites al crecimiento económico convencional. El problema es que las leyes y los planes son gestados en un contexto de falsedad consensual que los hace estériles en todo lo que puede imponer límites al crecimiento económico. No obstante, se debe reconocer que el desarrollismo ha tolerado la adopción de algunas medidas ambientalistas importantes como son las áreas naturales protegidas y los territorios cedidos a los indígenas en forma de comunidades nativas y reservas territoriales. Se trata de espacios considerables que ya abarcan la mitad de la Selva. Asimismo, impone límites legales de tipo ambiental a la explotación de los recursos y a todas las actividades económicas que se desarrollan en la Selva. Pero, como dicho, no las hace cumplir o las hace cumplir relajadamente. Y, contrariando decisiones oficiales de frenar la deforestación, como la anunciada “deforestación cero” del Ministro del Ambiente Antonio Brack durante el gobierno de Alan García, promueve al mismo tiempo construcción de carreteras y de otras obras públicas que son vectores reconocidos de la deforestación. El desarrollismo se manifiesta, pues, por medio de inconsistencias, contradicciones y marchas y contramarchas. Como anticipado, no hay que creer que el desarrollismo es defendido y practicado única o principalmente por los ricos y poderosos que hacen grandes plantaciones de palma aceitera o de cacao o que desde las grandes capitales del mundo deciden explotar minerales o petróleo en la Amazonia del Perú. Al contrario, esa visión del futuro es compartida por la inmensa mayoría de los pobres urbanos o rurales ¿Qué otra cosa practican los campesinos andinos que bajan a la Selva para hacer chacras informales o para trabajar en la mimería ilegal de oro? De hecho, la mayor parte de la deforestación es ocasionada por agricultores pobres que abren pequeñas chacras informales y que practican agricultura migratoria. Y gran parte de la degradación del bosque la provocan los informales que extraen madera. Son asimismo pobres los que demandan la construcción de carreteras que aceleran o amplían la deforestación, del mismo modo que son pobres los pescadores que están destruyendo el potencial pesquero de los ríos amazónicos. Es cada vez más frecuente que sean indígenas los que defienden la minería ilegal de oro. Claro está que la motivación de esos pobres no es “capitalista”. Ellos procuran sobrevivir o mejorar sus vidas, prosperar. Nada más justo… pero su impacto en el ambiente que los rodea no es diferente del que ocasionan los ricos y poderosos, a los que frecuentemente están asociados en la cadena productiva. La posición desarrollista tiene otros argumentos que merecen atención. Entre ellos destaca el papel de la ciencia y la tecnología, en los que el desarrollismo se apoya mucho. En esencia, el desarrollismo sostiene que el ingenio humano podrá resolver todas las consecuencias de la alteración del ambiente que el crecimiento económico provoca, inclusive los derivados del cambio climático que, además, pone en duda. Algunos hechos muestran el valor de esos argumentos. Por ejemplo, en la actualidad perdió relevancia el criterio de que los suelos amazónicos son demasiado pobres para una producción agropecuaria sostenida. Esa teoría, antes defendida por científicos prestigiosos, preconizaba que esa región pasaría de ser un “infierno verde a un desierto rojo”7 si se usaba para agricultura. Hoy se dispone de paquetes tecnológicos que permiten realizar una actividad agropecuaria sostenida y prospera, sin degradar el suelo. El problema es que pocos la usan plena o adecuadamente, siempre colocando el lucro como prioridad. También esa visión pone en duda el valor de conservar 7 Título de un libro muy famoso de Howard Irvin y Robert Goodland (1975) 14 toda la diversidad biológica para el futuro de la humanidad. Dicho de otro modo, no ven como problema perder algunas o muchas especies de plantas o animales que, de cualquier modo, según ellos, no aportan beneficio evidente a la humanidad. Recientemente un conocido biólogo publicó un artículo intitulado “No tenemos que salvar las especies amenazadas. La extinción es parte de la evolución” (Pyron, 2017). No llevó en cuenta, claro, que la presente “evolución” es cualquier cosa menos normal. Otros simplemente consideran que los avances en la ingeniería genética podrán suplir las eventuales necesidades futuras. Como se desprende de todo lo anterior el inmediatismo es una característica importante del desarrollismo, en especial del tropical. Resolver la pobreza y/o ganar dinero, es el carro jefe del desarrollismo y mientras más rápido se logren mejor. Lo que ocurra después, en el medio plazo y especialmente en el largo plazo, en la práctica importa poco. Entendiendo la visión prudente socioambientalismo, buen vivir o ecologista: ambientalismo, Existe una infinidad de visiones que son menos agresivas al ambiente que la que se ha denominado “desarrollista” o economicista y esas visiones prudentes o más prudentes se conocen genéricamente como “ecologistas” o “ambientalistas” y pretenden aplicar el desarrollo sostenible u formas similares de desarrollo, menos agresivas al ambiente. Obviamente, los actores de esa visión están muy lejos de tener una voz unánime y, en sus extremos suelen ser útiles a los “desarrollistas”. La división más notoria y simple es la que se da entre los que son llamados “ambientalistas” y los que se autodenominan “socioambientalistas” pero, entre ellos hay asimismo una gradiente sutil pero continua y muy larga de tonalidades y propuestas que los hace a veces indiferenciables. El ambientalismo es un derivado del proteccionismo del siglo antepasado que, a su vez, era una respuesta a la idea de que la naturaleza era inagotable. Hasta finales del siglo XIX, la mayoría de la humanidad creía que los recursos naturales eran tan vastos que no podían acabar. Era la época de las grandes exploraciones y descubrimientos y el mundo era “ancho y ajeno”. La Amazonía, Borneo y la África subsahariana aún eran considerados “tierra salvaje”. Las ballenas eran cazadas por millares en todos los mares y las plumas de avestruz adornaban sombreros, así como las pieles de jaguares, tigres y chinchillas y la preciosa lana de vicuña, extraídas directamente de la naturaleza, eran suficientes para cubrir las señoras y señores ricos o poderosos de la época. Esta actitud generó una fuerte reacción de intelectuales y científicos que, como siempre, fueron los primeros en percibir que la tal abundancia era apenas aparente y que al ritmo de destrucción que predominaba, todo se acabaría pronto. Así surgió la idea moderna, de la "protección de la naturaleza", qué en ciertos medios y temas fue dominada por razonamientos éticos y estéticos. La frase “no se puede ni debe destruir lo que Dios creó y que no se podrá crear nuevamente” es una buena definición de esa tendencia. Pero, ya en el siglo pasado, en especial después de la segunda guerra mundial, el proteccionismo evolucionó rápidamente al conservacionismo. El conservacionismo, a diferencia del proteccionismo, admite sin ambages que la naturaleza puede ser aprovechada, pero, insiste, que eso debe hacerse con precaución. Es mucho más realista y moderada que el proteccionismo, con buen equilibrio entre la ética y la economía, reconociendo el hecho de que la población humana necesita más espacio y más recursos para sobrevivir y, por tanto, recomienda un difícil pero armonioso equilibrio entre el crecimiento de las necesidades humanas y el mantenimiento del entorno natural. Se inspira en líneas de pensamiento como el 15 “desarrollo racional”8 o el “ecodesarrollo” de Ignacy Sachs9 y, claro, en la “conservación”, esta última acuñada esencialmente por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en 1980. Los ambientalistas de hoy aplican la filosofía conservacionista que, definitivamente, lleva en cuenta los mismos aspectos sociales que son reclamados como incrementales por el socioambientalismo. El socioambientalismo es un fenómeno relativamente reciente que, en esencia, es una versión que pretende ser más social que el ambientalismo. Pero, antes de su invención, nadie había pensado que respetar o cuidar el ambiente pueda no ser beneficioso para la humanidad. Menos aún que la conservación de la naturaleza y sus recursos podría socavar la sociedad o que podría practicarse sin el apoyo activo y la participación de la población, especialmente la local. Pero cuándo el término "socioambientalismo" fue acuñado, posiblemente buscando una originalidad que justifique su nacimiento, esta tendencia ha tratado de distanciarse del ambientalismo inventando diferencias y creando algunas, lamentablemente muy reales10. El resultado ha sido un fraccionamiento muy serio del movimiento ambiental. No hay ninguna definición concreta o académica de socioambientalismo. Pero leyendo lo que quienes lo practican escriben sobre sí mismos, se puede describir como "un ambientalismo con conciencia social". Por supuesto que hay maneras más complejas de definir esta tendencia, pero el esfuerzo por construir el socioambientalismo está bien descrito en Santilli (2005) y, especialmente, en ese documento es obvio que surge de la intromisión de científicos o profesionales sociales en el área ambiental, antes dominada por científicos o profesionales de las ciencias naturales. Para eso, encontraron el fácil camino de sugerir que el establecimiento de áreas protegidas, que es quizá la única forma demostradamente exitosa o, la más exitosa conocida, para proteger algo de la naturaleza, perjudica a la sociedad local, es decir un camino que ya había sido trillado mucho antes por el sociólogo estadunidense Gary E. Machlis (Machlis & Tichnell, 1985) que preparó un ominoso informe basado en una encuesta tendenciosa que permitió acuñar el slogan “parque de papel” hasta hoy profusamente usado por el socioambientalismo para denigrar el ambientalismo. Argumentos teóricos para esa tendencia surgieron de todos lados, especialmente a través de la influyente UICN donde llegaron importados del Asia por intermedio de su asesor científico11. Pero, en realidad, esa tendencia nació en los de EEUU. Asimismo, la Comisión Brüntland que preparó el informe de las Naciones Unidas sobre ambiente y desarrollo, publicado como “Nuestro Futuro Común” (1987), que estaba mayoritariamente integrada por personalidades del área social, dio un tremendo impulso a esta tendencia gracias a la idea del 8 Término usado entre la posguerra y los anos 1980s, para diferenciar desarrollo con sentido común del desarrollo mal hecho habitual. 9 Personaje muy importante para la Amazonia. Vivió en el Brasil en los años 1950 y visitó Perú en 1972. Creó, en 1985, el Centre de Recherches sur le Brésil Contemporain (Centro de Investigación sobre el Brasil Contemporáneo) en Paris. Formuló el concepto de ecodesarrollo que precedió al de desarrollo sostenible. En el Perú ayudó al Instituto Nacional de Planificación (INP) y al Ministerio de Agricultura a formular el primer plan de desarrollo de la Selva. 10 Muchos opinan que el aparente éxito del ambientalismo en obtener recursos económicos para proteger especies y ecosistemas en los años 1980 y 1990 animó los científicos sociales a pedir “una parte de la torta” para financiar sus proyectos de campo. 11 La UICN tuvo un periodo largo de dominio socioambiental, especialmente cuando la educadora Yolanda Kakabadse era su Presidente, la antropóloga Maritta Koch-Weser era su Directora General y el sociólogo Jeffrey McNeely su Director Científico. Ellos favorecieron esa tendencia esencialmente política en la membresía, cargos directivos y en eventos, alejando de la UICN a muchos científicos. 16 desarrollo sostenible. Esta es esencialmente una utopía engañosa. Desde que fuera popularizado, el término “sostenible” se convirtió en una panacea para todo los males que amenazan a la humanidad debido a sus propios abusos contra la naturaleza. El concepto de que no existe naturaleza intocada es uno de los axiomas del socioambientalismo que, posiblemente sin proponérselo, ha contribuido mucho a acelerar el proceso de destrucción de la Amazonía. En efecto, esa conclusión destorcida es frecuente y es respaldada por teóricos y políticos de izquierda, dando lugar a una serie de decisiones como la entrega de parques nacionales a grupos indígenas o la amputación de otras áreas protegidas para beneficio de pobladores “tradicionales” que, supuestamente, protegen mejor la naturaleza (White et al, 2005). El socioambientalismo es muy fuerte en el Brasil. Allí fue propagado por varios autores, pero principalmente por los sociólogos Diegues (1996) y Allegretti (2002) a lo largo de las últimas dos décadas. La creciente influencia nacional del Partido de los Trabajadores (PT) en los años 1990 y 2000 obviamente contribuyó mucho a esto. En la Amazonía, diversas circunstancias transformaron al líder sindical Chico Mendes --ver recuadro-- en el mentor supremo del socioambientalismo, del que su papisa actual es Marina Silva12, discípula del anterior. El caso de Chico Mendes es importante pues se refiere específicamente al socioambientalismo amazónico. Francisco "Chico" Mendes al igual que más recientemente Dorothy Stang13 fueron asesinados porque los intereses que propugnaban se oponían frontalmente a los de agricultores locales poco escrupulosos. Lo que estaba en disputa era el derecho de acceso a la tierra. No era la conservación de la naturaleza. En el primer caso principalmente para extraer caucho, pero también para hacer agricultura. En el segundo el único objetivo era la agricultura ¿Entonces, porque Chico Mendes se convirtió en un héroe ambiental de tanta importancia en su país y en el mundo y por qué la hermana Dorothy Stang, es proclamada defensora del bosque amazónico? El resultado práctico de la lucha de Chico Mendes fue la adopción en Brasil, de una nueva categoría de áreas protegidas, las reservas extractivas. Estas son, en verdad, una adaptación de las reservas comunales del Perú, donde eso ya existía desde la legislación de 1975. Pero, en el caso brasileño esa fue claramente una solución fácil a un difícil conflicto por tierras y, cuando la idea prosperó, eso quedó tan evidente que hoy se le reconoce como una modalidad disfrazada de reforma agraria. De hecho, las reservas extractivas tienen porcentajes crecientes de su área bajo uso agropecuario y forestal (Ciavatta et al, 2010), y cada vez menos para extracción de caucho, cuya rentabilidad es baja. Otras se dedican a la castaña. Es interesante anotar que ahora está bien demostrado que sangrar árboles de caucho o recoger frutos de castaña amenaza la sobrevivencia de esas especies en el largo plazo (Peres, 2000; Peres et al., 2003). Más aún, los colectores siempre cazan para complementar su alimentación y la fauna en esas áreas siempre es muy escasa. 12 Marina Silva, que nació en un siringal del Acre, fue Ministra del Ambiente, senadora y candidata a la Presidencia de la República del Brasil 13 La hermana Dorothy Stang foi asesinada por encargo de hacendados locales el 12 de febrero de 2005, en el Estado de Pará, Brasil. Ella había dedicado su vida a apoyar la lucha por tierra y por los derechos humanos de los caboclos. 17 El socioambientalismo es hoy una ideología dominante y sus consecuencias son obvias en múltiples formas, pero principalmente gastándose más recursos en ayudar a la gente que en evitar que la gente destruya los recursos naturales y el ambiente. La mayor parte del dinero dedicado a preservar la naturaleza que gastan grandes organizaciones no gubernamentales internacionales, como el World Wildlife Fund y varias agencias de cooperación internacional, se usa para apoyar las poblaciones locales a salir de la pobreza y no para defender las especies y los ecosistemas. Eso a veces se denomina “conservación basada en la comunidad” (community based conservation) que, salvo excepciones honrosas no ha dado frutos. El concepto no es necesariamente errado pero su aplicación más retórica que práctica y sin llevar en cuenta las realidades ecológicas ni tampoco las sociales y económicas las ha hecho fracasar. Peor aún, haciendo eso se han estimulado más y mayores agresiones al ambiente natural pues cuando mejora el nivel de vida aumenta la presión sobre los recursos que se desea proteger (Agarwal & Gibson, 1999 y muchos otros). El socioambientalismo está dominado por la teoría social, pero como ésta, también Chico Mendes(1944-1988) está frecuentemente impregnada por el pensamiento de izquierda, muchos actores Chico Mendes era un líder sindical en lucha por de esa tendencia usan profusamente las el dominio de los bosques que explotaba para tácticas correspondientes. Una de las más extraer siringa (caucho). Él se descubrió como comunes es difamar las medidas "ecologista" cuando en los años 1980 sus conservacionistas, por ejemplo, afirmando asesores en EEUU y Brasil sugirieron que esa que las áreas protegidas “siempre” son estrategia sería buena para conseguir el apoyo establecidas avasallando los derechos de de las autoridades del BID que financiaban la construcción de la carretera que une Rondonia las poblaciones locales, de lo que no hay con el Acre. La justificación fue que “ellos, que pruebas en América Latina. Otra que se extraen caucho en el bosque, protegen el repite con frecuencia, es que las áreas bosque”. El BID fue acusado de contribuir a la protegidas son un “modelo del deforestación de la Amazonia y promover su uso imperialismo estadounidense aplicado en predatorio, lo que en parte era verdad aunque el tercer mundo por sus lacayos”, es decir, eso no tenía ninguna relación con la lucha de los ambientalistas, lo que no requiere de los caucheros. Incomodado por las comentarios. De otra parte, el manifestaciones en EEUU y preocupado por su socioambientalismo está frecuentemente imagen, el Banco presionó al gobierno brasileño para satisfacer las demandas de los plagado de confusiones derivadas de la caucheros. Con ese éxito que le dio fama, Chico ignorancia sobre aspectos elementales de Mendes, quien era un orador notable, comenzó la ecología como “densidad de población”, a explorar el tema ambiental en todas sus “endemismos”, “especies bandera”, etc. intervenciones públicas, creando la mitología de que son considerados términos la intimidad armoniosa de los pueblos cabalísticos inventados por los científicos tradicionales con el medio ambiente. para confundirlos durante las discusiones. Muchos socioambientalistas, los más ignorantes, se oponen sin saber el porqué, a la caza deportiva y comercial, a los cultivos de eucalipto y pinos, a los transgénicos, a la energía nuclear, etc. Basta que asuman que el “neoliberalismo” esta atrás para oponerse. Otro aspecto del socioambientalismo que tiene mucha importancia es que cuando exagera su énfasis social se reúne, pero desde el otro extremo, con el desarrollismo. Eso ocurre, por ejemplo, cuando propugna que en los parques nacionales puedan asentarse pobladores tradicionales o cuándo entrega espacios naturales que deberían ser preservados a 18 comunidades indígenas o negras. En esos casos el argumento usado es siempre que esas poblaciones realizan el tal “desarrollo sostenible” y que, por lo tanto, el uso de los recursos por ellos no sólo no perjudica a la diversidad biológica, sino que “la mejora”. Muchas áreas protegidas brasileñas han sucumbido a la aplicación de esos criterios que son bien aprovechados por los intereses privados que, apenas la tierra es entregada, hacen acuerdos con los beneficiarios y prosiguen con sus proyectos. Puede decirse que el socioambientalismo está madurando lentamente, profesionalizándose y en este proceso se ha acercado un poco al ambientalismo original que, evidentemente, aunque sin hacer alarde de eso, está orientado a mejorar la calidad de la vida de la sociedad y que desde siempre consideró que la participación popular es parte esencial de cualquier pretensión de éxito. En América Latina la confrontación principal entre socioambientalismo y ambientalismo se dio en el campo de las áreas protegidas. En otros campos, las diferencias son menos perceptibles. Organizaciones declaradamente socioambientales como el importante Instituto Socioambiental (ISA) del Brasil no solamente emplean profesionales de las ciencias naturales, sino que su discurso ha ido mudando progresivamente, inclusive sobre las áreas protegidas. Entidades categóricamente ambientalistas como Pronaturaleza14, la mayor organización no gubernamental peruana en ese campo desarrolla gran parte de sus actividades con las comunidades rurales y con los indígenas, inclusive conduciendo el mayor esfuerzo peruano ya realizado en materia de monitoreo socioambiental comunitario. Por eso es cada día más frecuente que ambientalistas asumidos usen sin mayor restricción el término socioambiental. Desarrollo sostenible y otros estilos de desarrollos Inútil es reiterar que la inmensa mayoría de los seres humanos, ricos o pobres, optan por el desarrollo, sin más ni más. Toda otra alternativa apenas parece un estorbo filosófico, una complicación costosa, un problema del futuro… no de ellos. Pero, cuando la mencionada Comisión Brüntland inventó el término y el concepto de “desarrollo sostenible” todo el mundo quedó satisfecho. Literalmente significa “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de satisfacer las de las generaciones futuras” ¿Qué puede ser mejor que crecer sin limitaciones ni problemas y a la vez asegurar el destino de los descendientes? ¿Qué puede ser mejor que comer la torta y saber que la misma torta nunca acabará? El problema de esa definición es que se trata de un oxímoron, o sea el uso simultáneo de palabras que tienen significados opuestos y que se anulan. El desarrollo sostenible es una utopía, deseable, por cierto, pero imposible (Dourojeanni, 2007). El mundo es una pequeña esfera perdida en el espacio sideral que ya tiene mucha gente, quizá demasiada gente, dependiendo de recursos que son incuestionablemente finitos… ¿Cómo es posible imaginar seguir creciendo al ritmo desbocado del último siglo, que además continúa acelerándose, sin perjudicar la naturaleza que sustenta la vida y eso, además, en un futuro muy cercano? Ya está demostrado hasta la saciedad que en el largo plazo una sola tierra no será suficiente para soportar la población humana que, en 2007, ya habría consumido 50% más que la capacidad de reposición natural del planeta. Hay muchos escenarios sobre eso, pero ninguno dice que las cosas van a mejorar. En 2010 se afirmaba que, si nada cambiaba, en 2030 se necesitaría el equivalente a dos tierras para mantener a la humanidad15. Esto es probablemente exagerado, pero no deja de ser una alerta seria. 14 15 Fundada en 1984 por el autor de este libro juntamente con Carlos Ponce del Prado y Manuel Ríos Global Footprint Network 2010 (https://www.footprintnetwork.org/) 19 Es importante anotar que los que participaron en el informe Brüntland no eran tan poco preparados o inteligentes como para no entender eso. El informe está lleno de consideraciones sobre cómo lograr el milagro y eso es una letanía muy lógica de cambios drásticos en hábitos de consumo y en relaciones de los humanos con el entorno natural. Pero, políticos antes que todo, ellos vendieron la forma y no el fondo. Y lo que el mundo entendió es que “no hay problema” si se aplica la palabra mágica “sostenible”. Los empresarios que practican el desarrollo más imprudente se autoproclaman defensores del desarrollo sustentable, como lo hacen también los gobiernos que hacen todo para que las economías nacionales crezcan rápidamente y poder exhibir estadísticas de aparentes mejoras de sus indicadores sociales, en especial el famoso PBI y la renta media, que esconden la realidad. Es decir que los desarrollistas han abrazado, también, la forma del desarrollo sostenible pero no el fondo. Otros aplican la cómoda estrategia de exigir desarrollo sostenible a los demás, pero no toleran que sus limitaciones se apliquen a ellos mismos. Por eso, muchos en el mundo prefieren no aceptar ni usar la teoría del desarrollo sostenible y prefieren la idea del más discreto desarrollo durable16, posible o realizable que, en buena cuenta, es casi lo mismo que el desarrollo racional de los años 1950 o de la conservación de los años 1970 y 1980 y que, en sus prácticas, tampoco es muy diferente del llamado sostenible. La reinvención periódica de apelativos para expresar prácticamente lo mismo es una constante histórica. Como dicho, lo único que diferencia el desarrollo durable del sostenible es el reconocimiento de que el crecimiento no puede ser, hágase lo que se haga, ilimitado. Y aun reconociendo eso, hacerlo es extremadamente difícil pues implica enormes cambios de actitud en la empresa y en la sociedad. Es gracias a las tantas e incontrovertibles evidencias de que seguir haciendo lo mismo llevará a una colisión con la capacidad de los ecosistemas que, poco a poco, los desarrollistas están comenzando a cambiar. No todos ellos. Apenas unos pocos, pero frecuentemente están entre los más influyentes los que honesta y seriamente están interesados en practicar desarrollo sostenible o durable y eso está ayudando a crear conciencia y a aumentar, desde el propio empresariado, la presión sobre los que no aceptan la nueva realidad. Hay empresas que practican verdaderamente lo mejor posible del desarrollo prudente y otras tantas que también han descubierto que eso puede ser un excelente negocio, tanto actualmente como cada vez más en el futuro. La realidad del cambio climático y la escasez creciente de combustibles fósiles han sido factores fundamentales para iniciar el cambio. Pero, al nivel de la Amazonia nada o muy poco de eso ha llegado. Fuera de unos pocos ejemplos puntuales, en general financiados por organizaciones no gubernamentales y cooperaciones técnicas, lo que predomina es el estilo de desarrollo más salvaje que puede imaginarse en pleno siglo XXI. Carreteras sin planeamiento serio, invasión de tierras por agricultores como fue en plena conquista del oeste norteamericano de dos siglos atrás, ocupación de tierras indígenas y eventuales matanzas de indios, gambusinos que procuran oro en cualquier lugar y que dispersan prostitución y esclavismo, bandidaje de todos los tipos, políticos y gobernantes corruptos. Apenas unas pocas grandes empresas de gas, como las que operan en el Camisea, en Perú y de petróleo o mineras como la Vale del Brasil, muestran cierto respeto por las reglas que conducen a un desarrollo más equilibrado. Los gobiernos, aunque dicen lo contrario apoyan descaradamente esa situación o confunden desarrollo sostenible con dudosos programas “ambientales” como el Proalcohol y el Biodiesel brasileños que están aumentando severamente el ritmo de la deforestación o fomentan sin cuidado la “energía 16 Especialmente usado en los países francófonos. 20 limpia” de las grandes centrales hidroeléctricas basadas en enormes lagos artificiales represando ríos y destruyendo los recursos hidrobiológicos. En tiempos recientes surgió para la opinión pública17 el concepto del “buen vivir” --sumac kausay, principio que es propalado como parte de una disciplina ancestral en la zona andina-como alternativa a las opciones anteriores. “Buen vivir”, originalmente, significaría una forma de vida humana caracterizada por el equilibrio entre los hombres --y las mujeres-- entre las comunidades y, entre los seres humanos y la naturaleza. Estas definiciones implican rebasar el individualismo, alcanzar condiciones de igualdad, eliminar la discriminación y la explotación; promover la paz y el progreso de las comunidades; respetar la naturaleza y preservar su equilibrio. El concepto del “buen vivir” es, en principio, opuesto al “vivir mejor” occidental y, más aún, al “siempre vivir mejor” de la lógica neoliberal o desarrollista. Aparece con especial fuerza en América Latina, donde recientemente, Ecuador y Bolivia lo han incluido en sus respectivas constituciones como objetivo social a ser construido por el Estado y por toda la sociedad. En oposición al “vivir mejor”, el “buen vivir” propondría un modelo de vida más justo para todos. Según sus teóricos, para asegurar las desmedidas demandas de consumo y despilfarro de los ciudadanos del “primer mundo”, debe existir un “tercer mundo” que los provea de materias primas y mano de obra baratas. Muchos, en definitiva, tendrían que “vivir mal” para que unos pocos “vivan bien”18. El “buen vivir”, diferentemente del desarrollismo y del desarrollo sostenible o durable, sería más equitativo. En vez de propugnar el crecimiento continuo como el desarrollismo y como en gran medida también el desarrollo sostenible, busca lograr un sistema que esté en equilibrio. En lugar de atenerse casi exclusivamente a datos referentes al PBI u otros indicadores económicos, el “buen vivir” se guía por la evidencia de conseguir y asegurar los mínimos indispensables, lo suficiente, para que la población pueda llevar una vida simple y modesta, pero digna y feliz. Finalmente, hay que comentar que el “buen vivir” reivindica el equilibrio con la Madre Tierra y con los saberes ancestrales de los pueblos indígenas. Nacido del conocimiento de la profunda conexión e interdependencia que los humanos tienen con la naturaleza, el “buen vivir apuesta por un desarrollo en pequeña escala, sostenible y sustentable” lo que parece ser una solución no sólo positiva sino necesaria para garantizar una vida digna para todos a la vez que la supervivencia del planeta. En este sentido, dicen los estudiosos que “nos parece que existen muchas similitudes del buen vivir con el movimiento por el decrecimiento”19. En realidad, el “buen vivir” se parece grandemente a la teoría Gaia, que considera que la biosfera y los componentes físicos de la Tierra están íntimamente integrados formando un complejo sistema interactivo que mantiene estables las condiciones climáticas y biogeoquímicas. Fue propuesta originalmente por el científico británico James E. Lovelock y fue modificada y rebautizada (Hipótesis de Gaia) con apoyo de William Goulding. Esta hipótesis es frecuentemente simplificada con la idea de que la Tierra es un único organismo vivo. Es una teoría que gana fuerza con los descubrimientos que, cada día más, revelan el estrecho vínculo y la cada vez más sutil diferencia entre el mundo vivo y el mundo mineral. Este concepto, aun no siendo realmente original, habría sido “lanzado” en los foros sociales de Porto Alegre y Belem do Pará. Habría sido ampliamente incluido en las recientes reformas constitucionales de Ecuador y Bolivia. 18 ¿Qué es el buen vivir? publicado el 04 junio de 2009 por Valjean Anuncios 19 The Indigenous decolonial concept of "Buen Vivir" in Latin America, Cecilia Bezerra, February 28th, 2010; 7-07-2009; El ‘buen vivir’: objetivo y camino para otro modelo (Ecuador), Magdalena León T. 27 Febrero de 2007 17 21 Los que quieren aplicar a sus vidas la teoría Gaia llegan a las mismas conclusiones que los que siguen el concepto del “buen vivir” y, obviamente, también se rebelan contra la concentración de la renta, el consumismo y, en general, contra el desarrollismo aquí descrito. El “buen vivir” tampoco está lejos de las teorías expuestas por el economista Herman Daly20 que han dado lugar a la economía-ecológica y al concepto del desarrollo “no económico” o, dicho de otra forma, del desarrollo sin crecimiento. La principal diferencia es que el “buen vivir”, además de indigenista, ha ganado una retórica abiertamente izquierdista21. ¿Consenso posible? Parece difícil que se llegue a un consenso entre esas visiones y formas tan divergentes de percibir el futuro y el desarrollo. No es que la gente no comprenda el enorme riesgo que su comportamiento acarrea. Como lo revelan las encuestas, la gente sabe lo que ocurre y muchos temen por su futuro. El problema no es teórico, es práctico y se presenta cada vez que el sujeto debe renunciar a algo que él desea en beneficio de un futuro mejor para sí y para los demás. En ese momento el individuo retrocede y cede a la misma tentación que ha llevado la humanidad a su situación actual. Y eso incluye hasta a la mayoría de los voceros del “buen vivir” que, como el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) del Brasil no renuncian a los teléfonos celulares y computadores siempre de última generación que usan para tramar la destrucción ritual de plantaciones de eucalipto que consideran anti-ecológicas pero que son los primeros en deforestar los bosques ribereños para sus asentamientos y que usan como bandera de lucha la denuncia de que los bosques naturales son “tierra abandonada”22. Los estados hacen lo mismo que la gente común. Reconocen el problema y por eso sus gobiernos firman acuerdos internacionales y sus poderes legislativos pasan leyes que en medida considerable podrían atender la instauración de un estilo de desarrollo más razonable, con menos crecimiento económico y menos presión sobre los recursos naturales y que, en cambio, implique más crecimiento en calidad de vida. De hecho, eso ocurre, aunque siempre con el recelo de autocastigarse más que el vecino y entonces, perder en la carrera por el desarrollo convencional que sigue siendo el paradigma principal. El problema es peor cuando mucho más de la mitad de los países del mundo firman tratados y acuerdos que no cumplen y leyes “avanzadas y maravillosas” que no aplican. La expresión despectiva de “países que no son serios”, usadas por algunos líderes mundiales23, tiene fundamento. El Perú y el Brasil, como otros países amazónicos, son maestros en esos menesteres vendiendo una imagen de ambientalismo oficial que no corresponde a ninguna realidad o demostrando contradicciones extremas. Ese es el caso del Brasil donde se promueve la expansión de cultivos para biocombustibles, ampliando simultáneamente la red vial y la flota de vehículos y el consumo de combustible, a la par que se pretende reducir la deforestación y limitar el efecto invernadero, aunque el país también aumenta día a día su capacidad de extracción de petróleo. Un cálculo elemental demuestra que el balance es negativo para el ambiente y en especial para el efecto invernadero. Parte del mismo comportamiento es crear áreas protegidas que se abandonan desde el mero acto de su creación para facilitar que sean 20 Profesor de la School of Public Policy de la University of Maryland El “Buen Vivir” solo se garantiza con la revolución y el socialismo, Partido Comunista Leninista del Ecuador, PCMLE en Marcha (15 de junio de 2008) 22 El caso más conocido es el del famoso líder del MST, João Pedro Stedile, un notorio promotor de invasiones violentas de tierras privadas que ahora, como fue el caso de Chico Mendes, se hace pasar por ecologista. 23 El Presidente De Gaulle, de Francia, la usó para describir al Brasil. 21 22 invadidas y luego recortadas o eliminadas y; destruir todos los ríos sin excepción construyendo hidroeléctricas pretendiendo que ellas son energía limpia, al mismo tiempo que no existe un simple programa de ahorro de energía que es malgastada a ojos vista. Volviendo a la Amazonía es probable que el consenso solo sea posible cuando el miedo del futuro sea miedo presente. Eso, como se sabe, no va a tardar mucho y aunque probablemente será muy tarde, será bienvenido. Recién entonces se harán políticas, planes y leyes más sensatas y sobre todo, esos instrumentos serán aplicados con el rigor que la urgencia determine. Ejemplo de esto se está dando en el Brasil, después de las desastrosas lluvias de fines de 2010 y comienzo de 2011 que, en Rio de Janeiro y Minas Gerais, provocaron más de un millar de muertos y decenas de miles de desabrigados por avalanchas de barro e inundaciones. Prácticamente todos los perjudicados eran invasores, es decir ocupantes ilegales de laderas o fajas de borde de ríos que la legislación vigente desde hace décadas prohíbe terminantemente ocupar. Los alcaldes y las autoridades nunca se preocuparon de impedir y hasta fomentaron esos asentamientos ilegales. Pero en ese momento, asustados con las secuelas de su omisión y presionados por los procuradores de justicia que los responsabilizan por el desastre, iniciaron un inédito programa de demolición de viviendas irregulares y de reasentamiento de esos pobladores. Este programa, como era de esperarse, terminó un año después de ser lanzado sin cumplir ninguna de sus metas. La lucha de los que pretenden un camino intermedio es muy difícil. Deben enfrentar a los segmentos más poderosos de la sociedad, sean los ricos agrupados en partidos de la derecha o de centro, sean los que dicen defender los pobres desde partidos de la izquierda, todos ellos unidos por la absoluta indiferencia por las consecuencias de sus actos al medio y largo plazo debido a su obsesión por el crecimiento --personal o de sus grupos-- a cualquier costo. A ellos se suma la mayoría silenciosa e indiferente, como el lastre de un barco, que puede inclinarse a un lado o al otro sin saber bien porqué. El justo medio, el sentido común, no tiene voz… ni voto. En conclusión, aunque un acuerdo real, profundo, sobre el futuro deseable de la Amazonia sea difícil de obtener, es probable que por lo menos un consenso formal sea, eso sí, realizable durante un lapso de ojalá no más de diez años. Su expresión será, seguramente, la de un plan de desarrollo amazónico elaborado participativamente y, por eso, legítimamente consensuado, que perdure en lo básico a pesar de los cambios de gobierno y de las variadas tendencias políticas. Este ensayo es, en esencia, un intento más de precisar las bases que de lo que podría ser acuerdo nacional para construir un plan de desarrollo amazónico a partir del análisis crítico de la nueva realidad, tratando de guardar un equilibrio honesto entre las visiones, tendencias y perspectivas. 23 II. Mitos, confusiones y medias verdades Bajo este título se discuten varios asuntos que suelen ser confusos en el imaginario popular, como, entre otros, el carácter prístino de la Amazonia, su internacionalización, su carácter de pulmón del mundo o la aparente pobreza de sus suelos. Las confusiones o errores se derivan frecuentemente de deficiencias o errores científicos y a veces de ideologías políticas, pero su uso continuo por muchas décadas ha dado lugar a mitos persistentes y peligrosos si se trata de diseñar un futuro mejor para la región. Algunas veces esos mitos tienen un trasfondo real que complica mucho las explicaciones. En este título también se discuten algunas premisas que son más peruanas que amazónicas como, por ejemplo, eso de “Perú, país forestal” y el carácter indispensable atribuido al ordenamiento territorial. ¿Tierra virgen? Ahora se sabe que la Amazonia fue ocupada casi al mismo tiempo que otras partes del continente y que de 6 a 8.000 años atrás comenzaron a desarrollarse asentamientos humanos significativos. Se supone que su población total antes de la llegada de los europeos, en uno o más momentos de la historia, pudo alcanzar 7 y hasta 8 millones de habitantes (Denevan, 1976). Simplificando mucho, en ella se encontraron los siguientes tipos de sociedades: (i) civilizaciones que dejaron grandes obras de ingeniería localizadas en la periferia de la Amazonia, (ii) civilizaciones con concentraciones humanas importantes localizadas a lo largo de los grandes ríos y en el delta del río Amazonas; (iii) pueblos forestales con agricultura, inclusive los asociados a los sitios de “tierra negra” y; (iv) pueblos forestales con o sin agricultura, cazadores, pescadores y recolectores itinerantes. Como es obvio existe, entre esos pueblos, una gradiente compleja en el tiempo y en el espacio y no es siempre posible diferenciarlos completamente. Parte del primer grupo se instalaron en la selva alta de Perú, Ecuador y Colombia y construyeron ciudades de piedra, como los Chachapoya y Pajatén, en Perú o los Pastaza y Sangay en Ecuador (Lumbreras, 1981; Kauffmann, 1980, 1986) y desarrollaron una agricultura parecida a la que otros practicaron en los Andes. Deforestaron áreas importantes y cultivaron maíz, entre otras plantas andinas adaptadas y obviamente también cultivaran plantas conocidas por los pueblos preexistentes. En el sudoeste Geoglifos descubiertos en el Acre cuándo se eliminó el bosque para instalar ganadería (Revista Pesquisa) amazónico se desarrolló una civilización que construyó imponentes y extensas infraestructuras hidráulicas en las Pampas de Mojos, en el Beni boliviano (Denevan, 1970, 1970ª, 1982, 1992). También cultivaron maíz y zapallo, entre otras plantas locales. Y, en el Acre (Brasil) se viene descubriendo un número considerable de estructuras de tierra (geoglifos) que revelan una civilización (Watling et al, 2016) que puede o no estar relacionada a la anterior pero que también desarrolló una agricultura significativa. Obras hidráulicas semejantes a las mencionadas, aunque de menor proporción, existieron en varios otros lugares de la Amazonía (Denevan, 1982). La mayoría de esas civilizaciones ya había desparecido o estaban decadentes cuando llegaron los europeos. Algunas del noroeste 24 amazónico estaban ocupadas por los Incas, que además habían construido lugares nuevos como Machu Picchu y Choquequirao, al sur. Al segundo grupo corresponden las civilizaciones que ocuparon las riberas de los ríos amazónicos y que aprovecharon las varzeas o tierras inundables. Ellos son los que fueron encontrados por Orellana, entre ellos el mítico pueblo de las amazonas o por los portugueses que surcaron a partir del delta y que encontraron, primeramente, las culturas de Marajó. Todo indica que poseían centros poblados grandes con sociedades complejas y población numerosa, con una agricultura alimentada por la renovación anual de la fertilidad del suelo. Igualmente debieron aprovechar los bosques aluviales y los de tierra alta aledaños, además de que la pesca era, obviamente, fuente principal de proteína animal. Posiblemente esas culturas ribereñas debían formar el grueso de la población amazónica prehispánica. Pero, fueron rápida y casi completamente diezmados por las enfermedades letales que La cultura Pajaten tuvo mucha influencia en el ecosistema trajeron españoles y portugueses ya amazónico del noroeste peruano (Sernanp) que fueron los primeros en ser contactados. Esas civilizaciones dejaron menos rastros debido a su exposición a inundaciones excepcionales que literalmente lavaron muchos sitios arqueológicos. Los otros dos grupos no debieron ser muy diferentes a los indígenas actuales. Eran poblados menores, relativamente aislados, con una agricultura seguramente muy diversificada, pero de pequeña escala, que en su conjunto formaban naciones, con territorios diferenciados. Unos se basaron en los muchos sitios de “terra preta” o tierra negra donde parece que consiguieron crear una fertilidad duradera24. Otros, o quizá los mismos, practicaban agricultura migratoria típica, o de roza y quema, rotando las áreas de cultivo. El último grupo era sin duda menos agrícola y, como varios de los pueblos aislados de la actualidad, debían basar su economía en la caza, la pesca y la recolección, de forma itinerante. Es importante entender que todos esos pueblos crecieron, llegaron al apogeo y quizá a su decadencia y recomenzaron o migraron, en periodos no bien definidos a lo largo de los milenios y que todos, o casi todos, interactuaron entre sí en una medida u otra. Unos heredaron los que los predecesores habían aprendido, otros viajaron e intercambiaron productos. Como en otros continentes, las plantas útiles y en especial las domesticadas, así como los conocimientos agrícolas, se combinaron y multiplicaron y fueron conocidos y usados por la mayoría, en función de la ecología, de la geografía y de la necesidad. Por eso, el número de plantas amazónicas usadas por los habitantes prehispánicos fue muy grande (Brack, 1999). Además, usaron un gran número de plantas andinas y de otros biomas vecinos como el cerrado. Y, por cierto, muchas plantas de origen amazónico fueron conocidas en biomas vecinos y en especial en la costa del Pacífico (Harris, 1972), como en el caso de la coca 24 http://www.css.cornell.edu/faculty/lehmann/research/terra%20preta/terrapretamain.html 25 (Plowan, 1984) y hasta en América Central, como el cacao. Los intercambios entre pueblos de los diferentes biomas sudamericanos y hasta centroamericanos eran intensos. ¿Es verdad que el desarrollo prehispánico amazónico fue sostenible y ejemplar? Está de moda afirmar que todo lo que hicieron las sociedades prehispánicas, especialmente las amazónicas, era sostenible y que tenían un comportamiento ambiental impecable. Del mismo modo, muchos insisten que lo que hicieron y hacen sus descendientes es un ejemplo a seguir en la actualidad. La noción de que las sociedades prehispánicas amazónicas fueron sostenibles tiene como fundamento la existencia de bosques abundantes y aparentemente naturales que encontraron los primeros exploradores científicos europeos principalmente en los siglos XVIII y XIX. Y, asimismo, se nutre de la vida de los indígenas actuales, especialmente de los poco contactados y, asimismo, de la vigencia modernizada del antiguo mito del buen salvaje 25. Los descubrimientos de las últimas décadas sobre los desarrollos culturales prehispánicos amazónicos están cambiando esa percepción y demuestran haber existido grandes impactos ambientales que marcaron indeleblemente el territorio y la biota. Pero esas evidencias estaban bien escondidas debajo y dentro de los bosques que, habiendo descansado durante cuatro siglos, recubrieron las cicatrices de la actividad humana. Dicho de otra forma, las herramientas de la ciencia moderna revelan incuestionablemente que lo que parecía intocado no lo era. Hasta los más románticos ya se resignaron a aceptar que la Amazonía, como cualquier otro lugar del mundo, fue ocupada, explotada y alterada por los humanos y que los europeos, aunque no lo sabían, no encontraron nada realmente “virgen”. Las civilizaciones amazónicas usaron intensamente del fuego, suplementando sus herramientas de madera con piedra y en algunos casos bronce, para deforestar y expandir la agricultura, pues no disponían de otra alternativa para poder hacer cultivos anuales, indispensables para alimentar poblaciones grandes. El impacto del fuego fue máximo en las civilizaciones andino-amazónicas ya que la topografía accidentada y los vientos favorecen el El uso y abuso del fuego como herramienta para la avance del fuego que consume la vegetación de agricultura es tan antiguo en la Amazonia como sus las laderas. Pueden haber construido terrazas primeros habitantes. Y es, hasta ahora, usado para para limitar la erosión, pero eso no deja de ser ese mismo fin. otro impacto. El fuego fue asimismo la base de la apertura de los bosques que cubrían las tierras en las que fueron construidas las grandes obras hidráulicas del Beni en Bolivia y en otros lugares y, asimismo, está demostrado su uso en el caso de la civilización que construyó los geoglifos del Acre en el Brasil. Esas obras, como cualquier infraestructura que modifica el drenaje natural, ocasionaron grandes alteraciones ambientales cuyos impactos se mantienen hasta la actualidad, cambiando la composición florística y por ende toda la cadena trófica. Por ejemplo, la citada investigación sobre los geoglifos del Acre considera haber demostrado que la proliferación de palmeras útiles fue 25 El mito del buen salvaje se habría iniciado en la España del siglo XV. Pero fue divulgado mucho especialmente a partir de las obras de Jean-Jacques Rousseau en el siglo XVIII. 26 realizada por sus habitantes. En efecto, todos los pueblos prehispánicos amazónicos sin excepción usaron y abusaron del fuego como herramienta de deforestación para desarrollar cultivos en limpio y no siempre conseguían controlarlo. También usaron el fuego, como en la actualidad, para eliminar malezas. El uso del fuego inevitablemente produce perdida de fertilidad y erosión del suelo, que puede ser fuerte en lugares con pendientes; altera la composición de la vegetación natural, sus sucesiones y elimina o aparta todos los seres vivos del lugar en que se usa. El fuego se ha usado en la Amazonía durante milenios y, si bien no la afectó en su totalidad, sus rastros son evidentes en muchos lugares en especial pero no solamente donde hubo las mayores concentraciones humanas. Pero el impacto sobre el ambiente no fue el mismo en cada uno de los grupos antes mencionados. Las civilizaciones de las riberas de los ríos amazónicos, gracias a la renovación anual de la fertilidad del suelo, fueron probablemente más estables. Sin embargo, por ser poblaciones grandes también debieron deforestar bosques aluviales y de tierra firme. El fuego también fue, obviamente, una herramienta importante para ellos. Los pueblos que hicieron y/o usaron los sitios de tierra negra también tuvieron en el fuego su principal medio de abrir bosques, como lo demuestran los propios sitios e, igual fue en el caso de los que hicieron agricultura migratoria, como sigue siendo en la actualidad. Hasta algunos de los pueblos que eran principalmente cazadores y recolectores usaron extensamente el fuego para cazar -como lo hacen hasta hoy algunos indígenas del Chaco paraguayo- y/o para hacer proliferar algunas especies por ellos utilizadas, como el caso de hormigas Atta en el Gran Pajonal, en la Selva central peruana26. Los pueblos prehispánicos de la Amazonía cazaron como todos y también pescaron, inclusive usando tóxicos como el barbasco --rotenona-- para aumentar su efectividad, lo que no deja de ser una práctica peligrosa que elimina todos los peces de cualquier edad, indiscriminadamente. Las civilizaciones debieron abrir campos extensos para cultivos en limpio --como maíz, zapallo y yuca-pues esa es la única forma en que podrían alimentar sus relativamente grandes concentraciones humanas y, en algún momento, debieron confrontar y resolver --o no-- la pérdida de fertilidad del suelo. No existe agrosilvicultura ni “vergeles forestales” capaces de alimentar poblaciones de esa magnitud. Ya los pueblos forestales podían usar estrategias en apariencia más En los años 1980 los Ashánincas del Gran Pajonal aún sustentables, como la agricultura practicaban la típica agricultura migratoria. migratoria y los sitios de tierra negra. Sus chacras o parcelas eran siempre pequeñas y aisladas, rodeadas de bosque y usadas por muy pocos años debido a la perdida de fertilidad del suelo y/o a la proliferación de malezas. Eso permite la rápida restauración del lugar después de abandonado pues el estoque genético está cerca. Pero ni así dejan de impactar en la biodiversidad, más aún si vuelven a usar esa misma parcela años después, en sus rotaciones. El efecto de esas formas de agricultura sobre 26 Comunicación personal del botánico Octavio Velarde (1962) y también mencionado por Denevan, W. M. 1971 Campa subsistence in the Gran Pajonal, Eastern Peru The Geographical Review LXI(4): 496-518 27 la sucesión forestal es enorme y está documentado desde hace mucho tiempo (Budowski, 1963). Los sitios de tierra negra en general miden unas 20 hectáreas, o sea, que no soportaban más que decenas o quizá un centenar de habitantes. Lo que es interesante en esos lugares es que sus ocupantes consiguieron crear suelos que en teoría pueden ser cultivados permanentemente. Ese es, probablemente, el caso que más se acerca a la sustentabilidad, aunque a priori es inaplicable a extensiones grandes. Pero, una vez más, se trata de un impacto importante ya que la biota de ese sitio queda drásticamente alterada. Esas dos formas de agricultura, siempre en proximidad del bosque, sin duda fueron el origen de prácticas agrosilviculturales, así como de la domesticación de árboles y palmeras, en especial frutales. Los defensores de la teoría de la sustentabilidad de la economía precolombina suelen usar como argumento que los indígenas domesticaron muchas plantas valiosas. Es verdad que son varias docenas las que fueron domesticadas -achiote, pequí, yuca, pijuayo, guaraná, asaí, cupuazú- y centenas las que fueron usadas -como el caucho, camu camu, castaña- y por cierto que, en su mayoría, no fueron despreciadas y hoy son genética y agronómicamente mejoradas y cultivadas sobre extensas áreas de la Amazonía y fuera de ella. No hay duda, pues, que la Amazonía hizo una importante contribución a la agricultura mundial. Pero el hecho de que domesticaran plantas y que las propagaran, aunque útil para la sociedad moderna, no es un indicador de sustentabilidad, como erróneamente se difunde. La soya, la palma africana, el café o el cacao, así como el ganado vacuno, que son vectores de la deforestación también fueron domesticados en otros continentes. Como es lógico las plantas domesticadas proliferaron y, asimismo, fueron introducidas plantas de otros biomas y, de paso, sin duda llegaron involuntariamente algunas que eran indeseables, que hoy se llamarían invasoras. Un reciente y muy promovido estudio sobre la persistencia de los efectos de la domesticación de árboles en la selva amazónica (Levis et al, 2017), apunta a hechos semejantes, pero en una escala mucho mayor aunque más diluidos. Este estudio sostiene que los bosques “naturales” amazónicos han sido significativamente alterados y en cierta forma “mejorados” por los antiguos habitantes. Aunque es pertinente hacer algunas críticas sobre la metodología aplicada por esta nueva investigación, que son ratificadas por otros estudios (McMichael et al, 2017), la propuesta merece atención. En efecto, la intervención humana alterando la composición florística natural de los bosques, fomentando la presencia y/o la diseminación de especies útiles -a los humanos- reduce proporcionalmente la diversidad biológica y altera los nexos tróficos y otros procesos naturales, inclusive la selección natural. Por tanto, eso puede ser considerado una “mejoría” para los intereses humanos, pero no deja de ser un importante impacto ambiental. Por lo tanto, la tan aplaudida presencia de árboles domesticados en la Amazonía es apenas una prueba más de la interferencia humana en la diversidad biológica. No es una prueba de sustentabilidad. Es decir, alteraron la composición natural de los bosques. Uno de los primeros en tratar del tema de la alteración de la composición forestal de bosques tropicales americanos por los antiguos fue el mexicano A. Gómez-Pompa (Gómez-Pompa & Krause, 1992) que sustentó que la selva del Yucatán, en México, es en gran medida una plausible obra humana. Pero, en realidad demostró que por el contrario, ellos alteraron drástica y permanentemente el ecosistema (Barrera et al, 1977; Gómez-Pompa, 1987). Luego se puso en evidencia que, más que obra humana, eso fue una consecuencia inesperada de ella y que indudablemente la selva original era biológicamente mucho más rica que la que los Maya legaron (Rico-Gyaym & García, 1991). 28 O sea que los antiguos pueblos amazónicos hicieron exactamente lo mismo que se hace en la actualidad: Deforestaron extensas áreas usando el fuego para ayudarse; sin duda que provocaron diversas formas de erosión y de pérdida de fertilidad del suelo; emitieron gases de efecto invernadero; importaron, domesticaron y cultivaron plantas anuales y perennes; alteraron la topografía y los suelos drenándolos, modificando su naturaleza o alterando su pendiente; cazaron y pescaron intensamente; modificaron en gran medida involuntariamente la composición natural del bosque; envenenaron los ríos, etc. Entonces: ¿por qué eso sería sostenible y ambientalmente favorable si esas mismas actividades -y sus consecuencias- son actualmente vistas como insustentables y ambientalmente nocivas? Resulta en cierto modo sorprendente que los que están demostrando la magnitud insospechada del impacto ambiental de los antiguos amazónicos sean frecuentemente los mismos que también defienden la teoría de que practicaban desarrollo sostenible. Para muchos de ellos las alteraciones hechas en la naturaleza por indígenas y pueblos tradicionales son siempre ambientalmente beneficiosas mientras que las mismas pero hechas por otros, son perjudiciales. Para la naturaleza no hace diferencia quién la destruya. En la actualidad, en lugar de quizá hasta 8 millones de habitantes munidos de herramientas primitivas, existen de 35 a 40 millones de habitantes que disponen de moderna tecnología y de maquinarias pesadas, así como de una enorme red de transporte terrestre, fluvial y aéreo. Además, no producen bienes sólo para su propio consumo sino para cientos de millones de habitantes de otras partes de los países amazónicos y del mundo. El arsenal genético agrícola hoy disponible es enorme y permite avanzar sobre partes de la Amazonía antes impensables con plantas de otros continentes -café, palma africana, banana, soya- y con animales exóticos, siendo la ganadería el principal usuario del espacio deforestado. Y, para empeorar las cosas, no se han abandonado las prácticas seculares antes descritas como el uso indiscriminado del fuego y la agricultura migratoria que precede la de tipo industrial. Y, hasta hoy se usan venenos para pescar. No es, pues, de extrañar que la deforestación y los impactos ambientales sean sin comparación mayores, comprometiendo definitivamente la sustentabilidad. En ese contexto, muy poco de las tecnologías que se atribuyen a los antiguos tiene aplicación en la actualidad. Y las que la tienen, como los sitios de tierra negra, sólo funcionarían bajo la premisa de muy baja densidad humana. Valga mencionar que en el Perú el 80% de la deforestación actual es, precisamente, la pequeña agricultura27, incluida la tan aclamada agroforestería, en este caso de cacao y café, que se practica extensamente simplificando drásticamente la diversidad vegetal. Exceptuando su población relativamente baja, que les permitió mantener un cierto equilibrio con los recursos naturales, no hay ninguna evidencia de que sus actividades económicas fueran verdaderamente sostenibles. Al contrario, a pesar de varios siglos de recuperación del bosque después del descubrimiento de América y de la tremenda onda moderna de destrucción, los impactos ambientales de sus acciones son aún evidentes. Por esa razón y por la enorme demanda actual por los recursos amazónicos, tampoco hay mucho de su relación con el entorno que pueda ser replicable o aprovechable en la actualidad. Dicho de otra forma, la única “lección” del pasado, si cabe, es haber mantenido la población amazónica en un nivel compatible con la reposición de los recursos naturales y el mantenimiento de servicios 27 MAAP Synthesis #2: Patterns and drivers of deforestation in the Peruvian Amazon (http://maaproject.org/2017/maap-synthesis2/) ; http://af.reuters.com/article/idAFL8N1G75S2 29 ambientales esenciales. Pero eso es resultado de la realidad de la época y no de una decisión voluntaria o calculada. ¿Espacio vacío? ¿Tierra sin dueños? Para la mayoría de los habitantes del mundo y en especial para los suramericanos, la Amazonía siempre ha sido --y sigue siendo-- un enorme espacio vacío de gente y de propiedad. A pesar de que hace décadas que esa idea dejó de estar siquiera próxima a la verdad, sigue siendo muy generalizada. Como ya se ha visto esa región soportó poblaciones significativas con desarrollo cultural considerable en el piedemonte andino y a lo largo del río Amazonas y de sus principales tributarios. Y, asimismo, cuando esas civilizaciones desparecieron fueron sustituidas por poblaciones indígenas que a pesar de tener una densidad extremamente baja, ocuparon prácticamente todo el territorio en base a sus amplias rotaciones de uso de la tierra, en especial para la caza. Pero, el hecho es que en los siglos XVII y XIX y en gran parte del XX, la Amazonia podía, si, a simple vista, ser considerada un espacio vacío. Baste para eso ver las series estadísticas de la población de cualquiera de los países amazónicos. Por ejemplo, en 1940 existían menos de 414.000 habitantes en la Selva peruana -6,7% de la población nacional. En 1981, ya con 1,8 millones de habitantes -Centro de Iquitos. En la Selva actualmente viven casi cinco 10,6% de la población peruana-- la millones de habitantes. densidad poblacional de la región era de apenas 0,02 habitantes por hectárea. En la triste época de la explotación del caucho, los caucheros debían buscar, capturar y esclavizar indígenas para poder extraerlo, justificando su crimen por la ausencia de otra mano de obra. La falta de trabajadores ha sido históricamente un freno al desarrollo agrícola en esa región y en parte también explica la expansión de la pecuaria extensiva, que requiere poca mano de obra. Por eso, todos los países, Perú y Brasil principalmente, desde fines del siglo XIX abrieron sus puertas a colonos europeos -especialmente alemanes y de otros países del este europeo-- y japoneses y desarrollaron esfuerzos enormes, inicialmente sin éxito, para atraer colonos de otras regiones de esos mismos países. Por ejemplo, en 1889 el gobierno peruano otorgó 500.000 ha ubicadas en las márgenes del río Perene a la compañía británica Peruvian Corporation, sin tomar en cuenta que en ella habitaban poblaciones pertenecientes a las etnias Ashaninka y Yanesha. Ya a mediados del siglo pasado, a invitación de los gobiernos de Brasil y de Perú, respectivamente, Henry Ford hizo una gran plantación de caucho en Belterra, cerca de Santarem, en el estado de Amazonas y, Le Tourneau, un empresario canadiense mesiánico, colonizó lo que ahora se llama Tournavista, en el río Pachitea. Esos grandes experimentos de colonización empresarial fracasaron rotundamente. Pero los gobiernos de los países amazónicos, incentivados por sus geopolíticos y sus visionarios, redoblaron sus esfuerzos para atraer gente hacía esa región “vacía”. Desarrollaron en el Brasil y también en el Perú programas de colonización cada vez más ambiciosos que luego pasaron a ser llamados “asentamientos rurales”. La atracción de colonos nacionales 30 tuvo mucho éxito cuando se iniciaron grandes obras viales que, en el Brasil, llevaron números considerables de nordestinos y de sureños --principalmente gauchos de Rio Grande del Sur-hasta el corazón de la Amazonia, mientras que en el Perú llevaron hasta la Selva Baja principalmente a agricultores serranos que, tradicionalmente, apenas ocupaban estacionalmente porciones discretas de la Selva Alta. Los programas de colonización más famosos en el mundo fueron los desarrollados por los gobiernos militares brasileños a lo largo de la Transamazónica, en los estados de Pará y Amazonas en los años 1970 y luego el llamado Polonoroeste, en Mato Grosso, Rondonia y Acre en los años 1980 y, también, la carretera conocida como Perimetral Norte. Las consecuencias sociales y ambientales de la rápida abertura a la ocupación desordenada y a la explotación agotante de los recursos naturales de esos inmensos territorios fueron enormes y están muy bien documentadas. El Perú no se quedó atrás y construyó y reconstruyó la carretera Huánuco-Pucallpa, entre otras llamadas carreteras de penetración y, por iniciativa del Presidente Belaúnde, construyó la bien conocida Marginal de la Selva, desarrollando a lo largo de ésta última varios grandes proyectos de asentamiento rural (Dourojeanni, 1990), con consecuencias equivalentes a las observadas en el Brasil. En la actualidad no cabe hablar seriamente de vacío amazónico pues la población de esa región ya es muy significativa y porque la mayor parte de su territorio ya tiene dueños formal o informalmente reconocidos. Aunque su población sigue siendo reducida ha crecido mucho, representando casi el 16% de la población del Brasil y el 14,5% de la del Perú. El censo de 2010 reveló que hay 16 millones de personas en la Amazonia brasileña. En el Perú se estimó existan 4,6 millones de personas en 2017, o sea 2,6 veces más que en 1981 demostrándose que la población amazónica es la que tiene el crecimiento anual más rápido en esos dos países. A eso debe sumarse el hecho de que el espacio amazónico ahora tiene propietarios legalmente reconocidos. Los principales son: como antes (i) el Estado, pero ahora con límites definidos y con gran parte cedida en contratos o concesiones Cuadro 1. Evolución de la población petroleras y forestales y otra parte bajo el régimen de de la Selva áreas protegidas de diferentes categorías, además de Población Tasa zonas militares; (ii) los indígenas que poseen, Año total crecimiento especialmente en el Brasil, una porción muy significativa 414.452 1940 de la región y, obviamente (iii) personas civiles y jurídicas, 865.210 3,6 1961 hacendados en gran parte. Otra porción grande de la 341.922 4,1 1972 región está ocupada sin base legal, por invasores pobres o 1.796.283 3,3 1981 ricos que actúan de buena o mala fe pero que rápidamente 2.832.254 3,9 1993 adquieren derechos que, de otra parte, con frecuencia se 3.675.292 1,8 2007 superponen los unos a los otros. La falta de titulación 4.565.851 2017 eficiente y de catastros ha permitido que la ocupación de la Amazonia se realice en una forma considerablemente anárquica y eso es un problema central que debe resolverse si se pretende desarrollar la región. Pero, una vez más, es evidente que la Amazonia no es más una región “vacía”. O sea que, en realidad, no apenas es falso que la Amazonia sea un gran espacio desocupado con selva virgen llena de fieras y de indios guerreros, sino que como ya se vio también es mentira que esa región, vista como bosque, sea tan grande como se cree. Sin embargo, curiosamente, ese tipo de argumentos continúa siendo omnipresente en los discursos y propuestas de políticos ignorantes o sin escrúpulos, visionarios megalómanos, geopolíticos ultranacionalistas y de aquellos empresarios que anteponen sus intereses al de las mayorías. 31 “Chunchos bravos” A nivel popular continúa viva la antigua creencia de que en la Selva existen indios bravos debajo de cada árbol y que si se entra al bosque se corre riesgo de ser flechado. Nada más errado. Los indígenas modernos, de los que se trata en otro título, son en su gran mayoría personas que en poco difieren de todos los demás ciudadanos pobres de la Amazonia, que se visten como los demás, usan teléfonos celulares y luchan bravamente por sus derechos. Pocos saben que los “chunchos” ya son poquísimas almas a las que se persigue y maltrata casi tanto en la actualidad como desde que los primeros europeos llegaron a la Amazonia. Muchos peruanos de hoy no recuerdan la expresión “chuncho” que era común hasta los años 1970. Fue probablemente durante el gobierno nacionalista del General Juan Velazco Alvarado que esa expresión se perdió, por ser considerada despectiva. En realidad, no lo era. Apenas era una palabra genérica de origen quechua para designar los pobladores amazónicos originales que, probablemente, había sido acuñada por los Incas o culturas anteriores y que los diferenciaba de los que no eran de habla quechua ni aimara (Kauffmann, 2016)28. Aún existen unos pocos, muy pocos, indios29 bravos en la Amazonía que no consiguen más se esconder de las indiscreciones de las fotografías de los satélites replicadas en el Google Earth y que pueden ser visitadas de helicóptero en cualquier momento gracias a la precisión de los GPS. El tema de los “indios” o indígenas de América del Sur es siempre delicado pues se presta a muchos malentendidos. El asunto es tan complejo que rara vez se puede participar en una discusión en la que las partes sean capaces de delimitar el alcance del debate. El problema comienza porque cada participante tiene su propia definición de indígena o su propio estereotipo sobre el tema. Así que, con demasiada frecuencia, los debates sobre las cuestiones indígenas amazónicas se dan en planos paralelos y por lo tanto solo sirven para generar Nahuas-Nanti en el Camisea (Survival) amargura y resentimientos y quizás es por eso que esos indígenas son, al mismo tiempo y contradictoriamente muy mal tratados y muy privilegiados. Pero de todas las formas en las que se puede examinar las cuestiones indígenas amazónicas, la que debería ser primera, más urgente e importante es la de los indios aislados, o sea, los indígenas que aún viven como se vivía en los bosques antes de la llegada de los europeos. Lamentablemente, este es en realidad el tema más olvidado y que tiene menos prioridad en la 28 Dourojeanni, M. 2017 ¿Apus, caciques o curacas? Actualidad Ambiental Lunes 2 de Enero, 2017 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=42332) 29 En los países de habla castellana de América del Sur el término “indio” es considerado peyorativo y, en efecto, puede serlo dependiendo de cómo se usa. Además, aún se le asocia al error de Colón, que creía haber llegado a la India cuando descubrió América. Por eso se habla de indígenas, lo que en verdad no cambia nada. Por el contrario, en el Brasil, indios y no indios, usan ese término sin problemas a pesar de que en ese país también puede ser usado peyorativamente. 32 formulación de políticas y en la conciencia de la sociedad pues, esos indígenas no tienen voz ni voto, no son miembros de federaciones, no usan computadores ni teléfonos celulares y, en términos simples, no tienen ningún peso político. Brackelaire publicó en 2006 un informe sobre los indígenas aislados de América Latina, indicando la sobrevivencia de unos 70 grupos de nativos en esta condición. Como era de esperar, teniendo en cuenta el tamaño de las áreas forestales, 40 de ellos estaban en Brasil, 20 en Perú y 6 en Bolivia. En el Ecuador habría dos grupos y uno en Colombia. Ninguno existía en Venezuela, pero es probable que algún grupo aún permaneciera en Guyana y Surinam. Sumando todos los individuos que presumiblemente existían en cada uno de estos grupos apenas se contaban unos cuantos miles de almas. Las informaciones en el informe llegaban a un nivel trágico demostrando que algunos grupos no reunían más que unas pocas docenas de personas y que los mayores no juntaban más que un par de cientos. Los datos recogidos en el informe de Brackelaire fueron compilados en 2005 y reflejan informaciones más antiguas, lo que equivale a decir que la población de indígenas aislados es actualmente mucho menor que la entonces registrada. Mora y Zarzar en Brack y Yañez (1997) indicaban que entre 1950 y 1997 habían desparecido completamente, es decir que se habían extinguido 11 grupos étnicos en el Perú y señalaban que 18 otros grupos estaban en inminente peligro de extinción. Mencionaban la existencia de 7 grupos aislados no contactados y declaraban ignorar la situación de otros 8 grupos étnicos. Esto da una noción de la dimensión del problema y de la velocidad en que la diversidad cultural es aniquilada. Los primeros contactos con los indígenas aislados no solamente traen el riesgo de confrontaciones fatales. Peor aún es la propagación entre ellos de enfermedades que no tienen precedente en la región. Esto ocurre también por contacto de indios aislados con indígenas aculturados30. Se reportó en 2011 que un indígena moría a cada 12 días por esos motivos en el valle del Yavarí, que divide Perú de Brasil. En la década 2000-2010 se constataron 325 muertes, en su mayoría (64%) Indígenas en aislamiento procuran contacto, forzados de menores de 10 años, por enfermedades como por madereros, mineros y agricultores y por hambre o hepatitis, neumonía y otras enfermedades curiosidad (Survival). introducidas. El grupo más afectado fue el de los Kanamari, que perdió 16% de su población31. Esto es una réplica de lo que ocurrió cuando los europeos invadieron América, en que las enfermedades fueron la principal causa del colapso poblacional Al momento de escribir este libro es muy probable que aún se esté produciendo algún encuentro entre los últimos indios aislados y ciudadanos modernos. A partir de 2016 esto 30 La aculturación es un proceso que implica la recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano por parte de otro. La colonización suele ser causa de aculturación. Aculturado es el participio adjetivado del verbo aculturar. Se documenta en gran parte de la América hispánica con el sentido de “asimilado, de buena o mala manera, a una cultura distinta de la propia” (https://elcomercio.pe/opinion/hablaculta/martha-hildebrandt-significado-aculturado-332332) 31 Manchetes Socioambientais de 17 de enero de 2011 33 ocurre casi a diario en las riberas del río Manu, dentro del Parque Nacional del mismo nombre, donde Mashco-Piros han salido del bosque y se encuentran con guardaparques y turistas o con nativos aculturados. Puede que el contacto con los más alejados sea realizado por antropólogos y especialistas que, sin duda, tendrán los cuidados necesarios para que esa aproximación sea exitosa. Pero, lo más probable es que la emoción, la curiosidad y la belleza del encuentro entre dos mundos sean sustituidas por el miedo y selladas con disparos de escopetas y rifles que son respondidos por flechas y lanzas de indios asustados. Así es, de una parte están los madereros, mineros y comerciantes, narcotraficantes y hasta agricultores andinos y, de otra, están los últimos indios libres de las Américas enfrentándose en una lucha desigual, que revive monótonamente el desenlace que se ha repetido durante los últimos 500 años32. Los indígenas son derrotados y huyen dejando atrás a sus muertos y cargando sus heridos para refugiarse monte adentro, en un espacio cada vez más reducido, donde deberán enfrentar a otros indios, también desterrados por otros invasores y por el avance de la colonización. Eso está sucediendo, ahora mismo, especialmente en la frontera entre Perú y Brasil, el principal refugio de los últimos indios de las Américas. Ejemplo reciente de esos hechos es lo acontecido debido a la construcción de la Carretera Interoceánica Sur que une Río Branco (Acre, Brasil) con el Cusco (Perú). Esta vía ha permitido la invasión de madereros y mineros a los territorios ancestrales de algunos de los indígenas más aislados desplazándolos brutalmente. Fotografías recientes publicadas en varios periódicos y mostradas en la televisión (BBC, por ejemplo) exhiben indios despavoridos por la presencia de aviones y helicópteros, en lugares donde no se suponía debían estar esos indios. Peor aún, el gobierno peruano dio concesiones forestales en la misma frontera con Brasil y muy cerca del paralelo 343° al este del cual se suponía que sería mantenido el territorio de los indios en Indígenas procurando contacto en el río Manu "aislamiento voluntario" y, donde también están (Minedu) los parques nacionales del Manu --1,5 millones de hectáreas-- y Alto Purús --2,5 millones de hectáreas, en parte de los cuales estos indígenas viven. El problema es que los madereros no respetan nada, ni siquiera los límites de sus propias concesiones prefiriendo tomar ventaja de la incapacidad o, mejor aún, la falta de voluntad del gobierno para imponer el orden, explotando primeramente la caoba y el cedro de los bosques en tierras de los indígenas y de los parques y así reservando sus propias concesiones para explotación futura. La misma situación se da en la Sierra del Divisor, en Ucayali, donde los madereros amenazan a los Isconahuas (Matorela, 2010) y donde, para empeorar las cosas, se planea construir la Carretera Interoceánica Central. Nadie en el gobierno lleva una contabilidad de los enfrentamientos entre indígenas y mineros y madereros bien armados. Sin embargo, eso es consecuencia directa del incondicional apoyo político y financiero que Brasil y Perú otorgan a sus carreteras “Interoceánicas”. El gobierno también ha celebrado contratos petroleros en lotes donde aún existen, demostradamente, indios aislados. Uno de los casos más notables son las concesiones petroleras en lotes que están superpuestos con la Reserva Territorial Indígena KogapakoriNahua-Nanti y otros (456.775 ha), en el Bajo Urubamba, en la vecindad del Parque Nacional del Manu, donde entre otras empresas, están las que participan del proyecto Gas de Camisea. Ver en la Internet el emotivo llamado de Sydney Possuelo (Brasilia) de 15 de diciembre de 2010 “Carta abierta en defensa de los pueblos indígenas aislados”. 32 34 Ya se han reportado encuentros, inclusive en 2011, entre operarios de las empresas y estos indios. No fueron encuentros violentos y, de otra parte, todo el personal de esas empresas está vacunado y entrenado para comportarse adecuadamente. Pero, de cualquier modo, hubiera sido más razonable evitar esas situaciones no otorgando permisos de exploración en esas áreas. Una consecuencia de lo que ocurre en la frontera entre Madre de Dios y Acre y en el Bajo Urubamba y su afluente Camisea es que cada día hay más indios refugiados en los parques nacionales y que más indígenas peruanos cruzan la frontera y se refugian en reservas indígenas y unidades de conservación brasileñas. Los conflictos entre los indios se multiplican pues, al margen de que no siempre pertenecen a la misma familia lingüística o grupos y subgrupos étnicos, a veces son enemigos ancestrales, pero deben compartir un territorio de caza y pesca cada vez menor. Varios conflictos interétnicos con consecuencias fatales se han documentado en el Manu. El aumento de la densidad de población humana en los parques tiene un impacto desastroso en los animales de los que se alimentan, lo que agrava el conflicto. Este problema viene siendo denunciado desde hace dos décadas por los científicos de Cocha Cashu pero la respuesta del gobierno, excepto el establecimiento reciente de reservas territoriales, ha sido muy deficiente. Es apenas con el caso de los indígenas no contactados del Parque Nacional del Manu que ha tomado una actitud un poco más proactiva. El tema de los indígenas aislados ha merecido la atención y el interés de personalidades destacadas y de instituciones. Entre los primeros nadie hizo más por el tema que el Mariscal Cándido Rondón, brasileño que en su empeño por consolidar la integración de ese país se transformó en el campeón de la defensa de los derechos indígenas (Bigio, 2000), creando el Consejo Nacional de Protección al Indio en 1930, que luego fue transformado en Servicio Nacional y, finalmente, en 1967, en la Fundación Nacional del Indio (Funai). En esta institución trabajaron, casi desde su creación, hombres con verdadero amor por la Amazonía y por sus pueblos, como Orlando Villas Boas, sus hermanos y Sidney Possuelo. Sin embargo, hay que reconocer que en la actualidad la Funai y, más aún, sus equivalentes de los países amazónicos, como el ineficiente Indepa del Perú, han olvidado la importancia de este esfuerzo y la necesidad de aplicar medidas de prestar una garantía indígenas aislados de la oportunidad de elegir su propio destino. En efecto, los gobiernos están permitiendo e incluso fomentando, sin vergüenza, que los indígenas aislados y sus culturas sean sacrificadas por individuos ignorantes y crueles, al servicio de empresarios y políticos sin escrúpulos. El tema de los indígenas aislados, por su carácter eminentemente ético, debería tener prioridad absoluta en las instituciones como la Funai o Indepa y debería movilizar a todos los que participan en el desarrollo amazónico. En verdad la protección de estos indígenas es sólo cuestión de una decisión política simple y que puede ser implementada a bajo costo. Por ejemplo, en los casos anteriores de Perú y Brasil, es suficiente para establecer puestos de control, con la presencia de la policía o las fuerzas armadas, en puntos clave de los pocos ríos que proveen acceso a los territorios donde se encuentran los indios. Con esto se tendría el tiempo necesario para preparar un contacto serio y adoptar las medidas y, posiblemente, no hacer nada más hasta que los indios se decidan lo contrario. Pero, como Sydney Possuelo dijo en una entrevista “muchos prefieren defender negros, mujeres y hasta indios aculturados, pero nadie habla de los derechos humanos 35 de los indios aislados”33. Él remató la citada entrevista, diciendo "la humanidad pierde parte de su rostro cada vez que un pueblo desconocido entra en contacto con nuestro mundo". Manto verde: ¿Todo igual? A primera vista todo es igual en las selvas tropicales del planeta34, especialmente cuando es vista desde un avión. Pero el tal “manto verde” que los legos creen ver cuando vuelan sobre la Amazonía esconde muchas sorpresas. En verdad, en ella mucho es diferente en casi todo lugar. En efecto, mirando mejor se descubre que no es igual un bosque natural intocado o “real” que un bosque secundario ni es igual un bosque secundario o purma vieja que una purma joven. Hay bosques secundarios naturales y los hay por acción antrópica. Además, hay muchos tipos de purmas o bosques secundarios e, inclusive, en los bosques naturales hay manchales homogéneos o casi homogéneos, como los ceticales, los bambusales, carrizales y otros más difusos conocidos como manchales, incluidos los de cedro y caoba. También hay áreas inundadas o inundables como los aguajales y otras donde aparece, como antes mencionado, una vegetación tipo cerrado o pantanal brasileño, como en las Bosques de Selva Alta. Comienzan a unos 3.800 msnm y en Pampas del Heath (Madre de Dios). general se considera que termina a 600 msnm. En su parte También existen los bosques de arenas más alta están los bosques de neblina. Región con muchos blancas, conocidos en el Perú como endemismos. varilllales y que conservan muchos endemismos (Garcia-Villacorta et al, 2016). Y asimismo hay bosques inundables o tahuampas, bosques de romerillo, etc., etc. Obviamente existe la misma diversidad de ecosistemas dentro de las aguas amazónicas con cochas, estuarios; ríos de aguas negras, blancas y claras, quebradas, cascadas, etc. Pero los turistas, especialmente los que vienen del desierto costeño, no diferencian nada y hasta confunden las plantaciones agrícolas arbóreas o arbustivas y los pastizales abandonados con vegetación natural. La diferencia más obvia entre las muchas amazonías es la altitudinal que, lógicamente, conlleva temperaturas y precipitaciones medias muy diferentes. La Amazonia como bosque comienza en el Perú a más o menos 3.800 msnm. Allí los bosques son achaparrados, permanentemente nublados y sus elementos bióticos son muy diferentes de los de la Amazonía baja, que en promedio está a apenas unos 100 metros de altitud. Cada faja, entre esos dos extremos, tiene particularidades únicas y otras que se hacen más comunes a medida que se baja de los Andes. Pero también hay cordilleras y macizos montañosos en la Selva, como la llamada cordillera oriental que determina relieves complejos en la llamada Selva Alta del Perú, al igual que en las de Ecuador, Colombia y, en parte de Venezuela. Y asimismo estos 33 O Estado de São Paulo, 10 de setiembre de 2002. Hasta un experto, inclusive un indígena amazónico, tendría un cierto tiempo de dudas si fuera llevado sin saberlo a un bosque tropical de Asia o de África y no viese los animales conspicuos de esos biomas, tanta es la similitud fisionómica. 34 36 existen en la Amazonia brasileña, como en los macizos guayasenses que culminan en el Pico da Neblina (2.994 msnm) y el Monte Roraima (2.810 msnm) y que, del lado venezolano, originan el famoso Salto El Ángel. Los tepúes, montanas recortadas horizontalmente, como torres en medio de la selva, son parte de esa cordillera antigua y deleznable. Pero hay varios otros macizos montañosos en el Brasil y uno de ellos, el de la Sierra del Divisor, es compartido con el Perú. Cuadro 3. Diversidad de especies animales en Brasil, Colombia y Perú Brasil Colombia Perú Número % endemismo Número % Número % endemismo endemismo 3.131 3.374 2.586 Vertebrados excepto peces Aves 1.622 12 Mamíferos 524 25 Reptiles 468 37 Anfibios 517 57 Peces (agua dulce) >3.000 Mariposas 3.132 Fuente: Mittermeier & Mittermeier (1997) 1.815 456 520 583 >1.500 3.100 8 19 63 1.703 344 298 241 962 3.532 6 13 33 37 Muchos de esos macizos son considerados centros de endemismo, también llamados refugios del Pleistoceno, en los que la diversidad biológica de ese periodo se mantuvo en los intervalos glaciares y se dispersó en los interglaciares, aumentando su diversidad en cada contracción y dilatación, formando endemismos, o sea especies únicas a determinados lugares. Aunque esa teoría es discutible y rebatida por algunos, el hecho es que la diversidad amazónica es proverbial. Debe haber mucho más de 50.000 especies de plantas, de las que más del 30% serían endémicas. Las fuentes varían y además a cada ano se descubren más especies. Mittermeier & Mittermeier (1997) que hicieron un recuento detallado estiman que hay de 50.000 a 56.000 plantas en Brasil, de 45.000 a 50.000 en Colombia y de 18.000 a 20.000 en el Perú35. La diversidad por área es enorme. Valencia et al (2004) encontraron 1.104 especies entre 152.353 ejemplares de árboles en apenas 25 hectáreas de selva baja Los valles de la Selva Alta pueden ser muy aislados y por eso ecuatoriana. La mayoría solo tenía de 5 a 20 m de altura. Lo usual es encontrar de conservan muchas especies endémicas. 200 a 300 especies de árboles por hectárea. Wittmann et al (2006) registraron más de 900 especies de árboles resistentes a las inundaciones en la varzea brasileña, lo que hace de ésta el ecosistema de bosque tropical inundable más rico en especies del mundo. Uno de los lugares menos conocidos y ala vez más biológicamente diverso de la Amazonia es la Selva Alta del sur del Perú y de Bolivia. En esa región los endemismos son numerosos, habiéndose registrado hasta 2012 unas 800 especies 35 El bajo número para el Perú apenas indica que su flora es menos conocida, justificando invertir más en investigación. 37 endémicas de animales y plantas (Swenson et, al 2012) de los que esos autores modelaron la distribución geográfica de 435 plantas endémicas and y de 347 vertebrados endémicos. Si se trata de animales, las cifras son igualmente impresionantes, como muestra el cuadro 2 que ostenta datos ya antiguos. Cada año se descubren numerosas especies nuevas. En ese cuadro se observa que, como es lógico, la diversidad está correlacionada al tamaño de los países y, por eso, el Brasil es el campeón mundial de la diversidad biológica combinando número de especies y número de endemismos. Pero, en proporción al tamaño del país, la diversidad biológica de Colombia y Perú, por tener mayor gradiente de altitudes, es mucho mayor que la brasileña, inclusive superando ese enorme país en número de especies de aves y mariposas. Otro elemento de distorsión es el volumen de investigación científica realizado en cada país y que es conocidamente mucho mayor en Brasil y Colombia que en el Perú. La investigación hace cambiar las cifras y, por ejemplo, es frecuente que el Perú esté delante de la Colombia en número de aves por algunos años y luego, cuando se trabaja más en Colombia, este país vuelve a superar al Perú. Los datos más recientes para el Brasil son 1.400 especies de peces --y no más de 3.000, como se indica en el cuadro 3. En verdad, las investigaciones recientes han reducido varias de las cifras mencionadas en ese cuadro. Eso ocurre porqué los criterios adoptados parecen haber sido diferentes. Cuando se reportan esas cifras de diversidad a una unidad de superficie las sorpresas son aún mayores. Ya son clásicas las informaciones sobre la colecta de 42.000 especies de insectos en una sola hectárea amazónica o de 800 ejemplares de 50 especies de hormigas en un solo metro cuadrado -referencias citadas en Dourojeanni, 1990. Pero la Amazonia también es diversa por su gente aborigen que habla idiomas diferentes. Se estima en 379 los grupos étnicos amazónicos, de los que de 180 a 200, según las fuentes, serían brasileños. Otros 60 existirían en el Perú. Mora y Zarzar en Brack y Yañez (1997) mencionan 42 grupos étnicos en el Perú, pertenecientes a 12 grupos lingüísticos. Brasil, Perú y Colombia aparecen entre los 12 países del mundo con mayor diversidad de grupos humanos en el mundo. De otra parte, en la Amazonía se hablan los idiomas portugués y español y, asimismo, inglés, francés y holandés, sin mencionar jergas locales diversas y propias a cada región de cada país. Bosques de Selva Baja, donde dominan los ríos y los humedales, con otras especies. Obviamente la política nacional de cada uno de los paisas amazónicos es diferente y el trato que cada uno da a los recursos naturales y al desarrollo regional varía bastante, aunque ninguno se caracteriza por cuidarla de abusos desarrollistas. Aunque hay una tendencia a la homogenización, especialmente siguiendo el patrón brasileño, también son diferentes las leyes, la obediencia de la población a las mismas, la organización del territorio, las instituciones y su capacidad, el conocimiento del área, etc. En conclusión, el manto verde de apariencia homogénea de la Amazonía esconde mil y una realidades diferentes pero que están íntima e indisolublemente ligadas por el cordón 38 umbilical que son los grandes ríos y por múltiples elementos compartidos. Brasil, en la parte baja, debería estar sumamente preocupado por lo que hacen los países andinos en su porción de la Amazonía pues su futuro depende en mucho de eso. Del mismo modo, las poblaciones no se quedan dentro de sus límites formales. Estos nunca existieron para los indígenas, pero tampoco existen o, más bien, no son respetados por los gambusinos brasileños (garimpeiros) que ya invadieron todos los países vecinos ni por los agricultores pobres (caboclos) de ese mismo país que invadieron Bolivia, Guayana Francesa y que ahora amenazan Guayana y Surinam. Biodiversidad: ¿Ventaja o desventaja? La ilusión de que la proverbial diversidad biológica de la Amazonia es la panacea para el desarrollo económico de los pueblos que la poseen ha sido motivo de muchas frustraciones y ha generado una serie de problemas insospechados a través de las normas nacionales e internacionales que se han creado alrededor de ese valor supuesto. Esta, como se verá, es una compleja “media verdad”. Centenas de miles de referencias científicas, todos los informes y pronunciamientos de las organizaciones internacionales, todos los discursos políticamente correctos y, claro, las proclamas de los gurús mundiales de la conservación como los americanos Thomas Lovejoy y Russell Mittermeier36, entre muchos más, nos dicen que la biodiversidad tiene un valor enorme e insustituible y que, por eso, debe ser preservada. Por eso existe, inclusive la Convención Mundial sobre la Diversidad Biológica (CDB) que ha sido refrendada por casi todos los países del orbe. Pero, de otro lado, si es así ¿por qué los que van a vivir en la Amazonía, o sea los migrantes andinos del Perú y Bolivia o los nordestinos y sureños del Brasil, eliminan totalmente esa biodiversidad y la sustituyen por pocos cultivos y crianzas en general provenientes de otras latitudes y longitudes? ¿Por qué los capitalistas que invierten en grandes haciendas productoras de commodities en la Amazonía eliminan radicalmente cualquier vestigio de esa biodiversidad tan preciosa? ¿Por qué los indígenas y los pobladores tradicionales son tan pobres? ¿Será porque son tontos y no perciben lo que malgastan? ¿O será que alguien mintió, exageró o no dijo toda la verdad? Quizá no hubo mentira, pero es incuestionable que si hubo énfasis exagerado en hacer creer al pueblo que la diversidad biológica vale su peso en oro sin más ni más. Olvidaron, en el proceso de defender la naturaleza a través de su valorización, que para convertir un elemento de la biodiversidad en dinero contante y sonante se debe, antes, invertir mucho dinero en estudiar, imitar, reproducir, producir y luego, en promover el uso de ese elemento o de sus derivados. Eso no es simple ni rápido ni barato y en general concluye con la expedición de una patente. Eso es lo que hace, por ejemplo, el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inbio) de Costa Rica37 y es, evidentemente, lo que han hecho todas las grandes empresas que usan recursos de la 36 Ver, por ejemplo, sendas declaraciones de ellos en la revista Veja (Sao Paulo) de 13 de octubre y 22 de diciembre 2010. 37 El Inbio es un centro de investigación y gestión de la biodiversidad establecido en 1989 para apoyar los esfuerzos para conocer la diversidad biológica del país y promover su uso sostenible. El instituto trabaja bajo la premisa de que el mejor medio para conservar la biodiversidad es estudiarla, valorarla y aprovechar las oportunidades que ésta ofrece para mejorar la calidad de la vida humana. 39 biodiversidad amazónica, como las farmacéuticas o de productos de belleza, entre tantas otras. Un buen ejemplo peruano de esto es la historia del camu camu. La planta que no es exclusiva al Perú era usada desde antaño en su forma silvestre para consumo humano y recientemente pasó a ser usada en helados y jugos en las ciudades amazónicas. Cuando su valor como fuente de vitamina C de alta calidad fue reconocido surgió la necesidad de domesticar la planta y tornarla un cultivo con producción capaz de atender la demanda que era previsible. Eso consumió tiempo e inversiones en experimentos de campo y laboratorios, así como trabajo de agrónomos y químicos altamente calificados. Hay muchos casos similares con otras plantas de la Amazonía, como la “uña de gato” y la “sangre de grado”. Otro ejemplo, más antiguo, es el del caucho que era conocido y usado en toda América tropical en base de “sangrar” árboles en el bosque natural. Pasó a ser realmente importante cuando una empresa descubrió el proceso de la vulcanización y otra su uso para llantas y, más aún, cuando agrónomos ingleses la domesticaron y climatizaron en Asia. En todos esos casos el valor intrínseco o teórico de la especie, que pertenece a la biodiversidad amazónica, no fue suficiente para darle valor económico significativo fuera del modesto consumo tradicional. Los agricultores de la Amazonia no están locos cuando talan todos los árboles y queman todos los residuos para hacer un monocultivo. Simplemente aplican el criterio económico que está a su alcance. Van a producir decenas de veces más alimentos por hectárea que explorando el bosque original con esa finalidad y van a producir varias veces más alimentos por hectárea que si hicieran agrosilvicultura, o sea, cultivo debajo de árboles. Y también, a pesar de que deben fertilizar intensamente y combatir plagas y enfermedades, van a lucrar mucho más. Nadie les ofrece la opción de ganar dinero con su bosque tal como está. Es contra esa lógica simple y contundente que deben luchar los que desean mantener la Amazonia “intocada” o hacer que su uso sea “sustentable”. Por eso los agricultores casi siempre llevan las de ganar cuando sus representantes en los congresos o asambleas piden reducir las áreas de protección ambiental. Y es por eso que esos agricultores, ricos y pobres por igual, suelen destruir los bosques ribereños y La biodiversidad amazónica es extraordinaria. La de aves en especial (OEco) cultivar en pendientes acentuadas. Claro que pueden hacer las cosas mejor. Podrían mantener parte del bosque, especialmente donde este protege suelos y agua, pues haciéndolo garanten su propio futuro. Los agricultores pobres podrían cultivar con más intensidad, usando un mínimo de la tecnología disponible, para no desperdiciar tanta tierra con sus migraciones o rotaciones. Los ganaderos deberían mantener muchas más cabezas de ganado bien cuidado sobre pastos mejorados, en lugar de devastar inmensas áreas que casi no producen nada. Pero, aun haciendo lo que hacen, tan mal, consiguen beneficios que no sabrían ni podrían sacar del bosque. 40 Poseer el bosque más diverso del mundo, frecuentemente con centenas de especies de árboles por hectárea, es en la práctica una pesadilla pues ni se sabe para qué sirven muchas de ellas y porqué, cuando una especie comienza a tener demanda, es casi imposible proveerla pues aun haciendo el costoso esfuerzo de juntar todos los ejemplares en el bosque explotado no se consigue el volumen suficiente para satisfacer esa demanda. Las complicaciones para hacer manejo sostenible de esos bosques naturales son inmensas y casi sin solución pues el manejo forestal debe ser económicamente viable, lo que en la actualidad no está garantizado por la competición desleal de los que no cumplen la ley y por los precios actuales de la madera tropical. Por eso, suele optarse por hacer plantaciones que, por ser monocultivos forestales, rinden mucho más a menor costo, aunque la madera producida sea de menor valor y que se gaste mucho en insumos. Puede concluirse entonces que, en efecto, los científicos no dijeron toda la verdad cuando propagaron el concepto de que la biodiversidad es una riqueza sin par de las naciones, provocando que los gobiernos lanzaran sus diplomáticos y sus abogados a la lucha por sacar la tajada más grande de la supuesta torta que resultó en la citada Convención sobre la Diversidad Biológica cuya esencia, la retribución justa a los pueblos que detentan y conservan la valiosa biodiversidad, jamás fue realmente aplicada. Además, para complicar las cosas, son pocos los recursos de la biodiversidad que son exclusivos a un pueblo o a un país. Otra dimensión del mismo asunto resultó en la expresión “biopirateria”, que implica el robo del patrimonio genético de un pueblo por otros, lo que se discute en el Las aves reúnen una extraordinaria diversidad en la próximo capítulo. Selva. Aún se descubren especies nuevas. La biodiversidad es, pues, recurso potencial de la naturaleza, una oportunidad, que para ser transformada en realidad tangible requiere del esfuerzo previo de científicos y tecnólogos y frecuentemente de grandes inversiones. Es decir que no se trata de riquezas al alcance de la mano de los agricultores tradicionales ni de los indígenas, salvo que exista una intermediación que, lamentablemente, los estados nacionales no proporcionan y que es suplida por intereses privados que, obviamente, lucran con eso. ¿Biopiratería? Como visto, algunos científicos se empeñaron en promover el valor económico de la diversidad biológica o biodiversidad, como estrategia para defenderla y consiguieron convencer a los políticos para hacer un tratado internacional que facilite ese objetivo. En 1992 lo lograron cuando acompañados por diplomáticos y abogados, se aprobó la Convención sobre la Biodiversidad. Pero ellos nunca imaginaron que su idea evolucionara al punto en que está actualmente. En efecto, la creencia firme y simplista de que la biodiversidad es económicamente muy valiosa ha dado lugar al concepto de “biopiratería”. Este tema se ha convertido en una complicación pues, la aplicación de leyes de protección a la biodiversidad, en general mal redactadas y su interpretación errada por burócratas, policías y jueces, ha traído muchos problemas y muy pocos beneficios concretos Tanto que hoy, la tal biopiratería es un obstáculo para mejorar el conocimiento de la Amazonía, donde, lamentablemente, suele ser usada como pretexto adicional por los xenófobos. 41 En la generosa mente de los precursores de la Convención, la biodiversidad debería ser salvada para el bienestar de toda la humanidad sin limitaciones ni restricciones. Pero, el resultado ha sido que, en toda América Latina, científicos famosos, otros menos famosos, estudiantes universitarios, coleccionadores aficionados de mariposas o de orquídeas o apenas curiosos inadvertidos, se convirtieron en temibles “piratas de la biodiversidad” que, como los antiguos piratas y corsarios, son considerados enemigos de la patria y que por eso deben ser sujetos de espionaje por la policía, encerrados en mazmorras y fichados como criminales. Ni los científicos nacionales consiguen trabajar en paz, en su propio país, debido a las sospechas de que, en el fondo, estén robando el patrimonio nacional. Esto ocurre porque aún no se ha comprendido el verdadero carácter de los recursos de la biodiversidad. Monos, mariposas, arañas o frutos, semillas u hojas y otras partes de una infinidad de plantas son expresiones de la diversidad biológica pero no son necesariamente los materiales que, en manos de un ciudadano, pueden considerarse actos de biopiratería. El concepto de biopiratería es mucho más complejo e implica, entre otras cosas, disponer de material reproductivo o hacer las inversiones para descubrir usos o aplicaciones o para copiar la estructura genética y, también, el registro o patente de los subproductos o de los usos o aplicaciones. O sea que el valor de la biodiversidad depende esencialmente de conocerla bien y de tomar las medidas para proteger el descubrimiento (la patente) y de preservar en la naturaleza. Estos dos preceptos son los que determinan que una nación y no otra, pueda reclamar propiedad intelectual sobre un elemento de la diversidad biológica. Se cita con frecuencia como ejemplo pionero de la biopiratería la acción del inglés Henry Wickham quien, a iniciativa del botánico Sir Joseph Dalton Hooker, director del Kew Botanical Garden, llevó semillas de caucho del Brasil a Inglaterra en 1875, de donde esa especie fue exitosamente propagada en Malasia y Ceilán y luego en todos los trópicos excepto en los de su región de origen, debido a enfermedades, como quedó evidenciado en Fordlandia (Pará, Brasil). Aunque la El concepto de biopiratería tiene aspectos válidos pero ha operación de Wickham fue creado dificultades para la investigación científica y para cuidadosamente planeada, ya que al pequeños negocios, como plantas ornamentales y parecer se llevó 70,000 semillas y que orquídeas (Actualidad Ambiental) contó con un navío inglés para recibir la carga, la afirmación de que eso fue biopiratería38 es un tanto absurda por una serie de razones. Primeramente, en esa época no se cultivaba caucho, a nadie le hubiese parecido errado ni estaba prohibido hacer eso. En segundo lugar, el mismo caucho o especies con látex equivalente ya eran conocidos en otros países y hasta en México desde mucho antes, donde se usaba inclusive para hacer bolas para jugar. En tercer lugar, no solo fue llevado afuera el jebe. Desde que los europeos llegaron a América también salieron de las áreas boscosas tropicales de América el cacao, la yuca o mandioca, la cascarilla o chinchona, así como palta, papaya, achiote y maní, entre muchas más. Dicho sea, también que la mayoría de esas plantas no salieron de la Amazonia pues cacao, palta, yuca y papaya existían en toda la América tropical y Recientemente (agosto de 2011) se publicó, en portugués, el libro “O Ladrão do Fim do Mundo”, de Joe Jackson, que relata este hecho, entre otras aventuras y desventuras de Wickham. 38 42 subtropical. Por eso es inconsistente que muchos brasileños insistan en citar el ejemplo del caucho o jebe. El jebe llevado del Brasil para Inglaterra solo adquirió valor cuando se le domesticó y cultivó en los viveros ingleses de Asia y no tendría ningún valor si, previamente, Goodyear no hubiese inventado la vulcanización. De otra parte, así como los brasileños reclaman que el caucho les fue “robado” por los ingleses, los peruanos podrían reclamar lo mismo pues como bien se sabe hay caucho en el Perú y, del mismo modo, deberían reclamar por el uso mundial de la quinina que el Virrey Marqués de Cinchón popularizó. Pero también hay chinchona en la vecina Bolivia. Los reclamos brasileños son aún más injustos por cuanto ellos han hecho y continúan haciendo lo mismo con especies exclusivamente andinas, como la quinua, patatas, ajíes diversos y chirimoya, entre tantas otras. La verdad es que muchos de los productos “biopirateados” a partir de uno cualquier de los países amazónicos, que por eso protesta, existen asimismo en todos o varios de los demás. ¿Cuál país y cuál grupo social tienen más derecho sobre ello? Confuso ¿no? De otra parte, el extremismo en este tema lleva al absurdo pues, si fuera el caso de reclamar “derechos” por las especies nativas, los sudamericanos deberíamos pagar cupo por usar ganado bovino, ovino y porcino, así como por plátano, trigo, cebada, mango, soya, arroz, todos los cítricos y otras docenas de animales y plantas útiles que vinieron de otros continentes. En el caso de la Amazonia, cuya diversidad biológica es proverbial, ésta es compartida por los nueve países que la poseen. Existen si, algunas especies endémicas que, consecuentemente, son exclusivas a una región o a un país, pero posiblemente más del 90% de la diversidad biológica es común a dos o más países y, por lo tanto, es muy difícil que un país pueda reclamar derecho exclusivo sobre una especie. Más aún, la diversidad biológica de los bosques tropicales de América del Sur es compartida en gran parte con la de los bosques tropicales de América Central. Para complicar las cosas entre los países amazónicos está la Francia, lugar de donde proceden piratas muy famosos ¿Quién es, entonces, el legítimo dueño? La pequeña Costa Rica, que avanzó mucho en el tema de patentes de biodiversidad, ya registró excipientes de muchas especies que ocurren en la Amazonía. Para eso creó el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inbio) que colecta, identifica, estudia, analiza, registra y vende ese material. Y para ello, ha invertido millones de dólares en gran parte en su importante sistema de unidades de conservación. Este país es el único en América Latina que ha dado un ejemplo coherente, además de leyes, discursos y planes que nunca se cumplen, de lo que significa la diversidad biológica. No se propone que la ley no deba ser cumplida, o que los científicos y los coleccionistas de plantas y animales no deban ser controlados. Sin embargo, hay algo errado en leyes que castigan duramente a un coleccionista de plantas o insectos pero que tolera la deforestación de cientos de miles y hasta de millones de hectáreas de bosque por año y que autoriza la explotación exhaustiva de especies amenazadas como la caoba. Cada hectárea de bosque talado y quemado implica la muerte de millones de ejemplares de decenas de miles de especies de plantas y animales que, sin duda, estarían mejor en un museo o en una colección privada. Son miles las orquídeas raras que quedan en los árboles talados en las chacras que esperan el paso del fuego ¿por qué no pueden ser colectadas e inclusive vendidas?39 Si las colecciones de los aficionados hubiesen estado prohibidas, como ahora, los famosos Lineo y Fabre entre muchos otros grandes entomólogos de la historia mundial no hubieran podido 39 Ver Dourojeanni, Marc 2017 ¿Qué se está haciendo para proteger a las orquídeas del Perú? Actualidad Ambiental, Lima / Lunes 20 de Marzo, 2017 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=43711) 43 legar sus maravillosos trabajos. Hoy, en el Brasil, los estudiantes de agronomía no pueden ni hacer colección de los insectos que son plagas de la agricultura pues, en ese caso, corren el riesgo de ser presos por una legislación absurda que no entienden ni los que la aplican. Preciso es decir que en el caso brasileño el problema se complica por la existencia de una grave imprecisión o confusión en la definición legal de fauna que se combina con una ley de crímenes ambientales muy radical. El siempre cambiante tamaño de los bosques de la Amazonía peruana ¿Cuánto mide la Amazonía del Perú? ¿Cuál es el tamaño de sus bosques? Es muy común confundir los siguientes conceptos: (i) cuenca amazónica, (ii) bioma o dominio amazónico, (iii) bosque amazónico y (iv) las definiciones políticas de Amazonia. Cada uno de esos conceptos tiene criterios y dimensiones diferentes. Y tanto los criterios como las dimensiones resultantes dependen de los autores o de las agencias que usan esa información y por lo tanto lo que sale al público puede variar mucho. El concepto de cuenca es, sin duda, el menos variable pues sus parámetros técnicos son bastante claros.La cuenca amazónica como un todo mide unos 700 millones de hectáreas, de los que su parte más plana está en el Brasil que posee 498 millones de hectáreas40. Esa cuenca es originada por el río más caudaloso y más largo del mundo41. Es muy importante recordar que Surinam, Guayana y Guayana Francesa, o sea 3 de los 9 países amazónicos42, no son parte de la cuenca amazónica, aunque pueden ser considerados partes de su bioma o dominio. En el Brasil coinciden, más o menos, la cuenca y el bioma, pero eso no es el caso en los países andino-amazónicos. En el Perú la cuenca tiene unos 96 millones de hectáreas (74% del territorio nacional) y una buena parte de ella se conoce como Sierra pues hasta incluye nevados. Ya el dominio o bioma amazónico, también llamado paisaje bioclimático, es un concepto ecológico, que se refiere a un complicado conjunto de características geológicas, orográficas, pedológicas y, en especial, climáticas que permiten separarlo de otros biomas. El resultado es un área geográfica donde se comparte flora y fauna. Los ecólogos no se han decidido por una sola definición, las que dependen de una larga serie de consideraciones y, que para algunos se refleja especialmente en los tipos de vegetación natural43. Por lo anterior la extensión de la Amazonia en su calidad de bioma es un tema discutible. Para el Perú se ha determinado que puede medir unos 77,9 millones de hectáreas (Biodamaz, 2001) y Tosi (1957), pero también se ha citado hasta 78,3 millones de hectáreas (Minagri/Minam, 2011). 40 Pero la Amazonia Legal (delimitación política) que no es solamente cuenca Amazónica, posee 521.7 millones de hectáreas. 41 En 2010 la Sociedad Geográfica de Lima confirmó, a través de imágenes satelitales, que el río Amazonas tiene su origen en la quebrada de Apacheta, provincia de Caylloma (Arequipa), a 5,000 m. de altura, por lo cual pasaría a ser el río más largo del mundo (7,062 km), superando al Nilo por casi 400 kilómetros. 42 En términos estrictos, Venezuela tampoco es parte de la cuenca amazónica. Su inclusión es esencialmente una determinación política. 43 Valga mencionar, por ejemplo, que muchos científicos consideran que el inmenso cerrado brasileño (una sabana fuertemente arborizada) es en realidad bioma amazónico modificado por cambios climáticos pasados y por el fuego. Para ellos existió un continuo entre la Amazonia y la Floresta Atlántica (Galindo y Camara, 2003). De hecho, hay formaciones de cerrado o sabanas dispersas dentro de la Amazonia brasileña y hasta en el Perú (Pampas del Heath, arenas blancas de Iquitos). Por el otro extremo, hay científicos que consideran que la Orinoquia y las selvas guyanesas (que no son parte de la cuenca amazónica) tampoco son parte del bioma amazónico. 44 En el caso del Perú, el tamaño del bioma y del bosque debió coincidir antes de que comenzara la deforestación masiva. Es probable, en efecto, que, históricamente fuera bastante mayor, en especial en Cajamarca y Amazonas. La eliminación total del bosque original y su mantenimiento sin permitir regeneración natural por décadas o siglos pueden alterar tanto el bioma que nunca recupera su biota original transformándose, literalmente, en otro bioma. El concepto de Selva, como el de Selva Alta y Selva Baja, es definido políticamente. Aunque está basado en criterios técnicos no existe una definición legal inamovible sobre lo que es la Selva como región del Perú. Su tamaño oficial es una decisión sujeta al criterio de los funcionarios y eso ha variado en los últimos 50 años, siendo usados 77,9 y 77,5 hasta los años 1970 y 75,5 millones de hectáreas en los años 1980 y 1990. Más recientemente, en este siglo, se pasó a usar apenas 72 millones de hectáreas. Hay pues una diferencia de hasta 5,9 millones de hectáreas entre las definiciones extremas. De los cuatro conceptos, el más variable es el de “bosque amazónico” que la gente, en general, denomina erradamente como Amazonia. El tamaño del bosque amazónico --y en cierta forma también el del bioma-- se reduce año a año debido a la deforestación. Pero, dentro de esa tendencia general, puede aparentar aumentar o disminuir en función de los criterios aplicados para definir el bosque y, estos dependen del objetivo de la información. El resultado es una ensalada de informaciones discordantes que, se discute en los próximos parágrafos. La superficie del bosque es un concepto muy diferente a los anteriores y, evidentemente, se reduce año a año en la medida en que se le extirpa y se ocupa su espacio para hacer agricultura y ganadería o, también minería o expandir los centros urbanos y las vías de comunicación. Hasta el año 2001 no existía una medición anual de la deforestación. Entre la primera medición en 1974 (Malleux, 1975) y el 2001, se realizaron varias más. La primera, cuándo se elaboró el primer Mapa Forestal del Perú (Malleux, 1975), constató la deforestación de 4,5 millones de hectáreas, con datos válidos para 1974. En 1979 esa área se estimó en 5,12 millones de hectáreas (Una/Cepid, 1979) llegando a casi 7 millones de ¿Cuál es el tamaño de los bosques amazónicos en el Perú? La respuesta hectáreas en 1990 (Reátegui, depende de muchas variables y criterios. Lo cierto es que la destrucción de bosques alcanzó el límite ambientalmente tolerable. 1996) y a 7,2 millones de hectáreas en el 2000 (Portuguez y Huerta, 2000 e Inrena/Conam, 2005). A partir de 1995, debido especialmente al tema del cambio climático, hubo seis mediciones y remediciones, usando escalas, métodos y criterios diferentes para medir la deforestación. Las cifras de deforestación en esas mediciones variaron entre 5,64 (para 1985) 6,95 y 5,68 (para 1990), 7,34 y 7,17 (para el 45 2000) y 7,9 millones de hectáreas (para 2009)44 usando material con escalas que pasaron de 1/1.000.000 a 1/100.000 en las dos últimas --todas esas mediciones están citadas en Minagri/Minam (2011). En 2011 ambos ministerios realizaron un nuevo esfuerzo conjunto y llegaron a la conclusión que, en realidad, al 2000 no hubo unos 7 millones de hectáreas deforestadas sino solamente 5,81 millones y que al 2011 la deforestación había llegado a 6.877.114 ha, es decir significativamente menos que lo que había sido estimado para 1990 y para el 2000. Es apenas a partir de 2001 que la deforestación se mide anualmente, con precisión cada vez mayor y con resultados menos discutibles. El resultado proporcionado por Minagri/Minam (2011), salvo que todas las mediciones previas fueron groseramente exageradas, significaría que prácticamente no hubo deforestación durante por lo menos 10 años, lo que es inverosímil. Hay varias hipótesis para explicar esa incongruencia: (i) las mediciones de Malleux (1975), Una/Cepid (1979), Reátegui (1990), Portuguez y Huerta (2000) y otras estaban todas erradas; (ii) las metodologías y el material usado --tipo, escala-- fueron diferentes y ofrecen resultados no comparables; (iii) los criterios usados para definir bosque fueron diferentes; (iv) el objetivo de los ejercicios fue distinto y; (v) la expresión de los resultados es diferente. Otro elemento a mencionar es referido al tamaño de la Selva que se escoja en cada caso. Nada demuestra que el trabajo de Malleux (1975) estuviera equivocado, pues esa información procede de un trabajo meticuloso revisando una a una un número considerable de imágenes fotográficas y con chequeo de campo. Como éstas no eran todas recientes el error, si hubo, debió ser para menos y no para más. Pero es verdad que su escala de trabajo fue de 1/1.000.000 y eso hace diferencia. Las más recientes usaron ya no fotografías aéreas sino La expansión del cultivo de palma aceitera es uno de los factores de deforestación que preocupa mucho a los ambientalistas imágenes impresas o digitales con (Fraser). resoluciones espaciales diferentes. Por ejemplo, Reátegui (1996) interpretó imágenes impresas a una escala de 1:250.000 y utilizó una plantilla para estimar las superficies en el mapa, mientras que Portuguez y Huerta (2005) interpretaron visualmente imágenes digitales a una escala 1:100.000. También hubo diferencias en el método de determinación del área utilizado en cada caso. Por lo que el cálculo de las tasas de deforestación con estos mapas solo debería ser referencial. Es decir que los resultados de estos mapas no pueden compararse sin cuidado por tener escalas diferentes y haber seguido metodologías diferentes. Sin embargo, problemas metodológicos aparte, los resultados muestran una progresión de la desforestación bastante lógica, pasando de 4,5 millones de hectáreas en 1975 a 7,2 o 7,3 millones de hectáreas en el 2000. Lo que no es lógico es que en 2011 hubiese apenas 6,9 millones de hectáreas deforestadas. 44 http://geobosques.minam.gob.pe/geobosque/view/descargas.php 46 La explicación más probable está en el objetivo del ejercicio de Minagri/Minam (2011). Ese estudio fue hecho para cumplir las obligaciones asumidas en torno al Protocolo de Kioto y la implementación del programa REDD+, es decir que su finalidad era demostrar cuánto bosque hay en el Perú. Los anteriores pretendían demostrar la situación del bosque y el avance de la deforestación. Por eso, en los últimos estudios, se usó la definición de bosque más favorable a mostrar “más bosque” y se incluyeron los bosques secundarios o purmas que, técnicamente son bosques y que además fijan carbono, pero que esconden la deforestación pasada. Es verdad que los bosques cortados pueden volver a crecer pero no son iguales a los originales. ¿Deben ser considerados? La respuesta es que eso depende de la finalidad. Pero en términos ecológicos un bosque secundario no equivale a uno original en términos de servicios ambientales y de diversidad biológica. Tampoco deberían incluirse como bosques los paisajes mixtos en que pequeñas chacras, a veces llamadas de promiscuas pues incluyen diversas especies inclusive arbóreas, o bosques ostensiblemente degradados que se mezclan con chacras y que se contabilizan todo junto como bosques. Asimismo, no deberían ser consideradas las plantaciones perennes, sean agrícolas, como la palma o los cítricos y paltos, sean forestales nativos o exóticos ni tampoco las áreas de agroforestería, como el café bajo sombre. Se argumenta, asimismo, que el narcoterrorismo frenó la deforestación en los años 1980 y 1990 y que durante los años peores de la guerra muchas chacras fueron abandonadas y que el bosque recuperó terreno y que, por eso, ahora “hay más bosque” que en el pasado. Hay que incluir en la discusión, asimismo, la superficie cubierta por ríos y lagos que se ha calculado alcanza de 1,4 a 1,7 millones de hectáreas, según las fuentes. La confusión aumenta porque mientras que en estudios anteriores se citaba el área deforestada acumulada, en los nuevos se cita el “área de bosque” en contraste con el “área de no bosque”. Parece lo mismo, pero no lo es precisamente porqué el área de bosque incluye toda el área de vegetación secundaria que fue deforestada en el pasado y que está con vegetación en diferentes estados de sucesión. Finalmente, cuánto “menor” sea la Selva proporcionalmente mayor es la pérdida del bosque. Pero, si la parte deforestada no es más considerada Selva, simplemente se esconde la verdadera deforestación. Usar en los documentos una Selva con apenas 72 millones de hectáreas disimularía una pérdida de bosques de casi 6 millones de hectáreas con relación a las medidas iniciales. Es interesante anotar que el gobierno indica que la superficie de bosque húmedo amazónico remaneciente al 2016 era de 68.733.265 ha45 pero la referencia no indica a qué superficie de la Selva o del bosque amazónico se refiere. Si se habla de 72 millones de hectáreas entonces se habría deforestado un acumulado de apenas unos 3 millones de hectáreas. Si se habla de 77,5 millones de hectáreas, la deforestación acumulada sería, teóricamente, de 8,5 millones de hectáreas. Es decir que es imposible dar una cifra que sea aceptable por todos sobre el área boscosa deforestada en la Amazonia peruana, pero la menos confiable de todas es la oficial. Tratándose de deforestación, el Perú y sus gobiernos no han sido ajenos a modelar la realidad a conveniencia propia, escondiendo problemas graves que ya amenazan la calidad de la vida de los pobladores amazónicos. Quizá por eso las informaciones más recientes del Ministerio del Ambiente evitan mencionar la deforestación total y apenas ofrecen mapas coloridos, a veces con valores correspondientes a determinados periodos, pero sin traducirlos en valores 45 https://www.serfor.gob.pe/wp-content/uploads/2017/09/Presentacion.pdf 47 de deforestación acumulada46. Al final, los gobiernos no mienten, pero tampoco dicen la verdad. Y, lamentablemente, las estadísticas de los organismos internacionales como los de las Naciones Unidas están obligadas a usar esas informaciones y a divulgarlas. A pesar del resultado del estimado de Minagri/Minam (2011) y de otros publicados después, el propio gobierno suele utilizar la figura de que al año 2000 ya se habían deforestado unos 7 millones de hectáreas. Habida cuenta que la deforestación entre 2001 y 2017 aumentó en 2.1 millones de hectáreas (cuadro 5), lo que no es discutible, la deforestación total actual sumaría 9,1 millones de hectáreas o sea 12,6% de la Selva de 72 millones de hectáreas. Si se usara la versión Minagri/Minam (2011) sólo se habría deforestado unos 8,5 millones de hectáreas o 11,8% de la Selva. En resumen, las versiones oficiales estiman que se ha perdido entre 11,8 y 12,6% de los bosques amazónicos peruanos. Pero, si se considera improbable que no hubiese prácticamente ninguna deforestación entre 1990 y el 2000 y que es probable que parte del bioma amazónico transformado por la agricultura fuese “retirado” de la Selva en la versión de una Selva de apenas 72 millones de hectáreas, no hay duda de que la deforestación acumulada real es mucho mayor. En un informe de la Defensoría del Pueblo (2010) se dice textualmente que “el 53% del Perú está cubierto por bosques naturales, cerca de 68 millones de hectáreas, de las cuales el 91% se encuentra en la Amazonía”, lo que implica que el Selva había, en 2010, sólo 61,9 millones de hectáreas de bosque natural y no 68,7 como dice el documento Minagri/Minam (2011). La información de la Defensoría del Pueblo procede del Minagri. Por eso, lo más probable es que conservadoramente ya se perdiera el 18% de los bosques naturales amazónicos originales. Coincidentemente, este último es el porcentaje de pérdida de bosques amazónicos más comúnmente mencionado por científicos independientes para toda la Amazonía47. Suelos pobres, pero…. Una de las verdades casi indiscutidas de edafólogos, ecólogos, planificadores e inclusive de agrónomos de hasta 30 años atrás era que la mayor parte de la Amazonia carece de suelos capaces de soportar actividades agropecuarias en forma sostenible. En los años 1970 y hasta comienzo de los años 1980 las cifras más comúnmente mencionadas eran que apenas un 3% podría servir para agricultura en limpio y que en total solo 10 a 14% de la región soportaría alguna forma de agricultura y pecuaria (cuadro 4). Todo el resto apenas tendría vocación forestal de producción o de protección. Eso era argumento para preservar la mayor parte del territorio o dedicarlo apenas a una explotación forestal cuidadosa, lo que obviamente no ocurrió. Este criterio era obviamente de uso común entre los forestales y ambientalistas, pero también era defendido por expertos en suelos tropicales como José del Carmen Muro (Muro, 1973) o Carlos Zamora de la Onern (Zamora, 1971). Dicho sea de paso, la Onern que era responsable por las sucesivas aproximaciones de esa clasificación estaba integrada principalmente por ingenieros civiles y agrónomos, por lo tanto, imparciales o, eventualmente, más favorables a la agricultura que a la conservación. Pero desde esa época ya había expertos tropicales como el brasileño Paulo Alvim (Alvim, 1972), un fanático de la ocupación amazónica irrestricta, que alegaban que no existían tales restricciones. Aunque Alvim tenía poca simpatía por los temas 46 47 http://www.minam.gob.pe/wp-content/uploads/2015/11/ Mapa_Cobertura_Vegetal_Mayo2015.pdf Thomas Lovejoy, por ejemplo. 48 ambientales ese no era el caso de otros expertos que decían lo mismo, como Nelson (1975), Sánchez (1979) o Villachica (1981). Estos, aunque no se podía dudar de su interés por el ambiente, venían sosteniendo que en verdad una enorme porción (hasta el 77%) de la Amazonía peruana y de la Amazonía en general, podría ser ocupada por la agricultura intensiva sin mayor problema si se aplicaban las técnicas adecuadas. Es interesante anotar que la discusión peruana sobre ese tema era repetida en el Brasil donde se indicaba que solo el 2.8% de las tierras de la Amazonia Legal tenían vocación natural para agricultura en limpio pero que, si se aplicaba la tecnología adecuada, cueste lo que cueste, se podría cultivar intensivamente hasta el 42.4% (Brasil. Radam, 1975). El autor discutió extensamente este mismo asunto en su libro “Amazonía ¿Qué Hacer?” (1990) y se inclinó por la opinión de los pesimistas, junto con Fearnside (1980, 1983, 1987), Tosi (1981) y muchos otros. No lo hizo en el sentido de que no sea posible cultivar gran parte de la Amazonía, sino que, como los demás autores de la tendencia conservadora, veía con gran preocupación los impactos ambientales y, por ende, sociales, de esa ocupación intensa. Cuadro 4. Clasificación de las tierras de la Amazonía peruana por capacidad de uso mayor (en hectáreas) hasta 1982 Tipos de uso Superficie % Cultivos en limpio 2.420.300 3,2 Cultivos permanentes 2.190.700 2,9 Pastos 5.717.100 7,6 Forestales (producción) 46.431.600 61,3 Forestales (protección) 18.926.160 25,0 Total 75.685.860 100,0 De hecho, los porcentajes de tierras aptas para usos agropecuarios definidos por la FAO y por otras organizaciones agronómicas que ya habían aumentado un poco entre los años 1970 y 1980, fueron aumentando más rápidamente con cada revisión, en base a la aplicación de nuevos criterios empujados por el propósito de expandir la ocupación de la región o, si se prefiere de colonizarla y en parte gracias a nuevas variables económicas y tecnológicas. En la actualidad, aunque obviamente se sigue haciendo estudios de suelos ellos no pretenden más clasificarlos por capacidad de uso mayor y si, apenas, conocer sus deficiencias para poderlas corregir. El Reglamento de Clasificación de Tierras por Capacidad de Uso Mayor, decurrente de la Ley Forestal y de Fauna de 1975, aunque vigente en una versión de los años 1980, en la práctica cayó en desuso48 y ahora es más comúnmente aplicado como una de las herramientas para el zoneamiento ecológico-económico que el Instituto de Investigación de la Amazonia Peruana (IIAP) y algunos departamentos llevan a cabo. Lo único que continúa siendo contemplado es, en teoría, la cuestión topográfica, asumiéndose que las tierras en pendientes pronunciadas no deben ser cultivadas. Como bien se sabe, esto tampoco se cumple. Treinta años después la discusión terminó49. En la actualidad, el argumento de la poca fertilidad natural de los suelos amazónicos perdió validez para evitar el cambio de uso de la tierra, o sea la deforestación. Eso quedó perfectamente demostrado con la rápida ocupación y el éxito económico agrícola del cerrado brasileño, cuyos suelos no son mejores que los de la Amazonía y, también, con la actual y rápida ocupación agropecuaria de la parte amazónica de los estados de Mato Gros, Rondónia y Pará, en el Brasil. Nuevas realidades económicas globales, como la demanda de granos y de carne de los países ricos y en especial de los emergentes de Asia, crearon las condiciones necesarias. Mejores infraestructuras de 48 Sin embargo, la nueva Ley Forestal (Ley 29763 de julio de 2011) ratifica su uso (artículo 38) para determinar cambios de uso de la tierra. 49 Terminó para los profesionales el agro. Pero muchos ambientalistas, a pesar de las evidencias, continúan argumentando tercamente que esos suelos son improductivos, no entendiendo que aunque eso sea ecológicamente una verdad en los tiempos actuales eso no es óbice para su uso productivo. 49 transporte abaratan el flete de los insumos y de la producción. Nuevos yacimientos de fosfatos y calcáreos o yacimientos petrolíferos, resolvieron la falta de fosforo y nitrógeno o el exceso de aluminio y la acidez, entre muchas otras limitaciones naturales de los suelos. El desarrollo de nuevas tecnologías agropecuarias, incluyendo mecanización y robotización e ingeniería genética, han posibilitado cultivar millones de hectáreas con poco personal y con cultivos que antes no habrían prosperado en esas condiciones climáticas. Es así como las tierras del cerrado brasileño y ahora las de la Amazonía están siendo ocupadas por especulaciones agrícolas intensivas y por la pecuaria “sin mayores problemas” y con gran beneficio, al menos para los que practican esa actividad. Lo que no es verdad es que la ocupación agropecuaria de la Amazonía sea “sin mayores problemas”. Tampoco lo ha sido en el cerrado, donde las secuelas de la ocupación abusiva y descuidada se ven por doquier y ya están empezando a pesar sobre los costos de la propia producción agrícola. Como se verá en otro capítulo, los problemas decurrentes de la agricultura intensiva mal conducida incluyen erosión hídrica e eólica galopante, o sea perdida de suelos; contaminación del agua superficial y subterránea para riego y para consumo humano por agro-tóxicos, contaminación del suelo, reducción del abastecimiento de agua, eliminación de vegetación ribereña, etc. y, en especial, la creación de un verdadero desierto biológico e hidrobiológico, donde solo prosperan las plagas. Ya los problemas de la ocupación pecuaria, que en la Amazonía suele preceder a la de la agricultura intensiva, abriendo el bosque, son bien conocidos. De otra parte, existen los conocimientos suficientes para conducir en la Amazonia una agricultura y pecuaria que sean durables, aunque sean intensivas. “Pulmón del mundo” Es penoso ver que muchos aún usan el argumento de que la Amazonía es el “pulmón del mundo” para justificar la defensa de los bosques amazónicos, haciendo un magro servicio a esa causa. Hace décadas que esa idea, que por cierto es llamativa, ha sido científicamente descartada. Los bosques amazónicos, como otros, brindan numerosos servicios ambientales esenciales, como por ejemplo el de fijar carbono, pero no son productores netos de oxígeno. Además, hasta la figura usada en este caso es inadecuada pues los pulmones no emiten oxígeno para fuera del cuerpo al que sirven. En verdad, los pulmones de un ser compiten por el oxígeno contra los pulmones de los demás seres pulmonados. Captan el oxígeno del aire y lo ponen a disposición de las células del cuerpo o del ser al que pertenecen que en este caso serían, figurativamente, las propias plantas que conforman el bosque amazónico. Si el bosque o cualquier otro ecosistema produjese oxigeno su concentración en la atmósfera debería aumentar, lo que sabemos que no ocurrió durante los últimos dos o tres miles de millones de años. Como se sabe, la vida apareció en un medio en el que no había oxigeno atmosférico, en el que consecuentemente nada se oxidaba. Predominaban gases como metano, gas carbónico y amoniaco. Cuando la vida inicial comenzó el proceso de fotosíntesis dio progresivamente lugar a la atmosfera estabilizada que hoy tenemos, con 79% de nitrógeno y 20% de oxígeno y apenas 1% de otros gases diversos. Si la concentración de oxigeno disminuyese, los animales serían los primeros en morir, pero si subiese, la oxidación sería tan violenta que los árboles y la vegetación se quemarían y la vida desparecería. Pero, evidentemente, la cuestión no es tan categórica. Hay que llevar en cuenta la relación entre productividad primaria y biomasa. En estadios iniciales de la sucesión ecológica (purmas, por ejemplo) hay un rápido aumento de la biomasa y consecuentemente hay fijación de carbono y mayor emisión de oxígeno y esto, además, varia del día a la noche. Ya en 50 bosques maduros, que no crecen o que crecen muy poco apenas sustituyendo lo que pierden, la situación es más equilibrada. El excedente de oxigeno total que eventualmente existe entre árboles o bosques jóvenes y árboles o bosques maduros es consumido por el proceso de putrefacción de lo que muere y, al final, un bosque como el amazónico tiene esos gases (oxígeno y dióxido de carbono) en equilibrio. Evidentemente, esos gases también están afectados por otros ciclos bio-geoquímicos además del mencionado, que sin embargo es el principal. Perú, “país forestal” Escuchar, por décadas, que el Perú es un “país forestal” cuando, en ningún momento, el bosque ha generado, incluyendo productos diferentes a la madera, algo más que un modestísimo aporte a la economía nacional termina aburriendo. El uso de superlativos para hablar del recurso maderero peruano ha sido constante durante seis décadas y continúa en boga. Cifras extraordinarias, como las usadas en los años 1970 (David, 1971; Bueno, 1973), a las que en aquella época el autor también se sumó, se revelaron meras fantasías. En efecto, según ellas apenas el incremento anual de los hasta 11.100 millones de metros cúbicos de madera rolliza contenidos en el bosque amazónico explotable debería abastecer el 25% de la demanda mundial de aquel entonces y rendir sostenidamente unos 30.000 millones de dólares anuales. Eso equivaldría al 24% del PBI del Perú de la actualidad. Pero, como ya fue mencionado, contrariamente a eso el Perú La explotación de bosques naturales en el Perú jamás produjo en 2009 apenas 7,8 millones de produjo más del 1% del PBI nacional, incumpliendo todas metros cúbicos de madera de los que 7,0 sus promesas. millones eran leña50 e importó tres veces más productos de madera que los que exportó. Esto se repitió en 2015 (cuadro 6) sin grandes variantes. El sector forestal como un todo, incluyendo productos no maderables y fauna, nunca aportó siquiera 1% al PBI51. Verdaderos países forestales son aquellos en que el sector forestal aporta de modo sustantivo a la economía nacional, como Finlandia. En ese país el sector forestal explota sosteniblemente unos 26 millones de hectáreas de bosques naturales, lo que es bastante pero menos que las disponibles en el Perú, cubriendo una amplia gama de actividades que emplea permanentemente a alrededor de 90.000 personas. En 2006 contribuyó con un 21% a la producción industrial, correspondiendo un 5,2% a la industria maderera y el resto a la de Tan solo ese dato implica una situación vergonzosa. Ese nivel de “producción” de leña, en realidad consumo de leña, es indicador de atraso social y forestal. Esa extracción se hace en bosques degradados en cuencas protectoras o en zonas sometidas a procesos de desertificación rápida. 51 Estimados recientes usando artificios especulativos indican que este aporte puede llegar al 2,7% teniendo en cuenta que el sector forestal está vinculado a otras actividades económicas que son parte del PBI. Si se aplicaran los mismos criterios en otros países todos tendrían un aumento proporcional considerable. 50 51 pulpa y papel e impresión. En el mismo año, las exportaciones de origen forestal representaron alrededor del 20% de las totales, de las que casi el 15% se debió a la industria maderera y el porcentaje restante al subsector de industrias químicas. Apenas la producción forestal finlandesa representa el 8% del PBI y mucho más considerando los productos de las industrias químicas forestales. El sector maderero chileno, sin pretender comparación con Finlandia, produce más del 3% del PBI. ¿Qué pasó? ¿Será que los expertos de la época se equivocaron tan burdamente como para generar un error así de grande? La respuesta es evidentemente que si se equivocaron. La prueba del error de ese pronóstico está a la vista. Lo curioso es que el tal “potencial forestal”, aunque puramente teórico, realmente existía. Pero demasiadas veces fue presentado aislado de una realidad omnipresente. De hecho, aquellos expertos condicionaron la materialización de ese potencial a una serie de situaciones que jamás se dieron en el Perú y de medidas que nunca se tomaron. Pero, mirando retrospectivamente, ellos también debieron llevar en cuenta la inviabilidad de sus propuestas cuando hicieron sus especulaciones un tanto simplistas. El problema es que el Perú no es Finlandia. En el Perú, como en cualquier país tropical y por ende subdesarrollado --en vías de desarrollo o menos desarrollado, como se prefiera-- falta algo esencial que sobra en Finlandia. Esto es, en primer lugar, civilismo y respeto de la ley o, un mínimo de disciplina social y de coherencia política. En efecto, si las sucesivas leyes forestales peruanas, todas ellas hechas en procura del manejo forestal sostenible que debería cumplir las promesas del sector, hubiesen sido medianamente aplicadas, el Perú quizá no sería una Finlandia, pero sería por lo menos un Chile. No solo la legislación es letra muerta. Los sucesivos gobiernos han hecho todo lo posible para frustrar el desarrollo forestal nacional, negando las mínimas condiciones necesarias para alcanzarlo, privando al sector publico forestal de los medios para llevar adelante el proceso y aplicar la ley; favoreciendo usos inadecuados del suelo que se transformaron sistemáticamente en deforestación masiva seguida de abandono de la tierra y; tolerando y hasta facilitando las invasiones a los bosques, creando una tremenda confusión e inseguridad en la tenencia de la tierra, lo que Madera ilegal esperando transporte en la orilla del río. es una condición para el desarrollo forestal La mayor parte de la producción forestal nacional es ilegal en una forma u otra. que es siempre de largo plazo. Todo eso sin hablar de la dificultad del pueblo peruano para entender la problemática de los recursos naturales debido a una educación deficiente y a la falta de información o al exceso de información distorsionada; a la corrupción rampante en todo nivel, especialmente en los más altos de los sucesivos gobiernos y, claro, a la interferencia disruptiva del narcotráfico internacional y, más recientemente, también de la minería de oro informal. Si los finlandeses tuviesen que enfrentar tantos demonios al mismo tiempo, ellos también estarían apenas destruyendo sus bosques como lo hacen los peruanos en lugar de vivir de ellos. Muchos dirán que la diferencia entre el Perú y Finlandia, en términos de desarrollo forestal, reproduce sus realidades ecológicas tan diferentes y que, contradiciendo la opinión popular y la de muchos científicos, los biológicamente bien más simples bosques finlandeses son en 52 realidad más ricos. Es verdad que la ecología de los bosques amazónicos peruanos es infinitamente más compleja que la de los bosques nórdicos y que, llevando esto en cuenta inclusive en el caso de que los problemas anteriores estuvieran atendidos, el éxito no sería tan grande o sería alcanzado más lentamente. Hay algo de verdad en ese punto de vista. No hay duda de que no es igual explotar sosteniblemente un bosque homogéneo, con poquísimas especies bien conocidas y con mercado asegurado desde hace siglos que explotar un bosque con dos o más miles de especies en su mayoría desconocidas y sin mercado establecido. Pero los expertos de los años 1960 y 1970 ya conocían las técnicas aplicables para producir madera sosteniblemente en el contexto amazónico. Tenían respuesta para cada uno de los problemas técnicos y económicos que plantea la diversidad biológica y no hay duda de que su visión podría dar el resultado esperado si hubiese un contexto socioeconómico y político más favorable. Pero eso es lo que no existía ni existe y, a este punto, hasta cabe dudar de si existirá algún día. La ilusión del manejo forestal Íntimamente asociado al mito de la enorme riqueza maderera de la Amazonia peruana, está el de la viabilidad del manejo forestal, o sea una promesa igualmente incumplida. Sin manejo el bosque es simplemente depredado. Eso es lo que ha ocurrido hasta el presente, a pesar de los esfuerzos por evitarlo. La explotación sin manejo puede contribuir a crear fortunas individuales, como lo ha hecho, pero no contribuye al desarrollo nacional. Las principales causas del fracaso del manejo forestal en el Perú son exactamente las mismas que las que ocasionaron el fracaso del sector forestal para contribuir significativamente a la economía. Los planes de manejo actuales, que se hacen en base a la legislación, son hechos apenas para cumplir con las normas. Inclusive cuando son de calidad aceptable, los empresarios en general no los aplican y, en cambio, hacen literalmente lo que les da la gana. Por ejemplo, es bien conocido que muchos aprovechan cualquier descuido para comprar o robar madera de tierras indígenas, áreas protegidas y si es posible también de la concesión del vecino y porque no del país vecino. Pero la mayoría de los extractores madereros del Perú, como bien se sabe, ni se preocupan en disimular su absoluta ilegalidad pues los organismos encargados de su fiscalización no tienen los medios para hacer inspecciones serias de la explotación52. El manejo de los bosques naturales en América Latina ha sido, en efecto, una gran ilusión. Hasta 1960, prácticamente no existía ningún ejemplo de manejo forestal digno de ese nombre en toda la región, con excepción, quizá, del practicado antaño y en pequeña escala por forestales holandeses en el Surinam y americanos en Puerto Rico. Veinte años después la situación era aún peor debido a que esfuerzos que parecían prometedores ya habían sido abandonados. El manejo forestal fue intentado muchas veces, aunque siempre en escala tan modesta que, sumando 40 años de tentativas de hacerlo realidad, no se alcanzó a manejar ni el 0,1% del área de los bosques naturales de América Latina53. Es verdad que varios de esos ensayos de manejo parecieron exitosos durante corto tiempo. Pero todos fallaron o fueron abortados después de una o dos décadas, como máximo y, en general, esos bosques fueron 52 La legislación actual encarga esa función al Serfor y, en el caso de las concesiones, principalmente al Osinfor (Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre). 53 Hasta ese porcentaje es altamente discutible. La ITTO y la FAO, que proporcionan ese tipo de informaciones lo hacen sobre la base de la información gubernamental que es, casi siempre, mentirosa. Estos se basan en el número y tamaño de las concesiones con planes de manejo aprobados, lo que no significa que en la práctica sean aplicados. 53 convertidos en pastos o destinados à la agricultura migratoria. Eso incluye un gran número de bosques nacionales, entre ellos el Bosque Nacional de Iparia, en el Perú, donde fueron realizadas inversiones enormes para el manejo, inclusive en lo que fue el mayor aserradero del país. La misma suerte, con agonía más lenta, tuvo el Bosque Nacional A. von Humboldt54, la que ya llegó también al Bosque Nacional del Biavo. En el Brasil, la situación es diferente, pero no es mejor, pues los bosques nacionales permanecieron por décadas sin ningún uso, aunque en muchos de ellos se gastó dinero en inventarios y planos de manejo que nunca fueron aplicados, como en el caso del Bosque Nacional del Tapajós, donde solo muy recientemente se iniciaron algunas pequeñas concesiones. La mayor parte de esos bosques están ahora invadidos en un grado u otro. En Venezuela, en el Bosque Nacional de Ticoporo, se dio el único caso de manejo forestal que perduró por más de 30 años. Aun así, una década atrás ese Bosque ya había perdido el 85% da su área original a favor de invasores. De otra parte, la revisión de los planos de manejo de los bosques aparentemente manejados revela enormes deficiencias que determinarían, si fueran aplicados, que la explotación no sería sustentable, inclusive en los casos donde, en teoría, existe certificación forestal. El principal problema de esos planos es que, cuando en ellos se determina la rotación, se la escoge irrealistamente corta, en general de apenas 20 años, lo que no garante la regeneración del bosque --como mínimo las rotaciones deberían ser de 40 años55. De otra parte, en general no existe un planeamiento previo de los lotes o tramos de corta anual y de las respectivas vías de extracción. Los lotes Transporte de trozas por balsas en el río Yavarí. Gran parte sale del Perú y va al Brasil (Milano). son escogidos coyunturalmente, en función de la facilidad de extracción o de la existencia de volúmenes mayores de madera noble. Es común observar en esos planos que los lotes anuales son todos de igual tamaño, ignorando el hecho de que el volumen y la calidad de la madera no tienen distribución uniforme en el bosque, pues como bien se sabe eso depende de diversos factores, entre ellos la topografía, la hidrografía y la calidad de los suelos. Eso revela, además, que los planos de manejo no corresponden al objetivo de proveer a la industria con volúmenes por especie que sean regulares año tras año, lo que debería ser uno de los objetivos primarios del manejo. Las técnicas silviculturales adoptadas en esos planos de manejo son apenas formalidades, como en el caso del tradicional enriquecimiento en fajas en el sotobosque, lo que ya se sabe de sobra que no funciona. La certificación forestal generalmente se orienta apenas a que la extracción sea de menor impacto ecológico y a que las condiciones sociales de la extracción sean elevadas, lo que está bien, pero es insuficiente. 54 Dourojeanni, M. J. 2017 Bosques nacionales en el Perú: De importantes centros de investigación a zonas deforestadas Actualidad Ambiental, SPDA, Lima, / Lunes 30 de Enero, 2017 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=42935) 55 El manejo forestal de bosques tropicales mejor logrado en el mundo se dio en Malasia, donde forestales británicos establecieron una rotación de más de 70 años, la cual ha sido respetada después de la independencia de ese país. 54 Visto desde otro ángulo, el problema se traduce en el padecimiento de quienes pretenden hacer manejo sostenible y que en sus concesiones deben enfrentar la burocracia estatal que se ensaña con ellos, la corrupción generalizada, la falta de apoyo técnico y financiero, las invasiones y agresiones de agricultores y madereros ilegales unidas a la absoluta falta de garantías a la intangibilidad de la concesión forestal. Eso a pesar de que pagan impuestos pesados. Pero lo peor es la competencia absolutamente desleal de otros concesionarios que no respetan ninguna regla o de aquellos que “sacan” madera de cualquier lugar, usando mil y una argucias que son toleradas y hasta estimuladas por la autoridad. Así no da y, prueba de ello, son las centenas de intentos honestos de empresarios decentes ilusionados con el sector maderero que fracasaron y se dedican a otra actividad o tantos otros empresarios que, hartos de respetar las reglas, se sumaron a los que alegremente las violan. Es así como se ha gastado mucho dinero en inventarios forestales que nunca fueron aplicados para fines de manejo y como tantas iniciativas serias se han perdido. A nivel de concesión forestal o, en pocos casos, de propiedad destinada a uso forestal, uno de los problemas más sentidos, como mencionado, es el de las invasiones por agricultores en procura de tierras para sus cultivos y la de madereros ilegales. Los primeros penetran en los cuarteles o tramos que ya fueron explotados y que, en consecuencia, tienen caminos de acceso y simplemente derrumban y queman el bosque que está en regeneración y recuperación de su volumen maderable. La policía, cuando accionada por los concesionarios siempre se omite a proceder a retirar esos invasores alegando que eso requiere órdenes judiciales o disposiciones de la superioridad que nunca llegan a tiempo. Además, los invasores raramente están solos o desorganizados, contando con el apoyo de políticos locales y de partidos políticos siempre en procura de crear conflictos sociales de los que ellos pueden tirar provecho. Los madereros ilegales pueden entrar en los cuarteles explotados, donde ayudan a los colonos a retirar lo que queda de madera explotable o se anticipan a invadir los cuarteles que deben ser explotados años después por la empresa concesionaria. La gestión y el manejo forestal, por definición, consisten en el cumplimiento estricto de planes de largo a muy largo plazo y, como ocurre en Finlandia o en países europeos, el manejo “no tiene término” o, si se prefiere, no es a plazo fijo. Es decir que puede ser ejecutado por siglos y siglos en un continuo ininterrumpido de crecimiento del volumen de madera y de aprovechamiento del mismo, sin desmedro de hacer ajustes y de continuar proveyendo los servicios ambientales que el bosque debe prestar y mejorar a cada ciclo. Como es evidente hasta este concepto confronta directamente el inmediatismo dominante en la sociedad peruana demostrado también por la inexistencia de planificación de mediano o largo plazo y, en consecuencia por la incesante alteración de las reglas de juego y del personal a cargo de llevar adelante los planes, programas y proyectos del Estado. Promesas vanas: certificación y criterios e indicadores de sustentabilidad En 2007, como tantas otras veces, se informó que madereros peruanos habían invadido otra vez el territorio brasilero y que la intervención oportuna de las autoridades de ese país había detenido la acción ilegal, inclusive capturando a algunos de los operarios. Está vez el caso llamó la atención por el hecho de que los medios usados por los invasores eran considerables. Unos días después se supo que los equipos pertenecían a una empresa de gran porte, que operaba dentro de la más completa legalidad, con concesión forestal y plan de manejo aprobado por el Inrena y que, aún más, contaba con la más preciada certificación forestal internacional, respaldada por el Forest Stewardship Council (FSC), lo que le da acceso a 55 mercados de madera muy privilegiados. Entonces ¿cómo es posible que una empresa de este nivel estuviese robando madera del país vecino? La certificación forestal, también conocida como “sello verde”, es una ingeniosa iniciativa de los años 1980 y desarrollada en los años 1990, para respaldar la utopía del manejo forestal sustentable, especialmente en los bosques tropicales, donde está práctica a sido raramente aplicada. Como bien se sabe, muchos piensan que el uso sustentable de los bosques es la única posibilidad de mantener sus beneficios para las generaciones futuras, púes “en el caso de no ser utilizados, no tienen valor para la sociedad” y, consecuentemente, serían destruidos y sustituidos por actividades agropecuarias. Esa teoría es la base de la legislación forestal de casi todos los países tropicales del mundo. De hecho, ella está funcionando bien en los países desarrollados, de climas templados y fríos. Pero hasta ahora nunca funcionó en países en proceso de desarrollo. En este contexto, la certificación forestal debería ser una herramienta para fomentar la implantación de los mecanismos legales que ordenan practicar manejo forestal sustentable, o sea, aplicar planes de manejo de largo plazo que garanticen la generación de bienes y servicios ambientales del bosque. El Forest Stewardship Council, que está formado principalmente por ilustres comerciantes y usuarios de madera, trabajó arduamente de 1990 a 1993 diseñando el concepto y poniéndolo en práctica. En términos simples, la idea es ofrecer un servicio voluntario de verificación de la calidad del manejo aplicado por las empresas que explotan el bosque, que sea suficientemente exigente como para que los compradores de madera y sus productos tengan la seguridad, que usando esta materia prima no contribuirán a la explotación destructiva y/o tala ilegal de La producción de madera en concesiones es fruto de una bosques. La investigación es hecha a través pantomima de manejo forestal. La certificación forestal no ha funcionado. de empresas especializadas evaluadas y garantizadas por el FSC. Obviamente, el FSC también desenvuelve otras acciones para estimular el interés por la calidad de manejo, en especial, ampliando su presión en los mercados consumidores y en los productores de madera y promoviendo la aprobación por parte de los gobiernos de las medidas legales e institucionales necesarias. En 1998 el FSC declaró existir más de diez millones de hectáreas de bosque certificado, y claro mucho más en la actualidad. Cabe resaltar que la certificación es practicada tanto en bosques manejados naturales como artificiales y que, además, se realiza por igual en países desarrollados, así como en el resto del mundo. El FSC es hoy el sello verde más reconocido con acciones en más de 75 países y en todos los continentes. Además, se transformó en una organización formal, con sede en Alemania y representaciones en diversos países, inclusive en Brasil. Actualmente los negocios con productos certificados generan la movilización de más de cinco billones de dólares por año en todo el globo. Por tanto, como era de esperarse, ya existen algunas réplicas de instituciones certificadoras como el FSC y, obviamente, hacen una pequeña legión de empresas certificadoras acreditadas por uno y otro sello en muchos países. Llevándose en cuenta lo anterior, es realmente curioso y preocupante que la empresa peruana sorprendida robando madera en el Brasil, sea certificada por el FSC. Pero eso no es una 56 novedad, ya que otros casos fueron denunciados internacionalmente, por ejemplo, en el Congo, Guyana y Rusia y que hasta países forestales muy desarrollados, como Noruega, parecen estar decepcionados con la opción. En el nivel menos público entre gente de la profesión forestal de cualquier país de África, Asia, o América Latina, se conocen y comentan innumerables casos en los que la certificación forestal, por cualquier sello, es motivo de sonrisas sarcásticas. Es obvio que algo no está funcionando bien. Es evidente que la buena voluntad de algunos fue, una vez a más, útil para el mayor beneficio de otros, los mismos bandidos de siempre, disfrazados de empresarios. Lo que no funciona bien no está relacionado con la certificación de plantaciones forestales. En ellas es mucho más fácil confirmar y chequear el cumplimiento efectivo de las reglas reconocidas internacionalmente. Tampoco, salvo excepciones, es problema su uso en bosques templados de los países desarrollados, donde la legislación forestal es generalmente bien obedecida, y donde el divorcio entre la aplicación de esta y los requerimientos de la certificación es mínima. El problema está en los bosques naturales de los trópicos húmedos donde, de una parte, la legislación forestal es letra muerta, y de otra, donde es muy difícil confirmar cualquier hecho, lo que en el campo se puede transformar en una odisea. Dicho de otro modo, engañar hasta profesionales bien calificados, puede ser muy fácil para quien domina el área y tiene los medios para hacerlo. Más todavía porque el concepto de manejo forestal sustentable está muy relajado, hasta para el FSC, y está siendo sustituido por la extracción forestal de bajo impacto que es una explotación más benigna, aunque no implique necesariamente en la práctica de un manejo sostenible, y eso sin mencionar que muchas veces cabe dudar de la capacidad y honestidad de alguna de las empresas certificadoras y aún más de sus funcionarios de campo, en general jóvenes inexpertos y mal remunerados. La certificación forestal debe garantizar que la madera utilizada en determinados productos es oriunda de un proceso productivo manejado de forma ecológicamente adecuada, socialmente justa y económicamente viable y en el cumplimiento de todas las leyes vigentes. Para confirmar el cumplimiento de todas estas pautas el FSC, así como otras organizaciones tienen desarrollado un conjunto de principios que se expresan a través de “criterios e indicadores de sostenibilidad” (C&I). Aunque hay A pesar de la teoría de los criterios e indicadores de diferencias entre los C&I desarrollados por sustentabilidad la mayor parte de la madera, producida diferentes agencias, todas tienen el mismo en el país es descaradamente ilegal. propósito, y en verdad se parecen mucho56. En el terreno, los criterios e indicadores se transforman en listas de verificaciones, algunas bastante complejas, y estás son realizadas periódicamente por los inspectores de las empresas acreditadas. Los indicadores de mayor dificultad de levantamiento son, precisamente los más importantes, púes son los que se refieren a la sostenibilidad ecológica y a los servicios ambientales del bosque. Varias agencias internacionales, como el departamento forestal de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Internacional 56 La más conocida, en los trópicos, es la desarrollada por la OIMT (ITTO) 57 de Madera Tropical (OIMT) han promovido, durante los últimos 15 años o más, la aplicación de criterios e indicadores de sostenibilidad como una forma de garantizar el uso sostenible y la conservación del bosque. Esos esfuerzos son traducidos especialmente en financiamientos multinacionales o donaciones bilaterales para países tropicales en África y en Asia. Con estos recursos se está probando la aplicabilidad de los criterios e indicadores y se está analizando cómo transformarlos en normas de aplicación obligatoria. La conclusión general es que la aplicación de criterios e indicadores es deseable, pero que falta mucho camino por recorrer para que eso sea realidad. Prácticamente en todos los países tropicales se estima que los criterios e indicadores requieren adaptaciones nacionales y regionales y que, de cualquier forma, ella depende de reformas legales y, en especial, del equipamiento de las administraciones forestales de los países tropicales que, en la actualidad, incluso son incapaces de supervisar al mínimo la legalidad del origen de la madera. Como bien se sabe ninguna nueva legislación forestal ha conseguido que la explotación forestal tropical sea legal ni evitar que sea social, económica y ecológicamente dañosa. Tanto es así que, que pocas semanas atrás, el delegado de un importante país maderero de África, participante de un evento regional, simplificó el asunto de la aplicación de los criterios e indicadores en su país diciendo: ¿cómo podemos evaluar algo que no existe? Refiriéndose, evidentemente al manejo forestal. El responsable de un proyecto de investigación sobre la aplicación de criterios e indicadores de la Amazonía brasilera explicó, en otro evento regional, que su mayor dificultad fue encontrar a una empresa que tenga un plan de manejo razonable que fuera asimismo razonablemente aplicado y que mantuviera alguna estadística mínima de sus intervenciones en el bosque. Es con efecto, imposible pretender evaluar o medir sofisticados indicadores de sostenibilidad, donde ni siquiera se aplica un plan de manejo. O sea, la distancia entre la elogiable intención de los promotores de la aplicación de los criterios e indicadores y la realidad es proporcionalmente grande. Por otra parte, aplicar seriamente un plan de manejo, en un bosque natural tropical húmedo, es muy caro. Son muchas y diversas las inversiones necesarias en estudios, equipamientos, infraestructura y entrenamiento. Certificar la calidad de manejo también es caro. Pero es imposible pretender que los criterios e indicadores y la certificación forestal resuelvan lo que ninguna ley, reglamentos, administraciones forestales de los países tropicales consiguieron después de 50 años de muchos intentos frustrado. El problema es de orden o mejor dicho, de desorden social. No es un problema técnico, ni en esencia económico, pues la explotación forestal sustentable puede perfectamente dar lucro. Otro problema es el de la creciente incomprensión de lo que es, realmente, manejo forestal. Un verdadero plan de manejo debería ser un documento que incluya, como partes de un conjunto: (i) una evaluación de impacto ambiental, (ii) un estudio de viabilidad técnica y económica y, (iii) un plan de gestión del bosque a largo plazo y para cada año que debe incluir un plan de extracción de bajo impacto. Todos esos elementos son fundamentales e indisociables de un plan de manejo que debería así mismo incorporar todos los criterios e indicadores para su propia certificación a través de su mecanismo de monitoreo y evaluación, sin desmedro de una certificación independiente. Es, pues, realmente incomprensible por qué, en lugar de hacer un buen plan de manejo, las diversas piezas del plan de manejo se hacen, cada día más, en forma aislada, es decir como piezas sueltas que nunca consiguen trabajar armoniosamente. En muchas partes se confunde la extracción de bajo impacto con manejo forestal y en otras tantas se exige un estudio de impacto ambiental separado del plan de manejo. 58 Por todo eso, la única posibilidad de conseguir manejo forestal de verdad en los trópicos es un cambio de actitud drástica en la población y de sus gobernantes con relación al sector forestal, creando las condiciones para que, por lo menos la mayoría de las empresas, cooperativas, o comunidades que explotan el bosque no puedan escapar de la legislación. O sea, hacer que se apliquen efectivamente planes de manejo bien hechos. En este caso existiría menor probabilidad de que malos empresarios usen la certificación apenas para engañar y ganar más, y por otra parte las certificaciones independientes serían realmente una forma por la cual estás empresas sobresalgan. Sería un mundo ideal. Lo triste es que, como van las cosas, cuando la sociedad despierte, la situación de los bosques naturales estará tan arruinada que, probablemente, lo poco que subsista tendrá que ser preservado como oro en polvo. Como se verá en el capítulo VI, el autor aún tiene la esperanza de que se pueda manejar correcta y rentablemente una parte del bosque amazónico peruano. Pero lograrlo implica un cambio radical. Internacionalización de la Amazonía Uno de los temas más recurrentes con relación a la Amazonía es la idea de que las grandes potencias, además de “robar” sus recursos tienen el propósito de adueñarse físicamente de ella o por lo menos, de internacionalizarla. Lo cierto es que, cuando analizados los textos que alegan esas amenazas, solo cabe concluir que se trata en el mejor de los casos de malos entendidos o de colocaciones fuera de contexto y, en general, de mentiras perpetradas con la peor de las intenciones pero que muchas veces son aceptadas por un público desinformado. De hecho el 72 % de los civiles y 83% de los militares brasileños creen que ese es un riesgo real57. Por eso, esa clase de ideas han hecho mucho daño a la Amazonia, obstaculizando los financiamientos que serían beneficiosos y facilitando, en cambio, los más perversos; dificultando la investigación científica y generando una xenofobia que no ayuda a nadie. Varios países, en especial el Brasil, por iniciativa de oscuros legisladores amazónicos han adoptado textos legales discriminatorios y perniciosos contra investigadores foráneos, organizaciones no gubernamentales e inversionistas. Es verdad que el primer estallido de explotación abusiva de la Amazonia fue generado por la necesidad de los países ricos de disponer de caucho para sus recién inventados automóviles y, a partir de entonces, la explotación de varios de los recursos de la región sirvió, en efecto, para alimentar la demanda externa. Pero, de una parte, esas explotaciones fueron planeadas y ejecutadas esencialmente por nacionales de los países amazónicos, como el peruano Arana o el boliviano Suárez, o fueron desarrolladas a convite de estos. También es verdad que muchas empresas de países desarrollados propusieron a los gobiernos amazónicos usar grandes concesiones para hacer agricultura o desarrollar otras actividades. Como es natural en unos casos fueron aceptadas y en otras rechazadas. Pero frecuentemente esas propuestas fueron hechas a convite o con aceptación entusiasta de gobiernos como el peruano, en el caso de Le Tourneau y de la Peruvian Corporation58 o como el brasileño, cuando a acogió la idea de la Ford en Fordlandia. En otros casos los gobiernos no aceptaron las proposiciones o fueron presionados a no hacerlo por actores nacionales, como podría haber sido el caso con las propuestas de la Amazon Corporation of Delaware y de la The Canadian Amazon Corporation Co. en el Brasil. 57 58 Datos citados en la revista Veja (São Paulo) de mayo de 2008 En este caso la concesión fue parte del pago de una deuda pública decurrente de la Guerra con Chile. 59 En realidad, gran parte de la explotación amazónica satisfizo y aún satisface la demanda interna, como en el caso de la madera. El Brasil consume más del 79% de la madera procesada que sale de su Amazonia, pero antes, en 1998 consumía el 86% (SFC/Imazon, 2010), dando lugar a uno de los mayores impactos ambientales del pasado y del presente. Aunque mucho se cazó para pieles y cueros que se exportaban, la carne de las presas y la pesca siempre han sido para abastecer mercados locales. Y, ya en tiempos recientes, no es posible acusar al imperialismo por la explotación de recursos petroleros o mineros, cuándo los gobiernos amazónicos hacen malabares que llaman de “ruedas, ferias o viajes de negocio” para atraer inversiones foráneas. Además, explotar recursos naturales para exportar no tiene nada de intrínsecamente errado. Por lo tanto, el argumento de que los extranjeros “se llevan la Amazonia” es muy débil. Entre las supuestas pruebas de las intenciones de injerencia extranjera en el dominio del territorio amazónico están, por ejemplo, hechos como que al comienzo del siglo XX la poderosa Alemania comunicó al Barón de Rio Branco -entonces jefe de la diplomacia brasileña-- que "Sería conveniente que el Brasil no prive al mundo de las riquezas naturales de la Amazonía" lo que habría sido abortado gracias a la “competencia del Barón”. Otra supuesta prueba frecuentemente citada es que, muchas décadas atrás, el Hudson Institute (EEUU) propuso la formación de uno o más grandes lagos en la Amazonia represando sus ríos principales, entre otros, el Ucayali. También se mencionan casos reales o inventados de que autoridades americanas propusieron transferir a la Amazonia a negros americanos pobres, a los incomodos hijos de americanos y japonesas nacidos en la posguerra de la segunda Guerra Mundial, a “excedentes” poblacionales de Puerto Rico y, más recientemente, a 200.000 Esta supuesta página de un libro de high school de EEUU ha sido hecha en el Brasil, pero reaparece refugiados palestinos. Hasta se menciona que, en cada década como “prueba” de las intenciones de el marco de una reunión mundial, en Ginebra, el internacionalizar la Amazonia. Presidente Wilson habría propuesto a su correspondiente brasileño, Epitacio Pessoa, un plan de internacionalización de la Amazonia. También fue en Ginebra, según esta línea de argumentos, que el Consejo Mundial de Iglesias Cristianas habría declarado en 1981 que "La Amazonia es un patrimonio de la humanidad. La posesión de esa región por Brasil, Venezuela, Ecuador y Colombia es meramente circunstancial". Cualquier análisis ecuánime de esas “pruebas” las descalifica como tales. Es obvio que muchos en el mundo, como en los propios países amazónicos vieron en la Amazonía un espacio vacío al que se podía aprovechar para resolver sus problemas de “excesos” de población indeseada. Fueron los propios gobiernos de Perú y Brasil que abrieron sus puertas a millares de inmigrantes europeos y japoneses precisamente buscando ocupar la Amazonia ¿Qué tiene de errado proponer discutir la inmigración de 200.000 palestinos? Tampoco espanta que instituciones extranjeras de tipo intelectual propusieran hacer grandes lagos en la Amazonía. El Presidente Fernando Belaúnde del Perú y más reciente la muy sudamericana Iniciativa de 60 Integración de la Infraestructura Sudamericana (Iirsa) propusieron unir las cuencas del Amazonas con las del Orinoco y La Plata. No es posible prohibir a los intelectuales o a los políticos que sueñen con grandes obras. Toca a la sociedad analizarlas y rechazarlas si fuera el caso. La anécdota de la recomendación de Alemania al Barón de Río Branco no demuestra nada y además, debe ser analizada en su contexto histórico. Cada dos o tres años, desde hace más de una década, reaparecen en la prensa las mismas páginas de un falso libro de educación secundaria de EEUU en el que se muestra la Amazonia como territorio “internacional” y se hacen comentarios poco elogiosos al Brasil. Aunque la falsedad de ese escrito es obvia a simple vista pues entre otras pruebas está redactado en un inglés lamentable, cada aparición hace resurgir las protestas de los políticos y la Internet se llena de comentarios de patriotas indignados. Es evidente que el tal escrito fue escrito por un brasileño, para burlarse de sus conciudadanos o para dar argumentos a la izquierda nacionalista vociferante.59 De otra parte, es verdad que en tiempos recientes, con el fenómeno de la globalización de la economía y de la problemática ambiental, los deslices diplomáticos de algunas personalidades y de periodistas de países desarrollados con relación a la Amazonia han sido más frecuentes. En 1989 el Premio Nobel Al Gore dijo “Al contrario de lo que piensan los brasileños, la Amazonía no es solo de ellos, pero de todos nosotros". El New York Times publicó en 2008 un artículo intitulado más o menos “Al final, ¿de quién es este bosque?”, poniendo en cierta forma en duda el derecho irrestricto de los dueños sobre un bioma de importancia mundial. Lo cierto es que, aunque no se esté de acuerdo con esa visión, para eso es la libertad de expresión que los países amazónicos respetan también. A eso se suma cada vez más el interés de financistas y ambientalistas por comprar tierras en esa región en el intuito de preservarlas contra la deforestación y esperar a que su valor ambiental aumente. En esa línea se inserta el supuesto descubrimiento de un esquema de compra de tierras por el empresario sueco Johan Eliasch, un consejero del ex-premier británico Gordon Brown. El escándalo que eso provocó generó una investigación federal brasileña que, finalmente, reveló que el mecenas-ambiental apenas había conseguido adquirir unas 120,000 ha, o sea nada para espantar. Pero Eliasch, que es fundador de la ONG Cool Earth, habría declarado que se podría comprar todo el bosque amazónico por unos 50 mil millones de dólares incentivando otros empresarios a hacer donaciones para la compra de tierra60. Lo que demuestra la irracionalidad de las protestas es que misma idea había sido promovida desde más de una década antes por el banquero e ambientalista brasileño John Forgach, uno de los fundadores del Banco Axial S.A. de São Paulo, del A2R Fund Management y de Equator. Él argumentaba que la mejor forma de que el dinero no pierda valor era invirtiéndolo en la compra de bosques amazónicos que, conservados, “valdrían más que diamantes en un futuro no lejano”. Forgach ganó múltiples premios por esa iniciativa y, por ser él mismo más o menos brasileño, no levantó ninguna suspicacia evidente ni es citado por los xenófobos como uno de tantos invasores imperialistas. Aunque la intención de los que hablan o actúan de esas formas no es necesariamente negativa, perjudicial ni errada, hay que La última aparición de esta “revelación” fue en agosto de 2010 y, en esta oportunidad, fue desmentida por el diplomático y profesor brasileño Paulo R. de Almeida quien afirmó en varios diarios que su origen era brasileño y no estadounidense. Esto ya había sido desmentido en el año 2000, por el entonces embajador de EE. UU. en el Brasil, Anthony Harrington. 60 Dicho sea de paso, el autor de este libro había hecho una propuesta muy similar, aunque en una escala modesta y que pasó desapercibida, en el artículo “Condominio natural: una nueva estrategia para establecer reservas naturales privadas” (Dourojeanni, 1995). 59 61 reconocer que es natural que los nacionalistas y ultranacionalistas se rebelen ante el hecho de que extranjeros compren tierra de sus países para “congelar su uso”, excluyéndolos del proceso. Es obvio que ese tipo de acción de salvamiento de la Amazonia debe tener un límite y una asociación con las entidades responsables por la conservación de la naturaleza en el país. Pero, de otra parte, esas iniciativas, aunque muy publicitadas, no prosperaron mucho, como bien se sabe. El resultado de esos hechos y de esas percepciones ha sido el rebrote periódico de protestas de políticos61, propuestas legales y de acciones de fiscalización y de investigación, inclusive policiales62, especialmente contra las organizaciones no gubernamentales extranjeras o las nacionales con financiamiento externo que trabajan cuestiones ambientalistas, indigenistas o de derechos humanos en la Amazonía. En unos casos es porqué las tales organizaciones, como el World Wildlife Fund o The Nature Conservancy han desarrollado iniciativas parecidas a las de los financistas mencionados antes, proponiendo la adquisición de áreas que deberían ser protegidas. También porque las organizaciones vinculadas a asuntos indígenas y de derechos humanos apoyan los reclamos indígenas por mayores territorios, lo que viene preocupando seriamente a los militares, en especial en el Brasil donde los indígenas ya poseen más de 100 millones de hectáreas. Pero la realidad es que el principal motivo de esas reacciones es diferente. Lo que preocupa a los gobiernos, especialmente a los locales, es la presencia de observadores que denuncian las violaciones a la ley en materia de explotación de recursos, critican las acciones del gobierno, proponen conservar los recursos y defienden los derechos de los indígenas y de los más pobres. En ese proceso, obviamente, perjudican intereses de empresarios y políticos locales creando enemigos que usan las asambleas estatales o el congreso nacional como caja de resonancia. Ordenamiento territorial, zonificación ecológica-económica La llamada zonificación ecológica económica es un instrumento de planificación que resulta de una adaptación brasileña del ordenamiento territorial europeo, especialmente francés que, en ese país, fue sancionado en 1981, por medio de la Ley que estableció la Política Nacional de Medio Ambiente. La zonificación consiste en delimitar espacios distinguibles por una serie de características naturales con las que determinadas actividades económicas son compatibles, definiendo potencialidades y restricciones que luego deben ser modeladas en función de la realidad socioeconómica, de la demanda, de la infraestructura disponible o recomendable y de otros elementos. La zonificación implica necesariamente la participación informada de la sociedad afectada y, en principio, su aprobación por el legislativo. Su primera aplicación fue en el llamado Polonoroeste, un ambicioso programa de colonización del norte de Mato Grosso y de Rondonia, financiado por el Banco Mundial y que fue decurrente de la construcción de la mal famada carretera BR-364, la misma que con otro número y pasando a través del Acre llega al Perú, donde pasa a llamarse Interoceánica Sur. Es así como a mediados de los años 1980 ya se le había aplicado con muchos recursos e, inclusive, contando con la buena voluntad de los gobernantes de Rondonia, espantados por la 61 Una de las más recientes y divulgadas fue la del senador brasileño Cristovao Buarque (https://www.veoverde.com/2012/09/chico-buarque-responde-a-ee-uu-sobre-la-internacionalizacion-delamazonas/) 62 Ver, por ejemplo, los artículos “Amazônia: conservação ou colonialismo” (em Amazônia, 30 de julio de 2007) y “Governo age para barrar ONGs estrangeiras na Amazônia, diz Tuma Jr.” (en Ambiente Brasil, 11 de marzo de 2009). Pero hay centenas de notas periodísticas sobre el asunto. 62 avalancha de agricultores y madereros que llegaba a ese territorio de todas partes del Brasil y que se instalaba anárquicamente, deforestando donde no debían e invadiendo tierras indígenas y áreas recién protegidas. El resultado fue de corto plazo. En Mato Grosso simplemente nunca fue siquiera considerado y, en Rondonia, después de poco más de una década terminó en nada cuando cambió el gobierno estatal y el Banco Mundial relajó su presión. Eso, pese a haber sido cuidadosamente planeado, aprobado con consulta popular y refrendado por la Asamblea Legislativa. Antes de terminar la década de 1980 nada de lo establecido por la zonificación se había cumplido, excepto las áreas protegidas y las tierras indígenas que dependían de la autoridad federal y también, por algún tiempo, las áreas protegidas estatales. El golpe de gracia a éstas últimas fue dado en 2010, cuando Rondonia extinguió 7 unidades de conservación estatales, que cubrían 973.000 hectáreas, a las que, cuidadosamente, el gobierno había permitido que sean invadidas. Previamente ya habían eliminado otras cuatro áreas. Pero a pesar de esas evidencias la euforia por la zonificación ecológica económica no terminó. Al contrario, sigue siendo vendida como la panacea para todos los males amazónicos. En 2002 fue perfeccionada mediante decreto, buscando su homogeneización ya que cada estado lo aplicaba a su modo, confirmando su cualidad de instrumento de organización do territorio garantizando el desarrollo sostenible y la mejoría de la calidad de vida de la población. En base a este dispositivo puede prohibirse o cambiar de lugar la instalación de emprendimientos públicos o privados que ocasionen riesgos al El zoneamiento u ordenamiento territorial en la Amazonia siempre termina en mapas coloridos que nadie cumple. ambiente y a la sociedad. También fueron creadas una comisión coordinadora nacional de la zonificación, un grupo de trabajo permanente y un Programa de Zoneamento Ecológico–Econômico, con el objetivo de proporcionar apoyo técnico-científico y operacional a las iniciativas de zoneamiento. Pero, el hecho es que la zonificación nunca funcionó para lo que fue creada. ¿Por qué, entonces, se continúa manteniendo ese propósito? Todo indica que esto ocurre a pesar de todas las evidencias de su fracaso como herramienta de planificación, principalmente porque faltan opciones que sean mejores para impulsar un desarrollo más sensato. Pero, asimismo, se puede sospechar que otro motivo sea porque la zonificación es una fuente interminable de trabajo para empresas consultoras y para académicos. Hacer planeamiento territorial en países o regiones donde no se cumplen ni las leyes más básicas, como no invadir propiedad ajena, es simplemente imposible. Por eso es probable que la principal virtud de los ejercicios de zonificación ecológica económica sea contribuir a educar la población participante y a obligarla a pensar en las consecuencias de sus propósitos. También es, hay que reconocerlo, un argumento adicional a favor de los que combaten pretensiones de obras o desarrollos que son lesivos al ambiente. 63 Pero eso solo se consigue en el breve lapso en que la tal zonificación sea aplicada o no modificada. A pesar del evidente fracaso de la iniciativa brasileña, ésta ha sido copiada y replicada en los demás países amazónicos, inicialmente a través de la Organización del Tratado Amazónico y con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Por esa vía llegó al Perú. Pero el primer reglamento sobre acondicionamiento territorial, desarrollo urbano y medio ambiente data de 1985 y fue desarrollado por el Ministerio de Vivienda y Construcción y, por lo tanto, limitado al ámbito urbano y periurbano. Fue la ley orgánica para el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales de 1997 la primera que estableció, con ese nombre, la Zonificación Ecológica y Económica como parte del ordenamiento territorial para evitar conflictos por superposición de títulos y usos inapropiados. En el año 2001, se declaró de interés nacional el ordenamiento territorial ambiental en todo el país, constituyéndose la Comisión Nacional para el Ordenamiento Territorial Ambiental, que estuvo encargada de proponer a la Presidencia del Consejo de Ministros, el proyecto de reglamento sobre zonificación ecológica económica, el mismo que fue aprobado en 2004. El Instituto de Investigación de la Amazonia Peruana ha sido instrumental para su aplicación, por ejemplo, en San Martín, Ucayali y Madre De Dios. Una revisión detallada del origen y de la evolución del ordenamiento territorial y de la zonificación ecológica económica en el Perú fue hecha recientemente (Glave, 2010) confirmando que en su origen nacional están los mapas de suelos, en especial los de capacidad de uso mayor y de cobertura vegetal desarrollados por la extinta Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales y continuados por la Dirección General Forestal y de Fauna, las áreas naturales protegidas y los planes rectores municipales. Antes de que en el Brasil se hiciera zonificación ecológica económica en el Perú se aplicaba con bastante rigor un reglamento de clasificación de tierras por capacidad de uso mayor que fue elevado al nivel de exigencia legal amparado por la Ley Forestal de 1975. Teóricamente este era el instrumento que, en el caso de la Amazonía, permitía resolver eventuales conflictos entre el uso agropecuario y forestal, o sea, controlar la deforestación. En la época de los gobiernos de Velazco Alvarado y Morales Bermúdez la entonces Dirección General Forestal y de Fauna consiguió, no sin dificultad, imponer esas reglas a los organismos encargados de la colonización y la reforma agraria. Pero, apenas el Presidente Belaúnde Terry asumió nuevamente el poder ese mecanismo de planeamiento fue relegado y finalmente olvidado. Aun así, sirvió por algún tiempo pero sus huellas ya no son visibles ya que ocupaciones posteriores anularon sus resultados. Lo que debe ser dicho y reiterado, a modo de conclusión, es que el ordenamiento territorial y la zonificación ecológica económica no tienen nada de errado. Son herramientas útiles para orientar el desarrollo. En realidad, ellas son fundamentales. Pero están demasiado adelantadas para su tiempo en el contexto social y político amazónico. Funcionan bien en países desarrollados donde prima la ley y el orden y donde existen sanciones efectivas para los infractores. Pero por el momento son inviables en el contexto amazónico donde prácticamente toda la legislación de tinte ambiental es ignorada por ciudadanos y autoridades por igual. También debe ser resaltado que a falta de viabilidad sociopolítica del ordenamiento territorial se ha producido un zoneamiento de facto, principalmente con la creación de áreas protegidas, de sus zonas de amortiguamiento y de comunidades y otros territorios indígenas. Asimismo, mal que bien, las categorías de uso forestal actúan en cierta forma como zoneamiento, del 64 mismo modo que las propiedades privadas tituladas. Sumando todo eso queda relativamente poco por definir mediante un ordenamiento territorial. 65 III. Nuevas realidades Después de la conquista la Amazonia vivió un largo periodo de calma relativa debido a la desaparición de la mayor parte de los actores nativos, en especial los correspondientes a las civilizaciones, tanto las hidráulicas, como las de piedemonte andino y las ribereñas que son las que más habían impactado el ambiente. Sólo sobraron los pueblos forestales, es decir las etnias de vida tribal. Y la población de estos también decayó mucho debido a la propagación de enfermedades importabas de otros continentes. Entre el siglo XV y comienzo del siglo XIX la Amazonia peruana fue terreno fértil para incursiones religiosas en busca de almas y, fue, asimismo, visitada por aventureros en procura de las riquezas supuestamente allí escondida. Muchos exploradores científicos también recorrieron la región. Los indígenas se rebelaron con mucha frecuencia, pero dos revoluciones fueron particularmente importantes y bien organizadas: la de los Jíbaros a mediados del siglo XVI y la de los Ashánincas en el siglo XVIII. Aunque esa época dejó rastros, no se produjeron impactos importantes en el bosque pues las actividades tanto de los indígenas como de los europeos de entonces no implicaban deforestación significativa. Lo que si continuó en aquellos tiempos fue el avance de la agricultura tanto de tipo permanente como estacional de los pueblos andinos para hacer cultivos propios de la Selva Alta, la coca entre otros. Como bien se sabe, tal como en la época incaica, también había una extracción razonable de madera noble, especialmente cedro y caoba y, por cierto, se practicaba explotación de oro. Asimismo, se extraía cascarilla y otros productos vegetales, además de fauna para fines ornamentales o como mascotas. Esas actividades, que los españoles mantuvieron o fomentaron, continuaron impactando en la Selva Alta y, sin duda, se incrementó en algo la deforestación o, quizá, ésta incidió principalmente en los mismos lugares en los que las antiguas culturas de piedemonte andino ya habían trabajado siglos antes. La situación cambió drásticamente con el descubrimiento de la utilidad del jebe o siringa para preparar caucho y luego, en 1887, para hacer llantas. Eso, como bien se sabe generó una enorme presión sobre los bosques que poseían esa especie63 y dio lugar al periodo más triste y vergonzoso de la historia amazónica. Cabe decir, sin embargo, que lo que fue una tragedia social no fue proporcionalmente perjudicial en términos ecológicos, ya que la extracción del jebe no era motivo de deforestación. Pero atrajo a muchos nuevos pobladores a la Selva y sacó a una importante parte de los indígenas de sus vidas tribales. Cuando el boom del caucho terminó, como después ocurrió con la exploración petrolera de los años 1970, toda esa gente se transformó en residentes urbanos o en ribereños, tanto medianamente ricos que se convirtieron en los patrones rurales, dedicados a la agropecuaria y a la extracción maderera, como pobres y miserables, todos en procura de sobrevivir. Lógicamente todos pasaron a explotar otros recursos como palo rosa, chicle, cedro, caoba, tortugas acuáticas, pieles de jaguar o lobo de río, cueros de lagartos, etc. En ese periodo que duró hasta mediados del siglo XX pero que en ciertos aspectos continúa en la actualidad, se degradó significativamente el bosque. Pero, aunque el interés por la agricultura iba en aumento, inclusive habiéndose ya establecido algunas colonizaciones famosas en base a colonos extranjeros, la deforestación no alcanzó el rápido ritmo que adquirió a partir de mediados del siglo XX, cuando las carreteras de penetración comenzaron a proliferar. 63 Se trata, en realidad, de varias especies de Hevea cuyos látex se mezclaban en proporciones variables de lugar a lugar. 66 A partir de los años 1940 se abrió de par en par la llamada Selva Central y también fue por entonces que se creó la Estación Experimental Agrícola de Tingo María y que la colonización de esa región comenzó. La carretera llegó asimismo a Pucallpa. Y en las décadas subsiguientes fue el turno de Jaén y Bagua y de muchas otras carreteras llamadas de penetración. El golpe de gracia para la Selva fue la grandiosa idea de la Carretera Marginal de la Selva. Por esa y otras iniciativas que estimularon la “conquista de la Amazonia por los peruanos”, Belaúnde es sin duda el peruano que más deforestación provocó, directa e indirectamente, en la historia nacional64. Luego vinieron las “interoceánicas” y muchas otras obras más recientes. Todas esas carreteras conllevaron grandes programas de colonización que se complementaron con migraciones desorganizadas y consecuente con ocupación informal de la tierra, muchas veces a partir de caminos de extracción forestal. La deforestación fue aumentando rápidamente en todos los frentes en los que se abrían carreteras y por eso, como se vio, el primer inventario forestal hecho en el Perú ya encontró 4,5 millones de hectáreas deforestadas en la Selva (Malleux, 1975). En este capítulo se pasa revista a lo que se denomina “las nuevas realidades”. Resumidamente ellas son una deforestación acumulada considerable --como se ha visto-- y una deforestación anual demostradamente grande; una enorme y creciente degradación de los bosques restantes y el incremento galopante de la contaminación ambiental, además de mucha erosión o pérdida de suelos. Estos factores, en especial los dos primeros, están ocasionando una revolución climática que se conoce como cambio climático y que trae como primeras consecuencias visibles periodos inéditamente extremos de sequias e inundaciones, así como incendios forestales donde no los había. Pero, la Amazonía peruana, como toda ella, también exhibe una nueva realidad social y económica. La contribución a la economía ya no es insignificante, su población y sus ciudades crecieron mucho, los indígenas de hoy no son los “chunchos” de antes, la infraestructura ha crecido enormemente y sus proyecciones son aún mayores. Pero, el bosque sigue produciendo muy poco y la pesca y la caza son cada día menos importantes como fuentes de alimentación y dinero. La Sierra en la Selva: Expansión agropecuaria y deforestación Quien vivió lo suficiente pudo ver, en persona, los cambios ocurridos en el paisaje peruano durante el último medio siglo. La rápida transformación, en pocas generaciones, del paisaje selvático amazónico, con sus densos bosques pletóricos de vida diversa, en un paisaje serrano dominado por chacras, pastizales, frutales y eucaliptos esparcidos ha sido patente. Ese es el paisaje que ahora domina lugares como Carpish en la bajada de Huánuco a Tingo María, gran parte del departamento de Amazonas y, también, de la Selva Central. En estos y otros lugares la floresta ha sido totalmente eliminada por la deforestación y el uso reiterado del fuego. Si sobra algún bosque ese se encuentra en el fondo de los cañones o de valles profundos e inaccesibles, en lugares donde ni la gente ni el fuego han llegado, siendo testimonios incuestionables de lo que allí existió. La Selva está siendo avasallada, destruida, por la Sierra, gracias al incontenible avance del frente de deforestación. 64 Dourojeanni, M. 2017 Belaúnde en la Amazonía Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAP) 17:30|12 de junio de 2017 (http://www.caaap.org.pe/website/2017/06/12/belaunde-en-la-amazonia-por-marc-j-dourojeanni/) 67 Como se ha visto en el capítulo anterior, se estima que hasta 2000 se había deforestado no menos de 7 millones de hectáreas --versión oficial de la época-- y posiblemente bastante más. Aunque las dudas sobre la deforestación acumulada continúan ya no hay dudas sobre la deforestación anual actual gracias a nuevas tecnologías disponibles, en especial las proporcionadas por el programa Monitoring of the Andean Amazon Project (MAAP), a través de informes publicados periódicamente desde comienzo de este siglo65. Este esfuerzo demuestra que entre 2001 y 2017 se deforestaron 2.119.874 ha adicionales (cuadro 5). Dicho de otro modo, de acuerdo con la discusión del Capítulo II, se habría acumulado una deforestación de 8,1 o 9,1 millones de hectáreas (12,6% de la Más de dos millones de hectáreas de bosques destruidos Selva), según las versiones. Si se usa la en los últimos 16 años. información más probable la deforestación ya habría totalizado más de 14 millones de hectáreas (18% de la Selva). En este trabajo se decidió arbitrariamente usar la versión de 9,1 millones de hectáreas deforestadas a 2017, que parece más razonable que la revisión Minagri/Minam (2012). El MAAP ha analizado los factores causantes de esa deforestación y ratifica que la agricultura, en todas sus formas, es la causa principalísima66, siendo responsable por más del 90% de la misma. El resto es provocado por la minería informal e ilegal, la expansión urbana y otros factores. Más del 80% de esa deforestación es causada por la pequeña y mediana agricultura, principalmente la primera. Por ejemplo, en 2015 el 82% de la deforestación por agricultura fue realizada en áreas de menos de 5 ha cada una, lo que es típico de la agricultura informal (gráfico 1). Un informe del Serfor también de 2015 ratifica esto indicando que el 90% de la deforestación ocurre por aperturas de áreas menores a una hectárea. Añade que la mayor parte de esa deforestación ocurrió en bosques sin asignación de categoría legal o derecho otorgado (45%), comunidades nativas tituladas (16%) y bosques de producción permanente no concesionados (12%). Peor, más del 80% de la deforestación por pequeña y mediana agricultura habría tenido lugar sobre tierras de capacidad de uso mayor forestal o incluso de protección, en las cuales la probabilidad de que las actividades agropecuarias sean sostenibles es baja. Cuadro 5. Deforestación anual 2001-2017 Área (ha) Año deforestada 2001 83.995 2002 79.832 2003 72.874 2004 93.146 2005 147.624 2006 74.502 2007 106.186 2008 105.704 2009 152.161 2010 136.205 2011 123.563 2012 149.477 2013 150.289 2014 177.571 2015 158.658 2016 164 662 2017 143,425 Total 2.119.874 Fuentes: Minagri/Minam (2014); Maap (2016, 2017): Minam (2016). Es decir que en el Perú continúa siendo verdad, como 50 años atrás, que la agricultura que más deforesta es encabezada por la agricultura migratoria practicada por migrantes de la Sierra y por la población tradicional y, en menor proporción, por los que hacen cultivos ilícitos, como la coca. En Brasil, donde en el pasado la mediana y grande agricultura y pecuaria era responsable de la mayor parte de la deforestación, 65 http://maaproject.org/2017/maap-sintesis2/ Finer, M, y S. Novoa 2017 Patrones y Drivers de Deforestación en la Amazonía Peruana. MAAP: Síntesis #2. 66 file:///C:/Users/n%20n/Downloads/interactive_%20(1).pdf se ha 68 constatado un sensible aumento de la deforestación por pequeñas propiedades, contrariando una tendencia previa (Godar et al, 2014). Sin embargo, hay quienes ponen en duda que la pequeña agricultura informal sea la principal causa de la deforestación (Ravikumar et al, 2016) pero sus argumentos son esencialmente conceptuales y no refutan la evidencia proporcionada por las cifras. La agricultura formal incluye parte de la mediana agricultura, muchas veces café y cacao, así como la ganadería y la gran agricultura de exportación. Como se observa en el gráfico la gran agricultura es aún muy poco significativa como vector de deforestación y, pese a lo mucho que el tema preocupa a algunos sectores, está dejando de crecer al ritmo precedente. Como se observa en el gráfico 1 el ritmo de plantación viene decayendo desde 2013. El último censo agropecuario, en 2012, revela que, al nivel nacional existen 5 millones de hectáreas de uso agrícola, de las que se cultiva 3,8 millones de hectáreas. Parte del aumento de la superficie cultivada corresponde a la Selva, como se observa en el cuadro 6 que compara 1994 con 2012. Según esa información en 1994 en la Selva se cultivaban --los cuatro tipos de cultivos-- 908,4 mil hectáreas67 los que en 2012 alcanzaron casi 1,3 millones de hectáreas. Sumando a eso el área de pastos se usarían en realidad 1,6 millones de hectáreas. El mismo cuadro 6 muestra que en 2012 había, según el censo, 552.100 ha sin uso, pero, en realidad, había muchísimo más. En efecto, sí solo se usaban para agricultura y pecuaria 1,6 millones de hectáreas en la Selva68 y para ese año, estaban deforestadas 8,2 millones de hectáreas69, significando que se usaba el 19% de la tierra habilitada para agropecuaria. Si se acepta que en verdad en 2011 podía haber alrededor de 13 millones de hectáreas deforestadas, esa proporción se reduce a 12%. Aunque se discuta la realidad sobre la superficie deforestada nada puede esconder el tremendo malgasto de tierra deforestada sin usar que es por lo menos del 80%. Llama la atención que tanta tierra escape del censo agropecuario. Gráfico 1. MAAP (http://maaproject.org/2017/maap-sintesis2/) 67 Aquí se observa otra información que no bate con la del Ministerio de Agricultura que, para 2008 señalaba haber apenas 600.000 ha cultivadas. Los criterios estadísticos cambian frecuentemente y la interpretación es muy difícil. 68 Tierra efectivamente usada: 2,2 millones de hectáreas agrícolas - 0,6 millones de hectáreas no usadas cada año = 1,6 millones de hectáreas bajo uso efectivo 69 7 millones de hectáreas deforestadas al 2000 + 1,18 millones de hectáreas deforestadas entre 2001 y 2011 = 8,2 millones de hectáreas deforestadas en 2011. 69 Zegarra y Gayoso (2015) hicieron un excelente resumen de los resultados del censo de 2012. Explican que entre 1994 y el 2012, la superficie agropecuaria nacional se expandió en 17,6%, con un aumento del 15,5% en la superficie agrícola de la selva y del 18,0% en la no agrícola -pastos, montes y bosques. En conjunto, el incremento de la superficie agropecuaria entre 1994 y el 2012 fue de 1,8 millones de hectáreas; es decir, un promedio anual de expansión agropecuaria de unas 100 mil hectáreas. Por zonas, la superficie agropecuaria total aumentó en 12,1% en la selva alta y en 19,3% en la selva baja. Uno de los incrementos más significativos se observa en Amazonas, que entre 1994 y el 2012 pasó de 314 a más de un millón de hectáreas de superficie agropecuaria. También tuvieron una expansión significativa Ucayali y San Martín. Por otro lado, la superficie agropecuaria de la selva de Cajamarca y Pasco cayó entre ambos periodos. En cuanto al uso de la superficie agrícola, el cambio más importante ha sido el viraje de cultivos transitorios hacia cultivos permanentes y pastos. Estas El café, en este caso en Villa Rica, es el cultivo que ocupa mayor área en la Selva. tendencias se relacionan con la expansión de cultivos como el café, el cacao y frutales, así como de pastos cultivados para la ganadería. Curiosamente el socioambientalismo se preocupa más, en sus intervenciones y acciones, por la expansión de la gran agricultura, es decir la que se destina a exportación, cuyos productos son más conocidos como commodities, que a la expansión inconmensurablemente mayor y ecológicamente más perjudicial de la pequeña agricultura informal. En el Perú no ha entrado la soya y ese tipo de agricultura es, pues, esencialmente de tipo permanente, incluyendo principalmente la palma aceitera, Cuadro 6 . Uso de la superficie agrícola en la Selva (hectáreas) Variación el café y el cacao, pero también 1994 2012 (%) Por tipo de riego frutales diversos. Según el censo Bajo riego 82.493 113.863 38,0 de 2012 este tipo de cultivos Bajo secano 1.797.940 2.058.058 14,5 sumaba, en total 783.000 ha. De Por tipo de cultivo Cultivos transitorios 556.296 338.233 -39,2 todos, es la palma aceitera la que ocasiona preocupación Cultivos permanentes 323.629 783.381 142,1 más Cultivos asociados 107.635 124.638 15,8 debido a sus antecedentes Cultivos forestales 6.653 15.894 138,9 demostradamente nefastos como Pastos cultivados 242.627 358.270 47,7 vector de deforestación masiva Tierra en barbecho 238.013 306.837 28,9 en Asia, especialmente en Tierra en descanso 22.131 4.614 -79,2 Tierra no trabajada 383.450 240.701 -37,2 Malasia e Indonesia, y en África Superficie agrícola total 1.880.434 2.172.568 15,5 Central, de donde es originaria. Fuente: Zegarra y Gayoso (2015) Según un estudio del Ministerio de Agricultura y Riego70, el volumen nacional de producción de racimo de frutas frescas de palma aceitera aumentó de 236,000 TM en 2006 hasta 618,000 70 http://www.minagri.gob.pe/portal/download/pdf/marcolegal/normaslegales/resolucionesministeriales/ 2016/junio/rm281-2016-minagri.pdf 70 en 2014, generando US$56 millones en exportaciones ese mismo año. En 2016, existían más de 7.000 pequeños y medianos productores, con lotes de unas 5 ha en promedio, que están asociados a las industrias de palma que poseen, asimismo, plantaciones mucho mayores. El 77% de las 77.537 ha de palma aceitera se encuentra en Ucayali y San Martín, donde la mayoría de productores se han instalado. Estas regiones también sufren el 40% de la deforestación de los bosques amazónicos del país, generada por el cultivo de la palma aceitera, según un estudio del Ministerio de Ambiente. Al 2017 ya existirían 85.000 ha de palma aceitera instaladas --el 30% en crecimiento-- y en los próximos diez años deberían alcanzar las 193.000 ha, y, de acuerdo al crecimiento, se debería llegar hasta las 250.000 ha71. Es muy importante hacer notar que esa expansión se prevé continuando con el mismo mecanismo de usar pequeños productores para abastecer las industrias y no necesariamente a través de grandes propiedades. La expansión del cultivo de palma viene siendo promocionada Expansión de cultivo de cacao en Tamshiyacu activamente por el Ministerio de Agricultura y (Internet). por el gobierno en general, generando preocupaciones y objeciones (Dammert, 2014, 2015). Pero la mayor parte del área de cultivos industriales selváticos corresponde a café (425.400 ha) y a cacao (141.300 ha). Se supone que esos cultivos son bajo sombra de árboles, configurando una modalidad de agroforestería, considerada como “ecológicamente adecuada”. Pero hay dos características de esa agroforestería que contradicen esa idea. En efecto, café y caco se establecen, en general, sobre tierras que tenían bosques naturales, los que son total o parcialmente eliminados, frecuentemente reemplazados por árboles de sombra exóticos. En todo caso esa agroforestería reduce el número de árboles originales y, de otra parte, aunque es oficialmente un cultivo permanente, en realidad avanza año a año sobre el bosque natural debido a la renovación de esos cultivos y hoy es otra causal importante de deforestación. En el caso de frutales, como cítricos y paltos o achiote, las plantaciones se hacen a pleno sol, es decir después de eliminar todo el bosque. Es verdad, de otra parte, que muchas de las plantaciones de café, cacao, frutales y otros son también de pequeños agricultores en su mayoría formales, pero incluyendo asimismo muchos informales. El plátano, que no puede considerarse un cultivo permanente, ocupa un área importante. El caso de la producción de cultivos para estupefacientes es otro de los que no ha cambiado mucho o que se ha agravado en diversas formas desde el inicio de los años 1990, cuándo el autor escribió el primer análisis de sus impactos ambientales (Dourojeanni, 1992). Aunque las cifras de la extensión del cultivo de coca ofrecidas en ese informe fueron consideradas http://www.minagri.gob.pe/portal/download/pdf/marcolegal/normaslegales/resolucionesministeriales/ 2016/junio/rm281-2016-minagri.pdf 71 http://www.agraria.pe/noticias/areas-de-palma-aceitera-en-peru-deberian-llegar-hasta-las-13686v 71 excesivas en informes subsiguientes72, ese no ha sido el caso para ninguno de sus impactos ambientales que han quedado lamentablemente ratificados y ampliados con el uso de nuevos productos químicos y con la aparición de plantaciones cada día más importantes de marihuana y amapola, esta última especialmente en el departamento de Amazonas. Otra consideración que se hacía en aquella publicación era referida a la probabilidad de que la coca “baje” de las faldas andinas, donde es más productiva, a la Selva Baja, más dispersa y más cerca del mercado y, de hecho, ya está llegando a las fronteras con el Brasil. Una operación conjunta de las policías de Perú y Brasil, en parte del valle del Yavarí en julio de 2011, reveló a la ciudadanía de ambos países que allí han aparecido plantaciones muy significativas, prueba de la tremenda expansión de ese cultivo. Las plantaciones de coca a lo largo de la carretera Iquitos-Nauta son un hecho bien conocido. En el Perú de los años 1980 no se preveía, por lo menos a nivel del gran público, lo que aconteció en las dos décadas siguientes. El gobierno Fujimori combatió con éxito la guerrilla senderista y la del MRTA, pero, al hacerlo de modo incompleto permitió que la guerrilla se asocie fructíferamente al tráfico de estupefacientes, dando lugar al narcoterrorismo y, peor, por permitir que la corrupción se implante en las fuerzas de combate al narcoterrorismo y en muchas de las instancias de su propio gobierno, la situación mejoró apenas superficialmente para la Costa y parte de la Sierra pero empeoró mucho en la Selva. El terrorismo convertido en narcoterrorismo se expandió, incluido a Vizcatán y otras pequeñas localidades del valle del Rio Apurímac y Ene (hoy conocido como el VRAE). Desde los años 1990 y hasta el presente el ya tristemente famoso VRAE es tierra de nadie, casi totalmente fuera del control del Estado. Se dice que los cultivos ilegales de coca de ese valle han llegado a producir, en 2006, el 50% o más de las 106.000 toneladas de coca que entonces se producían ilegalmente en el Perú, lo que confirmaría que los datos de Devida tienen algo errado ya que en esa zona apenas registra un 30% del área cultivada. El descuido a la cuestión del narcoterrorismo fue grande en los gobiernos que sucedieron a Fujimori. En efecto, Toledo y García, como antes lo había hecho Belaúnde, a pesar de las evidencias de lo contrario prefirieron minimizar el problema hablando de delincuencia en lugar de reconocer la dimensión del problema que, obviamente no es exclusiva al VRAE. Los importantes esfuerzos para incentivar la sustitución de cultivos, a través de Devida y de otras instituciones, con apoyo del gobierno americano, tuvieron éxito limitado más por falta de planeamiento adecuado que por otros motivos y; de otra parte, el control de tipo policial o militar, como se sabe, también depende de la continuidad del esfuerzo, lo que ha sido raro. Así siendo, el narcoterrorismo y el narcotráfico son cada vez más un serio obstáculo al desarrollo amazónico en general, tanto en La agricultura anual tecnificada también está en aumento 72 Según ONUDD/Devida (2009), a 2008 solo habrían existido 56,100 ha de coca en todo el Perú, de las que 17,848 ha en el Alto Huallaga, 16,719 ha en el VRAE y 13,072 ha en La Convención-Lares. Caben muchas dudas sobre estos datos. De cualquier forma, los informes anuales de ONUDD/Devida revelan un crecimiento constante del área dedicada a coca. 72 términos de seguridad para desarrollar actividades honestas como por la generalización de la corrupción en todos los niveles de la gestión pública. Con todo, la deforestación por agricultura ilegal --coca en especial-- ha disminuido en el periodo 2011-2014, pasando de 62.500 ha a 42.900 ha, pero hay evidencia de que está creciendo nuevamente y, según la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas de Perú, habría alcanzado 55.000 ha en 2016. Agricultura desordenada a lo largo de la Interoceánica Sur, en Madre de Dios Los cultivos transitorios, junto con los asociados, de acuerdo al censo de 2012 suman 462.800 ha y son, en su inmensa mayoría, realizados por agricultores informales. Es improbable que sea tan poca el área cultivada con ese tipo de cultivos. Todo indica que puede haber más del doble, quizá el triple, que no ha sido registrado por los censores. A ellas hay que sumar las tierras en barbecho, descanso y no trabajadas, lo que suma 552.000 ha más. Este es la típica agricultura de roza y quema o agricultura migratoria, tan estudiada desde hace décadas y que se caracteriza por su bajo o nulo uso de tecnología y de insumos, determinando precisamente su carácter itinerante. Esto se debe tanto a la perdida de fertilidad de los suelos en la mayoría de los casos como al crecimiento de malezas que los campesinos no saben controlar, en otros. Una excepción entre los cultivos llamados transitorios es el caso del arroz que se cultiva frecuentemente bajo riego y que por sus características se asemeja a los industriales, aunque los productores sean pequeños y en general formales. La agricultura de roza y quema, para cultivos de pan llevar como yuca, maíz y plátano, constituye la principal causa inicial de la deforestación de bosques naturales en el país y es la que abre el camino a otras formas que llegan después por compra de poses de tierra que luego son formalizadas. El acopio de tierras deforestadas ilegalmente es un gran negocio y está al 73 origen de la mayor parte de las propiedades ganaderas algunas de las cuales luego se transforman en cultivos permanentes. Los pastos, es decir la ganadería, ocuparía actualmente 358.300 ha. Se trata de una actividad que mantiene su carácter extensivo, aunque aparentemente ha mejorado su intensidad en años recientes. Diversos estudios (por ejemplo, Sampaio et al, 2007) y luego el Green Peace73, éste basado en tres años de investigación en la Amazonía brasileña, revelan que la actividad pecuaria y el cultivo de la soya son directamente responsables por la mayor parte de las emisiones de CO2 de ese país y los mayores vectores de La ganadería suele ser causa principal de deforestación. Lo más impactante y preocupante deforestación de propiedades medianas y grandes (WWF) de esta revelación es que ella demuestra que nada ha cambiado en treinta años en esa región, pues ese es el mismo problema que se caracterizó y denunció para lograr el cambio en el comportamiento ambiental y social de los bancos multilaterales (Shane, 1980; Myers, 1980; Rich, 1986; Schwartzman, 1986). Apenas, entonces no se mencionó el tema del cambio climático que aún no estaba bien definido. Ojos que no ven, corazón que no siente: la degradación del bosque Muchos consiguen ver la deforestación, especialmente cuando visitan la Selva en plena época de las quemadas. Es demasiado obvio como para esconderlo. Pero, lo que muy pocos saben es que en general, el bosque que ven, que parece pletórico de vida y de riesgos, ha sido vaciado de mucho de su riqueza biológica, por lo menos de aquella de mayor valor económico, como sus maderas nobles como caoba y cedro y de sus animales más emblemáticos. La madera fue extraída antes hasta en dos o tres “pasadas” previas y todos los animales comestibles o productores de pieles y cueros fueron exterminados. Las selvas peruanas en su mayoría corresponden mucho más al título del famoso libro de Rachel Carson “Silent Spring” (“Primavera Silenciosa”) que a la ruidosa algarabía de loros y guacamayos que se espera. Más, ojalá fuera solamente eso. El silencio que impera en muchos de los bosques amazónicos no refleja, apenas, el “descremado” forestal o la caza. Tal como lo describe Rachel Carson, también refleja la contaminación que en este caso es, asimismo, de origen agropecuario, o sea, agroquímicos, especialmente pesticidas y herbicidas profusamente utilizados en cultivos ilegales como el de la coca, pero asimismo en otros cultivos. Sin embargo, en la Amazonia también inciden muchos otros contaminantes que esa autora ni imaginó, como la que emana la explotación de hidrocarburos, cuya contaminación no solamente incluye sustancias altamente toxicas que esterilizan los ríos, más también aguas calientes que crean infranqueables barreras térmicas para los peces y otros seres acuáticos. A eso deben sumarse los derrames de petróleo tanto en los pozos como en los oleoductos. Lamentablemente, el alto precio del oro ha revivido los peores momentos de su extracción, casi siempre ilegal, con enorme impacto sobre los bosques, pero más aún sobre los cursos de agua a los que llena de sedimentos y de residuos de mercurio y otros tóxicos y, el oro no es el único metal que allí se explota. Gran parte de los impactos en los bosques ya derivan de la contaminación de origen urbano o de la que es industrial. La 73 Greenpeace 2009 (http://www.greenpeace.org/usa/en/news-and-blogs/news/slaughtering-the-amazon/ ) 74 producción de pasta básica de cocaína es uno de los principales originadores de contaminantes diversos. Todo lo que contamina el agua también contamina, en algún lugar, los suelos y por ende a la biota. Otra causa, muy importante, de la degradación de los bosques es la extracción forestal conocida como “descremado”, o sea, la extracción de árboles de maderas de mayor valor económico o de mayor demanda y tamaño (Burivalova et al, 2014). Las otras especies quedan en pie y, por eso, continúan conformando un bosque. Pero, como consecuencia de ese tipo de extracción, se retira los árboles elite de cada especie provocando una reducción de la capacidad y calidad de la regeneración natural, pero, mucho peor, se ocasiona un impacto colateral severo a consecuencia de la maquinaria usada que, en procura de los troncos, compactan el suelo, impidiendo la regeneración y destruyendo otros árboles en el proceso. Muchos árboles que no van a ser explotados también son destruidos por descuido durante el derrumbe de los árboles escogidos que, por ser grandes, arrastran muchos otros, así como lianas y otros grupos de plantas. Las vías de extracción maderera, donde hay Trocha de extracción maderera por las que penetran pendientes, se transforman en cursos de cazadores y agricultores informales y que pueden ser agua que generan procesos erosivos transformadas en carreteras vecinales. violentos. Lo mismo ocurre con los llamados “rodaderos”, en la Selva Alta, o sea el lanzamiento de trozas, ladera abajo, donde son recogidas por camiones Se ha demostrado que los bosques explotados por descremado, o sea la totalidad de los bosques amazónicos peruanos explotados, no solamente no se regeneran bien, sino que son propensos a incendios forestales. El rol ecológico de cada especie animal eliminada se pierde y, como en general de eso depende la regeneración de las especies arbóreas, el conjunto del bosque va perdiendo elementos en efectos dominós insospechados. En la Selva es difícil ver animales silvestres y eso puede parecer normal. Pero en lugares donde la caza ha sido eliminada durante décadas, como alrededor de Cocha Cashu, en el Parque Nacional del Manu, el encuentro de animales salvajes y humanos es constante y muy próximo. Los jaguares se pasean hasta dentro del campamento y los monos persiguen a los visitantes, huanganas y sachavacas se cruzan en las trochas, sin miedo. O sea que lo normal es ver muchos animales. La ausencia de ellos, la Selva silenciosa, refleja la caza, inclusive la practicada por los indígenas con armas tradicionales. Los madereros son todos igualmente cazadores tanto para su alimentación, por diversión o para ganar un dinero extra durante sus periodos en el monte. Cada árbol derrumbado arrastra centenas y hasta millares de especies de vegetales y animales a su destrucción, pues, como fue demostrado por el científico Terry Erwin en el Manu, cada copa de árbol es un universo de vida aislado de las demás copas74. Apenas en base a la información disponible sobre la superficie cedida en contratos o concesiones forestales en los más de 50 años transcurridos desde la Ley Forestal de 1963 hasta 74 Erwin encontró 1.200 especies de coleópteros viviendo en la copa de árboles de Luehea seemannii. De esas 163 son exclusivas a ese árbol. Si eso se extrapola a los miles de especies de árboles que existen en la Amazonia fácil es imaginar la enorme diversidad contenida en esos bosques. 75 el momento y, asimismo, en base al conocimiento de las áreas forestales accesibles por carretera y por ríos, puede estimarse que el 60% de los bosques amazónicos peruanos no eliminados han sido intervenidos y degradados en proporciones que van de extremas hasta significativas, con comprometimiento serio de su potencial futuro. Ese estimado no excluye completamente, por cierto, ni siquiera a las áreas protegidas pues, como bien se sabe, en muchas de ellas también hay explotaciones ilegales y, en las que eso no ocurre, existe una sobrepoblación indígena refugiada por presiones en sus propios territorios, como está demostrado en el caso del Parque Nacional del Manu. Otra consecuencia de la degradación forestal es el aumento de la susceptibilidad del bosque al fuego. El público lleva décadas confundiendo incendio forestal con la quema de residuos de la deforestación o agrícolas y con la renovación de pastos. El mismo autor de este libro ni siquiera sabía que era posible que la selva amazónica pudiese pegar fuego cuando escribió otro libro sobre esa región dos décadas atrás. Diferentemente de lo que ocurre en las sabanas brasileñas (cerrado), en las punas andinas o en los bosques templados y fríos de Europa o América del Norte, las selvas amazónicas, no sufrían de verdaderos incendios forestales. Claro que las quemadas de los restos de la deforestación o de los pastos, perjudican también al bosque que circunda las áreas quemadas ya que las llamas, impulsadas por el viento, avanzan sobre este y lo desecan. Ese problema de por sí ya es serio, pues como bien se sabe, esas quemadas emiten millones de toneladas de carbono a la atmósfera, contribuyendo al efecto invernadero. Los peruanos conocían eso desde hace mucho tiempo cuando, por ejemplo, visitar Machu Picchu era casi imposible a finales de la estación seca debido al humo que subía del Valle de La Convención, a consecuencia de las quemas de biomasa forestal. También se recuerdan las dificultades que tenían los aviones para aterrizar en diversas ciudades de la Amazonía en la época de las quemadas. Pero, hasta hace poco el país no conocía verdaderos incendios forestales en la Amazonía. En el caso del Perú todo cambió en la presente década, en especial en 2005, cuando para sorpresa general se detectaron fuegos que, escapando de las áreas deforestadas, pasaron al bosque natural y avanzaron sobre decenas y hasta centenas de kilómetros multiplicando por cien o hasta por mil la superficie antes quemada en chacras y pastos existentes o en preparación. Sin embargo, lo que pasó en Madre de Dios y que fue igualmente notorio en Pando Los derrames petroleros llevados por las lluvias y las (Bolivia) y, especialmente en el Acre inundaciones terminan se depositado en los suelos de todo el bosque (Pronaturaleza) (Brasil) no era realmente nuevo. El hecho había sido registrado unos pocos años antes cerca de Manaos y fue muy bien documentado en el caso, aún más reciente, de los desastrosos fuegos que consumieron gran parte del estado de Roraima. Y, asimismo, ya había ocurrido inclusive en pequeña escala en el Perú a comienzo de la década de 1960, cuando se presentó un año extraordinariamente seco. El problema es consecuencia directa de períodos extremamente secos, con menos lluvia que lo normal y con períodos sin precipitación mucho más prolongados, cuando la evapotranspiración supera largamente el abastecimiento de agua de la vegetación. La causa de estos periodos excepcionalmente secos sería, de una parte, el fenómeno El Niño y, asimismo, el recalentamiento de las aguas del Atlántico Norte. En esos lapsos sin lluvia la napa freática baja 76 mucho más que lo habitual, hasta a centenas de metros, lejos del alcance de las raíces; el aire se seca con la temperatura alta y eso aumenta la caída de hojarasca que se acumula deshidratada, sobre el suelo del bosque. En esas circunstancias, basta una chispa para provocar una calamidad. El problema se complica porque, después de una primera pasada de fuego en el suelo del bosque, cuya velocidad e impacto dependen de la velocidad del viento, más hojas de los árboles más altos, que se sabe son los más susceptibles, también secan y caen, con más abundancia aún, renovando las condiciones ideales para una segunda pasada de fuego. Si eso ocurre, y ocurre mucho, es seguro que prácticamente nada sobrevive. Las plantas y sus semillas, así como los animales, pequeños o grandes del bosque amazónica, inclusive las aves, no tienen ninguna estrategia para huir o resistir al fuego, pues no lo conocen, por lo que el exterminio de la biota completa es inevitable. Después del fuego, hasta el suelo del bosque tropical húmedo queda esterilizado. Es muy probable que, en última instancia, las sequías excepcionales en la Amazonía estén asociadas, en una u otra medida a los procesos de cambios climáticos globales, como es el caso de tantos otros fenómenos “naturales” recientes. Lo importante, bajo este ángulo, es entender el circuito vicioso que existe con relación a los incendios forestales amazónicos. En la actualidad, de 0,8 a 2,4 miles de millones de toneladas de carbono son emitidas a cada año por las quemadas en la Amazonía y eso contribuye directamente al efecto invernadero que a su vez determina la mayor violencia y frecuencia de cambios climáticos que determinan las sequías. Cuando se produjo la sequía del inicio de los años 1960, en la región de Pando, Acre y Madre de Dios no vivía casi nadie allí y, por eso, el impacto fue mínimo. Ahora, además de grandes ciudades como Río Branco, Puerto Maldonado y Cobija, hay desarrollos agropecuarios enormes en toda la región que usan el fuego sin precaución tanto para quemar el bosque derrumbado como para renovar sus pastos y, es partir de esas acciones que los fuegos se transforman en verdaderos y desastrosos incendios forestales. Hasta ahora, el gobierno peruano nunca ha intentado seriamente controlar los incendios forestales. No existen medidas legales que sancionen severamente a los que queman los residuos sin precaución. Es más, en el Perú ni siquiera se requiere de autorización para hacer quemas de residuos de la deforestación, lo que es de praxis en el Brasil, por ejemplo. El Perú tampoco dispone, como los países vecinos, de cuerpos de bomberos profesionales ni, mucho menos, de bomberos forestales que, en caso de incendios graves, son indispensables75. En esas condiciones, el proceso de sabanización, o sea la transformación progresiva del bosque tropical húmedo en una sabana tropical, por acción selectiva del fuego sobre la flora y la fauna sería, pues, inevitable. Finalmente, debe llevarse en cuenta que los bosques naturales son irremplazables en términos de importancia ambiental, tanto por la diversidad ecológica como especialmente por los procesos biogeoquímicos que realizan y cuya significancia va muy lejos de sus propios límites. Un reciente estudio a nivel mundial reitera y amplia ese aspecto que es frecuentemente relegado en base a la creencia que un bosque secundario o que una plantación forestal los sustituye (Watson et al, 2018). 75 Dourojeanni, M. 2016 Belaúnde en la Amazonía Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAP) 17:30|12 de junio de 2017 (http://www.caaap.org.pe/website/2017/06/12/belaunde-en-la-amazoniapor-marc-j-dourojeanni/) 77 Contribución a la economía nacional y pobreza La Amazonia peruana sigue siendo la región del país que tiene el menor desarrollo económico. Pero, aunque su aporte al PBI sigue siendo oficialmente discreto, su crecimiento anual ha sido igual o superior al del promedio nacional. Además, debe destacarse que la forma de calcular el PBI excluye una serie de elementos de la cadena de producción que, por ser realizados fuera de ella, son finalmente contabilizados en la Costa o en la Sierra. Tampoco incluye adecuadamente, como es obvio, la significativa producción ilegal de oro, estupefacientes y de especies prohibidas de la fauna y la flora. De cualquier modo, esa parte del país continúa siendo una de las más pobres. Pero dos de los departamentos amazónicos peruanos tuvieron un excelente crecimiento anual promedio entre 2007 y 2014. En efecto Amazonas (7,1%) y San Martín (6,5%) superaron largamente el promedio nacional (5,6%). Ucayali y Loreto están por debajo de ese promedio pero su PBI viene creciendo sostenidamente. Ya el caso de Madre de Dios varía mucho, influenciado por la cuestión del mercadeo “legal” e ilegal de oro. El valor de la producción de oro en 2016 representó el 48% del valor agregado bruto de la economía de ese departamento. El PBI por habitante (en nuevos soles corrientes) es máximo en Madre de Dios (18.829) y muy bajo en San Martín (7.752). Loreto y Ucayali tienen situación parecida (10.571 y 10.031) mientras que Amazonas está bajo (8.716)76. La producción agrícola de gran escala de la Selva está centrada en café y cacao, pero otros cultivos tienen igualmente importancia como la palma aceitera, arroz, maíz, naranja y otros frutales. El café cumple un rol importante en la balanza comercial agropecuaria, siendo el principal producto agrícola de exportación. Genera aproximadamente el 30 % de las divisas del sector agropecuario, destinando el 95 % de la producción nacional cafetalera a mercados externos. En el mundo, el Perú ocupó el octavo puesto a nivel mundial de producción de café en grano habiendo subido consistentemente hace más de una década. De acuerdo a la FAO, el Perú produjo 677.000 TM (unos 4,3 millones de sacos) de café en 2008. Luego del punto más alto de exportaciones que se dio en el 2010, con ventas FOB por U$ 1.675 millones, se produjo una fuerte caída. El 2014 fue el año más crítico para la producción nacional que cayó en 18,3% respecto al 2013. En el 2015 las ventas se redujeron a U$ US$572 millones debido a plagas y factores climatológicos. Aun así continúa siendo el segundo productor mundial de café orgánico. Cerca del 85% de la producción peruana pertenece a productores que administran menos de 5 hectáreas y ellos, cada vez más intensivamente, practican cultivo orgánico, del que la principal característica es estar bajo sombra. En 2016 la producción nacional de cacao alcanzó el récord histórico de 108.000 toneladas, con 129.842 hectáreas cultivadas. Eso representó un crecimiento de 13,7% respecto al 2015, cuando la producción de este grano llegó a 95.000 toneladas. El principal destino de la exportación fue la Unión Europea. El cultivo de cacao, como el del café, es mayormente agroforestal y, también tiene una tendencia a ser trabajado en forma orgánica. La madera sigue siendo parte importante, aunque no gravitante, de la producción rural amazónica. En el cuadro 7 se observa el volumen de producción de los cuales los laminados y chapas decorativas, el triplay, parquet y madera aserrada provienen esencialmente de la 76 https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/pbi-dep-2014.pdf 78 Selva. Pero el Perú aún no tiene una balanza comercial positiva en productos de madera. En 2015 exportó productos maderables por valor de US$214 e importó esos mismos productos por un monto de US$1.080 millones. También exportó productos no madereros por un valor de US$ 149 millones, pero los importó por un valor de US$63 millones. No hay duda de que, a pesar de la mala situación reciente, los hidrocarburos son el principal producto de la Selva. Históricamente, el sector hidrocarburos en el Perú ha dependido principalmente de la extracción y venta de petróleo crudo. La producción de petróleo amazónico, después de un comienzo expectante en los años 1970, tuvo un fuerte decrecimiento en la década de los años 1980, debido principalmente al agotamiento de algunos yacimientos y a una política económica poco incentivadora. A inicios de los años 1990s se estableció un marco legal y tributario favorable para atraer inversiones. Esto estuvo asociado a la subida inusitada en el precio del petróleo crudo, significando no solo interés en buscar nuevos yacimientos sino que, además, creó un clima de confianza para inversiones en activo fijo, nuevos pozos y mejoría de los existentes. Pero, en la primera mitad de la década de los 2000, los niveles de extracción de petróleo crudo se redujeron otra vez, mayormente por la caída en su precio, situación que se ha mantenido hasta 2017. La mayor inversión en actividades de exploración conllevó a un aumento en las reservas totales (reservas probadas más probables) de petróleo crudo, principalmente en reservas probables ya que las reservas probadas cayeron paulatinamente, lo cual aunado a una mayor producción implicaría un mayor déficit de producción en el futuro cercano (Orihuela, 2008) Cuadro 7. Producción maderable del Perú en 2015 (m3) Laminada y chapas 4.989 Triplay 50.960 Parquet 10.189 Postes 7 Durmientes 665 Madera aserrada 579079 Carbón 40.514 Leña 7.028.267 Fuente: MINAGRI/Serfor (2015) El gas y los líquidos de gas natural han tenido una participación enorme en la economía amazónica y nacional desde la puesta en marcha del Proyecto Gas de Camisea. Este enorme proyecto, que significó una inversión de unos US$6.000 millones, comprende operaciones de exploración y extracción en la Selva, en el Bajo Urubamba; de transporte de gas y de gas líquido hasta la Costa mediante tres ductos ya en pleno funcionamiento y; una planta para licuefacción de gas en y un puerto especializado en Cañete (La Melchorita) y, claro, distribución de gas natural en Lima. Otras empresas están procurando gas en lotes aledaños a los dos que explota la Pluspetrol y se supone que en breve la producción permita llevar gas hasta el sur del Perú, además de aumentar la exportación ya que las existencias de gas superan largamente la demanda nacional. Tan solo el proyecto Gas de Camisea, en su versión actual, puede aumentar en 0,5% el PBI del Perú. El gobierno recibirá unos US$310 millones anuales en forma de impuestos y regalías y las exportaciones generarían un promedio de US$1.700 millones de ingresos en divisas anualmente. El único mineral actualmente producido en gran escala en la Selva es el oro, principal pero no exclusivamente en Madre de Dios. Lamentablemente nada de lo que esta región produce (unas 18 TM/año o mucho más, según otras fuentes) contribuye sólidamente a elevar la renta regional o nacional pues esa actividad, aunque se disimula detrás de supuestos derechos mineros, es completamente ilegal y la producción es “blanqueada” por el propio Estado que la compra77 o es contrabandeada, es decir que no paga impuestos o distribuye regalías. Existen Dourojeanni, M. J. Oro de Madre de Dios… ¿Ya es legal? Actualidad Ambiental, SPDA, Lima, Viernes 13 de Noviembre, 2015 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=33587) 77 79 muchas minas formales importantes en la cuenca amazónica pero muy pocas en el bioma amazónico. Las excepciones más importantes están localizadas en el departamento de Amazonas, por ejemplo, en la Cordillera del Cóndor, donde también existe oro. Cuadro 8. Evolución de la pobreza extrema en el Los aportes del sector hidrocarburos al Estado se pueden agrupar en tres rubros: Perú y en la Selva de 2004 a 2016 (i) impuesto a la renta, (ii) beneficios (en % de la población) netos y regalías y (iii) canon petrolero. 2004 2011 2014 2016 Para el periodo 1992-2007, el impuesto a Nacional 11,2 6,3 4,3 3,8 la renta (3ra categoría) ha sido la mayor Selva 14,6 9,0 6,1 6,5 contribución del sector hacia el Estado Selva urbana 8,2 4,5 3,1 3,0 (US$1.797 millones), seguido por las Selva rural 21,9 14,7 10,5 12,0 regalías (US$1.395 millones) que son Fuente: INEI (www.inei.gob.pe/) aportes hechos por las empresas que extraen gas. Los beneficios netos de las empresas privadas fueron de US$680 millones, los cuales estuvieron principalmente asociados a los altos precios del petróleo crudo durante los últimos años de la década pasada, aunque aún no alcanzan los niveles observados a inicios de los 1990s. La mayor parte de las regalías de ese periodo (US$1.336 millones) han sido por concepto de gas natural líquido y en menor cuantía por la extracción de gas natural. Tanto la regalía como el canon del sector hidrocarburos equivalen a una fracción del ingreso de cada empresa (Orihuela, 2008). Es decir que la Amazonia peruana ya no es, como antaño, una región que el resto del Perú despreciaba por no ser económicamente significativa. Pero, a pesar de la contribución de la Selva al crecimiento del PBI y al bienestar de los peruanos en general y, a pesar también de los índices positivos de crecimiento anual de la economía regional, la pobreza es mayor (27,4%) en la Selva que el promedio nacional (20,7%) y, obviamente, es mayor en el La pobreza en la Amazonia domina tanto en el mundo urbano medio rural, donde alcanza niveles de como rural (Confúcio) gravedad (39,3%). La pobreza urbana en la Selva alcanza 19,5%. Pero estos valores son casi la mitad de lo que eran, por ejemplo, en 2007, cuando la pobreza amazónica llegaba a 55,8% y la rural llegaba a 69,2%. La mejora de la situación es evidente. En el cuadro … se muestra la evolución de la pobreza extrema en la Selva que también muestra mejoría notable, aunque continúa presente. Mientras que la pobreza extrema promedio atinge solo al 3,8% de la población nacional, es el doble en la Selva (6,5%) y casi cuatro veces más en la Selva rural (12,0%). La situación de Loreto destaca. En efecto, es uno de los departamentos que lidera la desigualdad de los ingresos. La diferencia entre el distrito más rico (urbano) y el más pobre (rural) es de 7 veces, existiendo centros poblados cuyos ingresos son menores a un dólar diario (Grandez, 2018). De acuerdo a la información del censo agropecuario de 2012, la población económicamente activa en el sector rural sin educación o con un nivel mínimo de educación representa el 60% de la mano de obra que trabaja en el campo, en actividades 80 extractivas. De igual modo, el censo mostró, que en Loreto la organización empresarial es mínima y que de los 68 mil productores registrados el 99% trabajan individualmente. Eso limita enormemente las capacidades productivas y neutraliza los esfuerzos que realizan las instituciones al incorporar y forzar proyectos productivos en la zona rural con el objetivo de mejorar la calidad de vida de aquellas poblaciones. Entonces, aumentar la productividad y competitividad en la economía rural, tal como se encuentra ahora, es una quimera en tanto que no se mejore la educación y se desarrollen esfuerzos institucionales integrales, de colaboración mutua e inversiones escalonadas sobre la base de la realidad local y de las experiencias ganadas (Grandez, 2018). En Loreto el aporte de la actividad primaria de producción (agropecuaria, caza y silvicultura) al PBI departamental pasó de 20% en 1990 a 10% al finalizar 2016, y esto es producto de la movilidad social y de la pérdida constante de mano de obra juvenil que busca nuevas y mejoras opciones de educación, salud, empleo e ingresos en la zona urbana, dejando descapitalizado al campo que no tiene otra opción de mantener una producción de subsistencia y de pobreza acumulativa y generacional (Grandez, 2018). Más y mejor infraestructura Era verdad, sin duda, que la Amazonia en general carecía severamente de infraestructura hasta unas pocas décadas atrás. Pero, algunos países como Brasil, Perú y Bolivia, especialmente con ayuda del primero, han cambiado esa situación en las últimas décadas y hoy eso no puede más ser considerado como una realidad indiscutible. Brasil, en especial, cuenta ya con una compleja red de carreteras en buena parte asfaltadas, que han llevado el desarrollo y sus consecuencias positivas y negativas a todos sus 9 estados amazónicos. Sin embargo, reconocerlo no implica insinuar que no hagan falta ni que no se deseen más obras. Y la mejora o mantenimiento de las existentes es una necesidad evidente. Por eso, todos los países están alimentando ambiciosos planes para expandir esa infraestructura, incluyendo vías que comunican al Brasil con todos sus vecinos. La telaraña de carreteras que salen del Brasil y penetra en la Amazonia de todos los demás países está ya muy adelantada. En el caso del Perú, la Amazonia está ahora riscada por más de 9.000 km de carreteras oficiales y por más de 14.000 km adicionales de caminos transitables ocasionalmente y construidos informalmente por empresas de petróleo, mineras, agropecuarias o madereras, usualmente con apoyo de las municipalidades y sin ningún tipo de cuidado ambiental o social. Basta mirar un mapa del Google Earth para ver que hay accesos viales a casi cada rincón de la Amazonía peruana donde existe algún recurso que atraiga la codicia. Cualquier carretera tiene como consecuencia dispersar y aumentar la deforestación, pero, asimismo, su calidad (pavimentado, mantenimiento) y su antigüedad aumentan enormemente el ámbito deforestado pues, lógicamente, eso facilita más expansión vial y por tanto multiplica la deforestación. Por ejemplo, el departamento de San Martín que en 2015 tenía 847 km de carretera asfaltada en gran parte hace mucho tiempo, tenía oficialmente 3.438 km de carreteras vecinales y, seguramente, mucho más del tipo informal. Por eso ese departamento es el que registra la mayor área deforestada. Igualmente, Madre de Dios, con 401 km asfaltados posee oficialmente 1.416 km de carreteras vecinales, lo que ha ocurrido en muy corto plazo a consecuencia de la construcción de la Interoceánica Sur. En Loreto, la máxima concentración de caminos vecinales y de área deforestada se ubica a lo largo de la carretera Iquitos-Nauta, la única que es asfaltada. 81 En la última década se produjeron varios casos escandalosos de obras que además de carecer de licenciamiento ambiental violaron otras normas. El caso más comentado fue el de la carretera entre Nuevo Eden y Boca Manu, pasando en las zonas de amortiguamiento del Parque Nacional Manu y de la Reserva Comunal Amarakaeri, sin autorización del SERNANP78. Esa obra fue construida parcialmente y en todo el sector habilitado existe una flagrante extracción ilegal de madera de la Reserva. El caso, que era apoyado por un proyecto de ley desde el Congreso Nacional, generó una reacción interesante del propio Presidente de la República79. Casos similares se dieron en lo que hoy es el Parque Nacional Sierra del Divisor, en Ucayali80 asimismo dentro del La infraestructura para el desarrollo de la Selva ha Parque Nacional Yanachaga-Chemillen, en mejorado mucho, pero no es suficiente (Aeropuertos). Pasco81 y en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Cordillera Azul en San Martín82. En el primer caso la Defensoría del pueblo consiguió paralizar la obra. Otro caso absurdo fue la propuesta de construir una carretera dentro del Parque Nacional Alto Purús, supuestamente para conectar el poblado de Puerto Esperanza, pero, en realidad, para viabilizar la explotación de madera83. Curiosamente, a pesar de que ese proyecto fue abandonado, el Ministerio de Transportes lo mantiene en sus mapas como proyecto activo. Dicho sea de paso, lo mismo ocurre con la Carretera 5S, la ex Marginal de la Selva) que según el MTC y sus mapas debe pasar por el medio del Parque Nacional del Manu a pesar de que la legislación vigente lo prohíbe84. Pero si las infraestructuras existentes en la Selva ya no pueden considerarse poca cosa, las previstas son inmensas y no se refieren exclusivamente a caminos. En efecto, a 2010, entre los proyectos registrados en el sector público peruano destacaban 52 proyectos de generación de energía hidroeléctrica en la cuenca amazónica, de los que 26 están propiamente en la Selva, incluidos los más grandes, como los previstos en los ríos Marañón, Ene e Inambari. Por lo menos dos de esos proyectos, pese a las protestas, deberían ser ejecutados durante las próximas décadas, incluidas sus líneas de trasmisión. Asimismo, el gobierno nacional prevé en el medio plazo la construcción de unos 900 km de carreteras adicionales, el asfaltado de casi 2.100 km y la mejoría de otros 1.500 km, sin incluir en estas sumas las carreteras 78 Dourojeanni, Marc 2015 Carreteras ilegales y destrucción de la Amazonía: ¿Qué pasa en Madre de Dios? Actualidad Ambiental, Lima Viernes 16 de Octubre, 2015 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=33098) 79 Oficio 243-2015-PR de 4 de diciembre de 2015. 80 Finer M, Novoa S 2015 Sierra del Divisor – Nueva carretera forestal cruza la sección norte de la Zona Reservada. MAAP: Image #15. (http://maaproject.org/2015/09/sierra-divisor3/) 81 Servindi 2016 Piden detener construcción de carretera en Parque Nacional Yanachaga Chemillen (https://www.servindi.org/actualidad-noticias/30/01/2016/piden-detener-construccion-de-carretera-en-parquenacional-yanachaga) 82 Novoa S, Fuentes MT, Finer M, Pena N, Julca J 2015 Proliferación de Carreteras Forestales en la Amazonía Peruana. MAAP #18 (http://maaproject.org/2015/maap18-carreteras-forestales/) 83 SDervindi 2012 Perú: Nuevo tajo en la amazonía: carretera Purús-Iñapari afectaría refugio de biodiversidad (https://www.servindi.org/actualidad/66057) 84 Dourojeanni, Marc 2015 Los caminos de la destrucción en Madre de Dios: carreteras y el atentado contra áreas protegidas Actualidad Ambiental, SPDA, Lima / Martes 3 de Noviembre, 2015 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=33413). 82 interoceánicas Sur y Norte, que ya existen. Pero es probable que se hagan muchas otras obras viales en el futuro mediato, entre ellas la Interoceánica Centro (Pucallpa-Cruzeiro do Sul). También está prevista la construcción de unos 4,200 km de hidrovías y de varios miles de kilómetros de hasta 7 ferrovías, tres de las cuales serían conectadas al sistema brasileño. Todos esos proyectos apuntan, lógicamente, a facilitar la explotación de recursos naturales, entre ellos minería y petróleo, madera y tierra para fines agropecuarios, como se verá más adelante (Dourojeanni et al, 2010). Cuando se revisan individualmente las implicaciones ambientales y sociales de cada proyecto, los que corresponden a cada sector y, todos ellos en su conjunto, la magnitud y gravedad de los impactos ambientales y sociales que son razonablemente previsibles son inmensas. Lo serían aún en el caso de que solamente entre un tercio y la mitad de las propuestas sea realmente materializado en el lapso de poco más de una década. Los impactos ambientales principales serán la deforestación por cambio de uso de la tierra y la degradación de los bosques por usos agropecuarios, mineros, petroleros, forestales y por su transformación en lagos artificiales; la pérdida drástica de elementos del patrimonio biológico natural; la contaminación de suelos y aguas por agroquímicos, por secuelas de la explotación de hidrocarburos y de la minería así como por residuos urbanos e industriales; la alteración del régimen hidrológico amazónico tanto por represamientos como por la alteración del ciclo hidrológico por la deforestación; un aumento cuantioso de la contribución del Perú al fenómenos de cambio climático por emisiones de dióxido de carbono y de otros gases por deforestación y por lagos artificiales y, entre muchos otros, la radicalización de procesos erosivos insidiosos y violentos, especialmente en la Selva Alta. Los impactos sociales directos de estas obras serán considerables. Acelerarán e incentivarán la migración hacía la Selva y por ende aumentará la densidad de población urbana sin servicios y aparecerán nuevos centros urbanos a partir de las áreas de servicio de las grandes obras. También aumentará la población rural sin tierra o sin tierra suficiente o compatible con el uso que le darán. Los conflictos sociales se multiplicarán entre los actores amazónicos antiguos (indígenas, ribereños y colonos) y los nuevos, Durante décadas y hasta la actualidad las carreteras “de "penetración a la Selva " han representado un suplicio para el especialmente debido a las invasiones, y transporte. asimismo entre la población amazónica en general y el gobierno nacional pues aumentarán considerablemente los problemas de salud y seguridad pública, la prostitución y el trabajo esclavo e infantil. Los impactos sociales indirectos serán tan o más graves que los anteriores y estarán en su mayoría asociados a los impactos ambientales: la pesca y la caza disminuirán a niveles ínfimos y no atenderán las necesidades de alimentación de la población indígena y rural; la población urbana y rural sufrirá de falta de agua por destrucción o contaminación de las cuencas colectoras pero también soportará inundaciones mucho más violentas e imprevisibles; las carreteas de penetración a la Selva serán interrumpidas cada vez con más frecuencia por aluviones y derrumbes y, entre otros, el efecto invernadero provocará periodos de seca y de lluvias fuertes más intensos. Considerando en conjunto los impactos ambientales y sociales, los 83 proyectos con los mayores impactos son precisamente los que con mayor probabilidad serán ejecutados: las carreteras, la explotación maderera, las hidroeléctricas, la minería y los hidrocarburos. La Amazonía del Perú aún tiene, como bien se sabe, un déficit considerable de infraestructura de desarrollo. No hay duda de que muchas de las proposiciones que fueron hechas son necesarias y que, previa revisión, deben ser realizadas. Lo que alarma en las propuestas analizadas es su carácter aislado, sin justificaciones económicas o sociales plausibles, sin ninguna reflexión sobre las implicaciones de cada uno sobre los demás ni, mucho menos, sobre sus efectos colaterales. Se proponen carreteras nuevas sin plantear proyectos correlativos de desarrollo rural, se provocan migraciones sin considerar mejorías proporcionales en educación y salud, se impulsa el desarrollo ecoturístico y en el mismo lugar se tolera la minería ilegal y, para mencionar los casos más torpes, se construyen carreteras donde apenas terminada se pretende formar un gran lago artificial, como en el caso de la propuesta para el Inambari (Serra, 2010). La revisión de estudios de factibilidad de muchos de los proyectos de infraestructura pública amazónica revela que son económicamente inviables y que, en ningún caso, prestan atención seria a los impactos ambientales y sociales que, casi siempre, implican costos nunca contabilizados. La sociedad, ni siquiera los directamente afectados, tienen oportunidad de conocer los proyectos y sus estudios y, peor aún, todo indica que esos detalles no son conocidos ni por los que toman la decisión de ejecutarlos. Los proyectos de explotación de recursos naturales, como los hidrocarburos, los minerales, la madera, los suelos para agricultura o la energía hidroeléctrica siguen caminos aún más aislados de la sociedad pues responden a intereses mayormente privados. En estos casos, la única certeza es que son rentables para los inversionistas, pero los beneficios para el Perú siempre deben ser cuidadosamente examinados. Las secuelas de la Iirsa Pocos lugares han estimulado tanto la imaginación de los grandes constructores y emprendedores como la Amazonía. Desde los delirios del cauchero Fitzcarrald hasta la “Conquista del Perú por los Peruanos” y la “Marginal de la Selva” de Fernando Belaúnde Terry, pasando por la aventura de Le Tourneau en la cuenca del río Pachitea (Perú), de Heny Ford en Belterra, Pará (Brasil) o, de Daniel Ludwig en Jari, Amazonas (Brasil), son numerosos los grandes proyectos de conquistar, colonizar y explotar la jungla amazónica que fueron realizados. Sus resultados pueden haber sido o no lo que sus propulsores deseaban, pero siempre tuvieron grandes impactos que pueden ser considerados positivos o negativos, dependiendo mucho del criterio usado para evaluarlos. Pero aún más numerosos son los proyectos que nunca salieron del papel, como la propuesta del Hudson Institute (EEUU) de crear un inmenso lago artificial cerrando el río Ucayali o la idea, mucho más sensata esa, de hacer un ferrocarril entre Tambo del Sol y Pucallpa, que continúa siendo apenas una propuesta. Como bien se sabe, varias de las obras que en la actualidad están siendo consideradas fueron ideadas muchas décadas atrás y otras tantas, especialmente las carreteras, han sido iniciadas informalmente por autoridades locales mucho tiempo antes de ser transformadas en obras nacionales. La Iniciativa de Integración de la Infraestructura Sur Americana (Iirsa) nació oficialmente en la I Reunión de Presidentes de América del Sur, realizada en Brasilia del 31 de agosto al 1° de setiembre del 2000. El motivo de esa reunión fue evaluar intereses comunes a ser defendidos frente al reto de la propuesta de Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) pero, entre los cinco puntos de la agenda, estaba el tema “infraestructura e integración” preparado con 84 antecedencia por el BID, la CAF y el Fonplata. En esa misma fecha fue aprobado el mecanismo institucional del Iirsa y su financiamiento con recursos a ser provistos por el BID y la CAF. O sea que, en realidad, el Iirsa tiene una historia previa a la aprobación de los presidentes que es probablemente larga y que se centra mucho en las tres instituciones financieras promotoras (BID, 2000). El objetivo declarado de la Iirsa ha sido dar más competitividad a la región y “conquistar el espacio geográfico suramericano”, a través de la integración de la infraestructura. Se autodefine como “multinacional, pues incluye los 12 países de América del Sur; como multisectorial, pues incluye además del sector transportes a los sectores de telecomunicaciones y energía y; como multidisciplinaria, pues abarca aspectos económicos, jurídicos, políticos, sociales, culturales, ambientales y otros”. En su versión resumida de 2006 el Iirsa incluía 10 ejes de integración: (1) Andino, (2) Andino del Sur, (3) Capricornio, (4) Amazonas, (5) Escudo Guyanés, (6) Sur, (7) hidrovía Paraguay-Paraná, (8) Interoceánico Central, (9) Mercosur-Chile Y (10) Perú-Brasil-Bolivia. Este último eje es el que incluye la carretera Interoceánica Sur. En su versión anterior existían ejes adicionales: Marítimo del Atlántico, Marítimo del Pacífico y el Eje Multimodal Orinoco-Amazonas-Plata. Pero, en cada país, esto implicaba numerosos proyectos correspondientes a cada eje en el que el país participa. En 2006 el total para América del Sur incluía 335 proyectos por un valor de 37.500 millones de dólares. Por ejemplo, apenas para el Perú se reseñan 68 obras para 4 ejes (Amazonas, Andino, Interoceánica Central y Perú-Brasil-Bolivia) entre grandes y medianas, algunas verdaderamente urgentes e importantes y otras con prioridad mucho menos evidente. El eje Perú-Brasil-Bolivia incluía 18 obras por un costo estimado total de US$11.600 millones, de lo que el 90% correspondía a obras para captación de energía, incluido tres enormes hidroeléctricas. Visto desde otro ángulo, la Iirsa era esencialmente una recopilación, actualización y compatibilización superficial de proyectos preexistentes que se encontraban relegados en los cajones de escritorios de cada uno de los ministerios de la región, a los que se empaquetó en un contexto regional con justificaciones económicas basadas en conceptos convencionales de integración. Por ejemplo, la propuesta de unir las cuencas de los ríos Orinoco, Amazonas y Plata85 fue lanzada por el Presidente Hay varias carreteras nuevas, algunas casi si uso como la Belaúnde, del Perú, quien para Interoceánica Sur. El gobierno, sin planes, a veces las construye donde no se necesitan. promoverla realizó en 1983 una técnica y políticamente arriesgada navegación en buque de guerra por el canal del Casiquiare, que une las cuencas del Orinoco con la del Amazonas (Dourojeanni, 1988). Igualmente antigua es la idea de transformar los ríos Paraguay y Paraná en una hidrovía de fácil navegación. El BID, a pedido de los países de la cuenca del Plata, financió un costoso y detallado estudio técnico, 85 / Ese es uno de los proyectos que figuraba en las listas de ejes de integración del Iirsa hasta el año 2002. Actualmente está integrado como parte del proceso sectorial de integración denominado “transporte multimodal”. 85 económico y socioambiental durante la primera mitad de la década de los años 1990s que dio resultados dudosos en relación a su viabilidad económica y claramente alarmantes en relación a sus implicaciones ambientales (Bucher et al, 1997). Esos resultados implicaron la paralización oficial del proyecto por parte del BID y del gobierno brasileño de entonces. Por cierto, a pesar de eso las obras continuaron despacio, pero a paso seguro. Del mismo modo, la Interoceánica Norte del Perú era mencionada desde 1986 y hubo amplias informaciones sobre esa obra desde mediados de los años 1990 (GEIPOT, 1996; Correo Braziliense, 1996). En 1996 ya estaba la empresa Camargo Correa construyendo su segmento Corral Quemado-Puente Nieva. La Interoceánica Sur también es citada desde 1986, desde los gobiernos de Collor (Brasil) y el primero de García (Perú) hasta los actuales de Lula (Brasil) y el segundo de García (Perú), pasando por los presidentes Cardozo (Brasil), Fujimori y Toledo (Perú). De hecho, fue decisión de Pedro Pablo Kuczynki, como Ministro de Economía y presidente del Consejo Directivo de ProInversión, dar la aprobación decisiva a esa obra en 200586. La Interoceánica Centro tampoco es novedad. Es decir que, pese a los esfuerzos de la Iirsa por presentarlos como complementarios, ellos no constituyen un programa integrador ni merecedor de las virtudes que sus promotores le atribuyen como vector del desarrollo sudamericano. La Iirsa fue perdiendo aliento y, en todo caso, nuevos y poderosos factores están provocando su modificación. Por iniciativa del Presidente Chávez, de Venezuela, que impulsó la creación de una nueva institucionalidad política suramericana, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), absorbió la Iirsa, dándole además un instrumento financiero propio (Huamani, 2015). Nuevos proyectos megalomaniacos fueron lanzados junto con esta propuesta (LITTLE, 2014), entre ellas la integración mediante oleoductos internacionales. Por El incremento de la minería ilegal en Madre de Dios es una lo tanto, si bien la Iirsa fue en cierta forma consecuencia directa de la Interoceánica Sur (Pronaturaleza) el comienzo de la explosión actual de proyectos de infraestructura en la Selva, lo que ahora viene ocurriendo y está siendo propuesto la supera en mucho y obedece a otras razones económicas y geopolíticas. Una de ellas es la entrada en el escenario financiero de un actor poderoso, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) del Brasil que se sumó a la Corporación Andina de Fomento (CAF) como gran proveedor de recursos con un nivel de exigencias técnicas, sociales y ambientales muy inferior al exigido por el Banco Mundial (BIRD) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La consecuencia de este hecho es, evidentemente, la generación de riesgos económicos, sociales y ambientales mucho más considerables. El famoso escándalo “Lavajato” ha puesto un freno momentáneo a ese comportamiento del BNDES y del Brasil, pero no hay duda de que se recuperará pronto. 86 http://www.americatv.com.pe/noticias/actualidad/cual-fue-papel-ppk-concesion-carretera-interoceanican265110 86 El interés creciente por el petróleo, las tierras y la madera en la América Latina tropical provocó, desde hace mucho tiempo, alertas sobre sus implicaciones para la biodiversidad (Bowles et al., 1998) pero este tipo de preocupación llegó a su máximo en la Amazonía brasileña, que fue sucesivamente sometida al Programa “Brasil en Acción” (1996-1999), al “Avanza Brasil”(2000-2003) y, actualmente, al “Programa de Aceleración del Crecimiento” (PAC), a lo que se suman las incidencias de la promoción de los biocombustibles, en especial del biodiesel. En general, cada programa recicla los anteriores, aunque pueden cambiar prioridades y añadir nuevas propuestas. El Programa Avanza Brasil, en particular, generó estudios muy interesantes sobre la magnitud sin precedentes de sus implicaciones socioambientales (IPAM & ISA, 2000; Fearnside & Laurance, 2002). El caso de las “interoceánicas” en el Perú No se puede dejar de comentar el tema de las carreteras interoceánicas Norte, Centro y Sur para unir al Brasil con el Perú. De las tres propuestas dos están concluidas, la Norte y la Sur. La tercera, la Centro, fue objeto de un inadecuado estudio de factibilidad técnica y económica (Hopkins et al, 2015) pero contó, como las demás, de declaraciones de prioridad política de ambos lados de la frontera antes de que los estudios se hagan. La Interoceánica Norte que une la Costa Norte y sus puertos con los del río Marañón en una vía del tipo bimodal, es decir parte carretera y parte hidrovía es la más avanzada y, en verdad, por sus características, es la que tiene más lógica económica. En efecto, esta pasa por el Abra de Porculla, es decir el punto más bajo y por ende el más favorable para el transporte terrestre, que existe en los Andes peruanos. Además, llega casi directamente a los fosfatos de Bayóvar permitiendo su transporte relativamente barato a los campos de soya del Brasil, por lo menos hasta que el igualmente previsto ferrocarril empiece, eventualmente, a operar. También tiene sentido en relación a los yacimientos petrolíferos del Norte de Loreto y a la minería en expansión en la frontera de Perú y Ecuador. Por eso, esta carretera es, en términos generales, justificada a pesar de sus impactos ambientales y sociales que nunca fueron seriamente analizados. Será menos justificable cuando se la una a la carretera Nauta-Iquitos, lo que inevitablemente se ocurrirá en el futuro mediato. En el caso de la Interoceánica Sur, ampliamente discutido por Dourojeanni (2006) y recientemente revisado por Prado (2018), la lógica económica nacional es mucho más confusa y, para muchos, simplemente no existe. El pretexto usado para construirla fue el transporte de la soya brasileña y de otras commodities producidas en ese país hasta los puertos del Sur del Perú para su embarque y envío a los puertos de los consumidores asiáticos. Pero, el pretexto es solamente eso ya que por el hecho de que esa carretera debe La Interoceánica no tiene viabilidad económica. Fue cruzar dos ramales de la cordillera andina, a construida principalmente para satisfacer empresas alturas muy elevadas, determinando trechos brasileñas y políticos. Costó tres veces su valor extraordinariamente sinuosos y estrechos, con anunciado y provocó inúmeros desastres ambientales pendientes elevadas en terrenos inestables, en y sociales. ningún caso ella posibilitaría el pasaje de los enormes y pesados camiones que pueden, económicamente, transportar ese tipo de cargas. Cuando eso resultó evidente, las justificaciones fueron cambiadas por las del abastecimiento 87 de las ciudades brasileñas próximas, en especial Rio Branco y Porto Velho con productos peruanos y de carne brasileña a las ciudades del Sur peruano. En cualquier caso, ese comercio no justificaría la carretera. También se habló del flujo turístico brasileño potencial, olvidando que los brasileños que se interesan por el turismo viven principalmente en la costa del Atlántico y que, para venir al Perú, usan la vía aérea. Finalmente, se recurrió al consabido ardid del desarrollo agropecuario potencial a lo largo de la porción amazónica, en Madre de Dios, de la misma. Obviamente, esa carretera fue diseñada y construida esencialmente por empresas brasileñas y el Perú, como de costumbre, festinó la legislación ambiental permitiendo que la obra sea adelantada sin disponer de estudios de impacto socioambiental, los que fueron hechos sector por sector, siempre mal y tardíamente. Tres gestiones presidenciales están siendo juzgadas por malos manejos en esta obra que costó tres veces más que lo previsto. El resultado, como era previsible, fue que las predicciones más pesimistas sobre los impactos ambientales y sociales que esa obra provocaría fueron confirmadas y, peor, fueron mucho más graves que lo previsto. Un estudio de Fernández (2010) y otro de Prado (2018) demostraron la severidad de esos impactos y su agravación probable en el futuro previsible. En lo esencial, la carretera sirvió para acelerar la degradación de los bosques naturales por madereros inescrupulosos, expandir la extracción ilegal de oro y la deforestación con pretextos agropecuarios. También provocó la invasión del territorio de indígenas en aislamiento voluntario, así como la de comunidades nativas, reservas comunales y hasta de áreas naturales protegidas nacionales. Peor que eso fue el impacto social, con aumento confirmado de casos de dengue, HIV y de otras enfermedades, crecimiento de barriadas insalubres, falta de hospitales y de escuelas, delincuencia, trabajo infantil y prostitución. Otro estudio (Fleck et al, 2010) reveló la falsedad de pretender justificar esa carretera en términos de producción agropecuaria pues demostró que en la mayor parte del área es más rentable mantener los bosques en pie para negocios de fijación de carbono que para hacer agricultura, pecuaria o extracción maderera. El gobierno, presionado por la CAF que financió parte de esa obra, aceptó desarrollar un desproporcionalmente pequeño proyecto de mitigación de impactos ambientales y sociales, pero ni siquiera consiguió implantarlo plenamente. El caso más escabroso y aún pendiente, entre las interoceánicas Perú-Brasil es el de la propuesta Interoceánica Centro. En efecto, ésta que debe unir Cruzeiro do Sul con Pucallpa tiene aún menos justificación que la que ya une Rio Branco con Puerto Maldonado a la que duplica, pues Cruzeiro do Sul está unido a Rio Branco, como la Sur. Esta carretera ya llega a la frontera peruana desde el lado brasileño. Cruzeiro do Sul es una ciudad pequeña que no ofrece nada especial, mucho menos algún tipo de carga que la justifique. Su trazo en territorio peruano pasaría cerca del recientemente creado Parque Nacional Sierra del Divisor para complementar la protección de un ecosistema de grande interés ecológico parcialmente atendido en el lado brasileño por el Parque Nacional Serra do Divisor (Tovar et al, 2009). Existen en ese lugar varias aldeas de indígenas poco contactados, los Isconahuas. ¿Qué impulsa la construcción de esas obras enormes y costosas a pesar de su obvia falta de viabilidad económica o a pesar de duplicarse las unas a las otras? La respuesta incluye la estrategia geopolítica brasileña y, más aún, el interés de sus empresas de construcción y agencias financieras por otro buen negocio que el Perú costeará. Pero también incluye el afán del gobierno regional de Ucayali y de intereses particulares de Pucallpa y alrededores por tener acceso con mayor facilidad a las reservas forestales aun disponibles en esos territorios y, claro, por expandir allí la frontera agropecuaria y disponer de nuevas opciones de especulación con la tierra. Además, esas grandes obras son consideradas como créditos para 88 políticos sin ideas mejores y como grandes oportunidades para alimentar la corrupción. El pretexto, como siempre, es facilitar el acceso a los mercados brasileños y el de estos a los peruanos, pero habida cuenta del casi aislamiento de Cruzeiro do Sul, que además no produce nada diferente de lo que produce la región de Ucayali, esa argumentación es deleznable. Pero es asimismo indispensable reconocer que esas obras tienen un gran apelo popular, en especial local, que es incentivado por propaganda engañosa. Esas obras o por lo menos dos de ellas se suman a la decisión de hacer también algunas ferrovías y una hidrovía entre ambos países cuyos cursos son paralelos a las carreteras. Es decir una costosa y destructiva redundancia. Esperando las ferrovías e hidrovías Si bien en la Selva peruana las carreteras formales e informales, en todas sus modalidades, son una realidad omnipresente, las ferrovías e hidrovías aún son una promesa, o una amenaza dependiendo del criterio que se use. Visto desde el punto de vista positivo esas vías de comunicación tienen muchas ventajas ambientales sobre las carreteras, aunque no dejan de implicar riesgos ambientales y sociales, dependiendo de cómo y dónde se hacen y, en particular, de cómo se usan. El hecho es que a la fecha no existe ninguna ferrovía ni tampoco una hidrovía en operación en la Amazonia peruana. Existen numerosas propuestas de ferrovías, inclusive con algunos estudios realizados y asimismo todo indica que una hidrovía que ya contaría con estudios concluidos será construida en breve. En cambio, existe, desde hace siglos, una intensa navegación fluvial. Las ferrovías, en términos ambientales, siempre fueron preferibles a las carreteras pues, aunque sus impactos ambientales directos son iguales o mayores, sus impactos ambientales indirectos son siempre menores. Eso se debe a que el tren no se detiene en cualquier lugar lo que hace, únicamente, en las estaciones. Por lo tanto, la deforestación se concentra alrededor de éstas y en las carreteras que emanan del punto en que se localiza la Publicidad de un gobierno loretano que gastó millones de dólares en un tren fantasma, paralelo al río navegable más estación. Llevado al extremo, es decir con caudaloso del mundo y futura hidrovía. mucho desarrollo carretero periférico, el daño puede ser casi igual, pero, según la experiencia, eso raramente ocurre. El desarrollo ferrocarrilero del Perú, a pesar de un comienzo espectacular con el Ferrocarril Central construido por el americano Henry Meiggs en 1870, es mínimo y no penetró en la Amazonía. Todo quedó en la intención de construir el ramal Tambo del Sol-Pucallpa que jamás se materializó. Durante el siglo pasado se han divulgado unos seis proyectos de ferrovías que se dirigen a la Amazonia, que la atraviesan en camino al Brasil o que están en ella (Dourojeanni et al, 2010)87. El único que tuvo un avance considerable fue posiblemente el de Loreto que uniría Yurimaguas con Iquitos y que en sus versiones más extremas se uniría a un proyecto conocido como Ferrocarril Transcontinental que uniría la Costa Norte con el sistema 87 Dourojeanni, M. 2015 El ferrocarril interoceánico chino y nuestra desordenada visión de desarrollo Actualidad Ambiental, Lima, Perú Lunes 1 de Junio, 2015 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=30447) 89 ferroviario brasileño y con Colombia, vía Estrecho y con Pucallpa. El entonces gobierno de Loreto financió millones de dólares a empresas canadiense y españolas en estudios y en propaganda para este proyecto (Dourojeanni, 2013) que generó corrupción, confusión y mucho malgasto de dinero. Terminó en nada, excepto la copiosa deuda del Gobierno Regional con las empresas. Más recientemente fue muy voceada la propuesta China de un Ferrocarril Bioceánico BrasilPerú (Caillaux et al, 2016) que, posiblemente, cruzaría la frontera entre Brasil y Perú uniendo, como la propuesta Carretera Interoceánica Central entre Cruzeiro do Sul y Pucallpa. Su trazado más probable era llegar a Yurimaguas por el valle del Huallaga y penetrar a la Costa, posiblemente hasta Bayóvar, pasando por el abra de Porculla. Este proyecto tenía bastante lógica económica y aunque merecía muchos cuidados parecía ambientalmente viable (Dourojeanni, 2016). Pero antes de que eso madurara apareció otro cambio y ahora se habla de una ferrovía Brasil-Perú financiada por Alemania que pasaría por Bolivia, entrando al Perú por la Sierra Sur88. Todos esos proyectos de ferrovía son lamentablemente paralelos a carreteras e hidrovías existentes o en construcción. El sentido común indica que antes de hacer carreteras y de fomentar el escandalosamente ineficiente y ecológicamente absurdo transporte de carga en camiones, debió pensarse en el transporte ferroviario y fluvial, como ha ocurrido en Europa, en América del Norte y en los países llamados tigres asiáticos, que es una de las explicaciones a su mayor desarrollo. Pero, como dicho, hasta ahora no hay nada concreto. La principal razón del escaso desarrollo ferroviario es su elevado costo de construcción que es ampliamente compensado por su menor costo de operación y por sus impactos ambientales más controlables. Es bien sabido que el medio de transporte más barato, eficiente y ecológicamente apropiado es el hidroviario. Cargas enormes pueden ser transportadas eficientemente sobre grandes distancias con impactos socioambientales que son considerados mínimos. La vieja Europa cruzada por ríos y canales adaptados a la navegación desde antaño es un buen ejemplo de eso. La Amazonia peruana cuenta con algunos de los mayores ríos navegables del mundo, pero, contradictoriamente, no tiene ninguna hidrovía. Sin embargo, los ríos amazónicos han sido navegados por siglos. Grandes buques ya llegaban a Manaos y hasta Iquitos y Pucallpa a fines del siglo XIX y sirvieron para evacuar las riquezas naturales que la región ofrecía. Por eso no es nueva la idea de transformar los ríos de esa región en hidrovías lo que, además de su eficiencia energética, podría evitar la necesidad de construir algunas carreteras. Como parte de la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Sudamericana se planearon diez hidrovías en los principales ríos de la Amazonía peruana cubriendo más de 5.000 km, cuyos estudios ya se iniciaron. El Banco Interamericano ha aprobado en 2009 una cooperación técnica para financiar la preparación de un Plan de Desarrollo Hidrovial y de una evaluación ambiental estratégica del mismo (BID/PNUD, 1997). Sobre la base de esos estudios iniciales fue financiado une estudio detallado, que está concluido, para construir el proyecto ahora denominado Hidrovía Amazónica: ríos Marañón y Amazonas, tramo Saramiriza, Iquitos, Santa Rosa; río Huallaga tramo Yurimaguas-Confluencia con el río Marañón, río Ucayali, tramo Pucallpa-confluencia con el río Marañón, a partir de los estudios previos de navegabilidad. En la actualidad, este proyecto está a cargo de la Concesionaria 88 http://www.dw.com/es/alemania-se-asocia-con-bolivia-para-el-tren-interoce%C3%A1nico/a-38081343 90 Hidrovía Amazónica SA, de capitales chinos89. Tal como ha sido hecho, este proyecto está generando muchas dudas sobre los riesgos socioambientales que puede implicar. No hay duda que el trasporte acuático es mucho más atractivo en términos económicos, sociales y ambientales que sus alternativas terrestres. Su principal virtud deriva de la economía de combustibles fósiles que se necesitan para movilizar cargas muy pesadas sobre largas distancias ya que gran parte del esfuerzo es proporcionado directa y gratuitamente por el propio recurso hídrico. Pero tiene otras ventajas como el hecho de que las vías acuáticas existen naturalmente y que en consecuencia su costo de “construcción” es menor que en carreteras o ferrovías. Debido a la mayor eficiencia energética del transporte acuático el uso de las hidrovías, en principio, contamina menos y, por no atravesar nuevas áreas boscosas, ellas no facilitan la deforestación Los grandes ríos son la modalidad más sensata de ni la invasión de tierras públicas. Uno de sus transporte en la Amazonia. La navegación mejoría mucho si en ella existieran hidrovías. puntos débiles es el costo del manipuleo para embarque y desembarque de las cargas en los puertos, aunque los equipamientos modernos disponibles como en el caso de grúas para contenedores y fajas o tubos para granos y minerales, han abaratado mucho esas operaciones. Otros costos importantes incluyen el valor de las embarcaciones y el gasto en mantenimiento periódico de los canales de navegación y de las embarcaciones. Adicionalmente, deben se considerarlos los costos necesarios para evitar accidentes, en especial cuando se trata de cargas contaminantes. A pesar de las virtudes socioambientales de las hidrovías, la transformación de los ríos amazónicos en hidrovías plantea problemas inéditos que deben ser considerados con mucho cuidado. Sus principales inconvenientes ambientales que de ser correctamente enfrentados pueden implicar costos significativos, son las alteraciones que su construcción, uso y mantenimiento provocan en el ambiente físico y biótico de los ríos. Estas son más intensas cuanto menor sea el caudal del río afectado y cuánto mayor sean las modificaciones hechas y mayor el tránsito de embarcaciones. Eventos inesperados, como derrames de substancias contaminantes son muchísimo más serias en los ríos que en ambientes marinos debido al confinamiento del agua, a la corriente del río y a la existencia de riberas siempre próximas, con vegetación, fauna y población humana. En condiciones amazónicas, como se verá, todos esos problemas se agudizan y complican mucho más que en ríos de regiones templadas o frías Hay muchos tipos de hidrovías y muchas formas de hacerlas. En términos generales existen dos tipos de hidrovías: (i) las que adaptan el rio a las embarcaciones, construyendo un canal en su lecho o canalizando el río, inclusive con esclusas si son necesarias, como en el viejo mundo o; (ii) adaptando las embarcaciones al río, haciendo muy pocas modificaciones en éste, por ejemplo, apenas instalando señalización diurna y nocturna. Entre ambas opciones extremas existe, por cierto, una infinidad de alternativas. En el caso de la Amazonia el tema crucial es el de la eventual rectificación de los meandros del río para acortar distancias. Si eso se hace el impacto ambiental es muy grande. El impacto ambiental de las hidrovías también varía considerablemente con el calado, la forma y la velocidad de las embarcaciones y con su 89 https://mail.google.com/mail/u/0/#search/Hidrovia/16124337a43310bc 91 composición en el caso de usar convoyes y remolcadores. Estas características de las embarcaciones dependen de la prioridad que se otorgue a decisiones económicas referidas al tipo de cargas a ser transportadas o, en cambio, de la que se otorgue al costo de los impactos ambientales previsibles. Los principales problemas para la navegación en la Amazonia, además de la profundidad irregular o insuficiente y la falta de señalización, son: (i) curso cambiante de los ríos, en cada estación y cada año; (ii) rápido colmatado de los canales abiertos con dragas debido a la sedimentación; (iii) cambios constantes de la localización de bancos de arena y; (iv) los largos meandros fluviales que alargan mucho el tiempo de la navegación (especialmente en el Ucayali). La creación de una hidrovía en esas condiciones implica pues: (i) monitoreo constante de los cambios y difusión de las informaciones, (ii) el mantenimiento intensivo de los canales mediante dragado periódico y, eventualmente, (iii) la rectificación de meandros abriendo canales que eviten las interminables curvas de los ríos. Se complican estas actividades por el pobre conocimiento de la geomorfología fluvial de la Amazonia peruana, la falta de información hidrológica y la casi inexistencia de prácticas de manejo de las cuencas en esta región (McClain y Llerena, 1998). La tentación de cortar los meandros para acortar el viaje es el principal riesgo ambiental de las hidrovías (Muller) Son, pues, muchos los temas ambientales críticos a ser considerados. Los grandes ríos tropicales no son como los ríos europeos o norteamericanos. Su primera y más importante diferencia es su extraordinaria riqueza biológica, varias veces mayor en diversidad de especies y endemismos (Goulding, 1980). Por eso, el conocimiento (taxonómico y de ciclos vitales) sobre los peces amazónicos y otros elementos de la biota fluvial es esencial para hacer una evaluación ambiental seria, lo que es aún más importante por existir, en la región, numerosas especies amenazadas o raras . A eso se suma la existencia de especies aún desconocidas para la ciencia. De otra parte, los ríos amazónicos literalmente “caminan” (Kalliola, et al, 1987; García y Bernex, 1994) o sea que cambian continuamente de curso. Además, sus cambios de curso se incrementan cada año a consecuencia del aumento del volumen de los sedimentos, provocado por la deforestación creciente de las cuencas colectoras que, además, serán influenciadas por el cambio climático. Por eso los estudios deben desarrollar un modelaje de la deforestación actual y de la previsible y de los niveles de sedimentos en las cuencas de los ríos propuestos y en base a eso prever la magnitud de los cambios probables en el ya de por sí muy complejo sistema hidrológico regional (Salati y Vose, 1984). Esto es tanto más importante ahora considerando la incidencia del cambio climático en 92 los ríos de la Amazonia (Collichon, 2001). Por eso, no debe considerarse como margen o ribera el borde del lecho principal del río en el momento del estudio, sino que deben incluirse como rio los lagos --cochas-- o brazos abandonados, tahuampas y otras áreas inundables, o planicies de inundación que el río estacionalmente ocupa y por donde históricamente va y viene o deambula. La intensificación de la navegación y las alteraciones hidrológicas que las hidrovías producirán se sumarán a los numerosos problemas actuales como los derivados de la contaminación minera, petrolera, urbana, agrícola (agroquímicos y sedimentos por erosión) y, claro a la sobrepesca, caza y deforestación de riberas, entre otros. Por eso, además de estudiar el probable impacto sobre los recursos biológicos en general, deberá enfatizarse el análisis del impacto sobre las especies vulnerables y sobre la pesca regional. Un tema especial es el referido al análisis de riesgos de dispersión de animales y plantas invasoras provenientes de otros continentes adheridos al casco de buques o en su interior, los que pueden ocasionar perjuicios importantes a la agricultura o a la piscicultura y, asimismo, a la biota natural. El dragado es el principal impacto ambiental producido del que se derivan largas cadenas de eventos físicos y biológicos que afectan el ambiente del río. Todo indica que en estos casos habrá mucho dragado, mucho más que en el Brasil porque en el Perú se está más cerca de la fuente (los Andes) de los sedimentos. Los sedimentos pueden tener cargas de elementos contaminantes naturales o artificiales (McClain y Naiman, 2008) que serán removidos por el dragado y por la propia navegación. Además, los sedimentos removidos por el dragado de mantenimiento pueden formar depósitos más lejos, ocasionando los efectos mencionados y nuevos problemas para la navegación. Por eso es necesario el modelaje de deforestación y de generación de sedimentos antes mencionada. Además de lo anterior y entre otros temas más convencionales a considerar están : disposición del material de dragado, mantenimiento del canal, mantenimiento de las estructuras del canal, erosión ribereña, suspensión u deposición de sedimentos por efecto de la navegación, accidentes y encallamientos, ruido, cambios en la calidad del agua, impactos sobre la vegetación ribereña, los ecosistemas y hábitats acuáticos, plancton, macrófitas acuáticas, bentos, peces, aves acuáticas (especialmente las que nidifican en las playas), aves migratorias, tortugas de río, delfines, manatíes, lagartos, otras especies. La mera navegación pesada (remolque) perturba el agua, removiendo constantemente los sedimentos, ocasionando fuerte turbulencia y turbidez y desmoronando las márgenes del Hay trechos en los ríos que necesitan ser modificados río, lo que agrava el proceso, con impacto para permitir la navegación. Pero deben ser hechas con cuidado extremo. sobre los recursos hidrobiológicos, con mudanzas a veces radicales de sus hábitats y de todo el ecosistema. La tentación de rectificar los meandros va a ser enorme, pues aceptarlos implica viajes mucho más largos y, consecuentemente, más costosos. Pero, si en el proyecto se contempla la rectificación de meandros los impactos hídricos y ambientales pueden ser enormes pues, en los lagos costeros --cochas, o brazos de rio abandonados por el rio principal-- es donde se regeneran o reproducen los recursos hidrobiológicos, al igual que en los bosques inundables 93 estacionalmente --tahuampas. Al cortar y drenar esos lugares por medio de canales de navegación a priori se altera drástica e irremediablemente el ecosistema original, con impactos múltiples sobre la flora y la fauna terrestre y acuática y, por ende, sobre el modo de vida de los “ribereños”, en su mayoría absolutamente dependientes de la pesca. Tanto canales como rectificaciones de curso del río mediante canales aumentan la velocidad del agua en el río con otras consecuencias severas para la hidrobiología. Las modificaciones en la batimetría del río también alteran las corrientes y pueden ocasionar erosiones costeras perjudicando propiedades localizadas en la ribera y los bosques y la vegetación ribereña (Naiman et al, 2005). Por eso, si esa opción estuviese incluida, lo que no es deseable, deberán ser desarrolladas simulaciones sobre las implicaciones hidrológicas de esas aberturas para determinar su procedencia. Accidentes con embarcaciones que transportan substancias toxicas en ríos pueden ocasionar, en un solo evento, perjuicios irreparables y hasta definitivos para el caso de algunas especies. Hasta accidentes pequeños, como el ocurrido recientemente para un trecho del Marañón (a ser convertido en hidrovía) pueden tener consecuencias severas. Por eso el tema de la seguridad de la navegación y las precauciones para evitar/eliminar la posibilidad de accidentes masivos con substancias tóxicas debe ser punto esencial de los estudios. Otro tema de gran importancia es el paso de la hidrovía en el área de influencia directa de áreas protegidas importantes, trechos en los que deben tomarse medidas muy especiales para no alterar el régimen hidrológico ni las riberas. Por ejemplo, la Reserva Nacional PacayaSamiria será afectada directamente por dos de las proyectadas hidrovías, pero no es la única. Medidas cautelares y compensatorias deben ser especialmente diseñadas. Sumando ventajas y restando desventajas cabe poca duda que usar los cursos de agua naturales de la Amazonía es una buena idea que ya debió ser mucho más aprovechada. Parece incomprensible, en efecto, la construcción de costosas carreteras paralelas a grandes ríos navegables, inclusive el propio Amazonas, como en el caso de la carretera Iquitos-Nauta que, dicho sea de paso, continúa desconectada del sistema vial nacional casi treinta años después de terminada. Tamaña irracionalidad fue denunciada cuando apenas se iniciaba la construcción de esa vía (Dourojeanni 1981, 1990), pero eso no alteró la decisión que en verdad se sustentaba en intereses particulares; y ese hecho continúa siendo una realidad ya que otras carreteras paralelas a los ríos navegables ya existen o están previstas. Por razones esencialmente económicas esto ocurre igualmente en muchos países desarrollados, donde carreteras y ferrocarriles corren paralelos a hidrovías. Es decir que las hidrovías no garantizan que no se hagan carreteras y que, en consecuencia, los impactos ambientales de ambos pueden conjugarse y sumarse. En conclusión, no cabe duda de que el potencial de navegación de los ríos amazónicos debe ser aprovechado pues ofrece enormes ventajas económicas, ambientales y sociales sobre sus alternativas terrestres. Sin embargo, dadas las características peculiares de la Amazonía peruana, sus ventajas ambientales dependen del tipo de hidrovías que sea decidido hacer. Como se ha expuesto, mientras más se opte por adaptar la navegación al río, menores y más tolerables serán los impactos. Si se opta por lo contrario, o sea, adaptar el río a la navegación, haciendo infraestructuras que afectan la hidrología y la estabilidad ecológica, sus impactos ambientales y por ende económicos y sociales pueden ser muy elevados. El tema más sensible en este caso es la eventual rectificación del curso de los ríos, cortando los meandros y/o abriendo los lagos ribereños. Las consecuencias de esta decisión incidirían, más que cualquier 94 otra, en la diversidad hidrobiológica de la Amazonía, posiblemente la mayor del mundo tropical. En ese caso, el daño puede ser irreversible (Palmer, 2010). Por eso, en los estudios técnicos de factibilidad y de impacto social y ambiental, es fundamental que el gobierno peruano, en especial sus ministerios de transporte y ambiente, así como la sociedad civil estén muy atentos a exigir que esos estudios sean de la más alta calidad y a que sus resultados sean oportuna y abiertamente discutidos con la población afectada y con los expertos al nivel nacional e internacional. El resultado, dependiendo del énfasis, puede resultar en una hidrovía “ecológica” o en una hidrovía con serias secuelas ambientales. Hidrocarburos ¿Hasta cuándo? Petróleo y gas son conocidos de la Amazonia peruana desde hace mucho tiempo, pero su explotación comenzó con intensidad en los años 1970, especialmente concentradas en los ríos Pastaza, Tigre, Corrientes y en la parte ecuatoriana del Napo. Ese periodo de explotaciones iniciales fue desastroso para la región ya que se realizó sin ninguna precaución ambiental o social y, en verdad, constituye uno de los hechos más vergonzosos acontecidos durante La extracción de petróleo en la Selva crea una serie de impactos el gobierno militar de Velazco ambientales y sociales y pocos beneficios económicos (eluniverso) Alvarado y Morales Bermúdez y que fue continuado durante el segundo gobierno de Belaúnde Terry. Solo comenzó a mejorar a partir de los años 1990 y especialmente en los años 2000. Los impactos se producen en dos etapas, la de exploración y la de explotación. Especialmente durante la perforación y explotación de los pozos se generan millones de litros de agua salada y toneladas de lodos que, además, contienen muchos elementos químicos peligrosos, sin hablar de los frecuentes derrames de petróleo, todo lo que si son desviados a los cursos de agua ocasionan una alteración ecológica drástica y elevada mortalidad de plantas y animales tanto acuáticos como terrestres (Gómez, 1995). Yusta-Garcia et al (2017) estimaron que las actividades petroleras han vertido al cauce de los ríos una media de 5 TM de plomo al año, 8 TM de cromo hexavalente, así como 3,7 TM de sal al año. Estas grandes concentraciones de metales pesados y sales ha modificado la composición química de las cabeceras de los ríos del Amazonas. Los autores estiman que en la actualidad, las aguas del río Amazonas superan en un 30% su concentración natural de sales. A eso debe sumarse su impacto en términos de degradación del bosque, la caza abusiva y la reducción extrema del potencial pesquero de los ríos regionales. Hasta comienzo de los años 1990 la explotación petrolera escandalosamente mal hecha provocó una verdadera hecatombe ecológica en los valles de los ríos arriba antes mencionados. También tuvo consecuencias sociales enormes, habiendo sido el origen de la proliferación de barrios miserables en las grandes ciudades, especialmente en Iquitos. 95 El segundo y más reciente boom petrolero en la Selva fue mejor diseñado, ejecutado y monitoreado, pero tampoco ha sido o está siendo inocuo. Peor aún es constatar que ha pasado de ocupar con fines de exploración 15% de la Selva a más de 70% de la misma casi totalmente superpuesto a tierras indígenas y a áreas protegidas de uso directo (Gamboa, 2009) y sigue aumentando con la puesta en subasta de más lotes y que el área bajo explotación aumenta y ya se realiza en 7 lotes. Desde 1999 ya se habrían perforado 646 pozos nuevos de los que 252 son activos. Es decir que a pesar del comportamiento más comedido de las empresas, las amenazas para la Amazonia no han cesado, al contrario. A eso se sumó la explotación de gas. Su existencia era conocida desde hace décadas, especialmente en el Aguaytía, pero es solo en 2004, con el inicio de la explotación de los yacimientos del gas de Camisea, en el Bajo Urubamba, Cuzco, después de veinte años de su descubrimiento, que comenzó a dar sus frutos y también nuevos problemas ambientales. El origen fue un contrato de operaciones de 1981 del gobierno con la Shell sobre dos millones de hectáreas en la cuenca alta del Ucayali que, apenas, en 1987 Gas de Camisea. En esta explotación hubo un intento reveló la existencia de un vasto yacimiento serio de hacer una explotación de bajo impacto ambiental. de gas natural en el rio Camisea. El entusiasmo que generó este hallazgo dio paso en 1988 a la negociación a de un acuerdo para la explotación del gas de Camisea entre Shell y PetroPerú que se arrastró por largo tiempo, con participación de nuevas empresas y actores, hasta que en el 2000 fue firmado un contrato con un consorcio liderado por la Pluspetrol. Las reservas de Camisea son del orden de los 8,7 trillones de pies cúbicos de gas y de 545 millones de barriles de hidrocarburos líquidos. La producción inicial del yacimiento es de unos 9 millones de metros cúbicos diarios extraídos de seis pozos. En cuanto a los ductos de transporte para llegar a la Costa son tres, más o menos paralelos, de los que dos son operados por la Transportadora de Gas del Perú (TGP), uno de gas, con una extensión de aproximadamente 540 km que llega a Paracas, y otro de líquidos de gas, de 714 km que llega a Lurín y; otro de gas, operado por la Perú LNG que, con 408 km llega hasta la Pampa de La Melchorita, en Cañete. Esta operación, en su conjunto, es la mayor inversión ya realizada en el Perú, sumando en sus tres fases (extracción en el Bajo Urubamba, transporte por los ductos y la planta de licuefacción y puerto) más de US$5.500 millones. Entre los actores financieros del proyecto Gas de Camisea estuvieron el Banco interamericano, la Corporación Financiera Internacional, la Corporación Andina de Fomento y el Ex-Im Bank de EEUU. Estos pasaron a exigir sus propios patrones ambientales y sociales y eso, sin duda, contribuyó mucho a evitar que se repitiera, con el gas, los errores cometidos antes con el petróleo. Esos bancos ejercen una fiscalización apretada, la empresa aplica reglamentos bastante estrictos y, entre otras medidas, se creó un panel de supervisión. También se implantaron diversos mecanismos relativamente eficientes de monitoreo, control y participación. No fue ni es perfecto, pero definitivamente no se reprodujeron en el Camisea los problemas ocurridos en el Norte de Loreto. Sin embargo, cabe criticar al gobierno peruano que concedió contratos petroleros en tierras de indígenas en aislamiento voluntario y cerca de áreas protegidas importantes y que, pero, no está cumpliendo su parte para evitar mayores perjuicios a esos indígenas ni invirtiendo suficientemente en las áreas protegidas. 96 Además, se están produciendo situaciones inesperadas y lamentables que van más allá de los que pueden ocasionar accidentes en la explotación y transporte de hidrocarburos. La larga serie de condicionantes ambientales y sociales que la empresa cumple en el caso del Gas de Camisea son incumplidas por las autoridades municipales e, inclusive, regionales que usando y abusando del canon que reciben de la empresa, hacen mucho de lo que ésta se ha comprometido a no hacer en pro de evitar impactos ambientales y sociales negativos. Financian carreteras en lugares donde la empresa solo está permitida de usar helicópteros para evitar invasiones o explotación ilegal de madera o caza furtiva o, como ya fue el caso, conectaron la región del Alto Urubamba con el VRAEM, facilitando la expansión del narcoterrorismo. También dejan que la gente entre al Bajo Urubamba sin obedecer las estrictas reglas de vacunación impuestas, fomentan el aumento de la densidad poblacional sin brindar servicios de agua, desagüe y tratamiento de aguas servidas y residuos sólidos y, en general, contradicen gran parte de lo que fue arduamente negociado por el gobierno nacional y los financiadores con la empresa, precisamente para elevar la calidad de la vida en la región. En términos generales, se constata un abrumador malgasto o mal uso del canon petrolero (Munilla, 2010). Es obvio que el Perú no puede ni debe dejar de explotar sus recursos naturales y que debe asimismo aprovechar la coyuntura favorable internacional. Lo que siempre falta en esos casos que incluyen el petróleo y los minerales y asimismo la energía hidroeléctrica, es evitar que su explotación perjudique grave e irremediablemente los recursos renovables, como el agua y la vida. Eso implica cuidados que son caros pero que son insoslayables para garantizar el futuro de la nación. Y eso es lo que empresarios y gobiernos de turno siempre olvidan. Ese es un comportamiento comprensible en los empresarios, pero absolutamente inaceptable e imperdonable en el caso de los gobiernos. Gobernantes que permitieron o permiten esos abusos deben ser perseguidos con la misma vehemencia y compromiso con el que se persigue a los mandatarios que comenten crímenes contra la humanidad ya que, de eso se trata Hidroenergía ¿Cómo y para quién? En el rápido proceso de ocupación de la selva peruana, caracterizado durante las últimas décadas por infraestructura vial, explotación petrolera y aurífera, además de las actividades agropecuarias y forestales habituales, ha surgido otro elemento determinante. Se trata de la explotación del potencial hidroeléctrico. Este tema ha tenido varios episodios de los que el más conocido se derivó de la firma el 28 de abril de 2009 de un memorando de intenciones que debería culminar con la puesta en operación de un número indeterminado de grandes represas en los ríos de la selva alta peruana para abastecer la insaciable demanda energética del país vecino. En esencia, el tal memorando plantea permitir que el Brasil estudie, financie, construya y opere hasta quince grandes hidroeléctricas en territorio peruano para abastecer sus necesidades de energía, comprando al Perú gran parte de la energía producida. Las seis hidroeléctricas escogidas prioritariamente por el Brasil son Inambari (2.000 MW), Sumabeni (1.074 MW), Paquitzapango (2.000 MW) , Urubamba (940 MW), Vizcatan (750 MW) y Chuquipampa (800 MW) y, claro, las líneas de trasmisión correspondientes que serían integradas al sistema brasileño. El costo total de las seis obras sería del orden de los 16 mil millones de dólares y el primer proyecto seleccionado fue el del río Inambari, en la confluencia de Madre de Dios, Cuzco y Puno, que costaría unos 4,847 millones de dólares. Apenas para brindar una idea de lo que se trata, Inambari sería, en términos de generación de energía, la mayor represa del Perú y la quinta mayor de América Latina, con un área de 97 inundación de casi 40.000 hectáreas, la deforestación o degradación probable de hasta 308.000 ha y el desplazamiento de unas 8.000 personas. Más aún, transportar la energía hasta la interconexión con el sistema brasileño implica 810 km, atravesando selva en parte intocada y abriendo camino a invasores y madereros (Serra, 2010). Poco después de la firma del memorando se descubrió que existía desde antes del mismo un consorcio de empresas brasileñas y peruanas (Egasur) que ya disponían de créditos --US$2.500 millones-- principalmente del Brasil, para iniciar el trabajo a pesar de que no se conocía ningún estudio de factibilidad serio y mucho menos un estudio de impacto ambiental que, según decían, estaba apenas siendo ejecutado. Puede ser verdad que nada de eso fuera un “secreto de estado”, pero es innegable que el gobierno no hizo ningún esfuerzo para divulgar ese acontecimiento tan importante. Eso generó un escándalo político importante. Artículos del autor y de Mariano Castro90, entre otros que los sucedieron; comunicados de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, ProNaturaleza, Derecho Ambiente y Recursos Naturales, Oxfam y de otras entidades, firmados por muchas personalidades; diversos eventos públicos y menciones en los periódicos y la prensa televisada; protestas de los indígenas Ashaninka que serían afectados por la represa de Paquitzapango, un importante estudio sobre el caso desarrollado por ProNaturaleza (Serra, 2010) que fue ampliamente divulgado en Cuzco, Puno y Madre de Dios culminaron en manifestaciones masivas, huelgas y bloqueos de carretera, con muertos y heridos en esos tres departamentos, algunas protestas en el Congreso Nacional y, finalmente; las empresas y el gobierno comenzaron a titubear. A mediados de 2011 el Ministro de Energía y Minas comunicó oficialmente que la concesión otorgada a Egasur había caducado. El tema fue luego estudiado y repudiado en el Congreso. El impacto ambiental de Inambari, aunque considerable, podría ser menor que el de las otras represas propuestas. Dourojeanni et al (2010) estimaron que las 15 grandes represas que el Brasil negocia con el Perú podrían inundar unas 392.000 ha e influenciar casi 3 millones de hectáreas. La mayor de todas es la planeada en el Pongo de Manseriche. En el Brasil, por ejemplo, las represas han dejado gran parte del país sin ríos no explotados con una o más obras para fines energéticos, con gravísimas y bien documentadas implicaciones sociales y ambientales. 90 Dourojeanni, M. 2009 Preguntas sobre hidroeléctricas en la Amazonía peruana Rios Vivos, 15/06/2009 (http://riosvivos.org.br/a/Artigo/Preguntas+sobre+hidroelectricas+en+la+Amazonia+peruana/1386); Castro, M. 2010 Castro: Inambari no responde a una necesidad energética peruana, sino a una brasileña Lunes 18 de Octubre, 2010 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=7306) ; 98 Es perfectamente razonable que el Perú venda energía que no necesita a los países vecinos, como el Brasil, tal como cualquier país lo hace con este o cualquier otro recurso. Eso es normal, deseable y forma parte del proceso de integración continental. Pero antes de tomar la decisión debe realizar todos los estudios económicos, sociales y ambientales que garanticen que los beneficios serán mayores que los perjuicios, o sea que será rentable en esos tres términos. Los beneficios económicos deben asegurar, además, un mínimo de daños sociales y ambientales o las compensaciones adecuadas. Es más, en este caso debe hacerse una evaluación socio ambiental estratégica que aborde la totalidad del programa hidroeléctrico de la Amazonía y no solamente la del Inambari. Una cosa es “una represa” en la selva alta y otra, muy diferente, es de 6 a 15 o más en los principales ríos nacionales. Además, se sabe que, apenas en el Inambari, podría haber otras cinco represas para “explotar mejor” el potencial. Cada río de la Amazonía podría, en efecto, ser convertido en una sucesión de lagos artificiales, como ya es el caso con varios ríos brasileños. Existen planes para construir 151 nuevas represas de más de 2 MW para los próximos 20 años en la cuenca alta amazónica. De esas 79 estarían en territorio peruano, además de las 26 que ya existen en este país en esa cuenca. Las hidroeléctricas planeadas se harían sobre los seis principales tributarios del Amazonas. Los autores estiman que 47% de tendrían un impacto ambiental elevado. Entre otros, el 60% ocasionarían un corte en la conectividad biológica entre la parte alta y baja de los ríos y el 80% ocasionarían fuerte deforestación, entre muchos otros males (Finer y Jenkins, 2012). Estudios más recientes ratifican esos riesgos y los amplían mucho (Anderson et al, 2018). Existen otros argumentos para no tener prisa en ceder el potencial hidroeléctrico peruano al país vecino. En la actualidad no hay déficit energético en el Perú. El que está previsto en breve puede ser fácilmente suplido por céntrales hidroeléctricas pequeñas y baratas, en condiciones andinas, especialmente en el sur, donde los lagos artificiales pueden realmente contribuir a mejorar el ambiente en lugar de degradarlo. De otra parte, siendo cierto que Inambari es el sitio que, en términos comparativos y relativos, ofrece las mejores condiciones geográficas, geológicas, ecológicas y hasta sociales para hacer una central hidroeléctrica es, a todas luces, mejor retener esa oportunidad para los intereses peruanos y no cederlo graciosamente a los brasileños. Finalmente, el Perú tiene que reformar previamente el plan de su matriz energética, apuntando mucho más a fuentes no tradicionales de energía como la eólica y la solar, entre otras y dejar de poner tanto peso en las energías hidráulica y fósil. La única forma de legitimar un programa de centrales hidroeléctricas en la Selva Alta es divulgándolo y discutiéndolo seriamente en los niveles nacional, regional y local y en las instancias políticas, académicas y populares. No se debe repetir la triste experiencia de la carretera Interoceánica que fue decidida con estudios socioambientales mal hechos e inútiles, pues ya estaba financiada y en plena construcción cuando estos fueron terminados. La minería anárquica y devastadora El oro de la Selva movió la expedición de Orellana en los albores de la conquista de América del Sur y ha sido el motivo de muchos de los avances sobre la Amazonia. En 1960 el autor recorrió el rio Madre de Dios en compañía de una familia de gambusinos que, como gran innovación a la siempre usada batea, cargaban una pequeña bomba movida por un motor Brigg & Stratton, de esos que antes se usan en los “peque-peque” tradicionales. Aun así, el sector de ese rio conocido como Laberinto ya era muy concurrido por los buscadores de oro y sus playas ya estaban muy removidas. Pero, la procura de oro, en realidad, se ha dado en un 99 gran número de ríos amazónicos desde hace muchísimas décadas y oscila, como hasta el presente, con el precio de este metal que, por desgracias, es patrón monetario. Sin embargo, la situación actual en el Perú es terrible y no tiene nada que ver con la mencionada arriba. Se parece, eso sí, a la ocurrida en el Brasil en la ahora famosa Serra Pelada que, en la década de los 1970 y 1980, llegó a concentrar a unos 80.000 gambusinos o garimpeiros, en una de las muestras más tristes de la miseria y la degradación humana. Pero, a partir de los años 1980 ese tipo de actividades se dispersó y aumentó en todo el Brasil, especialmente en la Amazonia, llegando a reunir entre 650.000 y un El impacto ambiental de la minería ilegal de oro es inmenso: millón y medio de personas dedicadas deforestación, erosión de suelo, contaminación, etc. a esa actividad. Fueron (Pronaturaleza). particularmente agresivos y dañinos en Rondonia y en el Norte de Mato Grosso, donde usando dragas y equipamiento terrestre pesado no solo contaminaron con mercurio y sedimentos, hasta niveles indescriptibles, los ríos, sino que alteraron para siempre la topografía de valles enteros. En ese periodo se registraron simultáneamente hasta 25.000 dragas apenas en el rio Madeira. Dourojeanni y Padua (1992) hicieron una amplia descripción de la tragedia social, ambiental y económica que esa actividad ilegal representó en el Brasil. Nada tan grave había ocurrido en el Perú hasta que, en 2003, a consecuencia del buen precio del oro (unos US$1.000 por onza), comenzó una nueva racha de entusiasmo que se concentró en Madre de Dios. En teoría en ese departamento existe una zona minera potencial con más de 627.000 ha. Casi un tercio de esta extensión, que en 2010 tenía unos 2.000 derechos mineros titulados en los ríos Madre de Dios, Inambari, Colorado y Tambopata, está sobrepuesto con áreas naturales protegidas, tierras de comunidades nativas, concesiones maderables, de conservación, ecoturismo y reforestación. La búsqueda de oro que se realiza en las orillas de antiguos cursos fluviales, más la explotación de oro en placeres auríferos aluviales, está provocando la depredación de un área cada vez más extensa, aunque concentrados en La Pampa, Guacamayo e Iberia. Además de Madre de Dios se han identificado lugares de intensa actividad en Utiquina y Nueva Requena (Ucayali) y en Macuya (Ucayali/Huánuco). Pero, en realidad, esa actividad ilegal se reproduce en menor escala en numerosos puntos de la Selva. Se estima (Álvarez et al, 2011; Swenson et al, 2011) una extracción de oro anual superior a las 550 mil onzas de oro (o sea, entre 16 y 18,000 kg de oro por año) que utiliza de manera intensiva unos 35,000 kg de mercurio en el proceso de amalgama, y cuyo derivado altamente tóxico, el metil-mercurio, no se recupera en el proceso productivo91. En este contexto, solamente 24 concesiones mineras tienen la llamada licencia ambiental, que de cualquier modo es un papel que no se usa. Los gobiernos locales deberían recibir en promedio unos 91 Se estima que se consumen 2.8 kg de mercurio por cada kilogramo de oro amalgamado. Según el PNUMA, las explotaciones ilegales de oro en todo el mundo son la segunda mayor fuente de contaminación mercurial. 100 US$650 a 700.000 por año por concepto de canon minero. En lugar de eso reciben apenas unos US$17.000. Todo el resto es blanqueado o contrabandeado, es decir que no paga impuestos, dejando para el Perú mucha destrucción de la naturaleza, enfermos, delincuencia y prostitución, entre otros gravísimos problemas para el futuro. Según el Minam en 2010 se han detectado en Madre de Dios las operaciones más de 550 grupos de equipos compuestos por cargadores frontales, volquetes y bombas y; también, más de 150 dragas en los ríos que se valorizan entre 200 mil dólares a un millón de dólares cada una, más de 800 chupaderas (Álvarez et al, 2011). Todos esos equipos usan derivados del petróleo como combustible. Se estima en más de 4.100 barriles diarios el consumo de diésel y gasolina que se utiliza preferentemente en las operaciones mineras intensivas. Lo más grave es que según Swenson La degradación humana en la minería ilegal es tanta et al (2011) la tendencia de esta explotación es como la de la naturaleza (Pronaturaleza) al crecimiento no lineal debido a la demanda global creciente y a su precio (que sube 18% al año). Estos autores demuestran que la velocidad de deforestación por minería en esa región (1.915 ha por año en el lapso 2003 a 2009) es mayor que la deforestación por otras causas en ese departamento y que tiende al aumento rápido. Toda semana llegan nuevas evidencias de la rápida expansión del desastre social y ambiental que ocasiona la minería ilegal en Madre de Dios. Nada puede esconderse a los satélites y el daño está amplia e incontestablemente documentado. En 2017 se deforestaron 20.826 ha, situando la deforestación de ese año como la más alta de los últimos 17 años92. En el 2016, la deforestación en Madre de Dios fue de 17.055 hectáreas. Si bien no toda esa deforestación es por minería esa es su causa principal y ya habría sumado unas 80.000 ha o más según otras fuentes, gracias al apoyo decidido de autoridades que construyen los caminos por los que llegan los mineros, sus equipos y sus insumos y que les brindan apoyo en toda forma a su alcance. En Madre de Dios la minería ha suplantado la agricultura como principal causa de la deforestación, algo que jamás se imaginó pudiera ocurrir en la Selva. En el gráfico 2 se muestra la progresión de la deforestación en Madre de Dios. Llevará décadas, quizá siglos, devolver alguna utilidad a esos suelos pero eso no importa a los mineros amparados por una serie de hechos y correlaciones tortuosas que incluyen: (i) la dominación de “empresarios” inescrupulosos que fomentan o realizan directamente esas actividades mineras mediante inversiones en maquinaria, insumos y capital operativo, que no obedecen la legislación, que no pagan impuestos, que explotan a los trabajadores que someten y, que se benefician de la producción ilegal y de la comercialización; (ii) la presencia de miles de campesinos y otros trabajadores que se transforman en verdadera “carne de cañón” de los anteriores y que, alegando su pobreza y falta de alternativas, presionan al gobierno y a las autoridades para respaldar a sus patrones y desobedecer la ley; (iii) autoridades nacionales y regionales y políticos de todo cuño que apoyan esa actividad por intereses personales o de grupo, partidarios o sectoriales y; (iv) la incapacidad del gobierno de ponerse de acuerdo sobre una visión o un plan y de cumplirlo seriamente, siendo particularmente detestable la 92 SPDA 2017 Madre de Dios: En el 2017 la deforestación superó las 20 mil hectáreas Miércoles 17 de Enero, 2018 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=48190) 101 actitud del Ministerio de Energía y Minas que ampara la minería ilegal y sabotea la ministerio del Ambiente, sin ninguna vergüenza. Gráfico 2. http://www.actualidadambiental.pe/?p=48190 basado en MAAP Lo más triste en este asunto es que el Ministerio de Energía y Minas y gran parte del gobierno y del poder legislativo han apoyado descaradamente ese tipo de minería a pesar de su carácter ilegal, de las evidencias del perjuicio que acarrea al ambiente y a la sociedad y, también, pese a que ni siquiera trae beneficios fiscales y de que constituye una vergüenza para el país, casi tanto como el hecho de que el Perú sea asimismo un campeón mundial en producción de drogas. El Ministerio no solo publicita la existencia de oro sino que, contra toda lógica, otorga impúdica y arrogantemente derechos mineros que violan el sentido común tanto como mucho de la legislación vigente, a la que no dan la más mínima atención. Es verdad que en términos formales los derechos mineros En abierto sabotaje a las medidas contra la minería titulados no facultan la explotación, pero el ilegal, el oro producido por ésta es en gran parte Ministerio sabe, porque él mismo lo permite, comprado por el propio Estado, blanqueándolo. que es práctica común usar el derecho titulado como “derecho a explotar” y porque no ejerce ningún tipo de control sobre ese uso ilícito de los derechos y, peor, porque en cada ocasión de conflicto toma vergonzosamente el lado de los mineros ilegales contra otras autoridades, por ejemplo, cuando los gambusinos invaden áreas naturales protegidas. Para colmo, el propio gobierno compra buen parte del oro producido ilegalmente, blanqueándolo y facilitando la actividad. Pero, al margen del comportamiento dubio del gobierno, este tipo de tragedias sociales tiene su sustento en la miseria y en la falta de oportunidades que son muy propios de la Sierra Sur 102 del país, especialmente de Puno y Cuzco, de donde proviene la mayor parte del contingente de gambusinos. Estos, como frecuentemente se olvida, son pobres rurales que, por milenios, han combinado actividades agropecuarias con las mineras. Por eso es tan difícil remediar la situación ya que de una parte, existe una tragedia humana real y presente, para cuyos actores la búsqueda de oro parece una solución y; de otra, el dinero que el negocio del oro crea, corrompe todo lo que está cerca, empezando por las autoridades. Quién, como los ministros Antonio Brack y Manuel Pulgar-Vidal, desde el Minan, pretendieron enfrentar el problema a partir de 2009, tuvieron que salir al frente de la derecha corrupta que defiende hacer riqueza fácilmente y de la izquierda igualmente corrompida que dice defender a los pobres. Todo es mentira, ya que la inmensa mayoría de los pobres que vienen de la Sierra trabajan en semiesclavitud y regresan tan pobres como salieron y, además, enfermos o envenenados. Pero eso no importa, de cualquier modo, ellos son “carne de cañón” para los dueños de las pequeñas y medianas empresas que explotan el oro que, en realidad, no tienen nada de artesanal ni, realmente, de “pequeña” minería93, para enfrentar a la policía en las huelgas e interrupciones de carreteras que los primeros junto con los políticos de izquierda y derecha fomentan y, claro, para sus catadores de votos en periodos electorales. La Amazonía se urbaniza y tuguriza Durante mucho tiempo, especialmente en virtud del mito de la Amazonia "vacía", pasó desapercibido un fenómeno que ahora es omnipresente. La Amazonia se ha urbanizado tanto y tan rápido que aproximadamente el 60% de la población habita en ciudades. Esa cifra es largamente superada en el Brasil, donde más del 70% de la población amazónica es urbana94. Cuarenta años atrás apenas el 3,5% de la población amazónica de ese país vivía en las ciudades. Las dos ciudades más grandes de la Amazonía están en el Brasil: Manaos, con 1.739.000 habitantes y Belem do Pará, con 1.438.000 habitantes. Pero, si Belén, en Iquitos, una barriada que revela las lamentables se consideran las regiones condiciones de vida de gran parte de la población urbana de la metropolitanas, esos números suben a Selva (Diego D.) 2.210.000 para Manaos, incluyendo otros 7 municipios aún no conurbados y la de Belem, con 2.041.000 habitantes con cinco municipios conurbados Hay otras 7 ciudades brasileñas con más de 200,000 habitantes Muchas de esas ciudades, crecieron en promedio más de 50 veces desde 1940 y continúan creciendo a tasas que superan toda posibilidad de proveerlas con los servicios necesarios. 93 Las inversiones en equipo terrestre o en dragas suman cientos de miles o millones de dólares cada una y son financiadas por empresarios de baja calaña, muchos de ellos usando dinero del narcotráfico o mal habido. También, cada día hay más dinero brasileño y chino invertido en esa actividad ilegal. 94 Romero, S. 2012 Crecimiento de ciudades de la Amazonía inquieta a científicos New York Times Dec. 13, 2012 (http://www.nytimes.com/2012/12/12/world/americas/crecimiento-de-ciudades-de-laamazonia-inquieta-a-cientificos.html) 103 En el Perú, solo el 54% de la población amazónica es urbana, pero crece rápidamente. Como es bien conocido, las mayores concentraciones son las de Iquitos (438.000 habitantes) y Pucallpa (270.000 habitantes), pero ciudades como Tarapoto (117.200 con distritos próximos), La Merced (114.000 habitantes), Satipo (94.000 habitantes), Moyobamba y Oxapampa (poco más de 70.000 habitantes), Contamana y Yurimaguas (poco más de 61.000 habitantes), Puerto Maldonado (unos 40.000 habitantes) y varias más están también creciendo rápidamente. Aunque los déficits en cuestiones de educación y salud son grandes, aún mayores son las carencias de agua potable, desagüe, plantas de tratamiento, drenajes y manejo de residuos sólidos. La falta de pavimentación crea severos problemas de contaminación del aire por polvos sedimentables durante la estación seca. Gran parte de la población urbana sufre de pobreza crítica y habita en "barriadas" que, en muchos casos, son aglomerados de palafitos o casas flotantes. Pero, al mismo tiempo, existe una proliferación y gran dispersión de pequeños centros poblados en el área rural, donde la provisión de servicios es muy difícil. Apenas en Loreto se cuentan 1.275 centros urbanos diminutos o pequeños. La pobreza rural explica en gran medida la migración hacía las ciudades. La ciudad, inclusive en las barriadas, permite disponer de más y mejores servicios que en el monte. Escuelas, puestos de salud, recreación, disponibilidad de energía eléctrica y, en especial en el caso del Brasil, acceso a todas las ventajas financieras que el último gobierno otorgó a los pobres (bolsa familia, bolsa escuela, bolsa gas, etc.) atraen números crecientes que, a pesar de sus dificultades, están satisfechos. En la Selva Norte, debe recordarse, el crecimiento urbano más rápido se dio con la exploración petrolera de los años 1970 y 1980 que requirió ingentes números de “trocheros” que luego se quedaron desocupados e expandieron los barrios miserables especialmente en Iquitos. En la actualidad el mayor movimiento migratorio dentro del Perú se realiza a consecuencia del oro de Madre de Dios, departamento que desplazó a Lima como el departamento más atractivo, captando el 14,8% de la migración interna entre 2002 y 2007. La fiebre del oro ha creado campamentos, en verdad gigantescas barriadas donde antes no había nada, como Mazuko, entre otros centros poblados del distrito de Huepetuhe . En la Selva Alta existen ciudades mejor estructuradas y, en ellas, la ocupación informal de la tierra aunque inadecuada no se ha visto forzada a ocupar áreas inundables como en Iquitos o Pucallpa. Los famosos palafitos, estúpidamente presentados como atractivos turísticos de Iquitos, crean condiciones sanitarias incomparablemente peores que las barriadas en tierra seca, pues se consume el agua en la que se vierten los desagües crudos. Ojalá que los males urbanos amazónicos se limitaran a la falta de saneamiento básico y a sus consecuencias en la salud. Lo que más ha proliferado con el “desarrollo”, especialmente con las grandes obras viales y la explotación de hidrocarburos y de recursos mineros, es la prostitución infantil. El crecimiento económico mal administrado trae ese mal que también se refleja en una explosión de gravidez infantil. Según datos del INEI obtenidos a través de la Encuesta Nacional de Hogares, la incidencia de la pobreza en la Amazonía peruana fue de 48,4% en el 2007. Asimismo, como era de esperarse, la pobreza en la Selva urbana (40,3%) es menor que en la Selva rural (55,3%). Lo que es inesperado es que la pobreza en el ámbito urbano selvático sea más alta que la pobreza en el ámbito urbano de la Sierra. La desnutrición crónica en niños menores de 5 años al primer semestre del 2009 era de 26,3%, un poco más elevada que el promedio nacional de 24,2%. La pobreza urbana es evidente en la periferia de todas las ciudades amazónicas donde, como dicho, existen enormes barriadas, obviamente sin 104 servicios de agua, desagüe o recolección de residuos, los que también son escasos o inexistentes para la población de clase media. En el medio rural el problema de la desnutrición es más severo a consecuencia de la disminución del stock de recursos pesqueros y de fauna silvestre, que tradicionalmente han sido fuentes considerables de proteína. En gran medid a consecuencia de la desnutrición a lo que se suma la falta de servicios de salud adecuados, la Selva es terreno propicio para el desarrollo de numerosas enfermedades (CabezasSánchez, 2014). Obviamente, la malaria y el dengue son muy comunes y la fiebre amarilla y la lepra reaparecen crónicamente. Apenas en 2015 y 2016 se presentaron más de 50.000 casos de malaria solo en Loreto, donde la incidencia de esta enfermedad es grande. Infecciones por hantavirus y otros, así como leptospirosis, hepatitis y En la Selva los residuos urbanos que no van directamente al meningitis son frecuentes. El mal de río o son despejados en el monte. Chagas es común en las zonas más secas de la Selva. Las enfermedades de transmisión sexual como el VIH y la sífilis tienen una incidencia muy significativa, especialmente en Loreto y Madre de Dios. Los problemas respiratorios como la neumonía, la faringitis y la bronquitis también son comunes y frecuentemente asociados a los friajes. Contaminación en todas sus formas La Amazonia, como los océanos y lagos, recibe y concentra todos los residuos producidos en la porción de los Andes que corresponde a la cuenca amazónica. El principal contaminante, por su volumen, son los sedimentos provenientes de la erosión de las laderas andinas que a su vez es esencialmente el resultado de la deforestación seguida de una agricultura mal conducida. Esos sedimentos, en proporciones normales, es decir naturales, son beneficiosos ya que de ellos depende la fertilidad propia de los ríos blancos o lechosos de la Selva y de sus áreas inundables o varzeas. Pero en las proporciones enormes con las que ahora llegan, esos sedimentos son responsables principales de las inundaciones que asolan la Selva Baja y asimismo de las dificultades crecientes para la navegación fluvial. Lamentablemente, los sedimentos fruto de la erosión no son los únicos contaminantes en la Selva. Tres fuentes de contaminación son siempre mencionadas y, en efecto, merecen serlo. Estos son la explotación de hidrocarburos, la extracción de oro y el cultivo y procesamiento de la coca. La explotación de hidrocarburos, en su fase productiva, es sin duda el más conocido y constante factor de contaminación en las áreas en que se extrae el petróleo y a lo largo de los ductos (Finer et al, 2008; Rosell-Melé, 2018) Los principales impactos ambientales de la exploración, explotación y transporte de hidrocarburos en la Amazonía incluyen contaminación del agua, del suelo y del aire por: (i) emisión de residuos de petróleo y lodos que destruyen la productividad de los suelos y afectan los recursos hidrobiológicos; (ii) emisión de agua residual caliente y salada que altera los ecosistemas acuáticos y reduce el potencial de los recursos hidrobiológicos; (iii) emisión de sustancias tóxicas --toda clase de elementos tóxicos como cromo, selenio, plomo, manganeso, etc. contenidas en los lodos y 105 aguas residuales-- que envenenan los suelos y el agua y que se acumulan en la biota; y (iv) emisiones gaseosas --quema de gas en fase de prueba de pozos-- diversas que afectan el entorno natural y humano. Y, aunque no debería ocurrir, son frecuentes los derrames de crudo en el bosque y en los cursos de agua, por rupturas o fallas, con graves secuelas para el ecosistema y para la población. En el caso de la explotación de oro el problema más conocido es la contaminación por el mercurio usado para recuperar y separar el oro, lo que los mineros hacen en condiciones deplorablemente inseguras para ellos y para el entorno, liberando el veneno a los cursos de agua donde entra en la cadena alimentaria llegando finalmente a los humanos, que, en gran parte de Madre de Dios, así como en otras regiones de la Amazonia, exhiben concentraciones peligrosas de ese metal (Brack et al, 2011). Con la migración de los peces el Además del uso abusivo de mercurio, la erosión de suelos tóxico no solo afecta río abajo, sino que ribereños es otra grave consecuencia de la minería ilegal lo hace asimismo rio arriba. Los (Pronaturaleza) indígenas del Parque Nacional del Manu, entre otros95, donde nunca hubo explotación de oro, también muestran mercurio en los exámenes que se les práctica. Pero, en verdad, la minería ilegal también genera volúmenes enormes de sedimentos que afectan seriamente a la biota acuática y asimismo despeja decenas de otros contaminantes en el agua, además de combustibles y aceites. Otro estudio demuestra que la contaminación minera ha afectado la mitad de las cochas y más del treinta por ciento de los aguajales del departamento, comprometiendo la regeneración del estoque pesquero, ya gravemente afectado por la contaminación directa e indirecta de los ríos. El caso de las plantaciones de coca y la producción de pasta básica de cocaína también es importante fuente de contaminantes, que incluyen toda clase de agrotóxicos para mantener alta la productividad, así como una vasta gama de productos químicos y solventes para el procesamiento de la pasta (Dourojeanni, 1992). Se trata de una fuente importante de contaminación, sin embargo, la principal fuente de contaminantes es la agricultura tanto perenne como la transitoria, en forma de fertilizantes, insecticidas, herbicidas y fungicidas, que se usan generalmente en doses abusivas, por desconocimiento. Aquí no se trata solo de la agricultura de Selva, sino que también de Sierra, en la cuenca amazónica. Es decir que se trata de una superficie muy considerable, siendo además algunos cultivos serranos grandes consumidores de esos productos. Todos esos venenos terminan en los cursos de agua amazónicos, envenenando a peces, animales, plantas y, por cierto, a la gente que los consume y bebe su agua. Entonces, agua y por ende suelos, son muy contaminados en la Selva y lo son más día a día. Pero debe recordarse que los incendios de chacra y los incendios forestales, así como otras 95 Hill, D. 2018 Remote Amazon tribe hit by mercury crisis, leaked report says The Guardian (https://www.theguardian.com/environment/andes-to-the-amazon/2018/jan/24/amazon-tribe-mercury-crisisleaked-report) 106 quemas también lanzan a la atmosfera millones de toneladas de contaminantes, sin mencionar aserraderos y motores generadores de energía. Las industrias, en especial las forestales, arrojan al río todos sus desechos, enormes volúmenes de aserrín entre otros. Por si fuera poco, el crecimiento de la población y de los entornos urbanos añaden otras formas de contaminación como son el agua servida y la basura que, si son enterrados, lo son de forma precaria, terminando siempre todo en los ríos. Caza y pesca: Cada día menos y más difícil En los años 1960 la fauna y la pesca eran todavía tan abundantes en casi toda la Selva que el Perú aún se daba el lujo de exportar legalmente, apenas entre 1962 y 1966, más de 1,4 millones de cueros y pieles. La salida ilegal debía duplicar ese número y a eso aún había que sumar un elevado porcentaje de desperdicio (cueros y pieles malogrados por la propia caza o podrecidos por mala conservación) o de cueros y pieles no comercializados. Es decir que, cada año, debían matarse El tráfico de animales vivos es uno de los crímenes más por lo menos un millón de animales de detestables contra la fauna (gestionambientaleda). cuero (sajino, huangana, venado, lagarto blanco, lagarto negro, ronsoco, etc.) y de piel (tigrillo, jaguar, nutria, puma, lobo de rio, etc.). En los años subsiguientes el número fue cayendo rápidamente hasta ser casi nulo bien antes de la prohibición de su caza comercial. El caso de los animales vivos fue en todo similar. Millares de pájaros de vistosos colores, en especial guacamayos y otros psitácidos y monos, además de serpientes y una enorme lista de animales (más de 130 especies fueron registradas) salían profusamente de la Selva peruana a todo el mundo (Grimwood, 1969; Dourojeanni, 1972). Las cifras de las décadas anteriores a los años 1960 eran abismalmente mayores e incluían la persecución despiadada de tortugas charapa, tanto adultos como huevos. Lo más notable es que en aquella época los indígenas y los ribereños, así como inclusive los agricultores de origen costeño y serrano no pasaban hambre. Los estudios de Pierret y Dourojeanni (1966, 1967) seguidos una década después por los de Rios et al (1972), Gaviria (1981) y Dourojeanni (1985) mostraron como esa población se nutría bien en términos de proteínas animales, pero, también demostró cómo, en poco más de una década eso cambió aunque no al punto en que se encuentra en la actualidad. De una mesa harta, de carne de monte y pesca, se pasó a una situación de notoria deficiencia que afecta principalmente a los indígenas, a los campesinos andinos que invaden la Selva y a los ribereños. La causa de la debacle de la población de fauna terrestre ha sido, sin duda, la presión de caza comercial seguida del aumento de la población rural y, en ambos casos, de la falta de cualquier tipo de manejo, como antiguamente practicaban los indígenas mediante rotación de campos de caza y vedas estacionales para determinadas especies. Mucho de eso se debe, también, a la dispersión de la agricultura y de las operaciones petroleras y madereras, cuyo personal practica la caza para variar sus dietas monótonas. La contaminación derivada de la 107 explotación petrolera, de la minería y de la agricultura y de la urbanización también ha contribuido a despoblar de presas la Selva. Un estudio reciente (Benitez et al, 2017) pasa revista minuciosa a los impactos de la caza sobre las poblaciones de aves y mamíferos. Dentro del contexto social la pesca sustenta la dieta de aproximadamente el 90% de la población ribereña y el 70% de la población de las ciudades. Los volúmenes globales de extracción pesquera en la Amazonia peruana han sido calculados en alrededor de 80.000 TM, siendo 25% de la pesca comercial y 75% de la pesca de sostenimiento. En la Amazonía peruana se explotan unas 70 especies de peces para consumo humano, donde el boquichico, llambina, sardina, ractacara, dorado, palometa, maparate, doncella, yulilla y lisa, Cada vez menos pesca, de especies menos apetecibles y con constituyen actualmente tamaños menores (Pronaturaleza). aproximadamente el 80% de los desembarques. El consumo per cápita de pescado y mariscos en la Amazonía peruana está en el rango de 19,6 a 36 kg/año en las ciudades como Iquitos y entre 56 y 101 kg/año en las comunidades ribereñas. La oferta de pescado en la ciudad de Iquitos se caracteriza por ser irregular, comportamiento típico de una pesquería multi-específica, regulada por el régimen hidrológico (Álvarez y Ríos, 2010). El estoque pesquero de los ríos y lagos ha sido igualmente grandemente afectado como se observa en las estadísticas de captura. La reducción ha sido posiblemente mayor que la de la caza, debido igualmente a la pesca comercial abusiva, usando embarcaciones relativamente grandes y aperos de pesca ilegales para suplir la demanda de las áreas urbanas como para exportar peces ornamentales. Ninguna pauta de manejo ha sido observada y la situación es cada día más grave. Pero, aun más que en el caso de la fauna terrestre, la acuática es afectada por la contaminación en todas sus formas y por la alteración del lecho de los ríos debido al uso de dragas y a la navegación cada vez más intensa. La falta de pescado en los cursos de agua aledaños a los lugares donde viven es trágica para las comunidades indígenas para los pobladores rurales más pobres de la Selva Baja. El abastecimiento de pescado apenas en Iquitos, que atrae la producción regional, ha caído de 20.835 TM en el año 1999 a 14.135 TM en el año 2006 (Dourojeanni, 2013). La piscicultura, es decir la acuicultura dedicada a peces, h a progresado mucho en la Amazonia peruana y eso es buena noticia, pero, debe llevarse en cuenta que mejor que hacer eso hubiera sido y continúa siendo mantener la productividad natural de los ecosistemas acuáticos que, como se sabe, era proverbial antes de que se iniciaran los abusos por todos conocidos que incluyen la violación de todas las reglas existentes para proteger el recurso. Nunca se respetaron los periodos de veda, cuando ocurre la “mijanada” o migración reproductiva de los peces, ni los tamaños mínimos de las redes ni tampoco el de los propios peces, ni ninguna otra medida para cautelar el recurso, como por ejemplo la creación de zonas reservadas. Algunas de estas fueron creadas ya en la década de los años 1940, como lo que hoy es la Reserva Nacional Pacaya-Samiria, pero, aún hoy, gran parte de esa área protegida está sometida a pesca ilegal, al lado de uno de los mejores y más exitosos programas de manejo de paiche en 108 cochas naturales. El Estado, en lugar de cumplir su papel de controlador de los abusos, muchas veces fomenta el uso irracional apoyando a los pescadores comerciales, financiando la compra de embarcaciones mayores y construyendo facilidades portuarias y frigoríficos o promoviendo la venta de pescado amazónico en la Costa. Es decir, el mundo al revés. La situación de la explotación de peces ornamentales es en todo similar a la de pesca para consumo. En 1982 se estimó la captura anual en 16 millones de ejemplares, de los cuales gran parte morían antes de ser vendidos al exterior. Ese negocio movió millones de dólares y aún continúa, aunque restringido por la creciente escasez. En 2007 existían La piscicultura es una buena opción de producción pero ofrece unas 28 empresas que exportaban muchos riesgos para las poblaciones naturales (Ono). oficialmente más de nueve millones de peces por valor de US$2,5 millones y que involucran especies de 36 familias transportadas desde las cuencas de la selva hasta 1.100 km del centro de exportación de Iquitos. Sin embargo, la mayoría de los peces se recolectan cerca de la ciudad, con 10 especies que representan más del 70% del volumen comercial. Alrededor de diez mil personas obtienen ingresos del comercio, entre ellos muchos pobres de las zonas rurales que dependen de la recolección de peces de acuario como fuente primaria o suplementaria de ingresos en efectivo. Actualmente, la industria está experimentando una transición importante hacia el suministro de nuevos mercados asiáticos y europeos (Moreau y Coomes, 2007). Es decir que la piscicultura aparece como respuesta al abuso de la pesca llamada artesanal que comúnmente es informal o ilegal y que en general es tan comercial como la que declara serlo, y a la consecuente falta de pescado proveniente de fuentes naturales. Y, aunque en este momento esa sea una alternativa positiva, que debe ser estimulada especialmente para aliviar las carencias alimentarias de las poblaciones rurales, está lejos de ser la ideal pues, como todo, también tienen inconvenientes. Esta opción se materializa a través de la producción de pescado en base a especies nativas (por ejemplo, paiche, paco, gamitana y otros) en lagos (cochas) naturales, bien sea libres o en jaulas o, en condiciones totalmente artificiales, o sea en pozas y estanques (diversas especies, inclusive exóticas y peces coloridos ornamentales). Es obvio que la alternativa más ecológicamente adecuada y la de menos costo o mejor relación costo-beneficio es la del manejo de poblaciones de peces en cochas o lagunas naturales. Esta es la opción que debe recibir la máxima prioridad. Pero, en muchos casos, especialmente en la Selva Alta, simplemente no es posible por la inexistencia de cochas. En esos casos la piscicultura o acuicultura convencional es la única opción disponible. Los principales riesgos ambientales de la acuicultura son: (i) alteración drástica de la biología de lagos (cochas) y otros ambientes acuáticos sensibles al usarlos para acuacultura extensiva, como consecuencia del favoritismo a unas especies sobre otras y de la contaminación; (ii) contaminación del agua resultante de los efluentes dos tanques de engorde (DBO5, nitrógeno, fósforo y sólidos suspensos) y de los residuos alimentario; (iii) uso excesivo de drogas, antibióticos y otros productos químicos para control de las enfermedades de los peces u otros seres utilizados; (iv) utilización ineficiente, o sea desperdicio, de raciones y otros productos para la producción de peces y otros animales acuáticos; (v) propagación de enfermedades del cultivo a las poblaciones nativas: (vi) eventuales conflictos con otros usuarios de los recursos 109 hídricos y, (vii) eliminación de bosques y de vegetación de áreas inundables para implantar pozas o hacer lagunas artificiales. Obviamente, otro impacto y este de enormes proporciones, es la introducción involuntaria o voluntaria de especies exóticas en el ambiente amazónico, las que pueden convertirse en invasoras con impactos de consecuencias imprevisibles96. Por eso debe evitarse hacer acuicultura con cualquier especie exótica, aunque ya existen varias siendo producidas en esa región. Tampoco es recomendable la práctica, ahora tan común en el Brasil, de crear híbridos de especies nativas o de hacer cruzamientos entre especies próximas de cuencas diferentes, lo que trae pocas ventajas y que potencialmente agrava la situación de los estoques naturales. Especialmente importante es el tema de la alimentación y de las heces. Ellas provocan un aumento del nivel de nutrientes produciendo el fenómeno conocido como bloom de fitoplancton con disminución o desaparición de comunidades de plantas perennes que son reemplazadas por otras de crecimiento rápido y con reducción de la diversidad en la flora y la fauna asociada. El desarrollo de masas (blooms), aunque de vida corta, puede convertirse en molestia para la pesca, la navegación o, si fuera el caso, uso de las playas por bañistas. También pueden provocar cambios en la distribución vertical de las algas bentónicas pudiendo provocar reducción en la entrada de luz en la columna de agua con incremento de la población de organismos bentónicos filtradores y detritívoros y aumento del consumo de oxígeno heterotrófico llegando al agotamiento del oxígeno y al desarrollo de los sistemas anóxicos con la producción de sulfato de hidrógeno. Eso, obviamente, redunda en mortalidad de plantas y animales principalmente bentónicos, disminución de la diversidad del zooplancton y de las especies de peces. El cambio del clima ya se siente y cuesta mucho Que se está produciendo un cambio acentuado en el clima mundial ya no es materia de discusión. Lo que se discute es el grado de influencia de las actividades humanas en ese cambio, pues, del mismo modo que hay pruebas claras de éstas, también hay evidencias de que existen cambios naturales más o menos cíclicos que pueden estar incidiendo e interactuando simultáneamente. Las causas naturales de los cambios climáticos pueden ser externas a la Tierra (variaciones solares, orbitales) o terrestres (deriva continental, composición atmosférica, corrientes oceánicas, campo magnético) y han impactado muchas veces y en diferentes formas en el pasado. Las causas antropogénicas son bien conocidas e incluyen el uso de los combustibles fósiles como fuente de energía y una serie de otras actividades humanas, entre ella la agricultura y la Los humedales amazónicos conservan enormes volúmenes de expansión urbana que conllevan la carbono en forma de turberas. Una de las principales es la del eliminación o degradación de los abanico del Pastaza (Pronaturaleza). ecosistemas naturales y la deforestación, lo que tanto libera anhídrido carbónico y otros gases de efecto invernadero a la atmosfera 96 La introducción del paiche en Bolivia ha generado bonanza económica pero puede tener consecuencias imprevisibles para los demás recursos hidrobiológicos ( https://es.mongabay.com/2017/11/paiche-se-fuerte-laamazonia-bolivia/) 110 como deja de fijarlos. En ese contexto, el rol que puede tener la Amazonía para agravar el problema si se le deforesta o para limitarlo si se mantienen sus bosques naturales o se plantan nuevos donde fueron extirpados, es considerado muy importante. Sin embargo, debe recordarse que, en ese papel, los mares son aún más importantes que los bosques. Las evidencias disponibles (Nepstad, 2007, Fearnside, 2008; Salati et al, 2009) revelan que la elevación de la proporción de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases en la atmósfera y la consecuente elevación de la temperatura mundial tendrá repercusiones drásticas sobre la Amazonía, aún en el caso de que se materialice la proyección más moderada (2°C). Los científicos estiman que el sur de esa región será impactado por una elevación de la temperatura, reducción de alteración de la pluviosidad y el correlativo aumento de incendios, provocando un proceso de sabanización que podría eliminar gran parte de las especies allí conocidas. Es muy posible que parte de la Selva Sur peruana, especialmente la parte baja de Madre de Dios, sufra esas consecuencias. Pero la Selva también será afectada por sequías más drásticas, así como por periodos de precipitaciones excepcionalmente fuertes, con gravísimas consecuencias para el desarrollo de las actividades agropecuarias y para el desarrollo urbano, que en su mayoría están instalados en la proximidad de los ríos. En 2008, los hielos de la Cordillera Blanca ya habían perdido 26% de la extensión que tenían en 1977 y el mismo proceso se da en todos los Andes97. En el Perú, todos los glaciares que están por debajo de los 5.100 metros ya han desaparecido. A 2010 el Perú había perdido el 57% de la cobertura de sus glaciares, lo que quiere decir que se está quedando sin gran parte de una de sus principales reservas de agua para el futuro. Es, pues, fundamental tener esas informaciones en cuenta para el diseño del futuro, tanto en la misma Sierra como en Costa y Selva. Relativamente pequeños cambios de temperatura van a impactar severamente en la biota amazónica, pues sus especies de plantas y animales no tienen tolerancia a esas variaciones. La mayor diversidad biológica de la Amazonía se encuentra en la llamada Selva Alta, donde las especies, muchas de ellas endémicas y sus biocenosis viven en pisos ecológicos determinados en una gradiente que va de 100 msnm a 3,800 msnm. La rapidez prevista de los cambios climáticos no permitirá que las especies que huyen de la elevación de temperatura del piso inferior puedan adaptarse a la biocenosis del piso superior y, de cualquier modo, en las laderas andinas, la línea de árboles es un límite infranqueable para las especies del bosque. O sea que, de cualquier modo, tanto en la Selva Alta como en la Baja puede esperarse una hecatombe biológica. Ver un amplio y minucioso análisis, grupo por grupo, de las consecuencias biológicas más probables de este hecho en la biota andino-amazónica en Herzog et al (2011). La deforestación no solo aumenta el nivel de CO2 atmosférico, sino que fragmenta los ecosistemas y aísla porciones de estos, cortando toda posibilidad de escape de las especies que no soportan los cambios. A eso debe sumarse el tema de las especies invasoras. Estas, dispersadas por el transporte humano, pueden ser favorecidas por los cambios climáticos, consiguiendo imponerse en ecosistemas donde antes no existían y provocar cambios enormes, en general degradantes en cuanto a diversidad, servicios ambientales y valor económico. La ciencia está demostrando, a partir del hecho evidente de que ninguna especie vive en el vacío, que esos cinco factores --aumento del CO2 atmosférico, elevación de la temperatura, deposición de nitrógeno, fragmentación de ecosistemas y especies invasoras-actuando combinados resultan aún más peligrosos que cuando se analiza su impacto aislado, 97 La misma fuente cita que esos y otros datos permitirían suponer que los pueblos andinos y costeños del Perú enfrentarán una grave crisis por falta de agua a partir de 2025 (Folha on line de 16/07/2008) 111 dando lugar a procesos y hechos inusitados e insospechados, en su enorme mayoría casi todos negativos en términos ambientales. Esto ha sido descrito como la descomposición de un ecosistema y la reconstrucción de otro, muy diferente, con los elementos sobrevivientes del original La cuestión del cambio climático de influencia antropogénica motivó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (1993) y luego su aditivo, el Protocolo de Kioto (1997). Estos instrumentos, reexaminados en Paris (2015) tienen por objetivo reducir las emisiones de gases que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O) y tres gases industriales: los hidrofluorocarbonos (HFC), los perfluoroclorados (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF6). A partir de esos acuerdos internacionales se han creado una serie de mecanismos económicos para aportar a sus propósitos. Esos incluyen bonos de carbono, impuestos sobre el carbono, comercio de derechos de emisión e, inclusive, lo que se llama una economía de bajo carbono. Estos mecanismos son oportunidades para contribuir a conservar bosques tropicales, en este caso El cambio climático reduce la humedad disponible y el riesgo de incendios dentro del bosque y amazónicos. El Mecanismo de Desarrollo Limpio aumenta contribuye a la sabanización de la Amazonia. (MDL) es un acuerdo suscrito en el marco del Protocolo de Kioto que permite a los gobiernos de los países industrializados y a las empresas (personas naturales o jurídicas, entidades públicas o privadas) suscribir acuerdos para cumplir metas de reducción de gases de efecto invernadero. El MDL considera el derecho a emitir CO2 como un bien canjeable y con un precio establecido en el mercado de tal modo que pueden emitirse bonos de carbono que sirvan para transacciones que permitan mitigar la generación de gases invernadero, beneficiando a las empresas que no emiten o disminuyen la emisión y haciendo pagar a las que emiten más de lo permitido. Un bono de carbono, de los que existen tres tipos, representa el derecho a emitir una tonelada de dióxido de carbono equivalente y se traduce en certificado de emisiones reducidas que puede ser vendido o comercializado en el mercado de carbono a países industrializados, de acuerdo con una nomenclatura especificada por el Protocolo de Kioto. Los tipos de proyecto que pueden aplicar a una certificación son, por ejemplo, generación de energía renovable, eficiencia energética, forestación o reforestación, limpieza de lagos y ríos, entre muchos otros. En 2005 fue aceptado el concepto de reducir emisiones causadas por deforestación --RED por sus siglas en inglés--, lo que luego fue expandido incluyendo las que son causadas por la degradación de los bosques (REDD) y finalmente se añadió a esto el tema de la conservación de la biodiversidad, el manejo sostenible de los bosques y el aumento del almacenaje de carbono (REDD+). La motivación fue la constatación de que la reforestación no conseguiría compensar la deforestación y la quema de bosques. El termino REDD significa, en castellano, “reducción de emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la deforestación y la 112 degradación de bosques” o, simplemente, reducción de emisiones por deforestación y degradación. Ya hay instrumentos financieros creados para desarrollar operaciones REDD y REDD+, y de estos los principales son la preexistente Global Environmental Facility (GEF) y, específicamente creados, están entre otros, la Forest Carbon Partnership (FCF) del Banco Mundial y el UN-REDD Program, que depende de las Naciones Unidas. Debe mencionarse asimismo el Forest Investment Program (FIP) que es un programa piloto del Climate Investment Fund (CIF) también vinculado al Protocolo de Kioto. El tema del REDD y del financiamiento de la conservación de los bosques naturales ha sido motivo de un reciente análisis (Luján y Silva-Chávez, 2018) El Perú es país parte de la Convención y del Protocolo de Kioto y, por eso, en la 14ª y la 15ª Conferencia de las Partes confirmó su propósito de tener una participación activa, remitiendo a la Secretaria, en 2010, el documento sobre las Acciones Nacionales Adecuadas de Mitigación que lo comprometen a reducir la deforestación a cero hasta 2020. El Perú asimismo ha sido seleccionado como uno de los 6 países que serán experiencias piloto para usar fondos del FIP y, para acceder a esos recursos, debe identificar sus necesidades mediante el diseño de una estrategia de prontitud REDD+. Este proceso ya ha sido iniciado por el gobierno y está en fase de aprobación. Otra de las decisiones del gobierno para atender ese compromiso fue la creación, en 2010, del Programa Nacional de Conservación de Bosques para la Mitigación del Cambio de Climático (PNCB) que depende del Minam y que ya recibió apoyo substancial del gobierno japonés. Pero, existen varias otras fuentes de cooperación técnica y financiera internacional que están apoyando al Perú en el propósito de alcanzar una deforestación cero, fijada en 54 millones de hectáreas conservadas, en 202198, como ofrecido internacionalmente por el Ministro Antonio Brack. Obviamente, el país ha adoptado también una serie de otras medidas de carácter político, legal e institucional para ese fin (Capella y Sandoval, 2010; MINAM/PNCB, 2010) No es del caso insistir en los riesgos que implica el cambio climático para la humanidad ni el rol que cabe a la Amazonia en agravarlo o mitigarlo. Baste mencionar que para el año 2000 las emisiones peruanas de CO2 se estimaron en 142.124 Gg. Según ese inventario (MINAM, 2006), que incluye todos los parámetros considerados en el Protocolo de Kyoto, el cambio de uso de la tierra (es decir la deforestación) es responsable por más del 77% de las emisiones nacionales, es decir que mucho más que las generadas por la energía (17%) y por la agricultura. Pero, en ese informe se considera que la regeneración del bosque --purmas-removió prácticamente el 50% de las emisiones99, con lo que concluye que las emisiones totales peruanas fueron de 119.419 Gg y que la deforestación, de ser así, solo aportó 47,5% del equivalente carbono lanzado a la atmosfera por el Perú, lo que eleva proporcionalmente la participación del consumo de energía y de la agricultura. En esos cálculos aparentemente no se incluyó el carbono contenido en el suelo. Es interesante anotar que a nivel mundial el 80% de las emisiones globales de carbono proviene de la quema de combustibles mientras que a nivel de los países suramericanos y africanos la mitad o más proviene del cambio de uso de la tierra lo que, por las cifras expuestas, es típicamente el caso del Perú. Se desconoce la situación actual de las emisiones peruanas de gases efecto invernadero, pues no se ha actualizada ni perfeccionado el estudio mencionado. Pero es evidente que el relanzamiento 98 Aunque deseable, ese propósito parece inalcanzable habida cuenta de la realidad peruana, caracterizada por una gobernancia notablemente débil. 99 Esta interpretación es altamente discutible y poco probable. Su justificación depende de admitir que prácticamente no hubo deforestación en el Perú durante más de una década y además, que la vegetación secundaria es equivalente, en su biomasa, a los bosques naturales. 113 económico del Perú y la construcción de inúmeras obras viales en la Selva deben haber aumentado significativamente las emisiones de carbono y otros gases. Los cálculos hechos por el Minam para justificar el PNCB y a otras iniciativas de apoyo internacional son muy esquemáticos (MINAM/PNCB, 2010). Es necesario elaborarlos con mucho más detalle y mejor base científica y económica. El argumento usa apenas los siguientes elementos: (i) la existencia de 380 TM-CO2 equivalente/ha como promedio para la Amazonía peruana; (ii) dos precios alternativos (US$5/TM-CO2 y US$1/TM-CO2) y, (iii) dos opciones de deforestación anual media (90.000 ha/año y 150.000/ha/año). En el futuro debería llevarse en cuenta una serie de consideraciones adicionales como: (i) discriminar los tipos de bosques, (ii) determinar el status de manejo del bosque, pues éste y sus perspectivas de medio y largo plazo no son iguales en parques nacionales que en bosques sometidos a explotación en concesiones forestales; (iii) definir parámetros para estimar los niveles de degradación forestal pues implican diferencias significativas en el volumen de carbono retenido; (iv) determinar el volumen de carbono en el suelo ya que estudios recientes demuestran que se trata de una verdadera “bomba de tiempo” si escapa a la atmosfera (Fearnside, 2010); (v) evaluar el aporte de plantaciones forestales y frutales, así como que se continúe haciendo agroforestería y actividades silvopecuarias; (vi) llevar en cuenta los precios de la TM-CO2 que son muy variables y pueden ser mayores o menores que US$1 y US$5/TM-CO2 usados como base de cálculo; (vii) tratándose de deforestación evitada debe calcularse, obviamente, cuál es la situación real de la deforestación en la Amazonia peruana que ha aumentado considerablemente. En verdad el Perú, como los demás países, enfrenta el dilema de hacer en el corto plazo lo necesario para limitar el cambio climático, o de continuar haciendo más de lo mismo y en el medio plazo enfrentar las consecuencias anunciadas. Al nivel mundial, el costo de actuar contra el cambio climático es estimado en 1% del producto bruto mundial (alrededor de US$45 mil millones por año) pero el costo de la inacción sería 100 veces mayor (de US$4.400 a 5.200 miles de millones por año). Según Wilcox et al (1995) quienes hoy deforestan la Amazonia están destruyendo bienes que retienen carbono cuyo valor anual por hectárea oscila entre 1.500 dólares y 10.000 dólares para crear pasturas que apenas aportan 200 a 500 dólares por hectárea. El Brasil, por ejemplo, ha realizado un importante trabajo sobre la economía de los cambios climáticos siendo uno de sus primeros productos un estudio de la estimativa de ofertas de recursos hídricos en diversos escenarios de clima, que merece ser considerado pues, predice una reducción significativa de excedentes hídricos para la cuenca amazónica en territorio brasileño (Salati et al, 2009). Un estudio reciente (Aragon et al, 2018) en la Amazonia brasileña confirma la estrecha relación entre cambio climático e incendios. Las oportunidades para atacar el problema son a cada día mejor conocidas. Fleck et al, (2010) analizaron el costo de oportunidad de la conservación de los bosques: Sobre la base del cálculo de la rentabilidad de las actividades agrícolas, ganaderas y forestales convencionales en parte de Madre de Dios, los autores concluyeron que en 19% del territorio estudiado ninguna de ellas sería rentable, que en 35% del área el rendimiento sería de apenas US$100/ha/año y así sucesivamente. Solo en 19% del área la rentabilidad superaría los US$300/ha/ano (donde se explotaría madera noble). Así, sobre el 71% del área que será deforestada sería más rentable mantener los bosques si se pagara apenas US$0,16/T-CO2 y se podría conservar el 98% de los bosques si se pagara US$0,64/T-CO2. Los autores añaden que esos precios son muy bajos comparados con los valores medios que son pagados en el mercado voluntario de carbono para deforestación evitada, que bordean los US$9,4/T-CO2. 114 Este mismo razonamiento fue desarrollado a una escala mayor por un amplio grupo de especialistas para el Brasil (Nepstad et al, 2009). Este país viene soltando de 0,7 a 1,4 GTCO2/ano. En 2008 el gobierno ofreció reducir la deforestación en 20% de la tasa histórica hasta 2020. Para cumplir eso los autores estudiaron las alternativas y el costo de oportunidad y concluyeron que el costo estimado en los US$7 a 18.000 millones, según las alternativas y que el gobierno no tiene, podría obtenerse usando la nueva legislación americana sobre REDD, que generaría ingresos de entre US$37 y 111.000 millones de dólares entre 2013 y 2020. En el cálculo que se haga para el Perú deberá llevarse en cuenta que la deforestación de la Amazonia no es la única causa de emisiones de gases de efecto invernadero. En esa misma región hay emisiones importantes que salen de los cuerpos de agua, incluidos los extensos aguajales100 y, conforme a la previsión de construir un número grande de lagos artificiales, siendo el primero la central hidroeléctrica del Inambari. Estos lagos emiten gases de mayor impacto que el CO2, como el metano y el óxido nitroso y lo hacen durante toda su existencia. El caso del Inambari fue parcialmente estudiado revelando que podría generar 5,8 millones de T-CO2 en el primer año y 3,5 millones de T-CO2 anualmente durante el resto de su existencia. Esto implica que tan solo esa represa aumentaría en 2% las emisiones totales del Perú (Arana, 2009). Es bien sabido que el ciclo hidrológico está siendo directamente afectado por el cambio climático. Por eso, Este tema tiene, en el caso de la Amazonía peruana, tres dimensiones: Local, cuando el impacto incide en centros poblados que pueden carecer de agua para consumo o para usos agropecuarios o que sufren de irregularidad o de baja calidad, configurando típicamente casos de manejo de cuenca o, que sufre de procesos erosivos violentos como huaycos y aluviones. Esta escala es fundamental para la Selva Alta. Regional o nacional, cuando influencian, en su conjunto, en condiciones climáticas como la pluviosidad y actúan en la regulación de los flujos de agua en la Selva Baja, moderando el impacto de inundaciones y secas extremas. Internacional, pues lo que se haga o no se haga en términos de conservación de bosque en la Amazonia peruana termina impactando irremediablemente en la Amazonia brasileña. Los procesos de inundaciones y secas excepcionales que ya son social y económicamente drásticos en el Perú lo son muchas veces más en el territorio brasileño. 100 Asunto poco o nada estudiado, pero, sin duda, importante. 115 V. La gestión de la Selva: actores y sus acciones En este capítulo se pretende describir la situación actual de la Selva del Perú en términos de gestión --gobierno, gobernanza, planeamiento, administración-- y del rol de los diversos actores --sociedad internacional, nacional, regional y local, indígenas --así como el de las instituciones financiadoras, empresas constructoras-- en las decisiones que determinan el futuro de la región. La “Ley de la Selva”: la informalidad continúa gobernando la Amazonía No cabe dudar de la importancia y del carácter positivo de decisiones como la descentralización, la regionalización y la desconcentración administrativa que, por cierto, no son la misma cosa pero que todas son necesarias para una mejor gestión del territorio peruano. Este, sin ser muy grande lo es suficientemente para necesitar desesperadamente de esas medidas, en especial por la extraordinaria diversidad ecológica y humana del país que hace del Perú un país muchísimo más diverso que, por ejemplo, su enorme vecino, el Brasil. El centralismo limeño y la visión costeña del desarrollo han asfixiado al Perú por siglos y eso no podía continuar. La región más golpeada por eso ha sido, claro, la Selva por ser la menos representada en los niveles de gobierno y, asimismo, por ser la más diferente y la menos conocida. Lamentablemente, la regionalización y las medidas asociadas han sido tomadas lentamente, gradualmente, parcialmente y con avances y retrocesos muy dañinos. Quizá lo que más faltó fue la preparación de los cuadros para los gobiernos regionales, así como la asistencia técnica de alto nivel para apoyar los nuevos gobernantes a ejecutar su trabajo. Y, como al nivel nacional, los electores no saben votar y raramente escogen a los gobernantes adecuados, dada la falta de mecanismos de chequeo adecuados, la corrupción al nivel regional ha superado la nacional sino en volumen, en desfachatez. La incompetencia y la corrupción, juntos, han resultado en gobiernos regionales que, por el momento, son inoperantes o, peor, que obstaculizan el desarrollo, cualquier forma de desarrollo. Se debería abordar este tema describiendo la forma en que los departamentos amazónicos o con parte de sus territorios en la Amazonía son gobernados. Pero eso se resumiría en decir que desde que fueron creadas las regiones, que ahora se reconoce son, en verdad, los mismos departamentos históricos, dándoles creciente autonomía, incluyendo manejo presupuestal bastante independiente, elecciones de autoridades y hasta el pomposo título de “gobernador” para la autoridad principal, nada ha mejorado la capacidad de ejercer autoridad en los ámbitos que les corresponde. Aunque es evidente que eso se debe en parte a que las responsabilidades que el gobierno nacional les transfiere no incluyen la transferencia proporcional de personal calificado y de presupuesto, no es posible ocultar que, como dicho, la causa principal es la manifiesta incompetencia aumentada por niveles elevados de corrupción de esas autoridades y de sus equipos. Hay casos, como el de la elección del gobernador de Madre de Dios en 2015, que establecen un típico caso en que la delincuencia asume y ejerce el poder. La corrupción escandalosa que se instaló en Loreto durante el periodo 2007 a 2014, es otro caso, entre muchos, de desperdicio de recursos y de predominio absoluto del desgobierno. Es pues evidente que el tema de la gobernanza en la Selva no ha mejorado desde décadas atrás y que en muchas formas, debido a la mayor población y al mayor número de iniciativas 116 públicas y privadas, ha empeorado. Hay, por ejemplo, situaciones de caos social completamente inéditas en esa región, como las derivadas de la minería informal de oro y la dispersión de cultivos ilegales, sin mencionar las que están asociadas a la actitud del gobierno nacional que ha generado reacciones sin precedentes como las que se resumen en el “Baguazo”. Pero, como se ha visto, la incapacidad para gobernar no se limita a esos casos más notables sino que existe prácticamente en cada actividad que se realiza en esa región. La mayor parte de la agricultura es informal tanto como la explotación de madera, la caza, la pesca y, por cierto, la minería. También es informal gran parte de la actividad comercial del mismo modo que la navegación y el transporte en general. La capacidad para hacer cumplir la legislación es bajísima y en muchos casos es solo aparente pues lo usual es que la esencia de la ley esté siendo violada. El caso de los “planes de manejo forestal”, ya comentado, es apenas un ejemplo. Otro, por cierto, son los esfuerzos para formalizar la minería ilegal en Madre de Dios. Contrariamente a lo que se cree, el término “gobernanza”, a pesar de su similitud con el término inglés governance, es ahora buen español. Según el Diccionario de la Real Academia Española, gobernanza es el “arte o manera de gobernar (para) el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la Sociedad Civil y el Mercado de la Economía” mientras que gobernabilidad se refiere a la “cualidad de gobernable”. Hay que recalcar el segundo componente de esta Invasión y deforestación de tierras bajo control de la definición de gobernanza, sobre el sano Fuerza Aérea en Madre de Dios. Ni siquiera las equilibrio entre el estado, sociedad civil y el Fuerzas Armadas consiguen imponer orden. mercado, ya que frecuentemente hay un sesgo ‘estatista’ y hacia la gestión meramente gubernamental en el concepto de gobernabilidad. Dicho de otro modo, gobernanza es un nuevo concepto que en su definición general analiza el funcionamiento del Estado, pero también su interacción y relación con otros actores públicos y privados. Por lo tanto, cuando se lee governance, en inglés, se debe pensar en gobernanza más que en gobernabilidad. De cualquier modo, no hay unanimidad sobre su significado que, además, varia si aplicado al nivel nacional o al internacional. La capacidad de una nación de gobernarse depende de muchos factores que, en el caso del Perú y de su Amazonia, están ausentes o insuficientemente presentes. El principal elemento faltante, como perspira de numerosas páginas de este mismo libro, es un nivel de disciplina social mínimo para que las pautas de convivencia sean suficientemente respetadas como para posibilitar la realización de un gobierno que realmente beneficie a la mayoría. Esto pasa por una serie de requisitos de los que probablemente el principal sea la educación, especialmente la que genera civismo, es decir el conocimiento y reconocimiento del límite individual, familiar o grupal con relación a los derechos de los demás. A falta de educación, cuyo nivel asimismo depende de cierto nivel de gobernanza, estableciendo un primer segmento de un círculo virtuoso, debe haber autoridad que, gradualmente, sea suplida por el autocontrol que brinda la educación. Ese, dicho sea de paso, ha sido el camino de países asiáticos como la China, Corea y, antes, del Japón. Curiosamente, el Perú que vivió inúmeras tiranías ==o 117 dictaduras-- no aprovechó de ellas101 para crear el nivel educativo que implica autodisciplina social. Posiblemente eso se deba a que la mayoría de las tales dictaduras además de ser relativamente blandas y de corta duración, carecían de planes ambiciosos y, especialmente porqué eran tan incompetentes cuanto, en otros casos, corruptas. Es así que la capacidad de raciocinio político o cívico de la población sigue siendo tan escuálida que no crea condiciones de gobernabilidad. El resultado de eso es el imperio en todo el Perú, pero especialmente en la Amazonía, de la “ley de la selva”. La “ley de la selva”, expresión que pretende equiparar el desorden que supuestamente existe en la jungla, donde en teoría domina el más fuerte, con la forma en que la sociedad humana se maneja es equívoca. En realidad, en términos ecológicos, en la jungla predomina el orden y el equilibrio basados en leyes precisas, inapelables e implacables. Pero, aunque sea equivocado, en la mente popular la expresión “ley de la selva” indica caos y eso es, sin duda, lo que predomina en la sociedad de la Amazonia peruana, caracterizada por la falta de respeto a las normas básicas de convivencia de una sociedad civilizada. De una parte, como dicho, la Selva es la región donde cualquiera llega y ocupa tierra ajena y hasta construye casa y hace chacras sin siquiera se preocupar en saber quién es el dueño, donde se saca madera de donde sea y de donde sea más fácil, si nadie protesta. Es el lugar donde se sale por allí matando bichos. En la Selva se puede hacer minería hasta de escala considerable sin que nadie se moleste, excepto para pedir coimas; donde cultivar coca y amapola es menos peligroso que cultivar café y cacao, pues en el primer caso se está protegido por los bandidos mientras que en el segundo se es víctima de ellos; donde todo ese discurso sobre “preservación del ambiente” es apenas conversación vana. También es donde las escuelas y los hospitales mal funcionan, cuándo existen; donde los profesores, médicos y enfermeras son maltratados, los remedios no llegan o están con validad vencida; es donde las cárceles están saturadas y en ellas se practican torturas horrendas, las prostitutas son menores de edad, los parásitos pululan y las enfermedades prosperan en las barriadas y en el campo, la basura se arroja en cualquier lugar y, las carreteras no están señalizadas y rivalizan con las calles en número y tamaño de los huecos, y, claro, donde los políticos estimulan las barriadas para Caricatura que ilustra bien la inequidad en la aplicación de ganar votos. La Selva es donde se la ley o el uso de la pobreza como excusa para incumplirla. construyen hasta edificios sin licencias y Los ricos tampoco cumplen. donde lo último que se piensa en respetar es una regla de tránsito que, de cualquier modo, los mototaxis se encargarían de ridiculizar. Es la tierra en que los laboriosos decomisos de miles de metros cúbicos de madera se evaporan de los depósitos y donde casi nadie paga impuestos. Y ¿por qué los pagarían si no reciben servicios públicos medianamente decentes? Además, es 101 La única o principal excepción puede haber sido la dictadura del General Manuel A. Odría (1948-1956) que dio un gran impulso a la educación pública. 118 la tierra de la corrupción descarada y galopante de gobernantes y gobernados sumada a la ineficiencia del gasto público que llega a extremos tragicómicos. Hay que reconocer que la ausencia de gobernanza no es un problema sólo amazónico y que existe al nivel nacional, como lo atestiguan, en forma muy ostentosa, las invasiones de tierras públicas y privadas en la Costa, a lo largo de centenas de kilómetros de la carretera Panamericana, sin generar reacción del gobierno. El 70% de las viviendas de la Gran Lima fueron construidas sin pedir permiso, sin planos ni ingenieros o arquitectos. La inmensa mayoría de los crímenes jamás se resuelven. Y así sucesivamente. Aunque lo anterior pueda parecer exageración y puede presuponer que se ignoran los valiosos esfuerzos de muchos por mejorar la situación prevaleciente, cualquier análisis honesto de los hechos revela que, en la Selva, el nivel de gobernanza es de bajo a bajísimo, tanto en el campo como en la ciudad. También queda evidenciado que los responsables son tanto el gobierno que no se propone seriamente o que no consigue imponer gobernabilidad como el pueblo que voluntaria o involuntariamente ha optado por no aceptar reglas sociales. Hay comportamientos populares que se explican por la falta de opciones, pero hay otros muchos, como el simple hecho de tirar basura a la calle o de no respetar las señales de tránsito que son esencialmente responsabilidad individual. La falta de gobernanza, como dicho antes deriva de la falta de autoridad y de la falta de autocontrol, es decir de comportamiento cívico que solo la educación puede dar, a falta de autoridad. La baja gobernabilidad amazónica está asimismo estrechamente vinculada, como causa y efecto, a la corrupción en sus dos formas principales. La ejercida por los que tienen el poder en el gobierno o las empresas y que deciden obras frecuentemente innecesarias --como las ferrovías de Loreto-- y que roban en una u otra de las tantas y bien conocida modalidades, como revelado una vez más con el escándalo Odebrecht o; la corrupción, quizá peor que la anterior, de los cientos de miles de funcionarios que no roban pero que no hacen nada para cumplir las obligaciones para las que el Estado les paga, prefiriendo no ver las ilegalidades para “no tener problemas”. Elevar el nivel de gobernanza de la Amazonia peruana es asunto vital para construir un futuro mejor. El ritmo al que viene mejorando es demasiado lento y debe, por lo tanto, implicar mayor énfasis del gobierno nacional y de los regionales en temas que repercuten directamente sobre el comportamiento social. Eso implica, de un lado, mayor esfuerzo en educación formal e informal, leyes mejores en el sentido de ser más simples y realistas y consecuentemente localmente aplicables y, facilitar más y mejor participación popular en las decisiones para legitimarlas y comprometer la ciudadanía a apoyarlas. El presupuesto participativo actual es una buena iniciativa; pero en general está mal orientado pues los ciudadanos no reciben la información suficiente para decidir bien y, peor, no atiende a las grandes obras, realmente impactantes, que se desarrollan en la región y que son decididas arbitrariamente por el gobierno nacional y a veces por los regionales, con participación del sector privado. De otro lado implica reforzar la capacidad del estado para cumplir las decisiones sociales y obligar los reacios a acatarlas, mediante sanciones y represión justa pero fuerte, a la altura del problema, en la que se involucre participación ciudadana en la denuncia y monitoreo. ¿Política amazónica? Planificación amazónica: inexistente o inadecuada El tema de la planificación en el Perú y en la Selva es muy complejo pues se debate entre dos extremos. Por una parte, sin duda, no existe un plan nacional de desarrollo que sea 119 válido y mucho menos existe un plan nacional de desarrollo amazónico. Tampoco existen las respectivas políticas en las que los planes se amparen. Al nivel nacional, como se verá, existe un documento extremamente general y utópico que, con buena voluntad, puede considerarse precursor de un futuro plan. A nivel de la Selva no hay nada. Pero, por otra parte, asimismo existe proliferación de planes sectoriales nacionales, regionales y sectoriales regionales, sin mencionar los municipales y otros. Un estudio de 2013 sobre Loreto (Dourojeanni, 2013) demostró que tan solo con relación a recursos naturales y ambiente existían 36 planes y/o estrategias de desarrollo vigentes para esa región de los que 16 eran regionales. A eso había que sumar 10 documentos de lineamientos de política con impacto en esa región. Considerando los lineamientos de política, planes y estrategias de otros sectores como educación, salud, seguridad pública, etc., existían entonces no menos de 150 planes vigentes. Loreto no debe ser la región más prolífica en planes, pero aun considerando la mitad de los enumerados, en el Perú pueden existir más de un millar de documentos de planificación regional a diferentes escalas. A eso hay que sumar los documentos de planeamiento sectoriales nacionales que son por lo menos uno por cada dirección general, sin mencionar los que son más específicos. Por ejemplo, en el sector Agrario existe, como es obvio, una política agraria nacional y un plan de desarrollo agrario, pero asimismo hay un plan para la prevención de desastres y otros para la palma aceitera, el café y el cacao o para la ganadería y otro para los camélidos. También hay, evidentemente, política y plan para el desarrollo forestal y asimismo un plan para la reforestación y por allí va. Lo mismo ocurre en Transportes donde además de los documentos básicos de praxis existen planes viales, ferroviarios, aeronáuticos, hidroviarios, portuarios y de telecomunicaciones, entre otros. Son pues docenas de planes en cada sector que se desdoblan en planes equivalentes regionales y en algunos casos locales. ¿Es eso necesario? Pues sí y no. Si los planes sectoriales y regionales estuvieran bien amarrados con el plan nacional y si los planes sub-sectoriales y subregionales estuviesen igualmente concordados con los primeros y entre ellos, ese gran número de planes debidamente ordenados brindaría los detalles y ajustes que permitirían la ejecución del plan, sin perder el rumbo señalado originalmente. Aunque sin duda no se requerirían tantos planes, el resultado sería una orquesta bien afinada que produciría el resultado armónico que se espera. Pero, si como es el caso, cada plan está desligado de los demás o, peor, los contradice, el resultado es una cacofonía espantosa que, como se constata en la práctica, sólo genera malgasto de recursos públicos y enormes perjuicios futuros a la nación. Valga mencionar, como ejemplo entre centenas, las docenas de millones de dólares que malgastó Loreto para hacer estudios de una ferrovía claramente innecesaria entre Yurimaguas e Iquitos, paralela a la Hidrovía Yurimaguas-Iquitos y a una carretera en plena construcción, cuando el plan ferroviario nacional había priorizado una ferrovía internacional que entrando por Pucallpa iría hasta Bayóvar. Otro buen ejemplo de la falta de planificación es la intención de construir una hidroeléctrica en el río Inambari que, de no haber sido detenida, hubiese cubierto de agua más de 100 costosos kilómetros de la, por entonces, recién inaugurada carretera Interoceánica Sur. O sea, otras decenas de millones de dólares desperdiciados. Otro proyecto inexplicable, ya aprobado, es el de instalar una cara y ambientalmente peligrosa línea de trasmisión entre Moyobamba e Iquitos a pesar de que en este momento se está construyendo una importante nueva central térmica en la capital de Loreto102. No se discute que quizá eso 102 https://www.osinergmin.gob.pe/seccion/centro_documental/electricidad/Documentos/ PROYECTOS%20GFE/Acorde%C3%B3n/Transmisi%C3%B3n/2.2.3.pdf; 120 sea necesario en el futuro, pero no se entiende ni se explica su urgencia frente a otras necesidades acuciantes. En cierta forma siempre ha existido planificación nacional en el Perú. La hubo, ciertamente, en las grandes culturas prehispánicas que fueron maestras en eso y que por eso alcanzaron el enorme nivel de desarrollo que las caracterizó y subsistió durante el periodo colonial, aunque entonces apuntaba a los intereses de España y de los españoles y luego de los criollos dominantes. Subsistió, pero muy caóticamente y atendiendo múltiples intereses fragmentados y altamente volátiles durante el periodo republicano y, por eso el Perú desarrolló mal y poco y también es por lo que perdió prácticamente todas sus guerras y cedió tanto territorio. Hay planeamiento inclusive en la actualidad. Sucede que, cuando se trata de planificación nacional o regional, se entiende que ésta sea la que decide el futuro previsible de la nación, o sea la que se hace para atender el interés de la mayoría. Como se verá, en el Perú existe buena planificación a nivel de intereses privados y por eso el sector privado hace dinero y también existe en teoría un cierto nivel de planificación en determinados sectores públicos, pero, en este último caso, esa planificación no es coordinada entre sectores ni es consensuada. Peor, la planificación actual es de mala calidad, basada en supuestos mal definidos, que responden a teorías ultrapasadas y muchas veces utópicas, pero, también, a criterios de corto plazo, y que, en todo caso, no es legítima ya que no es discutida y que, por eso, no responde al interés del Perú ni, en el caso que se discute, al de la Amazonia peruana. Los primeros intentos de planeamiento nacional serio comenzaron en el año 1962, durante el régimen militar presidido por Pérez Godoy. Fue creado el Sistema Nacional de Planificación del Desarrollo Económico y Social, presidido por un Consejo Nacional del Desarrollo Económico y Social que incluía ministerios y otras entidades del Estado. Fue, en gran medida, impulsada por los EE. UU. a través de la famosa Alianza para el Progreso. Cuando poco después Belaúnde asumió el poder relegó esa opción para ejecutar su propia visión del desarrollo peruano y amazónico, que en realidad se redujo a la construcción de grandes obras públicas, entre ellas el impulso a la Marginal de la Selva. Dispuso, e usó como quiso, es decir apenas para dar un barniz de sensatez a sus propuestas, la recién creada Oficina Nacional de Evaluación de Recursos naturales (Onern). El apogeo de la planificación nacional se dio durante la década de los gobiernos militares de Velazco Alvarado y Morales Bermúdez, teniendo a la cabeza del Sistema al Instituto Nacional de Planificación (INP), que tuvo su mejor momento bajo la gestión del General Jorge Chávez Quelopana. Fue entonces que fue invitado al Perú la famosa misión de las Naciones Unidas presidida por el francopolaco Ignacy Sachs, un planificador de fama mundial con interés especial en la Amazonía, que analizó detalladamente la situación amazónica y que sembró las semillas de la planificación en esa región. En aquellos días la planificación era manejada por el INP que tenía oficinas sectoriales y regionales y en la que, en toda instancia, participaban activamente los sectores públicos, el sector privado y la sociedad civil. Los planes meticulosamente desarrollados en aquella época aún circulan por allí, pero apenas el gobierno militar devolvió el poder a Belaúnde, en 1980, todo eso terminó. En efecto, en 1981 Belaúnde eliminó el Consejo y dejó al Instituto como cabeza del sistema, pero con funciones y rol extremamente limitado hasta quedar prácticamente desactivado, lo http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/08/21/peru-un-desastre-economico-y-ambiental-proyecto-delinea-de-transmision-electrica-moyobamba-iquitos/ ; Dourojeanni, M.. 2016 Línea de Trasmisión Moyobamba – Iquitos: ¿Para qué, cómo? Lima Actualidad Ambienta Miércoles 3 de Febrero, 2016 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=35314) 121 que fue oficializado en 1992 por Fujimori quien transfirió algunas de sus funciones, por ejemplo, las referentes a la estabilización y al ajuste estructural, al Ministerio de Economía y Finanzas, donde continúan y fueron gradualmente aumentadas conformando el llamado Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP). Es solamente en 2002 que el Acuerdo Nacional plantea retomar la idea de la planificación estratégica, adoptándose la llamada “Quinta Política de Estado”, por la cual se estableció la creación de un sistema nacional de planeamiento estratégico con una clara fijación de objetivos generales y específicos que establezcan metas a corto, mediano y largo plazo. Esta Quinta Política de Estado solamente se formalizó el año 2005 mediante la promulgación de una ley que creó el Sistema Nacional de Planeamiento Estratégico y el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan). No obstante, la dación de la ley, es recién, a partir de mediados del año 2008, que se implementa el Ceplan que es la instancia gubernamental rectora del Sistema. Lamentablemente, sin recursos ni apoyo político, el Ceplan no ha hecho nada más que elaborar lineamientos grandilocuentes e inútiles. Como explicado por Dourojeanni et al (2010) y reconocido por las principales autoridades nacionales, entre ellos el propio responsable del Ceplan y el Ministro de Agricultura103 no existe aún ningún plan nacional de desarrollo ni, mucho menos, un plan de desarrollo de la Selva que expresen la política que se aplica en esos niveles. Los planes que existen son los regionales104, que aunque deficientes, demuestran la voluntad de ver el desarrollo futuro de un modo integral y, claro, los sectoriales, que son apenas enumeraciones de obras inconexas e inconsultas con otros sectores que cambian mucho, pues responden al interés del gobierno y del ministro de turno. Es así como se construyó la carretera Interoceánica Sur sin invertir prácticamente nada en el desarrollo rural regional, sin prever que esa carretera iría a provocar migraciones y mayor demanda de infraestructura urbana o de salud y educación y, sin pensar siquiera que ella agravaría los problemas de narcotráfico y de minería ilegal. La única coordinación que el Ministerio de Transportes y Comunicaciones realizó fue con los inversionistas y con los constructores brasileños. Muy diferente es el tratamiento a la planificación que es dado en el Brasil. Existe allí desde hace ya décadas un Ministerio de Planificación que, dependiendo de los gobiernos es más o menos poderoso, pero por el que pasa todo el proceso de desarrollo del país y donde se deciden, cuidadosa y coordinadamente las inversiones públicas y se monitorean las privadas que afectan al interés público. El país dispone de planes tanto al nivel federal como estadual y en ellos se asegura un buen nivel de participación de la sociedad, por lo menos mucho más que en el Perú. Allí es donde se decide, por ejemplo, hacer o no y cuándo y cómo las carreteras que salen del Brasil y avanzan sobre todos los demás países amazónicos y especialmente sobre el Perú. El Ministerio no es un obstáculo, al contrario, es una guía y ayuda los sectores y los estados a negociar sus proyectos con las instituciones financieras multilaterales y con los inversionistas privados; da las pautas para la preparación de proyectos y brinda asistencia técnica para hacerlos mejor. Lo que existe en el Perú es el SNIP del Ministerio de Economía y Finanzas que filtra todos los proyectos de inversión al nivel nacional, grandes y pequeños y que, por eso, se convierte en un cuello de botella para millares de acciones, muchas de ellas muy urgentes. El SNIP ha complicado tanto el proceso de la inversión pública que requiere documentos hasta de 103 Varias declaraciones en los periódicos de Lima en 2010 y 2011. Varios departamentos amazónicos, como Loreto, Ucayali y San Martín, disponen oficialmente de planes de desarrollo, algunos mejores que otros. 104 122 centenas de páginas con información que está disponible en cualquier lugar para presentar apenas un simple perfil, lo que en el Banco Mundial o en el BID apenas requiere de menos de una decena de páginas y luego exige asimismo estudios de pre-factibilidad y factibilidad, en algunos casos con miles de páginas en anexos, hasta para cooperaciones técnicas internacionales con préstamos blandos, cuando las instituciones mencionadas raramente requieren de más de una centena de páginas bien escritas. Lo peor es que, en general, el SNIP solo consigue revisar aspectos formales o, en el mejor de los casos, los aspectos financieros, pero, difícilmente consigue saber si el proyecto o programa analizado está debidamente coordinado con otros sectores o si es de verdadero interés para el país o la región. Pasar por los filtros del SNIP es, para las regiones y sectores públicos, un verdadero e innecesario suplicio. Un ritual esterilizante y llevado a extremos de complicación tan absurdos como innecesarios. Lo que es más ridículo en el caso del SNIP es que no aprueba las operaciones más importantes que pasan, sin consulta, por encima de ese estorbo. Por ejemplo, la carretera Interoceánica Sur, que fue un escándalo financiero pues su costo triplicó el previsto, no fue vista por esa instancia que, por lo contrario, analiza con meticulosidad torturante los pequeños préstamos blandos del Japón o de la CAF que pretenden mitigar los impactos de esa y otras obras. Al asumir el gobierno el actual gobernante anunció una reforma del SNIP. El análisis de la viabilidad técnica, económica y social de los proyectos, incluyendo calidad, pertinencia, costo, oportunidad, coherencia y otros elementos de programas y proyectos corresponde a un verdadero sistema de planificación nacional que prevé la necesidad de los mismos, en base a una serie de elementos de juicio. Los programas y proyectos relevantes deben ser parte de planes y ser aprobados en función de esos planes. De otra parte, los mecanismos de panificación de las regiones y municipalidades, que deben estar integrados al nacional, deben tener cierta autonomía para aprobar inversiones de cierto nivel a definir en cada caso. El sistema nacional de planificación debe ir de la mano con el sistema nacional de licenciamiento ambiental, ya que la problemática ambiental es un elemento determinante de la planificación. ¿Existe una política ambiental peruana? De las diversas acepciones del término “política” se reproducen solo tres: “arte de bien gobernar los pueblos”, “sistema de reglas referentes a la dirección de los asuntos del Estado” y “conjunto de objetivos que conforman determinados programas de acción gubernamental”. De todas ellas, pero especialmente de la tercera, se desprende que una política debe tener una expresión conocida y reconocida por los gobernantes y por los gobernados. Esa expresión debería ser un texto en papel o en medio electrónico, es decir un patrón sobre el cual se puede contrastar los hechos y saber si hay desviaciones o si simplemente hay incumplimiento. En principio una política del Estado debería depender del Congreso y no del gobierno de turno y, por lo tanto, debería ser durable, inclusive más que las leyes que deberían ser otra de sus expresiones. Pero eso raramente es el caso y ciertamente no lo es en el Perú. A falta de políticas de Estado las leyes las suplen pero lo hacen en forma muy limitada. De otra parte, existe una amplia faja gris entre la política y los denominados planes de gobierno. En teoría, el plan de gobierno debería ser una expresión de la política. Por eso, ambas se confunden con frecuencia. En términos formales el Perú dispone de una Política Nacional del Ambiente. Esta contiene parte de lo que se espera de un documento como ese, pero excluye hacer propósitos claros sobre los temas ambientales más complejos e importantes como los que podrían afectar a temas de energía, minería y agricultura o a las grandes infraestructuras públicas. Se trata, 123 esencialmente, de una declaración de buenas intenciones cuidadosamente elaborada para no asumir compromisos. Su preparación demandó “coordinación” con otros sectores y son estos, especialmente, los que se encargaron de que sea inocua y de que, a pesar de su carácter teóricamente “nacional”, sea apenas una política ambiental del Ministerio del Ambiente. Aun así, esa política sin dientes entra diariamente en contradicción con las políticas de otros sectores, resultando manoseada y pisoteada por los intereses representados por sectores más poderosos que, dicho sea de paso, también pasan por encima o al lado de la profusa pero ineficaz legislación ambiental. Así siendo puede concluirse que, en realidad, el Perú, así como el gobierno no tienen política ambiental. Los asuntos ambientales del país se resuelven al vaivén de los intereses del momento o de “quien puede más”. Como bien se sabe, tampoco existe una política ambiental amazónica peruana. Este último hecho fue ampliamente demostrado a nivel de la Selva (Dourojeanni et al, 2010) y conformado a nivel de Loreto (Dourojeanni, 2013) e, inclusive, como ya mencionado, plena y públicamente reconocido por varias autoridades del propio gobierno. Artículos recientes de Ramiro Escobar105 son profusos en ejemplos que revelan las consecuencias de la inexistencia de una política ambiental o, en otros casos, el incumplimiento de la que existen. Pero pueden añadirse docenas más ocurridos desde la publicación de la Política Nacional del Ambiente como visto en la evaluación ambiental del quinquenio 2011-2016 (Dourojeanni et al, 2016). La falta de una verdadera política ambiental se revela claramente a través de las contradicciones entre el combate a la minería informal que promueve el Minam, que ya costó vidas y el favorecimiento de esta actividad por el Minem, que antes era abierto y que continúa mal disimulado. También en el caso de los ambiciosos programas para evitar la deforestación del Minam que son puestos en jaque por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones que, sin ninguna consideración seria, promueve la construcción de carreteras nuevas por todas las selvas aún preservadas del país y; asimismo, por el Minag que promueve la expansión de cultivos para biocombustibles y la explotación de los bosques. En verdad, el gobierno que creó un ministerio del ambiente atendiendo principalmente al clamor externo, ya que al interno raramente le hace caso, lo hizo como parte de una política que no es ambiental. En efecto, la creación del Ministerio y la aprobación de muchas medidas ambientales respondieron casi exclusivamente a las necesidades de la política económica y de ninguna manera a la procura de un consenso para el desarrollo sostenible. Por eso no otorgó a ese nuevo Ministerio o al área ambiental del Estado las herramientas legales y el apoyo político o financiero que necesita y, cuando inadvertidamente le dio prerrogativas que resultaron “estorbos” a sus propósitos, trató de retirarlas prestamente, como cuando quiso eliminar el requisito de las evaluaciones de impacto ambiental para la concesión definitiva de grandes obras públicas, en especial hidroeléctricas, lo que consiguió parcialmente. Prueba de lo anterior es el hecho de que el gasto público del gobierno, nacional o regionales, en patrimonio natural y ambiente es muy reducido, inferior al de la mayoría de los países de nivel de desarrollo comparable u, obviamente, mayor que el del Perú. A pesar de eso debe reconocerse que, durante los gobiernos de Alan García y Humala, además de la creación y estructuración del Minam que de por si es un logro considerable, se produjeron otras realizaciones que no por incompletas o imperfectas dejan de ser importantes. Merecen destaque el intento de fortalecer la evaluación y fiscalización ambiental; el establecimiento de varias áreas protegidas nuevas; la creación del servicio nacional de áreas protegidas, lo que sin duda ha mejorado la gestión de las mismas; la batalla 105 Ver ediciones de O Eco Amazonia (www.oeco.com.br) de comienzos de 2011. 124 inédita por la racionalización de la minería de oro ilegal, inclusive con intervención de la fuerza armada; el compromiso oficial de preservar 54 millones de hectáreas de bosques hasta 2021 y la obtención de promesas firmes de financiamiento internacional para la conservación de bosques; el fomento de la conservación de bosques por medio de las comunidades indígenas y la formación de guardabosques indígenas, etc. Aparte de la dura, pero casi perdida lucha para racionalizar la explotación minera ilegal en la Amazonía, el gobierno actual protagonizó otros hechos inéditos a nivel de la región defendiendo efectivamente, inclusive a costa de vidas humanas, la integridad de un área protegida de gran valor tanto por su patrimonio cultural como natural que había sido invadida106. Lamentablemente, todo indica que esos logros y otros son los frutos de la personalidad y del compromiso con el tema de los ministros Brack y Pulgar Vidal que han dedicado sus vidas a eso, y que no son, como antes explicado, consecuencia de una política del gobierno. Así es que, en realidad, el gobierno actual recibió un país en el que no ha habido ni hay verdaderamente una política ambiental y en el que la legislación peca, como es común en América del Sur, de “perfecta” y “avanzada” pero que es tan teórica o utópica que poco se aplica. Tampoco recibirá, a pesar de los esfuerzos de los dos ministros citados y de sus equipos, un sector público ambiental fuerte y consolidado. La notoria falta de presupuesto y de personal del Ministerio del Ambiente para cumplir mínimamente sus responsabilidades se agrava en los niveles regional y municipal. Es igualmente lamentable la ausencia de un consejo nacional ambiental y de sus réplicas regionales y municipales, con representatividad social y poder decisorio para legitimar y consensuar las decisiones más difíciles. También está pendiente de solución una serie de asuntos trascendentes. De estos el más importante es el de la capacidad que actualmente poseen los sectores públicos que por la naturaleza de sus responsabilidades ocasionan los mayores impactos al ambiente (energía, minería, agricultura, transportes) para auto-otorgarse licenciamiento ambiental prácticamente sin intervención del Minam, provocando inúmeras contradicciones del estilo “romper con el codo lo que se hizo con la mano”. El nuevo gobierno heredará la situación insensata de ser responsable de la conservación de los bosques naturales y de la diversidad biológica a pesar de que estos dependen administrativamente del Servicio Forestal y de Fauna (Serfor) que pertenece al Minag, el que se interesa esencialmente por expandir la superficie cultivada y la producción. Lo mismo ocurre con el tan amenazado recurso pesquero que depende nada menos que de un Ministerio de la Producción. Estos esquemas nacionales se reproducen al nivel regional y municipal. Además, los gobernantes peruanos de cualquier nivel continúan creyendo que cuidar del ambiente del Perú es cosa que debe resolverse con donaciones de países desarrollados y siguen culpando a estos por los propios descuidos. Exceptuando el Minam y los ambientalistas nadie está tomando realmente en serio que frenar la deforestación y la degradación del bosque es la mejor oportunidad del Perú para mitigar los impactos del cambio climático que están derritiendo rápidamente los nevados andinos. Los demás parecen convencidos que para lograr eso y hasta para hacer suculentos negocios basados en el mercado de carbono basta con hacer documentos y eventos. De otra parte, los problemas del ambiente urbano amazónico son mucho más agudos que antes y la falta de agua potable, de tratamiento de aguas servidas, disposición de residuos sólidos, en general, de contaminación de agua y aire ha aumentado considerablemente con el rápido crecimiento de las ciudades. 106 El caso del desalojo de los invasores del Santuario Histórico Bosque de Pomac (Lambayeque) en enero de 2009. Pero hubo otros casos más recientes en Madre de Dios 125 Los nuevos indígenas amazónicos La población indígena de la Selva, en base a los censos de 2007107, ascendía a 332.975 personas. De éstas el 52,2% eran hombres y el 47,8% mujeres. Por grupos de edad, el 47,5% eran menores de 15 años, el 50,6% tenía entre 15 y 64 años y el 1,9% más de 64 años. El departamento con mayor población indígena es Loreto (105.900 habitantes) con 31,8% del total. El 38,6% de la población indígena pertenece a la familia lingüística Arahuaca, pero hay 13 familias lingüísticas en el Perú, las cuales, a su vez, están agrupadas en 60 etnias. Del total de comunidades censadas, 21 eran poliétnicas. Las 13 familias lingüísticas son: Arahuaca, Cahuapana, Harakmbut, Huitoto, Jibaro, Pano, Peba-Yagua, Quechua, Tacana, Tucano, TupiGuaraní, Zaparo, y sin clasificación. Según los resultados de los Censos Nacionales 2007, el 47,3% de la población indígena de 15 y más años, alcanzó algún grado de educación primaria, en tanto el 28,7% cuenta con algún grado de educación secundaria. La población indígena analfabeta representa el 19,4%. Esta condición afecta más a la población indígena femenina (28,1%) que a la masculina (11,8%). ¿Cómo son los indígenas amazónicos actuales? En primer lugar, hay que recordar que los indígenas amazónicos son personas como cualquier otra. Parece absurdo tener que decir esto, pero las distorsiones el respeto de los pueblos indígenas son tan grandes que no puede evitarse destacar esta verdad. No son perfectos ni son de otro planeta. Tres mitos, el amor de los indígenas por la naturaleza, su tan voceada sabiduría y conocimientos y, en especial, su vida supuestamente en perfecta armonía con su entorno, deben ser calibrados a su justa dimensión. Los indios no aman la naturaleza más que cualquier otro ser humano. Sólo sucede que muchos de ellos viven en ella o muy cerca de ella. Otros no conocen otra cosa. Existen, si, indígenas que aman la naturaleza por encima de todo Los indígenas amazónicos de hoy están políticamente y que, confrontados con la necesidad de organizados y son bastante eficientes en presentar sus reclamos y obtener sus derechos (Pronaturaleza). conservarla, realmente quieren cuidar de ella. Pero, asimismo, la mayoría de los indígenas, aunque rodeados por la selva, son totalmente ajenos a la necesidad de protegerla y contribuyen a su destrucción cuando y si eso les conviene. Abundan las pruebas de eso tanto en el Perú como en el Brasil, donde indígenas favorecen o realizan explotación ilegal de oro o piedras preciosas o la deforestación para agricultura y, en especial, la extracción ilegal de madera. 107 INEI 2016 Población indígena de la Amazonía peruana supera los 330 mil habitantes 09/08/2016 (https://www.inei.gob.pe/prensa/noticias/poblacion-indigena-de-la-amazonia-peruana-supera-los330-mil-habitantes-9232/) 126 Sobre el segundo mito, el de los conocimientos indígenas, cabe recordar que los indígenas conocen la naturaleza donde viven tan bien como les es necesario para vivir en ella y, eso es bastante, en un bosque que no ofrece tanto como parece. Algunos indígenas, como algunos ciudadanos de cualquier país, saben mucho más que el resto acerca de la naturaleza porque se interesan especialmente por ella y la estudian. Lo que no es cierto y que a veces es expresado en niveles que lindan lo absurdo, es la afirmación de que los conocimientos indígenas sobre el Amazonas son mayores que el conocimiento de los científicos modernos. Posiblemente, el conocimiento científico moderno sobre el Amazonas sea miles de veces más amplio que los que a través de la tradición y la observación puedan haber acumulado los más sabios de los indígenas. Y, esto es obvio, habida cuenta de los instrumentos de la ciencia moderna y el gran número de estudiosos de la realidad tropical durante varios siglos. Otra cosa es reconocer que algunos indígenas saben mucho más que algunos científicos o especialistas y por supuesto infinitamente más que neófitos que se aventuran en el bosque. Sin embargo, la falacia más peligrosa y frecuente sobre los indígenas amazónicos no es ninguna de los anteriores. Es aquella que quiere hacer creer que todos los indígenas practican siempre, inclusive cuando aculturados, es decir habiendo dejado atrás su cultura y viviendo como los demás ciudadanos, una "gestión sostenible" de su territorio. Esta mentira es uno de los pretextos para las frecuentes proposiciones de entregarles las áreas Aún con armas tradicionales el impacto protegidas públicas. Aunque existen casos demostrados de la caza es muy grande. De otra parte, de rotación de campos de caza y de cultivo, de reservas esas armas son artesanías de enorme para caza y pesca y de restricciones a esas actividades valor. autoimpuestas, en la mayor parte de los casos, la armonía que ellos mantienen con la naturaleza es directamente consecuencia de su baja población que hace que sus demandas sean mínimas manteniendo, por lo tanto, en equilibrio con el suministro de bienes naturales. Y, en este punto, es posible que el más poderoso y sabio ejemplo de los indígenas amazónicos al resto de los humanos sean, precisamente, sus mecanismos sociales de control de la natalidad. Pero, eso es precisamente lo que más repugna al resto del mundo y lo primero que misioneros y médicos tratan de evitar sigan practicando. Cuando fue descubierta la agricultura y comenzó a ser practicada extensivamente, la humanidad de entonces tuvo que escoger entre dos opciones, hasta cierto punto influenciadas por el ambiente en que se encontraban. La primera era seguir siendo cazadores, pescadores y recolectores, implicando migrar. La segunda era insistir en la agricultura y en menor grado en la ganadería, convirtiéndose en sedentarios. Son los que optaron por la segunda que, gracias a su producción excedentaria, formaron las grandes civilizaciones de la antigüedad, como los desarrollos culturales de México, Guatemala y Perú. En todos los trópicos húmedos y cálidos del mundo, como en otras, se mantuvieron hasta hace poco esos humanos que escogieron la 127 vida libre a aquella regulada por la densidad y la jerarquía social, en las civilizaciones. Pero, a medida que la población de las civilizaciones aumentaba fue desalojando a los otros para ocupar su espacio y usar los recursos, transformándolos rápidamente en más áreas de agricultura y pastoreo. Ese proceso es el que se observa ahora en la Amazonía y los indígenas aislados son los últimos en un proceso que lleva milenios en el mundo y cinco siglos en América. Los indígenas que superan el choque son asimilados por las civilizaciones y se convierten a sus hábitos para sobrevivir. Los indígenas amazónicos forman parte de esta realidad. Convivieron sin integrarse con las grandes culturas andinas y con las hoy extintas culturas de la Amazonía. Siempre ha habido contactos entre las grandes culturas y los pueblos de los bosques y cada uno influenció al otro en función de los vaivenes de la historia. Pero el hecho es que en los cinco continentes hubo una parte de la población que nunca renunció a la vida sencilla de las tribus. Hoy en día, la vida tribal no contaminada permanece muy débilmente en unos pocos lugares en el mundo, uno de ellos la Amazonía. La ya comentada leyenda del “buen salvaje” que incluye la supuesta buena gestión de los recursos naturales, que ahora se pretende validar para todos los indígenas, inclusive los aculturados, se inició con una realidad diferente. Poblaciones indígenas no contactadas, con reducida población o con población significativa, pero sobre un territorio extenso, garantizando la baja densidad de población. Esta es el producto de una vida corta, 30 a 40 años, que es definida por la elevada mortalidad infantil natural o ritual, por las guerras y las enfermedades. A partir del momento en que esos grupos adquieren, a veces antes del contacto oficial, machetes, escopetas y otros implementos modernos, el impacto sobre el entorno se multiplica en forma impresionantemente rápida. Pero los indígenas aislados son curiosos, como todos los humanos. Ellos también quieren saber “cómo es” esa gente que observan de lejos, de la que escuchan hablar y de los que ya tienen algunas herramientas capturadas en correrías o intermediadas por otros indígenas. Y, de cualquier modo, ahora no tienen ni como esconderse. Apenas establecido el contacto, cambian los hábitos. Se distribuyen prendas de vestir, armas de fuego, machetes, hachas y motosierras, atarrayas y otras redes, motores, radios y hasta equipos electrónicos, abriéndose bruscamente a un nuevo mundo, el mundo moderno. Los misioneros y los funcionarios les imponen nuevas reglas de comportamiento, espantan a los chamanes y los reemplazan por médicos y enfermeras que curan las enfermedades y atienden los partos. También es cuando llegan a las reservas los Indígenas discutiendo su futuro, lo que hacen cada vez con más seriedad y compromiso. computadores, los teléfonos celulares y la Internet. Las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, así como la asistencia multilateral y bilateral, los apoyan ostensiblemente en sus reclamos de tierra y, de hecho, en esta etapa ellos consiguen consolidar mucho de sus derechos, especialmente en el Brasil gracias a la Funai. Ellos, en apenas una o dos generaciones saltan casi de la edad de piedra a la era de la globalización y multiplican su población, provocando atritos con su entorno. Es un salto demasiado difícil, sobre todo porque los estados amazónicos no ofrecen todo el apoyo y protección que deberían para guiar a los indígenas en esa transición demasiado rápida. Es el paso en que los indígenas pierden la inocencia, acosados por todo tipo 128 de ofertas tentadoras o de amenazas de aquellos que buscan tierras para agricultura, madera, oro o gemas y que los compran con alcohol y dinero. También es el periodo de hechos trágicos como fue la masacre de más de 20 gambusinos de oro cometida por los Cinta Larga de Rondonia, en 2004. En esta etapa de aculturación, que puede durar de 10 a 30 años según el grado de intervención del estado o de presión de otros actores, los indígenas quiebran a veces por completo la tradición de equilibrio con la naturaleza. Como cualquier otro ser humano, ellos también pasan a sobreexplotar los recursos naturales o, en una palabra, comienzan a destruir la naturaleza. El tercer paso es el de la integración de los indígenas a la sociedad nacional en la que muchos migran a las ciudades y se transforman en empleados y operarios; sus niños van a la escuela y casi todos hablan español, tienen atención médica formal. Ya aparecen indígenas profesionales y son cada vez más comunes los que son miembros de los congresos y de otros cuerpos de la democracia representativa. Es el momento en que muchos indígenas se politizan reclamando derechos reales o pretendidos. Se organizan en centrales, federaciones y confederaciones y tienen eficientes métodos de comunicación masiva, especialmente mediante eventos nacionales e internacionales y la Internet. Muchos de ellos, en especial los Asháninca, fueron víctimas del Sendero Luminoso y ahora lo son del narcoterrorismo y, también, otros han sido conquistados por movimientos políticos de izquierda o ultranacionalistas. El activismo político de los indígenas amazónicos peruanos, ecuatorianos y bolivianos es muy grande, como quedó demostrado en el Perú con el “Baguazo” de 2009 y en los otros países con diversas manifestaciones. Los hechos son bien conocidos. Después de años de protestas y de 65 días de desobediencia civil, con paros y bloqueos violentos de carreteras, el 5 de junio de 2009, en Bagua, se produjo la muerte de 24 policías, es decir el mayor número de policías muertos en un solo evento en toda la historia republicana. También hubo 11 muertos entre los indígenas y muchos heridos, unos 160, en la parte urbana y rural de esa ciudad. Parte de los policías fueron masacrados en una estación del oleoducto que traslada el petróleo de la Selva a Lima y no fueron auxiliados por miembros del vecino puesto del ejército, porque la tropa procedía de las etnias aguaruna-huambisa. El estallido de violencia mencionado tiene un origen lejano que refleja un malestar creciente especialmente de la porción indígena de la población amazónica peruana. Las tres úl timas décadas, más que antes, han traído para ellos un cambio drástico que creó nuevas dudas para ellos. De una parte, sus tierras fueron cada día más invadidas y depredadas por petroleros, madereros, gambusinos, agricultores que vienen de otras regiones y son cada vez más afectados por decisiones gubernamentales distantes, como las que ceden lotes petroleros, otorgan concesiones forestales o construyen carreteras y represas, todo sin la menor consulta y, peor, sin ningún aviso previo. Hasta hace poco no encontraron el camino para oponerse eficazmente a esa realidad que fue insuficientemente mejorada por la primera Ley de Comunidades Nativas promulgada en 1976. De otra parte, el mayor contacto con la sociedad nacional debido a los hechos previos ha determinado que los indígenas amazónicos, inclusive los que eran tradicionalmente enemigos entre ellos, confirmen que deben superar la desunión para luchar con más éxito contra el sistema imperante. Más educación y medios modernos de comunicación e, incuestionablemente, cierta influencia serrana, donde las comunidades tienen siglos de experiencia de lucha, ofreció a los indígenas amazónicos una alternativa de organización que usaron cada vez con más éxito. A eso se sumó, durante el periodo de actuación de Sendero Luminoso, un fuerte adoctrinamiento político tanto de izquierda (Sendero Luminoso y sus aliados) como de derecha (los militares) les dieron el tinte actual 129 que, sin duda, también ha sido influenciado más recientemente por una pléyade de intervenciones de organizaciones no gubernamentales de tipo social y en general, con fuerte inclinación izquierdista, aunque no necesariamente marxista. Otro cambio de actitud importante ha sido creado por intelectuales en general de las ciencias sociales que han vendido a los indígenas amazónicos la atractiva idea de que, a diferencia de los millones de indígenas de otras regiones del Perú que deben contentarse con poquísima tierra, ellos tienen derecho a ser dueños de espacios inmensos. La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep) tuvo su origen a inicios de los años 1970 pero fue efectivamente creada a comienzo de los años 1980. Los iniciadores de este movimiento fueron las organizaciones de los pueblos Asháninca, con su central de Comunidades Nativas de la Selva Central; Shipibo, con su federación de Comunidades Nativas del Ucayali y; Awajun, con su Consejo Aguaruna y Huambisa. En marzo de 1984, en Lima, nació la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica) durante el I Congreso de la Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, con presencia de delegaciones representativas de Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia y Brasil. La Coica es hoy la organización regional indígena amazónica. No es fácil entender la importancia que han adquirido las fuerzas de protesta lideradas por los grupos amazónicos. Se trata, en efecto, de una representación de una parte minoritaria de la población amazónica y nacional, unos 350.000 habitantes, aunque en los eventos que culminaron en Bagua tuvieron apoyo de otros segmentos. Pero, a pesar de ser menos del 10% de la población amazónica y apenas el 1% de la población nacional, los indígenas además El "Baguazo": la mayor explosión del inconformismo de ser, para algunos, los dueños originales de indígena amazónico (Infoamazonia). toda la Selva han sido convertidos en dueños o usuarios formales de 23% de ésta108, sin incluir las reservas comunales y, además, en uno de sus segmentos más influyente. Es decir que son sus mayores propietarios pese a lo que son, contradictoriamente, sus habitantes más pobres y hasta cierto punto olvidados. Por eso, ellos no tienen nada a perder con actitudes radicales. Según Otra Mirada (2009)109 un movimiento social no requiere necesariamente de una organización jerárquica o centralizada, ni siquiera de una ideología claramente definida para pugnar con éxito por alcanzar sus objetivos. Los movimientos sociales contemporáneos, por el contrario, suelen estar organizados de manera descentralizada y fluida, y actuar en función de factores de afirmación de la identidad, luchando por derechos, por ejemplo, sociales y culturales, y por la integridad de su territorio. En este sentido, el movimiento de protesta amazónico se está constituyendo en un movimiento social de alcance y repercusión nacional que ya sumó victorias importantes y que ha logrado la movilización de otros actores con intereses afines. El gobierno ha subestimado la importancia que estos grupos en conjunto pueden tener en la escena política nacional. 108 Incluyendo, entonces, 12,4 millones de hectáreas de comunidades nativas, 1,8 millones de hectáreas de reservas comunales y, también, 2,4 millones de hectáreas de reservas territoriales. 109 Ver Otra Mirada 2009 El Baguazo: ¿Punto de inflexión para un nuevo movimiento social? Lima, 22 de agosto de 2009, 130 Interesante es constatar que el pretexto para la explosión de Bagua no tuvo mucho que ver con los problemas que realmente afectan a los indígenas. El reclamo se centró en los decretos legislativos que pretendieron dar cumplimiento a exigencias del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los EE. UU. y, efectivamente, unos pocos de los muchos artículos de estos podrían considerarse, en una lectura bastante tendenciosa, como potencialmente arriesgados para algunos derechos de los pueblos indígenas. Pero, en general, esos decretos eran esencialmente positivos para la conservación y el desarrollo de la Amazonia y para los indígenas en especial. Cualquier detalle, como los aludidos por los indígenas, podía ser resuelto sin problemas inclusive a través de la reglamentación de esas leyes. El más vapuleado de los decretos fue el que modificaba la legislación forestal y de fauna que, en esa nueva versión, era mínimamente diferente de la anterior y que no afectaba en nada a los indígenas y que, bajo cualquier análisis técnico imparcial, no tenía ninguna incidencia particularmente negativa para los recursos o para los nativos. Los muchos defectos de esa legislación, en opinión del autor, son su carácter utópico lo que nunca fue contestado por los indígenas. Es decir que, en verdad, los decretos legislativos solo fueron pretextos que apelaron al tradicional “antiimperialismo” y “antineoliberalismo”, que nadie sabe bien lo que significa pero que, hasta ahora, funciona bien. En lo que sí erró de lleno el gobierno fue en el trato dado a las reclamaciones indígenas. Como dicho antes, basado en la experiencia previa, esos reclamos que comenzaron en 2008 parecían no esconder problemas serios y, en buena cuenta, no se calculó bien el riesgo. Peor, en lugar de dialogar francamente y, en especial, de informar y explicar claramente los hechos, el propio Presidente García ridiculizó los reclamos. Aunque la Aidesep lideró las protestas fueron en realidad los pueblos Awajún y Wampis, a los que pertenece su líder Alberto Pizango, los que han tenido el mayor protagonismo dentro de este movimiento. Esas etnias están desde hace mucho tiempo bien organizadas a través de sus federaciones, de los “ronderos” y de sus apus, como respuesta a la ausencia del Estado en sus comunidades. En agosto de 2008, cuando esta paralización se hizo más fuerte, el Congreso finalmente decidió derogar dos de los decretos y modificar otro siendo este el primer triunfo del movimiento amazónico, lo que el Presidente García consideró como un “error histórico” y, entre otras afirmaciones infortunadas para la ocasión, insistió en que “la Selva es de todos los peruanos y no de un grupo”. De allí en adelante, con intervención del Congreso, del Ministerio Publico y del gobierno en general, siguieron una serie de diálogos, creación de comisiones y hasta una mesa de diálogo. El “Baguazo”, sus antecedentes y consecuencias, se sitúa al lado de otros grandes conflictos sociales de esa región como el de la rebelión de los Jíbaros en el Siglo XVI y de los Ashánincas y Amoeshas, éstos con Juan Santos Atahualpa, entre 1742 y 1752. También acompaña las veleidades separatistas de Loreto que, en 1896, originaron que Piérola enviara a Iquitos la nave de guerra Constitución para debelarla. Obviamente, aunque en otra forma en la medida que fue inspirado en la Sierra, también se sitúa al lado de los años de Sendero Luminoso en la Selva. Todos esos incidentes que fueron iniciados por indígenas o que tuvieron participación de ellos, de un lado o del otro, surgieron de protestas populares fruto del maltrato, desespero y, en especial, del abandono de esa región por el resto del Perú. En efecto, hay dos temas que son fundamentales para explicar los sucesos de Bagua. Primeramente, la negativa del gobierno de negociar o siquiera discutir aspectos del modelo de desarrollo vigente en los últimos decenios, inicialmente ignorando y luego recurriendo a deslegitimar y reprimir a quienes se atreven a realizar estos cuestionamientos. Y, segundo, la incapacidad o falta de interés del Gobierno, de los medios de comunicación y de muchos actores privados y de la sociedad civil, para entender y manejar reclamos que reflejan el complejo carácter multicultural de la sociedad peruana. 131 Es cierto que no resulta fácil para los ciudadanos comunes del Perú entender y/o aceptar que un grupo pequeño de indígenas amazónicos --unas 350.000 almas-- en un país en el que más de la mitad de la población es de origen andino y por lo tanto igualmente indígena, exija derechos exclusivos para aplicar su propia filosofía de vida o, si se prefiere, su cosmovisión, tan diferente de la de la mayoría nacional o regional. Comprender y, más que todo, creer en la viabilidad de aplicar el concepto de “buen vivir” --discutido en el capítulo I-- en lugar del convencional desarrollo o del ya bastante utópico desarrollo sostenible parece simplemente ficción. Lo consideran una argucia para obtener más tierra y privilegios, que, a ellos, la mayoría, les son negados y para demostrarlo usan las muchísimas evidencias de que los indígenas amazónicos se comportan como cualquier “neoliberal” si se les da la oportunidad110. Dicho sea de paso, como resultado de un encuentro de representantes indígenas del Brasil y de Colombia, en setiembre de 2011, se publicó una declaración solicitando a los gobiernos que se aprueben leyes que permitan la explotación minera en los territorios indígenas111. Famosa caricatura que muestra bien la percepción que muchos tienen de los indígenas amazónicos actuales. La verdad es que, en la Amazonia, hay lugar para todos los ideales de desarrollo si se impone un mínimo de orden y respeto de los derechos justos de cada grupo. No se trata de imponer una u otra visión pues ambas y otras pueden convivir pacífica y armoniosamente. Para eso apenas se precisa de dialogo informado y honesto. El pretendido estilo de desarrollo --o de no desarrollo-- de los indígenas ofrece enormes beneficios al resto de los ciudadanos ya que, en teoría, sus tierras seguirán contribuyendo directamente a frenar el fenómeno del cambio climático y a proveer una serie de servicios ambientales. Ellos, por eso, deberían recibir compensaciones económicas justas que posiblemente les proveerían de aquellas modernidades a las que tienen derecho y que su forma de uso de la tierra quizá no provea. En conclusión, manteniendo o no sus tradiciones, a cada generación los indígenas amazónicos muestran menos diferencias con los demás ciudadanos del país. Cada pueblo peruano, de la misma Selva o de la Costa y Sierra, así como los migrantes de otros continentes tiene, como los indígenas, sus propias tradiciones y costumbres de origen ancestral. Lo que no tienen son los privilegios excepcionales que en las últimas cinco décadas se han concedido a los indígenas 110 Por ejemplo, en 2011, en plena lucha del Minam para racionalizar la explotación de oro y retirar dragas de los ríos amazónicos los indígenas marcharon lado a lado con los mineros ilegales protestando contra la actuación del gobierno. Asimismo, estaría demostrado que las comunidades nativas Awajun del Alto Mayo alquilan ya unas 17,000 ha a 2,500 Nuevos Soles/ha para cultivo de arroz por terceros. Pero existen cientos de ejemplos equivalentes, especialmente en el Brasil donde los indígenas alquilan sus tierras para el cultivo de soya y para pastoreo extensivo o cobran cupos de los garimpeiros para que exploten oro y piedras preciosas de sus tierras. Asimismo, estaría demostrado que las comunidades nativas Awajun del Alto Mayo alquilan ya unas 17,000 ha a 2,500 Nuevos Soles/ha para cultivo de arroz por terceros. 111 Otros indígenas, por ejemplo, los de la Coordenação das Organizações Indígenas da Amazônia Brasileira (Coiab), opinan que eso sería un grave error. 132 amazónicos. Eso es positivo para conservar el bosque siempre y cuando los indígenas hagan eso. Lo que es un hecho incontestable es que los indígenas amazónicos han hecho escuchar su voz y que ahora ellos tienen una noción clara de su poder. Ellos lideraron y hablaron por todos los pueblos amazónicos olvidados, sean otros indígenas, mestizos, negros y blancos que, hasta ahora, se resignan sin protestar al maltrato que Lima les da. Todo indica que, si evitan extremismos a los que son frecuentemente tentados, mantienen y mejoran su unión, argumentan o articulan mejor sus demandas y hacen eso sin disminuir su insistencia y su vigor, tendrán un rol cada vez más importante en el devenir amazónico. Los actores financieros En esta sección se describe cómo el financiamiento de la destrucción, muchas veces no premeditada, de la Amazonía pasó de ser esencialmente financiado por los grandes bancos multilaterales, en especial el Banco Mundial y el Banco Interamericano, a serlo por la Corporación Andina de Fomento (que hoy se hace llamar de Banco de Desarrollo Latinoamericano) y por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social del Brasil (BNDES) y, más recientemente, por China y otros países asiáticos. Hasta mediados de los años 1980 el Banco Mundial o Bird y el Banco Interamericano de Desarrollo o Bid eran reconocidos como campeones del financiamiento de infraestructuras, especialmente carreteras, que son el principal instrumento de la deforestación en países tropicales. Era público y notorio el estímulo que esos bancos dieron a la colonización y a la actividad ganadera extensiva, una de las que más contribuye a deteriorar bosques, suelos y agua y también a mantener la población local en condiciones miserables. La influencia de esos dos bancos fue especialmente determinante en la deforestación y degradación del patrimonio natural de América Central, donde a la ganadería se sumó el financiamiento directo e indirecto de la agricultura intensiva, como por ejemplo plantaciones de banana. Todo eso, que está profusamente documentado (Shane, 1980; Myers, 1980; Rich, 1986; Dourojeanni, 1990) ocurría a pesar de que, en teoría, comenzaba a existir alguna preocupación ambiental en ambos bancos desde fines de los años 1970, expresada en políticas elementales y basada en el esfuerzo de muy pocos funcionarios sin capacidad efectiva de influenciar en las decisiones. En 1980 el Banco Mundial aceptó el pedido brasileño de financiar la pavimentación de la carretera BR-364, entre Cuiabá (Mato Grosso) y Porto Velho (Rondonia) que continuó, con otros nombres hasta los años 1990112. Siguiendo las costumbres de la época, eso que parecía apenas problema de ingenieros de transportes, se hizo sin ningún cuidado especial, generando un movimiento migratorio tan fuerte y caótico en esa región, que aún era literalmente intocada, que los conflictos mortíferos con los indígenas aislados, la deforest ación masiva y los problemas de salud (Tucker et al., 1984; Fearnside, 1989) provocaron, finalmente, un enorme escándalo mundial. Éste se sumó al provocado por un programa de trasmigración de la densamente poblada Java a la por entonces casi intocada Kalimantan, la parte indonesia de la isla de Borneo, con impactos sociales y ambientales muy parecidos 112 El autor de este libro trabajó en ese proyecto como consultor ambiental internacional para el Banco Mundial y luego como funcionario, entre febrero de 1983 y diciembre de 1989. 133 (Fearnside, 1997). La revista The Ecologist dedicó varios de sus primeros números (1980 a 1987) a analizar el rol del Banco Mundial en esos y otros proyectos, lo que fue en cierta forma rematado por una histórica publicación divulgativa del Sierra Club cuyo título era “Bankrolling disasters: International Banks and development” (Schwartzman, 1986) que, siendo simple y muy bien presentada y mejor divulgada, resumió los hechos al nivel mundial y encausó las protestas. Ambos hechos dieron como resultado la instrumentación ambiental de ese Banco, en parte influenciada por presiones del Congreso de EEUU (Rich, 1986). En efecto, respondiendo a las manifestaciones públicas y a la reprobación mundial, el par de relegados funcionarios ambientales que por entonces tenía el Banco Mundial fue integrado a sendas divisiones ambientales en cada región. Los pioneros ambientales de ese Banco eran James Lee y en especial, Robert Goodland113. Este último fue un campeón de la defensa del ambiente que, además, había trabajado en la Amazonía brasileña. Goodland hizo esfuerzos denodados para que su Banco fuera más serio en ese tema. Además de haber sido mentor de las primeras políticas ambientales, de reasentamientos humanos y sobre poblaciones tradicionales, otro de sus triunfos obtenido con el apoyo de la sociedad civil sobre el Banco y sobre el gobierno del Brasil fue, precisamente, transformar la construcción de una “simple” carretera en plena jungla en un plan de desarrollo sostenible para Rondonia y para el norte de Mato Grosso, que fue conocido como Polonoroeste. Fue gracias a él y a las presiones de la sociedad civil internacional que fueron tomadas diversas precauciones ambientales y que, después de una breve paralización, todo el proyecto fue revisado y complementado con un ambicioso programa de desarrollo rural y de precauciones ambientales y sociales, estableciéndose numerosas áreas protegidas y demarcándose territorios indígenas, entre otras medidas. El Brasil había pedido al Banco Interamericano el financiamiento del trecho de la misma BR 364 entre Porto Velho y Rio Branco, la capital del Acre. El escándalo de Rondonia fue bien aprovechado por los ambientalistas preocupados con la Amazonía que estimularon al líder sindical Francisco (Chico) Mendes a usar argumentos socioambientales en su lucha por la explotación “sin patrones” de los manchales de caucho. En una histórica jornada durante la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de 1987, en la que Mendes participó, este Banco se vio obligado a estructurar un proyecto luego conocido como Programa de Medio Ambiente y Comunidades Indígenas que era, en buena cuenta, un primer ejemplo de desarrollo sostenible participativo a lo largo de la mencionada carretera. La otra consecuencia fue, como en el Banco Mundial, la creación de una división encargada de asuntos ambientales que comenzó a operar en enero de 1990114. Antes, en vista de los problemas del Banco Mundial, el Banco Interamericano ya había establecido un pequeño núcleo de especialistas ambientales, algunos de ellos muy comprometidos con el tema115 y había creado desde 1983 un comité ambiental con funciones limitadas que fue operativo especialmente a finales de esa década. 113 Dourojeanni, M. 2014 Robert Goodland: o homem que esverdeou o Banco Mundial O Eco, Rio de Janeiro 07/04/2014 (http://www.oeco.org.br/marc-dourojeanni/28186-robert-goodland-ohomem-que-esverdeou-o-banco-mundial ) 114 El autor de este libro fue el primer Jefe de la División Ambiental del Banco Interamericano de 1990 a 1995. 115 Destacaron, entre otros pioneros, Luis Ferraté, quien luego fue Ministro de Ambiente de Guatemala, el ecólogo americano Edward Farnworth y el forestal finlandés Kari Keipi. 134 En el mismo periodo, a consecuencia de los escándalos mencionados, ocurrió otro hecho importante. En 1989 la representante demócrata por California, Nancy Pelosi obtuvo que el Congreso de EE. UU. aprobara la ley que se conoció como la Enmienda Pelosi, que disponía que ningún director ejecutivo estadounidense de un banco multilateral pudiera votar a favor de un proyecto si no recibía 90 días antes la respectiva evaluación de impacto ambiental y social116. Ésta, apenas recibida por esos directores, debería ser remitida a los organismos técnicos competentes de EE. UU., que revisaban la calidad o pertinencia de la evaluación, permitiendo que fueran sometidas las preguntas adecuadas al personal del banco y, finalmente, determinando su voto favorable o negativo en el directorio. Pelosi sabía que los estatutos de los bancos multilaterales prohíben información privilegiada a los directores y, por lo tanto, estaba consciente de que si el director estadounidense recibía la información social y ambiental ésta sería igualmente distribuida a todos los miembros del directorio. Obviamente, muchos directores de países europeos, así como Canadá, pasaron también a examinar la problemática socioambiental de cada operación, a veces hasta con más esmero que el propio gobierno estadounidense. Esa parte de la enmienda Pelosi entró en vigor en diciembre de 1991 y de ese modo el tema ambiental, tan relegado hasta entonces, pasó a tener una enorme importancia para los ejecutivos de los bancos, cuyo mérito se mide por el número de proyectos que consiguen hacer aprobar y en la eficiencia, entendida como rapidez, con la que preparan esas operaciones. No debe creerse, sin embargo, que la sociedad civil aceptó tranquilamente las promesas de buen comportamiento ambiental de los bancos. Ellas generaron muchas dudas y reticencias, como las vehemente expresadas por Bruce Rich del Environmental Defense Fund sobre el verdear del Banco Mundial conducido por su Presidente Barber Conable (Rich, 1989). Más, de cualquier modo, era evidente que el tratamiento ambiental de las operaciones a fines de los años 1980 ya había mejorado significativamente (Le Prestre, 1989; Turham, 1991; Goodland, 1992). En el contexto descrito, a partir de 1986 en el Banco Mundial y de 1989/1990 en el Banco Interamericano, no sólo se crearon departamentos o divisiones ambientales y se aprobaron y mejoraron políticas, estrategias y procedimientos para los asuntos sociales y ambientales, incluyendo temas correlatos como el forestal, sino que la cartera y los desembolsos para proyectos de estos tipos aumentó muy considerablemente. A tal punto que se convirtió en una de las grandes líneas de crédito y cooperación técnica en ambos bancos. Las cifras de negocios del Banco Mundial, apenas en temas de biodiversidad entre 1992 y 2002, alcanzaron los 2.700 millones de dólares (BIRD, 2000; 2002) y, considerando todos los proyectos relativos a medio ambiente, el nivel de préstamos anual fue enorme, bordeando el 20% de las colocaciones. En el Banco Interamericano, entre 1992 a 1994 los préstamos y cooperaciones para temas ambientales superaron anualmente los 1,100 millones de dólares, o sea tres veces más que la media anual de la década anterior. En 1998 llegó a colocar 1.830 millones de dólares en proyectos ambientales, o sea casi un 20% del total de colocaciones del Banco. Fue en ese lapso, también, en que grandes organizaciones no gubernamentales internacionales, como el World Wildlife Fund, The Nature Conservancy y Conservation International, fueron tentadas por los bancos multilaterales y bilaterales, así como por la cooperación técnica bilateral, a convertirse en colaboradores o en agentes ejecutores de 116 Dourojeanni, M. 2014 A Lei que mudou o futuro Oeco, Rio de Janeiro 28 outubro 2004 (www.oeco.org.br/colunas/marc-dourojeanni/page/29/) 135 componentes ambientales de sus proyectos. Eso disminuía la presión de las no gubernamentales sobre los bancos, distribuyendo la responsabilidad y, de cualquier modo, eso era buena propaganda. De ese modo, también, se inició un conflicto con las organizaciones no gubernamentales de los países de América Latina que pasaron a recibir menos apoyo financiero directo o que a partir de entonces lo recibieron a través de costosos intermediarios (Dourojeanni, 2006). A finales de la década de los años 1990 mucho había cambiado y no siempre para mejor en ambos bancos, pero especialmente en el Banco Interamericano. El discurso era el mismo, pero el desmantelamiento de las divisiones ambientales era notorio, provocando que sus decisiones fueran cada vez más contestadas o ignoradas por los líderes de los proyectos, sin que eso les acarreara consecuencias. Fue en ese contexto, al que debe agregarse la creciente dificultad en colocar el dinero disponible en ese Banco a partir del copioso Octavo Aumento de Recursos del Banco, que surgió la idea de lanzar la ya mencionada Iniciativa de Integración de la Infraestructura Suramericana, más conocida como Iirsa, que se concretó en Brasilia, en el año 2000. La idea subyacente era robustecer las líneas de préstamo para obras públicas. Esta iniciativa, después de una década en la que los bancos se cuidaron mucho de no intervenir en los bosques tropicales, lanzó un nuevo ciclo de amenazas directas para la región amazónica, especialmente para la faja localizada entre el Brasil y sus países vecinos andinos. Fue también en la década de los años 1990 que apareció un nuevo actor multilateral en América del Sur: la Corporación Andina de Fomento (CAF). Ésta, aunque creada en 1970 con sede en Caracas, no había tenido hasta entonces un rol significativo en la región. Sin embargo, en la década de los años 1990 las operaciones de la CAF crecieron rápidamente, inclusive mediante transferencias importantes del BID. Fue con base en una de esas operaciones que, en 1993, el BID impuso como condición a la CAF la creación de una unidad ambiental que más tarde se convirtió en una Vicepresidencia de Desarrollo Sostenible. La CAF era la entidad financiera de los países andinos reunidos por el Acuerdo de Cartagena, pero a ella se han incorporado plenamente Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con lo que ahora es una agencia financiera suramericana. La CAF se interesó mucho en la Iirsa y progresivamente se convirtió en su principal instrumento de financiamiento. La primera década del nuevo siglo trajo cambios importantes en el escenario del financiamiento multilateral en América Latina. En primer lugar, varios países de América del Sur, en especial Brasil y Perú, consiguieron como lo había logrado Chile en el decenio anterior, consolidar y desarrollar economías pujantes. Esto hizo que para ellos fuera menos interesante obtener préstamos de los dos grandes bancos multilaterales actuantes en la región. De otra parte, la Corporación Andina de Fomento, cada día más fuerte y actuante, ofrece financiamientos más fáciles y rápidos, despojados de refinamientos socio- ambientales y al gusto de los clientes que, además, tienen más peso en las decisiones de esa institución que en el Banco Interamericano y mucho más que en el Banco Mundial. Además, el Brasil se ha convertido en un importante accionista de la Corporación. De ese modo el Banco Interamericano fue desplazado por la CAF que, en la primera década de este siglo se ha convertido en el principal agente financiero de la infraestructura suramericana, pasando de aprobaciones por 4.700 millones de dólares en 2005 a 7.900 millones de dólares en 2008 y alcanzando 9.200 millones de dólares en 2009 (CAF, 2009). Gran parte de las infraestructuras financiadas son las previstas por la IIRSA en la Amazonia, como por ejemplo la Carretera 136 Interoceánica Sur del Perú, entre varias otras. La CAF se hace llamar ahora de “Banco de Desarrollo de América Latina”. Otro actor de creciente importancia regional es el mencionado Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social del Brasil (BNDES), creado en 1952. Éste, aunque enteramente brasileño, dispone año a año de más recursos para financiar las actividades internacionales de las empresas públicas y privadas de ese país. En 2009 desembolsó 137.400 millones de reales (unos 70.000 millones de dólares) para operaciones en Brasil y en el exterior, es decir más que el grupo del Banco Mundial, que ese año financió 46.900 millones de dólares en todo el mundo. O sea que, obviamente, el BM ha perdido influencia en América Latina. En efecto, entre 2005 y 2008 prestó entre 4.600 y 5.200 millones de dólares por año. En 2009, a consecuencia de la crisis mundial, los préstamos a toda la región alcanzaron temporariamente 14.000 millones de dólares (Banco Mundial, 2009). El hecho es que en condiciones normales la CAF presta a algunos países de América del Sur más dinero que el Banco Mundial a toda América Latina y que el BNDES presta mucho más apenas en el Brasil que el Banco Mundial en el mundo entero. La situación del BID es algo mejor pero su influencia es cada día proporcionalmente menor. En efecto, el BID desembolsó entre 4,900 y 7,100 millones de dólares por año entre 2005 y 2008 y, al igual que el BM, coyunturalmente desembolsó mucho más en 2009 (11.100 millones de dólares) debido a la crisis (BID, 2009). En consecuencia, no cabe duda que en el escenario suramericano, especialmente en los países amazónicos, el BNDES y la Corporación Andina son los actores financieros más importantes de la actualidad y lo serán aún más en el futuro próximo, cuando el Brasil se levante de su crisis actual. La seriedad del tratamiento ambiental de las operaciones del BNDES ha variado con sus administraciones. Hubo periodos muy malos en los años 1980, en que poco o nada del tema era considerado, y otros mucho mejores, en los años 1990, cuando el BNDES creó un departamento de medio ambiente y adoptó políticas y estrategias socioambientales y de transparencia compatibles con las del Banco Mundial, en el cual se inspiró. Uno de sus momentos más destacados fue el lanzamiento del Protocolo Verde, en 1995, que tuvo influencia en varios otros bancos públicos y privados del Brasil (BNDES, 1995). En la actualidad el BNDES es apenas en teoría un banco modelo para el tratamiento ambiental, pero la realidad deja mucho que desear, en especial cuando financia operaciones fuera del Brasil, en países con legislación ambiental débil o poco aplicada. Sus recientes proyectos a través de grandes empresas privadas de construcción civil y de empresas públicas brasileñas en la Amazonía de Perú, Bolivia y Ecuador son testimonios fehacientes de esa afirmación. Como en el caso de la CAF, el BNDES tiene un discurso óptimo, pero los hechos no acompañan las palabras, como lo demuestran las obras que financia. Los escándalos de corrupción de las empresas y de los gobiernos brasileños y por ende de gobernantes y empresarios de toda América Latina, en especial los peruanos, resumidos en el affaire lavajato comprometieron temporalmente el rol del BNDES en la Amazonia y en la región. Obras amazónicas como las interoceánicas Sur y Norte, el proyecto de represa del Inambari y docenas de obras más estaban por ser desarrolladas con fondos del BNDES y por las empresas coludidas, incluyendo la Odebrecht, OAS, Camargo Correa, Engevix, etc. Pero no se duda de que en breve esos actores recuperaran su rol hegemónico en el financiamiento y en la construcción de obras públicas en la Selva del Perú. 137 Claro que en la región hay otros actores. Además de los bancos multilaterales --Banco Mundial, BID, CAF-- y del BNDES, el único banco público nacional de influencia regional, hay varios bancos públicos extra-regionales. Entre estos últimos están bancos tan bien conocidos como el alemán (KFW), japonés (JBIC), europeo (BE), nórdico (NIB) o americano (Ex-Im Bank). Esta banca, usualmente llamada bilateral, mantiene en general estándares sociales y ambientales bastante elevados, compatibles con los del Banco Mundial o del BID, con los cuales cofinancian muchas operaciones. Pero también hay muchos otros actores financieros bien menos conocidos por el gran público, que apoyan inversiones como las destinadas a la minería, al petróleo y a cualquier otra operación que dé lucro cierto, inclusive aquellas llamadas público-privadas, como las que financian carreteras con peaje y otros servicios públicos con pago directo, como agua potable o electricidad. Ese grupo incluye grandes bancos privados tradicionales, pero también a entidades financieras públicas de Asia, incluidas las de Corea y China, para las que los temas ambientales o sociales son aún difíciles de comprender e imposibles de aceptar. Dejan esos aspectos al azar y si la suerte no les es favorable, suelen encomendar la solución de los problemas a sus abogados “ambientalistas”, en realidad, abogados especializados en burlar o soslayar la legislación ambiental de cada país. Peor aún es saber que se viene una avalancha sin precedentes de proyectos de explotación de recursos naturales y de obras enormes de infraestructura de transportes y energía en toda la Amazonia (Iirsa, 2006; Dourojeanni, 2010, Little, 2014). En muy pocos de esos emprendimientos hay financiamientos de los dos bancos tradicionales, el Banco Mundial y el Banco Interamericano y, en cambio, en todos están la Corporación Andina y el BNDES. En este contexto hay un trabajo urgente y complejo a ser desarrollado por la sociedad civil, tanto la internacional como en particular por la de cada país amazónico. Eso incluye muchos frentes, por ejemplo: (i) proponer al poder legislativo la revisión de la legislación ambiental y sobre recursos naturales de modo a hacerla más práctica y realista, es decir, aplicable; (ii) exigir una institucionalidad ambiental más fuerte, compatible con la problemática creada por las nuevas inversiones en la Amazonía, demandando de los poderes ejecutivo y legislativo un financiamiento adecuado; (iii) demandar que la legislación ambiental nacional sea como mínimo comparable en exigencias a la brasileña, para facilitar su aplicación por las empresas brasileñas que son financiadas por el BNDES; (iv) documentar y denunciar activamente y sistemáticamente las consecuencias de la deficiente actuación de las instituciones financieras en el área social y ambiental y, asimismo, su falta de transparencia; (iv) presionar las organizaciones financieras multilaterales y bilaterales que trabajan mejor el tema ambiental (como el Banco Mundial y el KfW) para que en sus negociaciones con los países amazónicos no abdiquen de sus principios a pesar del comportamiento de sus competidores desleales; (v) reclutar más miembros, especialmente los jóvenes, en los movimientos socioambientales que defienden la Amazonía; (vi) conjugar, armonizar y potenciar los esfuerzos de la sociedad civil de los países amazónicos, especialmente de los que son afectados por las inversiones brasileñas en sus territorios; y (vii) considerando que la Amazonía es una sola, obtener el apoyo de la sociedad civil brasileña con relación al comportamiento de sus propias instituciones financieras y de sus empresas. En la lucha por conseguir un desarrollo realmente sostenible en la Amazonía y, en especial, para confrontar y cambiar el comportamiento de los nuevos actores financieros regionales es preciso que la sociedad civil deje de lado la competencia desleal entre sus organizaciones o, más aún, sus diferencias conceptuales que siempre son más aparentes que reales. Deben hacer un frente común, reuniendo las que priorizan lo social y las que se dedican más a lo 138 ambiental y, evitando confrontaciones estériles y desgastantes. Al final de cuentas, el destino de cada país depende de la decisión y de la acción de su propia gente. Amazonia y sociedad nacional ¿Qué es la Amazonia para los ciudadanos del Perú? No es atrevido asumir que la ciudadanía se divide en tres grupos en relación con el bosque: (i) una abrumadora mayoría indiferente o levemente consciente; (ii) una porción pequeña que necesita del bosque o que sabe que el bosque es importante; y (iii) una porción no tan grande pero si mucho mayor que la anterior, que para desarrollar sus actividades económicas no ve problema en eliminar el bosque. En el caso del Perú puede afirmarse que prácticamente todos los habitantes de la Costa y, asimismo, que la mayoría de los habitantes de las ciudades de la Sierra e inclusive de la Selva pertenecen al grupo de los indiferentes o epidérmicamente conscientes, significando que pueden haber escuchado de la importancia de conservar el bosque pero que jamás tomarían una actitud a favor de eso. Eso grosso modo, debe representar unos 26 millones de indiferentes en un país de 32 millones de habitantes. Se supone que los más interesados en la Amazonia sean sus propios habitantes, o sea 4,6 millones de personas. Pero, por ser gran parte de éstos habitantes urbanos, su interés por la región se limita a ese espacio. También se supone que se interesen por ella aquellos que la usan estacionalmente o que consideran migrar a ella, en general pobladores rurales de la Sierra. Es decir que en el mejor de los casos hay unos 6 millones de personas interesadas en la Selva, pero en su inmensa mayoría su percepción e interés son netamente utilitarios y no incluyen ninguna noción de la necesidad de practicar desarrollo durable. La porción de la sociedad que necesita o considera importante el bosque y que, en principio, prefiere mantenerlo, tampoco es homogénea. En términos generales ella puede dividirse en tres grupos: (i) los que hacen del bosque su medio de vida en forma directa, como los pobladores nativos y tradicionales, o en forma indirecta, como los que practican o dependen de las industrias forestales y del comercio de productos forestales; (ii) los que aman la naturaleza y que están dispuestos a pagar el costo de conservar un patrimonio que, para ellos, reúne valores éticos o estéticos especiales y; (iii) los que se están percatando que los servicios ambientales de los bosques y otros ecosistemas naturales o semi-naturales son crecientemente importantes para la seguridad futura, incluyendo entre éstos los que ven en esos servicios nuevas oportunidades de negocio. Son proporcionalmente poquísimas las personas, en general más cultas o sensibles que, relacionadas o no a la Amazonía, saben lo que en ella ocurre y tienen opiniones concretas sobre el tema. Estas suman en el Perú, quizá, un par de centenas de miles, siempre las más intelectualizadas, que trabajan en gobiernos, universidades, centros de investigación, organizaciones no gubernamentales o que son estudiantes universitarios o secundarios de buenos colegios o, simplemente personas guiadas por su propia curiosidad o interés. Estas, claro, suelen tener opinión sobre la Amazonia, aunque ésta sea a veces distorsionada por las medias verdades, mitos y otras deformaciones mencionadas. En el caso brasileño, como en el Perú, no fue realizada una encuesta que atienda específicamente la cuestión de la actitud de la población nacional con respecto a la Amazonía. Una encuesta de 2006 sobre temas ambientales en general reveló un crecimiento en el número de personas que hoy en día son capaces de identificar problemas ambientales en ese país. Este crecimiento se ha producido en todas las regiones y en todos los grupos sociales y 139 asimismo creció el número de brasileños que no consideran exagerada la preocupación por el medio ambiente (era 42% en 1997; 46% en 2001 y llegó a 49% en 2006). Esto es positivo, pero visto de otra forma, quedó demostrado que en el Brasil no menos del 50% de los ciudadanos son indiferentes o muy poco interesados en los problemas ambientales. El estudio mostró que hay mayor dominio de conceptos relativamente complejos como el efecto invernadero y la diversidad biológica y una creciente preocupación por la amenaza a los biomas principales. Los problemas ecológicos del país incluyeron, para los entrevistados, la deforestación y la contaminación del agua (65%), mostrando un crecimiento importante de esta preocupación con relación a estudios anteriores. Sin embargo, de acuerdo con la encuesta, el aumento de la conciencia aún no está acompañado por un aumento considerable de las actitudes y comportamientos Es interesante anotar que los ciudadanos amazónicos urbanos ambientales y, del mismo modo, tampoco se preocupan por la problemática ambiental amazónica excepto en lo que les afecta directamente. ratificó que el perfil de los ciudadanos más preocupados por el ambiente sigue siendo los de alta escolaridad, altos ingresos y residentes de los centros urbanos. Otra encuesta, realizada por el World Wildlife Fund, dio resultados mucho menos expectantes cuando las preguntas fueron hechas en forma menos directa117. Dicho de otro modo, aunque la situación de entendimiento de los problemas ambientales esté probablemente mejor en el Brasil que en el Perú, como en parte lo demuestra el éxito electoral de Marina Silva118, tampoco es suficiente para que la ciudadanía pase efectivamente del dicho al hecho, como si ocurre en países desarrollados. Dejando de lado a los indiferentes, que en general viven en las ciudades, los otros dos grupos, aquellos que necesitan o saben que necesitan el bosque y, los que preferirían que no exista bosque, constituyen una dicotomía antagónica que, desde la invención de la agricultura y de la ganadería, modela la faz de la tierra. De la relación de fuerza entre estos grupos, en la que también participan sin saberlo todos los indiferentes, resulta el tratamiento que se da a la Amazonia. El sentido común indica que ese conflicto debería haber sido resuelto mediante un pacto consensual entre los que quieren conservar bosques y los que quieren eliminarlos, garantizando un espacio para ambas necesidades en la medida en que ambas son necesarias para todos. Pero, en los trópicos, ese acuerdo aún no ocurrió. Esos acuerdos existen en países Ver “WWF: brasileiros não notam importância da natureza para vida” Ambiente Brasil del 13 de octubre de 2010. Textualmente dice ”a maioria dos brasileiros não se lembra da importância do meio ambiente para a preservação da vida quando a indagação é feita aleatoriamente. A indagação ¿ o que você precisa para viver?” geraram, majoritariamente, respostas como: amor, família, amigos, sol e saúde”. 118 Marina Silva fue candidata exitosa en el primer turno de las elecciones brasileñas de 2014 pero por permanecer “neutra” durante el segundo turno, perdió mucho de la influencia ganada por ella y por el Partido Verde al cual, dicho sea de paso, ella renunció. 117 140 desarrollados. Por eso los paisajes de América del Norte o de Europa y Japón han mantenido, a partir del último siglo, cierta estabilidad en la frontera agropecuaria-forestal o, por el contrario, en ellos se ha restaurado un balance adecuado mediante el aumento de la superficie de los bosques. Sin embargo, no se pretende soslayar el hecho que la lógica económica tiene mucho a ver con los vaivenes históricos de esa frontera. De estos grupos, en principio sólo el primero implica relaciones que son perjudiciales para el bosque del que tiran su sustento o en base al cual acumulan riqueza. Para la mayoría de las personas que tiran provecho del bosque, el interés se limita a la posibilidad de ganarse la vida o de lucrar. Pero otra fracción, en especial los indígenas, hacen del bosque del que viven también su hogar. Pero ellos son una pequeña minoría y, poco a poco, hasta los indígenas se suman a la mayoría. O sea que, para la mayor parte de la ciudadanía, el bosque no importa o es apenas un obstáculo. Nadie haría el costoso esfuerzo de reemplazar el bosque natural por otro cultivado, o por pastos y agricultura, de no ser ellas más rentables o simplemente más viables en función del capital disponible, que el aprovechamiento forestal sostenible. El resultado ha sido la sustitución del bosque. El mismo proceso, aunque más rápido, ha eliminado totalmente el 50% del cerrado en el Brasil y ha degradado prácticamente todo el resto de la vegetación. La expansión de la ganadería y en especial del cultivo de soya, arroz, algodón y maíz, con las nuevas tecnologías disponibles, inclusive variedades transgénicas, y en base a la realidad económica actual, son altamente rentables en suelos que tres décadas atrás eran considerados infértiles. El avance de la soya y otros cultivos en los estados amazónicos de Mato Grosso, Pará, Rondonia y ahora, en Amazonas, es impresionante. Estas actividades son practicadas por empresarios poderosos, incentivados y habilitados con recursos públicos. Pero el avance de la agricultura también es practicado, de forma más dispersa, por pobres rurales o urbanos de otras regiones de los países. Con el acceso facilitado por infraestructuras viales y, algunos de ellos, apoyados precariamente por programas de colonización, millones de pobres rurales llegaron y llegan a la frontera agropecuaria-forestal. El bosque, para esos recién llegados, tiene apenas dos significados: obstáculo y miedo. Es un obstáculo para los cultivos y crianzas. Ocasiona miedo pues ellos vienen de lugares en que ya no hay bosque hace siglos, como en la Sierra peruana o en el nordeste brasileño y porque, desde hace mucho, el cristianismo lo representa como el lugar donde el demonio anda suelto. Tampoco saben cómo sacarle provecho. Por eso, lo eliminan. En tiempos recientes, con más información y mayor demanda por madera, el obstáculo es fácilmente transformado en beneficio de corto plazo, a través de la venta de la madera noble a madereros para financiar el cultivo. Y, como esos pobres rurales no tienen acceso a tecnología ni a recursos financieros, en su mayoría caen en el círculo vicioso de la agricultura migratoria si es que, antes, no vendieron sus propiedades a ganaderos más ricos que a su vez venden sus tierras a los grandes empresarios agricultores de commodities. Con excesiva frecuencia, se confunde a estos inmigrantes pobres con la población de los bosques y, sin duda, muchos de ellos están englobados en la estadística que señalan que, a nivel mundial, hay 1.600 millones de personas que dependen de los bosques. Sólo que, en verdad, ellos no dependen del bosque y sí de su eliminación. Más aún, en la Amazonia de países andinos, los pobladores forestales son reemplazados por agricultores andinos del mismo modo que en la Amazonía brasileña lo son por trabajadores rurales nordestinos o sureños. En el análisis de la pobreza en la Amazonia es frecuente descubrir que los pobladores originales del bosque viven ahora en las nuevas favelas o “barriadas” de las 141 ciudades, mientras que los pobladores rurales son en su mayoría originarios de otras regiones del país. De la población rural, el porcentaje que realmente vive dentro del bosque es mínimo y está conformado esencialmente por indígenas. Amazonia y sociedad mundial Es indudable que hay más preocupación por la Amazonía entre los ciudadanos de los países desarrollados que entre los de los propios países amazónicos. También hay más conocimiento, aunque bastante destorcido, sobre la realidad de la Amazonia. Asimismo, en esos países las actitudes personales que esos ciudadanos toman en su defensa son más contundentes; por ejemplo, al presionar a sus gobiernos para hacer o no hacer algo en esa región, su disposición a pagar por ella en forma de donativos o a través de sus impuestos y, asimismo, su voluntad de manifestar públicamente sus opiniones, inclusive en manifestaciones callejeras, sobre lo que ellos creen que debe o no hacerse en ella. Esto es una consecuencia directa del mayor nivel cultural y de la existencia de mecanismos democráticos o participativos más elaborados en esos países que en los países amazónicos, determinando lo que se conoce como activismo. Sin embargo, ese interés por la Amazonia está frecuentemente basado sobre gruesos errores de interpretación de la realidad y sobre algunos mitos persistentes, ya discutidos. Siendo así el apoyo que esa ciudadanía y a veces sus gobiernos pretenden dar a la región está frecuentemente mal dirigido y genera reacciones antagónicas de la ciudadanía amazónica. Las principales tendencias son (i) la persistencia obsesiva, especialmente en Francia, de la creencia que los indígenas amazónicos son actualmente tan maltratados y hasta esclavizados Esa antigua caricatura muestra cómo muchos, como en la época de los esbirros de Arana; (ii) el tanto en los países ricos como en los pobres, ven desproporcionado énfasis social, especialmente en el tema de la conservación de la Amazonia. el Reino Unido y en los países nórdicos, de las intervenciones que proponen, dominadas por la idea del desarrollo comunitario participativo en desmedro de las realidades económicas y de fundamentos técnicos, lo que las hace insustentables; (iii) el apoyo a grupos de la izquierda más radical, otra vez muy visible en los paisas nórdicos, como la que se brinda al Movimento dos Sem Terra (MST) del Brasil, que violan sistemáticamente la ley para lograr sus objetivos; (iv) el propósito de conservar la Amazonia integralmente virgen, en beneficio de la humanidad, presente en Inglaterra y a veces en EEUU; etc. Esas tendencias, entre otras, son más o menos frecuentes en las sociedades de un país u otro y no siempre consiguen influenciar el comportamiento de sus gobiernos y agencias de cooperación técnica con relación a la Amazonia. Pero es obvio que, por ejemplo, en el Reino Unido, el énfasis social ha impregnado radicalmente al Department for International Development (DFID) que ni considera desarrollar una operación que no tenga un elemento social central, aunque éste sea obviamente contradictorio con los demás objetivos. También son de ese país organizaciones igualmente enfocadas en cuestiones sociales como Oxfam, mientras que otras como Green Peace o el World Wildlife Fund británico se concentran más en el concepto de preservar la Amazonia, pero para no perder apoyo también destacan el énfasis social. En EE. UU. hubo también un viraje social de todas las grandes organizaciones 142 ambientalistas siendo que el World Wildlife Fund durante muchos años invirtió mucho más en proteger a la gente que en proteger las áreas naturales y la diversidad biológica de la gente. En cambio, The Nature Conservancy se inclinó por el economicismo y abandonó mucho de su política en beneficio de áreas protegidas119. Esa visión socioambiental destorcida para tratar de la Amazonia está claramente revelada en un artículo de White et al (2005), que trata sobre la cuestión de la propiedad de los bosques tropicales que contiene muchas afirmaciones muy discutibles: (i) de uno a 1,5 mil millones de las personas más pobres del mundo viven en o alrededor de los bosques tropicales --80% de ellos con menos de un dólar por día; (ii) los derechos humanos y la propiedad de los habitantes de estos bosques se reducen al mínimo o son denegadas; (iii) la naturaleza "no es natural" y que por el contrario es el fruto de milenios de intervención humana; (iv) los gobiernos no fueron eficaces en la protección de los bosques, ni siquiera en sus "parques de papel"; (v) los bosques de las comunidades indígenas están mejor conservados que los de los estados y; (vi) los nativos gastan más dinero que los gobiernos para defender los bosques. Concluyen invocando que se transfieran los bosques públicos a los indígenas y a las poblaciones tradicionales y que se reorienten las inversiones Los europeos son muy activos en defensa de la Amazonia, pero muchas veces sus causas no nacionales e internacionales a ellos para que están bien encaminadas. continúen promoviendo el aprovechamiento sostenible de los recursos. Aunque no está claramente escrito, todo el texto está orientado a sugerir que las áreas que son protegidas por los gobiernos no cumplen su función y que deben ser entregadas a los indígenas120. Vale la pena revisar esa argumentación, aunque en gran parte fue discutida en capítulos y secciones anteriores, pues muestra inequívocamente el enfoque de sectores importantes de los países desarrollados sobre la “realidad” amazónica y sobre lo que ellos deben fomentar en ella. Como siempre, las peores mentiras son las verdades a medias, pero, en este caso, existe además una generalización abusiva para América del Sur de hechos que quizá puedan ser válidos para Asia, África o América Central, pero que no reflejan la realidad regional. En América del Sur no hay "de uno a 1,5 miles de millones" de personas viviendo en los bosques o a su alrededor. Toda la población de Amazonía no debe superar, muy generosamente hablando, los 40 millones de habitantes y, como dicho, la mayoría --en promedio más del 60%-- son residentes urbanos. Y, por cierto, en todos los países del mundo tropical, los que viven "alrededor" del bosque son los peores enemigos de los nativos y de los bosques. Ya se ha visto que la población indígena de los 9 países de la Amazonía como un todo difícilmente llega a unos 2 millones de personas. Los habitantes tradicionales (ribereños y “extrativistas”), 119 Dourojeanni, M. 2012 The Nature Conservancy vai cultivar milho transgênico? 28/06/12 OEco (www.oeco.org.br) 120 Dourojeanni, M. 2006 Quem conserva as florestas tropicais? OEco, 06 Janeiro 2006 13:3 (http://www.oeco.org.br/colunas/marc-dourojeanni/16382-oeco-15218/) 143 aunque ellos no pueden calificarse de protectores del bosque, pueden representar, generosamente, otros 5 millones de personas. También cabe poner en duda la afirmación que los habitantes de la Amazonia son los "más pobres". Los indígenas, por supuesto, son pobres porque muchos no tienen o tienen muy poco dinero. La pobreza indígena no puede medirse únicamente en términos de dólares per cápita, debido a que en su caso la calidad de vida es en gran medida independientemente del dinero121. Los indígenas que mejor cuidan las selvas no necesitaron dinero para hacerlo. Sus tierras se defienden solas por su aislamiento y por vivir como hace siglos. Los otros, es decir la mayoría que vive como los demás ciudadanos --aculturados--, necesitan si cada vez más dinero, en la misma proporción que aumenta sus contactos con la mayoría nacional y su dependencia de ésta. Sin embargo, en general mientras más dinero tienen menos protegen sus bosques. El argumento de que los países amazónicos no respetan los derechos humanos y la propiedad de los pueblos indígenas amazónicos es derrumbado considerando que apenas en el Brasil, donde actualmente hay menos de un millón de indígenas de los que muchos viven en áreas urbanas y otros fuera de la Amazonia, se distribuyen más de 100 millones de hectáreas apenas en esa región, lo que significa bastante más de 100 ha por persona de cualquier edad o sexo. En el caso peruano, si se suman las tierras de las comunidades nativas, reservas comunales y reservas territoriales (17 millones de hectáreas) y se considera que existen 350.000 indígenas amazónicos, se tiene un promedio de 48 ha por persona. Es mucho menos que en el Brasil y debe reconocerse que su propiedad sobre gran parte de esa tierra es, por el momento, limitada. Pero considerando solamente la extensión de las comunidades nativas se tiene un promedio de 36 ha por habitante. Es decir que una familia de seis personas dispone de más de 210 ha, lo que no es poco. De otra parte, es cierto que muchas veces aún son hostigados y objeto de malos tratos, pero, a cada día consiguen defenderse mejor. También es verdad que no todos los grupos indígenas poseen tierra en cantidad suficiente, aunque otros -en el caso del Brasil-- tienen demasiado, y que podrían ser mejor tratados, por ejemplo ofreciéndoles asistencia técnica efectiva. Pero hace ya más de tres décadas que los indígenas amazónicos son la minoría pobre más favorecida con tierras y asistencia social en la Amazonia. Los pobladores ribereños, por ejemplo, están en una situación mucho peor pues a ellos nadie los defiende. El siguiente argumento, que ya fue discutido en este libro, es el reclamo de que los bosques naturales de hoy son el fruto de la manipulación constructiva de los seres humanos durante miles de años. Esta teoría, como ya discutido y como numerosas investigaciones lo han demostrado, no puede ser generalizada a la Amazonía en su conjunto y aunque no se discute que hubo presencia humana desde hace milenios, eso no significa que la tal “manipulación” fuera beneficiosa para el bosque. La teoría de que la presencia humana es favorable a la naturaleza es simplemente absurda. El cuarto argumento es que los gobiernos y sus organismos no han sido eficaces para conservar el bosque. Se trata de una verdad irrefutable, como lo demuestra el avance de la deforestación. No obstante, debe diferenciarse, como lo han hecho varios autores, entre la eficiencia de las áreas protegidas de uso indirecto (o de protección integral) y las de uso directo, tales como las reservas nacionales. Está demostrado que, a pesar del hecho de que las áreas protegidas amazónicas nunca fueron bien atendidas por la administración pública, están casi intactas. Especialmente las de uso indirecto. 121 Por eso los economistas inventaron el término “pobreza monetaria”. 144 El último argumento expuesto en el artículo que se comenta es que las comunidades indígenas invierten tanto o más en la conservación y gestión sostenible de los bosques que los gobiernos y que la cooperación internacional juntos. Se menciona que los nativos invierten de 1,3 a 2,6 miles de millones de dólares por año tan sólo para administrar los bosques. El cálculo, aunque audaz, tiene algún valor. Parte del concepto que la labor sobre la protección de los bosques tiene un costo. Hay casos en México y la India, donde esto sucede realmente. Los autores sugieren que los indígenas de la Amazonia brasileña ahorran millones de dólares por año, evitando su deforestación. Pero, en realidad, lo que limita la deforestación de las tierras indígenas en la Amazonia es, en primer lugar, el hecho de que son protegidos por la ley --como en el caso de las áreas protegidas-- y que los atacantes prefieren no correr el riesgo de tener enfrentamientos con la autoridad. En segundo lugar, parte de los bosques de áreas indígenas se protegen gratuitamente, apenas debido a su aislamiento y, otros lo son simplemente porque los indígenas no tienen aún el capital para invertir para su explotación. Otra cosa es reconocer, como lo hacen White et al (2005) cuando señalan que aproximadamente 377 millones de hectáreas de bosques de los países en desarrollo --22% de los bosques de esos países-- están actualmente en poder de propietarios indígenas y tradicionales o que ellos son sus administradores. También señalan que la tendencia es a repasar más bosques públicos a esas poblaciones, estimando que, en el año 2015, estas comunidades poseen o administran de 700 a 800 millones de hectáreas, en su mayor parte en la Amazonía. Este es un hecho que abre muchas oportunidades que se discuten más adelante. Y, es verdad, muchas de las inversiones futuras en la Amazonía deberán orientarse a que esa transferencia permita, efectivamente, conservar algo de ese bioma, lo que a priori no es evidente. Influencia incontestable y creciente de China y Brasil A pesar de la reciente debacle económica brasileña derivada del nivel incomparable de la corrupción alcanzada en ese país, es indispensable discutir el rol que puede esperarse del Brasil, en la Amazonía, en el Perú y en América del Sur. En efecto, el Brasil no tardará en recuperar su rol preponderante. Más aún porque este no se limita, obviamente a la participación directa o indirecta de su Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES) en operaciones de empresas brasileñas fuera del Brasil, como brevemente descrito antes. Además, esas intervenciones no son consecuencia de decisiones aleatorias o coyunturales sobre buenos negocios. Las intervenciones brasileñas en la Amazonia peruana y en la región responden a una filosofía, a una política y a un plan bien estructurado que determinarán el futuro de la Amazonía. Bajo muchos de los parámetros habituales el Brasil es la primera potencia de América del Sur y una de las grandes en el mundo, como es reconocido sin ambages. Pero, la realidad es bastante más compleja. Su tamaño, población, PBI, producción agropecuaria, nivel de industrialización, fuerza armada, corresponden sin duda a un país muy importante en el nivel mundial y justifican que sea el principal actor de América Latina, más que México inclusive. Pero, examinando sus desigualdades sociales caracterizadas por una concentración extrema de la riqueza y por una injusticia flagrante que a su vez determina altísimos niveles de inseguridad, cabe poner en duda algunas de esas cualidades. Por ejemplo, el índice de desarrollo humano (IDH) del Brasil es comparable al del Perú, pero, en quesitos como la calidad de la educación, está peor. El llamado “costo Brasil”, o sea, el peso de una legislación intrincada que hace lentos los negocios y que en lo laboral favorece desproporcionadamente a 145 los empleados, las elevadas tasas tributarias y la lentitud proverbial de la justicia, son asuntos más gravitantes en el Brasil que en el Perú. Esta foto, probablemente arreglada y de autor no identificado, muestra bien el concepto del dominio brasileño sobre la Amazonia (Internet). A pesar de lo mencionado, el consistente esfuerzo de Brasil para convertirse en líder absoluto en América del Sur es muy grande y ha dado resultados. En esto, el rol del gobierno ha sido decisivo a través de sus relaciones exteriores, pero, principalmente, de sus mecanismos financieros como el BNDES, pero también con el Banco do Brasil y otros agentes, revelando, una vez más, un plan de expansión cuidadosamente elaborado. En 2010, los desembolsos del BNDES llegaron a 168,4 mil millones de reales (unos 99.000 millones de dólares), un aumento de 23% en relación con el 2009, transformándolo en el segundo mayor banco de desarrollo del mundo. El sector industrial respondió por el 47% de las colocaciones totales del Banco, seguido por las de infraestructura (31%) y comercio y servicios, (16%). Desde 2003 el BNDES, además del incentivo a la exportación, apoya inversiones directas de empresas brasilinas en el exterior, tanto por medio de financiamiento como por participación accionaria, a través de una gran diversidad de líneas y programas. En tan solo cuatro años -2006 a 2009-- el BNDES desembolsó 4.500 millones de Reales en su nueva línea de internacionalización, que es apenas una de varias que contribuyen a aumentar la influencia de sus empresas en el exterior. El BNDES tiene como objetivo estratégico financiar la integración sudamericana por medio de dos vertientes: (i) la vertiente institucional, participando activamente en la promoción de las iniciativas multilaterales de ámbito regional, tales como la Iirsa y ahora la Unasur y; (ii) la vertiente financiera, invirtiendo recursos financieros en iniciativas de proyectos. A través de la Iirsa el Brasil ya ha extendido su red vial a toda América del Sur, beneficiando de paso a sus propias grandes empresas de construcción civil. Y aún está expandiendo esa red con más carreteras y en el futuro mediato con ferrovías e hidrovías. La Iirsa nació oficialmente como iniciativa internacional, pero es absolutamente evidente que detrás de ella siempre estuvo el Brasil, inclusive mediante sus funcionarios en esas instituciones y su enorme influencia en las decisiones de esos bancos. En términos simples la tan promocionada “integración energética” de América del Sur, consiste en explotar el potencial hidro energético de los países amazónicos para beneficio del Brasil. 146 El esfuerzo no se restringe a la integración física, sino que insiste en las exportaciones de bienes y servicios siendo que los embarques para el continente sobrepasaron las ventas para los EEUU, su socio tradicional. Según especialistas, el buen resultado de las exportaciones es el primer indicio del cambio de estrategia de la política exterior del gobierno, ahora volcada hacia los países vecinos. Los latinoamericanos compran del Brasil principalmente productos manufacturados, o sea, de mayor valor agregado. Del total de ventas para América del Sur, 85% fueron de productos semi-manufacturados y manufacturados. La estrategia del gobierno incluye reafirmar la presencia de Brasil en América del Sur apoyando firmemente el proceso de internacionalización de grandes empresas privadas brasileñas como Gerdau y AmBev, y también de redes menores como la paulista Mister Sheik, entre muchas otras. Hoy, el Brasil está presente en prácticamente todos los países del continente, con inversiones del sector privado. La Gerdau, mayor productora de acero largo de América Latina, tiene subsidiarias en Argentina, Chile y Uruguay y ha Bolivia, Brasil y Perú son dueños de más del 92% aumentado su participación accionaria en de la cuenca amazónica, pero el Brasil posee el 68% de la misma. siderúrgicas chilenas. Por igual camino va la siderúrgica CSN. La Odebrecht, como constructora y financiera está operando en casi todos los países, especialmente en Perú y Ecuador del mismo modo que las constructoras Camargo Correa, Queiroz Galvão, Andrade Gutierrez y OAS, entre otras. La mayoría de las grandes obras públicas de América del Sur tienen, actualmente, intervención de alguna de esas empresas, en general asociadas a empresas menores de cada país. Es poco probable que el escándalo “Lavajato” cambie sustancialmente esa situación. La minera Vale do Rio Doce está en el Perú y, obviamente, la poderosa cervecera AmBev también, en todas partes, pero es especialmente fuerte en Guatemala, Perú, Uruguay y Argentina. A las empresas privadas deben sumarse las estatales como la Embraer (aviones) y en especial la poderosa Petrobras (petróleo), que opera en el Perú y en varios otros países de la región y otras como la Eletrobras (electricidad) y una serie de otras empresas como la Furnas que están asociadas al tema de la energía. Según la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad), el Brasil está en el tercer lugar del ranking de las 100 empresas de países "emergentes" con potencial para desafiar a las transnacionales estadounidenses y europeas. Son 14 las empresas con origen en Brasil en ese ranking, muy cerca de China e India, pero son muchas más las transnacionales brasileñas que están en plena expansión. En 2008 ya había más de 77.000 brasileños trabajando fuera del Brasil en esas empresas. Las empresas transnacionales son uno de los principales motores del desarrollo capitalista. Detrás de una gran empresa hay siempre un estado fuerte que la financia y estructura el campo jurídico y político para que ella actúe. Y detrás de un estado hegemónico hay siempre transnacionales que actúan dentro y fuera del país, llevando su marca y creando su imagen junto a la del país potencia. Muller (2009) resume así lo que representan para América del Sur las transnacionales brasileñas y, con otros autores, describen esa forma de expansión económica como sub-imperialismo. Ella, que es brasileña, concluye diciendo “Vale la pena cuestionar quién gana y quién pierde en el marco de esta política. Desde la perspectiva de los pueblos, ¿el pueblo brasileño está ganando sobre la explotación de otros pueblos? Finalmente, ¿para qué y para quién? Y ésta es la pregunta que queremos plantear aquí. Entendemos que el 147 esfuerzo de crecimiento de Brasil es un esfuerzo de la población trabajadora. Es del trabajo de la población de donde nace la generación del valor, que se hace recurso para el Estado. Entendemos que estos recursos, al ser aplicados en las empresas, en las instituciones financieras internacionales y en los megaproyectos de infraestructura, están siendo usados de forma perversa, contra los intereses de justicia social, laboral y ambiental de la clase trabajadora”. La expansión de los negocios brasileños en los países vecinos se hace también de otras formas. Así, por ejemplo, el 80% de la soya producida en el Paraguay pertenece a hacendados brasileños y éstos están presentes igualmente en Bolivia y en otros países vecinos y están entrando fuertemente en Colombia y en el Perú. Lo preocupante es que, obviamente, la Amazonia es otra vez el punto focal de sus intereses. La BMaggi procuró 100.000 ha en los Llanos Orientales de Colombia para reproducir allí su ambiental y socialmente dudosa hazaña de Mato Grosso. La Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa) está apoyando los hacendados colombianos para transformar los Llanos en un nuevo cerrado. Además, la influencia se extiende a otros campos. Por ejemplo, el 24% de las adquisiciones de las empresas argentinas entre 2003-2007 fueron con capital brasileño. El Banco do Brasil, por citar solo uno, tiene puntos en ocho países. Otra forma, ésta particularmente perversa, de expansión es el uso --¿involuntario?-- de los ciudadanos más carentes del Brasil para ocupar tierras en los países vecinos. Aunque esa política no es oficialmente reconocida, ella está omnipresente en todas las zonas fronterizas donde se facilita el pasaje de brasileños para ocupar tierras para agricultura o para minería ilegal. En efecto, caboclos y garimpeiros brasileños están presentes en Bolivia y cada vez más en el Perú, pero son numerosísimos en Guyana, Surinam y Guyana Francesa. Los reiterados episodios de conflictos entre esos invasores y las comunidades locales son rápida y ostentosamente atendidos por el Ministerio de Relaciones Exteriores y por el gobierno en general que envía aviones para su evacuación y provee facilidades excepcionales para atender las víctimas brasileñas. El más reciente fue en Surinam, entre garimpeiros brasileños invasores y maroons122. El expansionismo brasileño en América del Sur está enfrentando resistencias crecientes pero insuficientes para encausarlo a un punto de equilibrio justo o favorable a todas las partes. Primero fue el turno de Bolivia que decidió gravar en 50% la explotación de petróleo, perjudicando a la Petrobras, recuperando sus yacimientos de fierro en el Pantanal y sacando del país a agricultores brasileños ilegales en su frontera con Acre y Rondonia. Luego, fue el notorio caso del Ecuador contra la Odebrecht. Después fue Discusión entre Brasil y China para una ferrovía que el turno del Perú en el que se llegó a atravesaría el Perú (Camargo/Agencia Brasil en OEco). formar un frente popular de defensa contra la pretensión de construir la represa del Inambari y, claro, el escándalo “Lavajato” y de empresas como la Odebrecht domina por ahora las relaciones del Brasil con los demás países regionales y en especial con el Perú. Sin embargo, habida cuenta del apoyo que las pretensiones brasileñas reciben en países como el Perú, es improbable que la reacción 122 Los maroons son los descendientes de los esclavos africanos fugados que se asimilaron al estilo de vida y/o se cruzaron con los indígenas nativos en bosques de Surinam y de las Guayanas, principalmente. En Brasil, mezclados o no con indígenas, forman los llamados quilombos. 148 popular sea suficiente para frenar por mucho tiempo el expansionismo brasileño. Más aún porqué la corrupción en países de la región amazónica es tan grande como en Brasil. Informaciones periodísticas demostraron que las empresas brasileñas que operan en el Perú financiaron legal e ilegalmente las campañas presidenciales de todos los candidatos con posibilidades de llegar al poder durante las últimas dos décadas. El Brasil compite con EE. UU., Chile y China por el rol dominante en la economía peruana. En 2010 desplazó a Chile a un cuarto lugar, pero China, en el tercero, está amenazando el predominio brasileño. Brasil concentró sus inversiones en el territorio peruano en hidrocarburos, minería, obras de infraestructura de transportes y saneamiento e hidroeléctricas en zonas cercanas a la frontera común, mientras que China se volcó concentradamente al sector minero. Actualmente China tiene más del 35% de la inversión minera en el Perú, bastante más que los países que sobresalían hace una década atrás como EEUU y Canadá. Según información del Ministerio de Energía y Minas, a enero de 2017, las empresas chinas tienen comprometidos 10.189 millones de dólares de inversión en siete yacimientos mineros, mayoritariamente cupríferos. China acaba de ganar la licitación para la construcción de las anunciadas hidrovías en la Selva y continúa insistiendo para financiar un ferrocarril interoceánico. Los capitales de Brasil y China cumplieron un papel importante en el crecimiento económico de Perú y redujeron su dependencia respecto a EEUU, que aún no supera totalmente la crisis que estalló en 2008123. La financiación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) condiciona la importación de equipos e insumos brasileños para la ejecución de las obras y usa este mecanismo para incrementar las exportaciones de gran valor agregado, además del cobro de intereses y las ganancias de sus empresas, que serán socias o constructoras de las centrales. Las empresas brasileñas actúan en diversos sectores de la economía peruana, pero no es visible la resistencia a estas inversiones de parte de la sociedad civil, a excepción del caso de las hidroeléctricas. Las inversiones chinas, aunque más disimuladas, también han sido bien recibidas en el Perú. Pero, después de que la empresa Shougang Hierro, que explota minas desde 1992, provocó una gran contaminación por derrames de aceites y lubricantes además de ser acusada de violar leyes laborales, su presencia pasó a ser notada. Además, otras dos empresas chinas generaron conflictos, con muertos y heridos. Asimismo, se detectaron empresas informales chinas extrayendo oro en Madre de Dios124. Resulta obvio que los chinos, como los brasileños, actúan formalmente a través de sus grandes empresas e informalmente, facilitando la entrada de nacionales ilegales. Aunque resulte irónico las inversiones chinas en Brasil también crecieron abruptamente en los últimos años en varios sectores y, por lo visto, su respeto por la temática ambiental es mínimo125. Además de su interés por el transporte, hicieron inversiones en energía. Compraron empresas de transmisión y distribución de electricidad, además de participación en yacimientos de petróleo. Son dos tipos de inversiones. Unas son para adquirir reservas de recursos naturales no renovables a fin de atender la demanda en China. Otras buscan generar empleos para sus ciudadanos en el exterior y exportar equipos. China es uno de los pocos países que desarrolla tecnología para ejecutar grandes obras de infraestructura, pero difícilmente penetrará en ese sector en Brasil, como hizo en África y Ecuador o está haciendo 123 124 125 Sanborn, Cynthia 2011, Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, Lima Coelho, Maria Emilia 2011 The Chinese invasion of Peru’s mines O Eco Amazonia Febrero 2011 http://amazonia.inesc.org.br/destaque/grandes-projetos-na-amazonia-expoem-influencia-da-china-emviolacoes-socioambientais/ 149 en Perú debido a las competitivas constructoras brasileñas. Aunque sí participa en el auge de los complejos hidroeléctricos y termoeléctricos, vendiendo turbinas y equipos a precios bajos. Las inversiones chinas parecen “tímidas”, porque muchas no aparecen en las estadísticas, como las que compraron el control accionario de empresas importantes. A pesar de que el Brasil tiene una legislación ambiental algo más avanzada que la peruana y que, quizá en algunos estados la aplica más y mejor, no es ningún ejemplo a seguir. Los problemas ambientales brasileños son, por lo menos, tan graves como los que enfrenta el Perú y, en algunos campos, como en el caso de áreas protegidas y ecoturismo, el Perú está más avanzado. Pero, aunque el Brasil fuera un paradigma ambiental nada asegura que sus empresas y sus bancos vayan a aplicar en otros países sus propios estándares. Muy al contrario, las evidencias dejadas a lo largo de las carreteras interoceánicas y en el caso de la central del Inambari demuestran que pretenden tratar el tema ambiental “con pleno respeto de las leyes y regulaciones peruanas”, siendo conocedores de la incapacidad del gobierno peruano para hacerlas cumplir. O sea, no puede esperarse mucho en ese campo. No hay duda de que el Brasil tiene el derecho de aumentar su influencia en la región y sacar provecho de un mayor volumen de negocios y de explotar recursos naturales fuera de su territorio. Cuando entrevistados, los promotores de esa política no sienten que existe un sesgo colonizador en su intención. Pero esa no es la opinión de observadores independientes en el propio Brasil (Muller, 2009; Novoa-Garzon, 2010) que usan, para describir ese comportamiento, los términos imperialismo o sub-imperialismo. Muchos peruanos aún opinan que es mejor ser dominado por los simpáticos brasileños que por los gringos, pero ese puede ser un tiro en el pie. En efecto, los controles sociales en el Brasil son mucho más débiles que los que existen en los países de la Comunidad Europea o en EE. UU. o Canadá y, en consecuencia, los abusos no podrán ser controlados. Además, el uso de la coima y de la compra de favores anda, demostradamente, mucho más suelto en el Brasil. Es decir que no hay evidencia de “ventaja comparativa” en que el país se someta a la potencia regional. Lo que sí es incuestionable es que las relaciones económicas entre países deben ser de igual a igual, asegurando beneficios para los pueblos de todas las partes y no sacrificando unos para el bien de los otros. Eso pasa, primeramente, por un gobierno serio, honrado y digno en los países de ambos lados, pero especialmente en el país en el que se realizarán las inversiones. Los científicos y su influencia en la Amazonia La Amazonía ha estado abierta a científicos de todas partes que trabajaron en toda la región, en todos los países, con sede en universidades locales e instituciones de investigación. Sin embargo, se concentraron especialmente en tres instalaciones: el Instituto de Pesquisas da Amazonia (Inpa) en Manaus, Brasil, en el Instituto de Investigación de la Amazonia Peruana (Iiap) y en la Estación de Investigación Cocha Cashu en el Parque Nacional del Manu en Perú. El Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (Inpe) de Brasil también desempeña un papel clave con respecto al cambio climático y el monitoreo de la vegetación. Los avances científicos han tenido influencia en todo lo que se ha propuesto y logrado para conservar la Amazonía. Pero como se demostrará en el siguiente análisis, su influencia ha sido limitada y a menudo concentrada en áreas protegidas, proyectos de pequeña escala que combinan objetivos socioeconómicos con el cuidado del medio ambiente y la adopción de legislación ambiental que se ha aplicado solo parcialmente y que nunca ha podido oponerse o contrarrestar la legislación que promueve el desarrollo convencional. La investigación también ha abierto nuevas oportunidades para la financiación internacional, especialmente en 150 relación con el cambio climático. Sin embargo, la mayoría de las evidencias científicas no se utilizaron para adoptar políticas, planes o adoptar medidas que tendrían impactos positivos reales y perdurables hacia el desarrollo durable. En cambio, visto desde otro ángulo, la ciencia y la tecnología asociada han sido un factor principal de estímulo de la deforestación y del desarrollo como de costumbre. Hasta hace una década, el argumento más común para establecer áreas protegidas en la Amazonía ha sido la demostración de la magnitud ("megadiversidad"), singularidad y patrones de distribución de su diversidad biológica, impulsados por la demostración de los crecientes riesgos de su extinción --por ejemplo, las Listas Rojas de la UICN-- junto con su utilidad real o potencial en agricultura, medicina u otros usos. Las evidencias de especiación y endemismo en los Andes, teorías como los refugios del Pleistoceno, la existencia de "puntos calientes" (hotspots)126 seguidos por los “puntos fríos” (coldspots)127, así como las teorías de aislamiento y fragmentación del hábitat, tamaño crítico mínimo y efecto de lindero o borde, entre otros, fueron argumentos utilizado con frecuencia y hasta cierto punto aceptados para crear más áreas protegidas y más grandes. Estos descubrimientos científicos también fueron insumos para la adopción de zonas de amortiguamiento y las propuestas de corredores biológicos. La intensificación de la investigación de campo permitió el redescubrimiento de presuntas especies extintas y el descubrimiento de 1.200 nuevas especies de 1999 a 2009 y 441 entre 2010 y 2013 y muchas más hasta la fecha. La investigación también está reconociendo como nuevos ecosistemas a biotopos que durante mucho tiempo fueron ignorados, como las arenas blancas del Amazonas, lo que sugiere la necesidad de más áreas protegidas. Pero el establecimiento de una porción significativa de las áreas protegidas continuó respondiendo al oportunismo o la motivación política. Pero, asimismo, la comunidad científica a menudo ha lanzado puntos de vista que proporcionaron argumentos a los responsables políticos que se oponen al establecimiento de áreas protegidas. Un enfrentamiento generalizado entre las opiniones de los científicos naturales y sociales sobre la naturaleza y la conservación de la naturaleza comprometió los logros de la conservación. Desde finales de la La Estación de Cocha Cashu, en el Parque Nacional del Manu, ha década de 1970, pero aportado valiosísimos conocimientos para la conservación y el uso especialmente después de la durable de la Amazonia. Pero parte de la ciencia ha contribuido consagración del concepto de asimismo al aceleramiento de la deforestación. desarrollo sostenible, la crítica de los científicos sociales contra las áreas estrictamente protegidas aumentó, muchas veces simplemente invirtiendo el sentido del mismo argumento científico, como en el caso del aislamiento. Esta tendencia ha estado en constante crecimiento, evolucionando hacia el 126 Término muy usado para describir áreas o zonas de elevada biodiversidad, caracterizadas por niveles excepcionales de endemismos y por estar sometidas a amenazas de extinción. 127 Término inventado recientemente que en cierta forma pone en duda el anterior e insiste que hay áreas con menos especies que merecen igual o más cuidado. 151 antropocentrismo acentuado de hoy en día que, en muchos sentidos, se une a posiciones que también son defendidas por los desarrollistas. Esto ha sido fundamental para el establecimiento de una serie de nuevas áreas "protegidas" abiertas a la ocupación humana y a la utilización de los recursos. Por un lado, más positivo, los científicos sociales obviamente han influido en el desarrollo de la llamada "conservación basada en la comunidad" y, como se esperaba, fueron determinantes en la mayor prioridad otorgada al reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. La investigación relacionada con la silvicultura, la vulnerabilidad del agua dulce y de la pesca o de la fauna terrestre y las propuestas relacionadas de medidas para mejorar su gestión tuvieron poca o ninguna aplicación. Nunca se aplicó información como la regeneración y composición de bosques naturales o sobre la biota acuática o la vida silvestre para mejorar el manejo de esos recursos ni su legislación o administración. En cambio, varios descubrimientos biológicos se utilizaron para intensificar la reforestación industrial con especies exóticas o nativas y practicar acuicultura en formas que pueden ser perjudiciales para la naturaleza y las poblaciones naturales. Además, los mensajes científicos mixtos, como el concepto de la supuesta incapacidad de renovarse de los bosques tropicales, sirvieron de argumento para no practicar manejo de los bosques. La consideración socioeconómica a corto plazo siempre prevaleció. Los avances científicos más trascendentes con respecto a la Amazonía son, obviamente, los relacionados con los ciclos biogeoquímicos, especialmente la fijación o secuestro de carbono en la biomasa y en los suelos y, el mejor conocimiento del ciclo hidrológico. Estos descubrimientos, entre otros, acuñaron el concepto de servicios ambientales y son elementos esenciales del problema del cambio climático. Durante mucho tiempo, medias verdades sobre la Amazonía, como la idea de que es el pulmón del planeta o productora clave de oxígeno, dominaron la escena. Sin embargo, diferentes líneas de investigación coincidieron para describir una realidad mucho más compleja. Los primeros estudios sobre la biomasa se complementaron con el tiempo por un gran número de investigaciones sobre la relación entre la deforestación de la Amazonía y el problema mundial del carbono. Las emisiones de carbono demostraron ser significativas también en los lagos artificiales de la Amazonía y en la generación de energía hídrica. El carbono también se acumula en cantidades enormes en el suelo y en el subsuelo, en especial los hidromórficos, de la Amazonía e implica riesgos serios de emisiones en función del uso futuro de la tierra. Investigaciones recientes sobre la fisiología de los árboles, el papel de núcleos biogénicos de nubes y la precipitación de lluvia, deforestación e incendios, los llamados "ríos voladores" y los eventos climáticos extremos están aumentando la conciencia sobre la posible desertificación de la Amazonía, pero también sobre la reducción de la precipitación en otras regiones de América del Sur (Nobre, 2014). El contexto del cambio climático implica una revisión de la eficiencia de las áreas naturales protegidas en la preservación de la diversidad biológica. La gran cantidad de información sobre estos temas y las crecientes evidencias de las consecuencias socioeconómicas de la deforestación están creando conciencia, especialmente en los países desarrollados y canalizando más recursos, pero no han determinado ninguna decisión o medida concreta o efectiva en los países amazónicos que continúan ampliando la red de carreteras y promoviendo indirectamente la deforestación. Antes de la década de 1960, el concepto predominante sobre la capacidad de uso de la tierra de Amazon era que la región tenía un potencial muy limitado para los cultivos en limpio y bastante limitada para cultivos permanentes y pastos. La mayoría de los estudios estiman que la capacidad de la Amazonía para la agricultura y la ganadería es inferior al 11%. Esto se ha 152 reflejado en la legislación de países como Perú, que restringe la deforestación. Sin embargo, la mayoría de los científicos de suelos y agrónomos criticaron este punto de vista y apoyaron el principio de que las limitaciones naturales de los suelos amazónicos pueden superarse fácilmente con tecnología apropiada que dependa de la economía. A pesar de las dudas justificadas sobre su sostenibilidad, esta tendencia ha dominado y grandes porciones del Amazonas, especialmente en Brasil, ahora se utilizan para la agricultura mecanizada intensiva. Los avances en la ciencia y tecnología agrícola, incluidos el control de malezas y plagas, el manejo de los suelos y el mejoramiento de las plantas cultivadas incluyendo el mejoramiento genético, entre otros, hicieron de esto una realidad económicamente viable, más aún gracias a la demanda mundial de alimentos y la nueva infraestructura de transporte. No menos importantes fueron los enormes progresos realizados recientemente en materia de teledetección, que incluyen el uso de drones, comunicaciones, tecnologías de construcción y muchos otros que, por supuesto, pueden ser útiles para conservar el Amazonas, pero que son igualmente una tremenda ventaja para profundizar su explotación, como en el caso de los estudios geológicos que revelaron la riqueza de minerales. Otras investigaciones explicaron misterios largamente guardados, como los resurgimientos de la fertilidad en el norte de la Amazonía debidos al transporte aéreo de sedimentos desde África. En conclusión, la investigación ha cumplido su función de informar y alertar a la sociedad sobre las posibles consecuencias negativas de la forma en que se está ocupando y desarrollando la Amazonía y ha propuesto alternativas. La parte de la investigación que se ha aplicado no es insignificante, especialmente en lo que respecta a las áreas protegidas, a una parte de la legislación y también, posiblemente, con respecto al financiamiento futuro de medidas relacionadas con el cambio climático. Sin embargo, la sociedad ha descuidado abrumadoramente los hechos científicos y, en cambio, ha hecho un uso intensivo de las ramas de la ciencia y la tecnología que contribuyen a los negocios convencionales y destructivos en la Amazonía. 153 V. Lo que puede hacerse para un futuro mejor En este capítulo se examina, en base a las experiencias positivas y al conocimiento científico y tecnológico disponible, las que parecen ser las mejores opciones disponibles para diseñar una estrategia viable, es decir realista, para alcanzar un futuro deseable. Para eso se lleva en cuenta, como visto en los capítulos anteriores, que las principales causas de la senda destructiva actual que conduce al escenario tendencial más probable son el fruto de una realidad que probablemente no cambiará rápidamente. Esas causas son complejas e imbricadas, pero dos destacan: la debilidad extraordinaria de la gobernanza y el consecuente predominio de la informalidad, es decir de la ilegalidad, que se compone con la corrupción. Éstas se encuentran indisolublemente asociadas a la pobreza de la educación de la ciudadanía peruana. Entonces, para evitar, cambiar o contornar el poco atractivo escenario tendencial que, en realidad, nadie quiere, ni los desarrollistas ni los ecologistas, hay que proponer soluciones que sean aceptables para los primeros, ya que estando mucho más interesados en el dinero que en el futuro, son los que hasta el presente han frenado las alternativas menos ambientalmente agresivas de desarrollo. Pero, para tener éxito en este tipo de opción, es indispensable recordar que, como visto, gran parte de la informalidad/ilegalidad es consecuencia de la ignorancia y de la pobreza, es decir de la falta de oportunidad para “hacer mejor”. Y, claro, hay que recordar que esos pobres agricultores, mineros, madereros, pescadores están presos en un sistema económico en que los más ricos que los explotan tampoco se interesan por las consecuencias ambientales de lo que les rinde dinero. Por eso, durante décadas, las estrategias para realizar un desarrollo más racional o sostenible ha sido procurar que sus inversiones sean económicamente viables, además de socialmente aceptables. Como se sabe, eso raramente ha dado el resultado esperado pues para tener éxito dependen de un mínimo de condiciones políticas que en general no existen o que no perduran lo suficiente. Dicho de otro modo, si no existe una decisión política firme de cambiar el rumbo en la Amazonia, la probabilidad de éxito será mínima. Pero la esperanza no puede morir y la persistencia puede terminar logrando lo que la sensatez por sí sola no consigue y existen, si, posibilidades reales y concretas de diseñar una “hoja de ruta”, es decir un plan claro y simple, aceptable para la mayoría de todas las partes, que si muy bien explicado y realmente consensuado, concentre un apoyo político suficiente como para tener probabilidades de éxito razonable. Tres son las condiciones, que deben ser aceptadas por todos los actores, para la construcción de ese plan: La primera y más importante es reconocer que continuar tratando la Amazonia como hasta ahora no es una opción viable, pues las consecuencias ambientales y por ende sociales y económicas de esa tendencia perjudicarán irremediablemente a todos en un plazo relativamente corto. La segunda es aceptar que la expresión más evidente de cualquier nueva política de desarrollo para la Amazonia que atienda la condición anterior es detener la deforestación o reducirla a un mínimo negociado. Y la tercera es reconocer que las medidas que permitan frenar la deforestación no deben impedir las justas expectativas de mejoría de la calidad de la vida de los habitantes, inclusive su crecimiento económico. Para los más conocidos especialistas en temas ambientales, especialmente los relacionados al cambio climático y para los especialistas en la realidad amazónica, la situación actual de la destrucción de los bosques amazónicos ha llegado ya a un punto de no retorno. Recientes llamados, como los de Lovejoy & Nobre (2018) se suman, pero ya reclamando un carácter de extrema urgencia, a lo que miles de especialistas vienen diciendo desde hace décadas, 154 incluyendo al autor de este libro, pero sin obtener una respuesta de los gobiernos correspondientes. Para todos esos científicos y especialistas, el haber llegado ya a una deforestación de casi 20% de la Amazonia, sumado al hecho de que prácticamente todos los bosques restantes están en diferentes niveles de degradación y a que lo deforestado, especialmente en las laderas y en el piedemonte andino, corresponde a ecosistemas críticos, indica que se está a punto de romper el equilibrio hidrológico regional (Nobre, 2014). Esto conllevaría gravísimas consecuencias para América del Sur y para cada país, amazónico o no. Ese sólo aspecto, sin mencionar otros como el rol de la región en el cambio climático y en tantos otros aspectos discutidos antes, justifica plenamente tomar una decisión. Un buen ejemplo de las catástrofes previsibles si no se hace "algo" para evitar la deforestación es la alternancia de inundaciones y sequías en la propia Amazonia (Greenpeace y PlataformaClimática). Si todos coinciden que es urgente “hacer algo” y que la principal expresión de eso es detener o limitar a una mínima expresión la deforestación futura, el problema se centra en satisfacer la tercera condición: ¿Qué es lo que puede hacerse para la Amazonía tenga una vida económica próspera, que satisfaga a sus habitantes y a los demás peruanos sin destruir más bosque? Existen respuestas, si, que serán detalladas en los acápites que siguen, pero ella se centra esencialmente en un hecho indiscutible y evidente: En la Amazonia peruana ya existe entre 9,1 millones y probablemente más de 14 millones de hectáreas deforestadas128 de las que sólo 1,6 millones de hectáreas se utilizan anualmente (cuadro 11) y donde cada hectárea produce muchas veces menos de lo que podría si se le utiliza correctamente. Es decir que, en la Selva, entre 7,5 y quizá tanto como 12,4 millones de hectáreas deforestadas y servidas por carreteras, están siendo desperdiciadas sin producir nada. Aunque parte de la tierra deforestada y que nunca debió serlo, no puede ser cultivado por sus pendientes excesivas y su consecuente estado de deterioro, aún subsiste el hecho de que no hay necesidad de deforestar una sola hectárea adicional para aumentar la producción amazónica nacional. Basta con usar bien lo que ya está habilitado. Habida cuenta de las nuevas tecnologías agronómicas existentes eso es tierra demás para producir todo lo que el Perú y la Selva necesitan por muchas décadas más. De otra parte, el Perú ya ha tomado medidas importantísimas en el sentido de frenar de facto la deforestación estableciendo áreas protegidas y entregando una poción significativa de la Amazonia a grupos indígenas. Como se verá, la suma de esas medidas protectoras, aunque 128 La versión oficial de 7,3 millones de hectáreas deforestadas hasta 2000, más los 2,4 millones de hectáreas deforestados desde entonces. Y la versión más probable, que suma 13,9 millones de hectáreas deforestadas hasta 2010 y los 1,2 millones deforestados entre 2010 y 2017. 155 muchas de ellas de eficiencia discutible, alcanza 36,8 millones de hectáreas o 51,1% de la Selva. El reto, pues, es asegurar que esas áreas cumplan eficazmente las funciones para las que fueron establecidas. Por eso, la meta de deforestación cero en 2021 propuesta en 2010 por el Ministro Antonio Brack129, aunque justamente recibida con escepticismo y de hecho absolutamente incumplida hasta la fecha, no era realmente un imposible si hubiese recibido un mínimo de atención de su propio gobierno y de los subsiguientes. Lo que faltó, además de la decisión política, fue un plan que sea aceptable para los políticos y para la sociedad. Los elementos de ese plan se resumen en el cuadro 9. Este, que se intituló “Plan para desarrollar sin deforestar” se divide en dos grandes campos: (i) lo que ya existe y lo que debe o puede ser hecho para frenar la deforestación y, (ii) lo que puede hacerse, en un contexto de freno a la deforestación, para mantener un desarrollo o crecimiento económico que haga socialmente aceptable las restricciones. En los acápites subsiguientes se discute la mayoría de esas medidas pero se las trata agrupadas en una forma diferente a la del cuadro para evitar más duplicaciones en el texto. Cuadro 9. Resumen de un plan para desarrollar sin deforestar Para frenar la deforestación o estabilizar la frontera agropecuaria-forestal Establecer una moratoria para la construcción de carreteras nuevas en áreas con bosque. Establecer una moratoria de venta de tierras de uso agropecuario cubiertas con bosques naturales o sea restringir la conversión de bosques naturales a uso agropecuario. Rediseñar la distribución de concesiones y permisos de extracción forestal y limitar su número y extensión de modo a concentrarlas donde sean controlables. Enfrentar la minería ilegal/informal dándole oportunidad de crecimiento ordenado pero limitado. Cambiar la legislación sobre bosques de protección de modo a que la conservación de esos bosques, con fines de conservación de suelos y de recursos hídricos, sea obligatoria sin necesidad de declaración específica. Aumentar la superficie de bosques conservados mediante áreas naturales protegidas por el Estado o por privados. Aumentar la superficie de bosques protegidos o manejados por comunidades nativas y campesinas. Practicar manejo efectivo de las áreas naturales protegidas. Para estimular el desarrollo económico Intensificar el uso de la tierra ya habilitada es decir usar toda la tierra ya deforestada y servida por carreteras. Concluir el proceso de regularización de la tenencia de la tierra. Mejorar la calidad de las carreteras ya construidas y mantenerlas bien. Mejorar los servicios públicos (especialmente salud y educación) que atienden localmente a los agricultores. Mejorar las condiciones de navegabilidad de los ríos para el transporte rural. Aumentar la productividad del sector agropecuario en tierras ya deforestadas, mediante servicios de asistencia técnica y financiamiento. Estimular la reforestación con especies nativas o exóticas. La minería no se prohíbe, pero debe definirse sus límites así como las áreas susceptibles de explotación, formalizar la minería ilegal y ejercer un control consistente y constante. La explotación de hidrocarburos no se prohíbe, pero debe hacerse con uso de las tecnologías modernas que limitan sus riesgos. El aprovechamiento energético de los recursos hídricos puede hacerse con extrema cautela y coordinación, en función de evaluaciones ambientales estratégicas. 129 http://www.actualidadambiental.pe/?p=7239 156 Estimular, cuando sea rentable, la restauración de áreas degradadas mediante reforestación y/o fomentar la regeneración natural. Transformar la explotación forestal en bosques naturales en actividad altamente tecnificada con miras a la producción de maderas finas Manejar y aprovechar los bosques secundarios o en descanso. Apoyar las comunidades nativas y campesinas a usar sus recursos de modo sostenible y rentable Transformar en realidad el pago internacional por los servicios ambientales provistos por el bosque amazónico, en especial por la retención de CO2. Estimular y mejorar el turismo en toda la Selva, con énfasis en las áreas naturales protegidas y tierras indígenas. Estimular el manejo de los recursos pesqueros en condiciones naturales. Estabilizar la frontera agropecuaria-forestal: Perspectivas y límites La deforestación con fines agropecuarios continúa avanzando sobre los bosques y lo hace a un ritmo cada vez mayor. En algún momento debe decidirse hasta donde se llegará, o sea, qué extensión de bosques los peruanos estiman que deben quedar en su Amazonía. La estabilización de la frontera agropecuaria-forestal depende: (i) del uso más intensivo de la tierra deforestada en la Selva, es decir no desperdiciar la tierra ya habilitada para la agropecuaria; (ii) del uso más intensivo de la tierra disponible en Costa y Sierra y; (iii) del incremento de la productividad de los cultivos y de la ganadería, es decir elevando la producción sin incrementar el área trabajada. Complementariamente, es necesario: (i) frenar la expansión vial en áreas forestadas de la Selva y, paralelamente, mejorar la calidad y el mantenimiento de las existentes; (ii) fijar una moratoria de venta de tierras con bosques naturales para fines agropecuarios u otros en la Selva o, prohibir la conversión de bosques a áreas de cultivo o crianza; (iii) rediseñar la distribución de concesiones forestales de modo a evitar la construcción de caminos forestales que son vía de entrada de la agricultura ilegal. Si ese paquete de medidas se aplica de modo coordinado y persistente, sin tolerar excepciones, dando las facilidades que se discuten más adelante, existe una gran probabilidad de frenar la destrucción de bosques por expansión de la frontera agropecuaria. Estos temas se discuten en este acápite y en los subsiguientes. Como visto, la actividad agropecuaria usa efectivamente apenas 1,6, o poco más en 2017, de por lo menos 9,1 millones de hectáreas ya deforestadas y habilitadas con vías de comunicación. Es pues obvio que el primer paso es usar con más intensidad esos 7,5 millones de hectáreas disponibles que, sin entrar en detalles, son más que la totalidad de la tierra en producción agropecuaria a nivel nacional y eso es apenas considerando la información oficial. Si la deforestación acumulada es mayor, como se sospecha, sobra mucho más. Es obviamente verdad que, a pesar de deforestada, no toda esa tierra disponible es técnicamente apropiada para actividades agropecuarias durables, especialmente por estar ocupando laderas empinadas que nunca debieron ser desnudadas de su vegetación natural. Pero aun asumiendo que el 50% de esa tierra deforestada no usada o subutilizada no deba o no pueda ser aprovechada para agricultura o ganadería, subsiste espacio para duplicar y hasta triplicar el área actualmente en producción agropecuaria efectiva. Esta es una realidad irrefutable y que salta a la vista de quien visite la Selva y que observe las inmensas extensiones con malezas o cubiertas de vegetación secundaria hasta perdida de vista o asimismo pastizales en mal estado y sin vacas. No hay duda, pues, que la primera prioridad es poner toda esa tierra a trabajar y producir, más aún porque como dicho ya dispone de caminos y carreteras. 157 Otra consideración se refiere a la validad de la premisa de que el Perú necesita expandir más su área agropecuaria en la Amazonía, habida cuenta de la considerable extensión de tierra agrícola disponible o subutilizada en los desiertos costeros y en la Sierra. Aún hay mucho espacio para irrigar desiertos, lo que está superlativamente asociado a evitar la deforestación en la Selva de lo que depende la recarga de los acuíferos. Los deshielos andinos han abierto la posibilidad de regar desiertos, con menos impacto ambiental que en la Selva y con mayor potencial productivo por el control que puede tenerse sobre la disponibilidad de agua y gracias a un clima más regular. Es verdad que esa oportunidad parece tener plazo fijo, pero mientras tanto puede aliviar tremendamente la presión sobre los bosques de la Selva. Además, a pesar de que las tierras de Costa, por ser irrigadas, tienen un uso relativamente intenso, es bien conocido que su productividad aún está por bajo de su potencial. Dicho de otro modo, aún hay espacio para aumentar la producción. En la Sierra aún hay por lo menos un millón de hectáreas de andenes que pueden volver a producir (Llerena et al, 2004). De éstos un 10% está en uso permanente, 20% en uso temporal o estacionario y el 70% abandonado130. En la Sierra, donde prima una baja tecnología, existe una enorme capacidad de aumentar la productividad, es decir la producción por unidad de superficie. En conclusión, en la Selva hay mucho espacio, mucha tierra ya deforestada, para producir commodities, para desarrollar cultivos en limpio y asimismo, en especial, para practicar la agroforestería que aumenta el número de árboles por hectárea, ojalá que no para aquella que lo reduce que, como visto, es la actualmente más practicada. Aunque es obviamente inaceptable que la expansión de los cultivos de exportación se haga por métodos ilegales, como demostrado en El Estado debe poner un límite a la expansión de la frontera varios casos recientes con palma aceitera y agropecuaria sobre los bosques naturales. Se trata de una decisión política indispensable para mantener servicios cacao, tampoco tiene lógica la oposición ambientales fundamentales, de los que depende la economía radical a estos cultivos que, además de futura. Ya se deforestó mucho más tierra que la que se permanentes --es decir ecológicamente necesita en las próximas décadas. Basta con utilizarlas. menos perjudiciales que los cultivos en limpio-- son en general llevados de forma técnicamente adecuada. No se plantea, ni es posible, que todo ese espacio no usado o subutilizado sea ocupado en uno o dos años. Pero es perfectamente concebible un programa que en un plazo de diez años consiga por lo menos duplicar el área dedicada a la agricultura, ganadería o silvicultura sin deforestar una sola hectárea adicional. Esto implicaría poner en producción unos 4 millones de hectáreas, es decir tanto o más que todo lo que se cultiva actualmente en el Perú. ¿Qué cultivar o criar? En esa tierra ya deforestada, dependiendo de la vocación de la tierra, hay espacio para: (i) cultivos permanentes de tipo industrial como palma aceitera, cacao y café o frutales; (ii) cultivos permanentes bajo sombra --agroforestería-- orgánica o no; (iii) 130 http://www.fao.org/tempref/GI/Reserved/FTP_FaoRlc/old/docrep/RLC1054s/rlc1054s.012.pdf 158 cultivos industriales anuales con riego o sin riego, como arroz, maíz y plátano; (iv) cultivos anuales de pan llevar; (v) ganadería de vacunos y de otras especies; (vi) silvicultura, es decir plantaciones forestales nativas o exóticas y; (vii) manejo de vegetación secundaria para producción forestal. La idea de hacer grandes plantaciones, industriales e intensivas, para producir lo que se conoce como comoditas, es decir productos agrícolas con demanda en el mercado mundial, no es nueva en el Perú. Era uno de los sueños del Presidente Belaúnde que en su segundo gobierno pretendió otorgar centenas de miles de hectáreas en Loreto para plantar caña de azúcar. Es un poco el tema que Alan García desarrolló con su “perro del hortelano” y es, sin duda, lo que el imperio económico de los Romero consiguió con sus plantaciones de palma aceitera en San Martín, donde está la mayor parte de las 30 a 35,000 ha existentes en la Selva. Pero lo cierto, es que aparte de este último ejemplo, no existe en el Perú nada parecido a lo que en cambio avanza raudamente en todo el borde sur de la Amazonia brasileña, es decir la eliminación de millones de hectáreas de bosque para plantar commodities como soya, algodón, palma aceitera, arroz o caña de azúcar o para plantar pastos para criar ganado. Ahora está de moda promover los llamados cultivos energéticos --cualquier planta cuya energía acumulada pueda transformarse en combustible…las más conocidas son obviamente la caña de azúcar para hacer etanol y la palma aceitera para hacer “biodiesel”-- y, claro, no faltaron los planes del Ministerio de Agricultura para afirmar que eso era el gran futuro de la Selva. Este Ministerio desarrolló un plan nacional de promoción de la palma aceitera y, también, otro, parecido, llamado plan de agro-energía. Los proyectos que se ventilan sumarian en total casi 500,000 ha de plantaciones de este tipo. Lo que está errado en ese plan es que está fundamentado en la expansión de la frontera agrícola y no en el uso de la tierra ya deforestada. Es evidente que la agricultura intensiva, sea de commodities u otros cultivos, debe respetar la legislación agraria y ambiental y evitar, por ejemplo, el abuso de aplicación de agroquímicos o incumplir los límites a la deforestación en especial para la protección de la margen de los ríos. Pero, esa forma de agricultura o, igualmente, la de cultivos perennes en plantaciones homogéneas, como la ya mencionada palma aceitera o diversos frutales, no tienen, a priori, nada de errado si son técnicamente manejados. Debe reconocerse que cada caso es un caso diferente y que el impacto Hay lugar de sobra para plantaciones, inclusive industriales como esta de maíz en el área ya ambiental de un cultivo de plátanos no es igual al deforestada de la Selva. de un cultivo de paltos o achiote. Sería si, una pena, dedicar tierras de buena calidad a producir biocombustibles lo que constituye esencialmente un desperdicio y también un mal negocio en términos energéticos y de contaminación ambiental. La agroforestería o agrosilvicultura es una gran opción para las tierras con potencial agropecuario ya deforestadas más frágiles, o sea en pendientes. Y, de hecho, así está ocurriendo con las plantaciones de café y cacao bajo sombra, entre otras. El café es en la actualidad, después del arroz, el principal cultivo peruano en función de su extensión 159 cultivada, nada menos que 425,400 ha en 2010. También, es por lejos, el principal cultivo de la Amazonia y es casi totalmente cultivado bajo diferentes niveles de sombra proporcionada por árboles nativos o exóticos. Una porción importante del café es producida orgánicamente y, por su calidad especial, compite ahora ventajosamente con el café colombiano en los mercados internacionales más sofisticados. El cacao --141.300 ha-- no alcanza el nivel de expansión del café pero, por la forma en que es cultivado, cumple funciones ambientales equivalentes. De acuerdo con lo explicado, la lógica del futuro de agrosilvicultura se basa en plantar o aumentar el número de árboles donde estos fueron reemplazados, en el pasado, por la agricultura o la ganadería convencionales, a través de la integración de los árboles para cultivos anuales o pere nnes. Es decir que todo lo que se hace en materia de arreglos espaciales, o sea la combinación de árboles con otras plantas en el mismo espacio, es coincidente con ese propósito. Pero, contrariamente, la opción de Esta es la modalidad de agricultura más frecuente y arreglos temporales, es decir las rotaciones destructiva en la Selva. Destruye mucho, produce silvoagropecuarias, van en el sentido opuesto. poco y, lo peor, no es estable. En efecto, ellas implican deforestación del bosque original y además, desbosques reiterados en el tiempo, inclusive con quema de la materia orgánica y mayores emisiones de carbono, o sea, lo contrario de lo que se procura. Dicho de otro modo, la opción temporal no es agrosilvicultura. Lamentablemente, la realidad es que la mayor parte de la agroforestería, como conducida hoy, tiene poco o nada de sostenible o de ecológica. En efecto, en lugar de ser realizada en base a la restauración forestal de áreas de pastos o de agricultura anual o aprovechando la enorme extensión de bosques secundarios disponible, ella se instala sobre bosques naturales. Es decir que la agroforestería implica una parte sustancial de la deforestación parcial o, más frecuentemente, total del bosque original. Este tema ha sido ampliamente discutido por Dourojeanni (2009) que concluye que la agroforestería sólo aporta al entorno amazónico si se traduce en plantar árboles y no en cortarlos. Es pues una opción a analizar con mucho cuidado, tanto como cuando se trata de autorizar deforestación para palma aceitera o frutales. La agroforestería no debe convertirse en un nuevo pretexto para destruir o degradar aún más los bosques remanentes y, por eso, se impone eliminar de su definición la opción que permite deforestar en lugar de plantar árboles. La pecuaria sería bienvenida si alcanzase los niveles de intensidad de uso que existe en países desarrollados, incluyendo cercas móviles, pastos mejorados, suplementos alimentarios, etc. Pero, otra vez, no es igual criar búfalos que bovinos u ovinos. Cada especie tiene ventajas y desventajas en términos ambientales en cada ecosistema en que se les pretenda implantar. Ya que gran parte de la tierra actualmente desperdiciada fue previamente pastoreada en el futuro deben considerarse por igual dos líneas de trabajo: mantener los pastos ya establecidos, evitando su degradación y, recuperar los actualmente inutilizados si es que no se reciclan para su uso en agricultura. También hay espacio, en las tierras ya deforestadas, para cultivos en limpio además de que esos productos son obviamente indispensables. Cabe discutir los límites y las condiciones 160 para la irrigación, por ejemplo, para el cultivo del arroz, pero, en términos generales lo dicho para cultivos permanentes es válido para los anuales industriales. La agricultura anual incluye, por cierto, la agricultura familiar y de pan llevar que es realizada por pequeños agricultores formales o informales. En la actualidad la mayor parte de la tierra abandonada o subutilizada proviene de su uso para esos cultivos, más, inclusive, que de la pecuaria. Como antes explicado, gran parte de la deforestación ya hecha lo fue en la Selva Alta, frecuentemente en tierras completamente inaptas para la agricultura. Los responsables de esa deforestación, en esa región como también en la Selva Baja, son en su mayoría agricultores pequeños e informales que hacen chacras de menos de 5 ha. El último censo agropecuario revela que el 24,3% de las propiedades agrícolas de la Selva Alta es tiene menos de 5 ha, mientras que en la Selva Baja ese tipo de propiedad ocupa el 15,5%. En total el 60,4% de las propiedades amazónicas censadas en la Selva tiene menos de 20 ha. Estas informaciones, evidentemente, no coinciden con las evidencias levantadas por el MAAP que demuestra que en 2015 el 82% de la deforestación era en sitios de menos de 5 ha cada uno. Mientras que el MAAP se basa en evidencias fotográficas, el censo se basó en una encuesta hecha a los propietarios. Puede inferirse, pues, que la diferencia incluye los informales y, posiblemente, deficiencias del censo. De cualquier modo es obvio, como siempre se supo, que la punta de lanza de la deforestación son los pequeños agricultores migrantes de la Sierra, todos informales, que avanzan a lo largo de las carreteras y de los caminos abiertos por la explotación forestal y que se instalan donde eso no genere reacción del ocupante. Como el “dueño” en general, es el Estado que está ausente, esos agricultores informales actúan sin obstáculos. Luego reclama la pose legal en base a las “mejorías” hechas, que normalmente es apenas la deforestación. Es un error propio del socioambientalismo pretender que el cultivo de corta y quema, que cuando era usado por pueblos primitivos no era mayormente impactante, sea aplicado en pleno siglo XXI. Es el mismo socioambientalismo que acusa de todos los males a la agricultura mecanizada o intensiva pero que no quiere ver que los agricultores de “roza y quema” hacen el mismo daño o mucho peor, porque en general ocupan terrenos no aptos para la agricultura. Esta práctica, ahora realizada sobre cientos de miles de hectáreas cada año por invasores que llegan a la Amazonía, es simplemente un desastre y, por ejemplo, en el caso del Brasil, es el principal motor del denominado “Arco de Fuego”, es decir la frontera agropecuaria-forestal en el sur de la Amazonia Legal, que ser reconoce desde el espacio por las llamaradas provocadas por la quema de los bosques en la estación seca. Es el mismo tipo de práctica que cierra los aeropuertos brasileños y que ciega la visión de los turistas en Machu Picchu. En conclusión, usar la tierra desperdiciada en la Selva o parte de ella, permite el desarrollo de todos los planes de desarrollo agrario existentes, hasta los más ambiciosos, sin necesidad de deforestar. Pero, para eso, es preciso poner los productores en contacto con la tierra disponible o habilitar sus posesionarios actuales para usarla mejor. Eso depende de una gran esfuerzo para esclarecer y regularizar la pose de la tierra y de un intenso trabajo de asistencia técnica y financiera. Aumentar la productividad agropecuaria Holanda, un país minúsculo casi sin recursos y densamente poblado --más de 500 habitantes/kilómetro cuadrado-- es el segundo mayor exportador mundial de alimentos, apenas detrás de los EE. UU. que tienen un territorio 270 veces mayor. Dos décadas atrás los agricultores de ese país se comprometieron a doblar la producción de alimentos con la mitad 161 de los insumos y lograron ese propósito. Se menciona el caso de un productor de papas, entre otros, que produce 47 TM/ha cuando el promedio mundial es de alrededor de 20 TM/ha131. El preámbulo al tema de la productividad apenas pretende llamar la atención sobre el potencial casi ilimitado de producir mucho en espacios limitados, usando la ciencia y la tecnología disponible. No se trata, obviamente, de transformar la Selva en una Holanda, ni es preciso en el futuro previsible. Pero el gap entre la productividad promedio actual en la Selva y su potencial varía entre un tercio, en los cultivos mejor conducidos y tanto como un décimo o más, en cultivos o crianzas mal manejados. En términos simples eso Cacao, café o cualquier otro cultivo pueden producir significa que, si apenas se duplicase la varias veces más que en la actualidad aplicando técnicas producción por hectárea, lo que es disponibles y económicamente rentables. perfectamente posible, podría reducirse a la mitad el área bajo cultivo en la Selva. Este es un argumento tan o más poderoso que el anterior --no desperdiciar la mayor parte del área ya deforestada-- para no deforestar más. Hasta los cultivos industriales más importantes de la Selva producen muy por debajo de su potencial. Por ejemplo, la productividad promedio del cacao peruano alcanza 729 kg/ha mientras que en Guatemala alcanza 3.025 kg/ha y en Tailandia 2.607 kg/ha. O sea que la productividad peruana es apenas 24% o cuatro veces menor que la media de Guatemala (Minagri, 2016). En el caso del maíz amarillo duro, del que existen unas 20.000 ha en San Martín la productividad en ese departamento es de 2,2 TM/ha. Pero el promedio nacional, que es bajo, es de 3,9 TM/ha mientras que en Lima es de 9,3 TM/ha (Huamanchumo, 2013). Pero hay registro de hasta 14 TM/ha en Lambayeque. El café peruano rinde entre 20 y 30 quintales por hectárea. El propio ministro de agricultura declaró en 2016 que se debe alcanzar por lo menos entre 40 y 50 quintales/ha para que las parcelas sean más rentables132. Pero en los grandes países productores como Brasil, Colombia o Vietnam se produce muchísimo más. La situación del arroz es mejor y el Perú se sitúa entre los países con buen rendimiento. Pero aun así, con una productividad nacional promedio de 7,89 TM/ha, en San Martín se produce 7,0 TM/ha y apenas 2,7 TM/ha en Loreto y 2,1 TM/ha en Madre de Dios (Minagri, 2017). Pero Arequipa produce 12,5 TM/ha. Si se trata del rendimiento de otros cultivos tradicionales como yuca y plátano, la situación puede ser mucho peor y, de cualquier modo, la distancia entre los pocos que obtienen un rendimiento razonable y los muchos que obtienen rendimientos marginales es muy grande y explica en parte la pobreza de la mayoría de los agricultores amazónicos. La ganadería amazónica peruana es un capítulo aparte. Para instalarla simplemente se elimina totalmente el bosque sobre áreas considerablemente extensas tanto en laderas como en partes planas. El mantenimiento se hace en general usando el fuego, lo que es 131 Ambiente Brasil 2017 Este país minúsculo alimenta o mundo 13/10/2017 (http://www.ambientebrasil. com.br/) 132 https://elcomercio.pe/economia/peru/productividad-cafe-deberia-duplicarse-5-anos-217128 162 particularmente dañino. La falta de manejo adecuado hace que rápidamente los pastos implantados --no hay pastos naturales en la Selva, excepto en el Heath-- se deterioren por pisoteo permitiendo la proliferación de maleza. Hasta los años 1980 y gran parte de los años 1990 la capacidad de carga era estimada en alrededor de 0,5 cabezas/ha en promedio, lo que es vergonzosamente bajo. Esa productividad es menor que la de animales salvajes de grande y medio porte en el bosque original. En muchas crianzas europeas se mantienen 8 cabezas/ha o más. De acuerdo con el censo agropecuario de 2012, la superficie de pastos en la Selva aumentó un poco y soporta un número de cabezas casi cuatro veces mayor que lo que era tradicional, pasando a 2,2 cabezas/hectárea. Eso, si es verdad, es muy positivo. Pero el autor duda de eso ya que las mismas estadísticas parecen no contabilizar como pastos los que están abandonados, a los que incluye indefinidamente como en descanso, no trabajadas o en barbecho (cuadro 11). Un reciente estudio demostró que el Brasil ya tiene suficiente espacio preparado para absorber una enorme expansión de la producción agrícola en las próximas tres décadas sin convertir una sola hectárea adicional de bosques u de otra área natural. Según ese estudio la clave es aumentar la productividad del área cubierta con pastos. Hoy en ese país se usa apenas un tercio del potencial de Ya es tiempo de no ver tanto pasto sin vacas. Puede triplicarse la producción de carne sin deforestar una los pastos. Pero si se usara sólo la mitad hectárea a más. aumentando el rendimiento de la ganadería, en 30 años ese país podría elevar la producción de carne en un 50% y liberar 13 millones de hectáreas para otros cultivos como la soya y plantaciones forestales (Strassburg et al, 2014). En general, la productividad en el Perú y en la Selva viene aumentando lentamente. Sin embargo, aún está lejos de su verdadero potencial tanto en términos técnicos como económicos. Por eso, para transformar en realidad el aumento de la productividad que libera la necesidad de deforestar, es necesario un esfuerzo considerable pero perfectamente realizable de difusión de tecnologías agropecuarias ya disponibles, acompañadas del financiamiento necesario para aplicarlas. Es verdad que los gobiernos se han empeñado en programas para apoyar la agricultura amazónica. Pero lo que es necesario es un servicio de extensión agropecuaria como ya existió varias décadas atrás, con visitas continuas a los agricultores llevando consejos y novedades para aumentar la productividad, organizando eventos divulgativos entre los propios agricultores, facilitando los trámites para el financiamiento oportuno, manteniendo la infraestructura de transporte, creando facilidades de almacenaje, etc., etc. Aumentar la productividad pasa por el apoyo técnico y financiero, tanto como por la regularización de la tenencia de la tierra. Moratoria de construcción de carreteras en la Selva Sin carreteras la agricultura difícilmente prospera. Y si no hay carreteras la deforestación es mínima. Estando bien demostrado a nivel de los países tropicales (Laurance, 2009, 2012) y del Perú (Makki et al, 2001; Dourojeanni et al, 2011; Urquiza y Tello, 2011) que las carreteras son el vector principal de la deforestación, por ocupación de sus zonas de influencia indirecta, 163 es evidente que un primer indicador del impacto ambiental de las carreteras es proporcionado por la expansión de la red vial en zonas boscosas, principalmente en la Selva. Según el Ministerio de Transportes y Comunicaciones al concluir 2014 ya existían 165.467 km de carreteras en el Perú de los que 25.789 km eran nacionales, 25.012 km eran regionales y el resto, 114.665 km, eran vecinales133. Entre 2011 y 2014 no hubo un gran incremento de carreteras nacionales --apenas 2.470 km-- ni tampoco de departamentales que en verdad disminuyeron --por cambios en la nomenclatura. Pero si hubo un crecimiento importante de la red de carreteras vecinales que sumó 34.421 km a más de los que tenía en 2011 (80.244 km). La mayor parte de las carreteras vecinales --112.741 km, o sea el 98%-- no están asfaltadas. En cambio, la mayor parte (68%) de las nacionales están pavimentadas134. La información disponible no indica cuántos kilómetros afectaron zonas boscosas. Saber eso requiere de un trabajo meticuloso provincia por provincia. Pero, con certeza que buena parte, quizá más de la mitad, de los 34.000 km de carreteras vecinales nuevas están en zonas boscosas andino-amazónicas. Además, tampoco se sabe en qué medida la información oficial provista por el Ministerio incluye los caminos y carreteras informales, es decir aquellos que son construidos por decisión inconsulta de alcaldes o por particulares que necesitan de esas obras para explotar madera, acceder a propiedades rurales o a lotes petroleros o concesiones mineras. Todo indica que, a pesar del aumento importante del kilometraje de las carreteras vecinales, muchas de las cuales son de alguno de los tipos No es posible que continúen construyéndose carreteras sin planeamiento ni coordinación intersectorial. mencionados, la mayor parte de las mismas no están incluidas en las estadísticas. Por ejemplo, en 2013 se registraron 630 km de carreteras en Loreto más entre 800 y 900 km de trochas o caminos, es decir sumando 1.430 y 1.530 km (Dourojeanni, 2013)135. Pero, de acuerdo al Ministerio en 2014 solamente existían 961 km de carreteras de todo tipo en Loreto. Puede deducirse, pues que el Ministerio no registró entre 63 y 67% de los caminos que realmente existen en ese departamento. Esa situación se repite y con creces sin duda, en otros departamentos amazónicos, como Ucayali y Madre de Dios o en las porciones amazónicas de otros, como Cusco, Puno, Junín, Pasco o Amazonas. Por ejemplo, se demostró que tan solo en parte de Ucayali y en el extremo sur de Loreto se construyeron 1.134 km de caminos forestales apenas entre 2013 y 2015 (Novoa et al, 2015). Este kilometraje no está incluido, obviamente, en los 1.380 km de carreteras departamentales y vecinales que registra el Ministerio en ese departamento para 2014. Y no son únicamente los caminos madereros, también están los que hacen los 133 Compendio Estadístico Perú 2015. Transportes y Comunicaciones. (http://www.unfpa.org.pe/InfoEstadistica/2015/CompendioEst2015/cap19/CAP19.PDF) 134 Según el MTC, a 2015 el 77,7% de las carreteras nacionales están pavimentados. 135 Fuentes del propio Gobierno Regional citaban 1.313 km y hasta 1.567 km. 164 agricultores, en especial las empresas cacaoteras o de palma aceitera que operan en esa zona, que no fueron incluidas en el estudio citado. Cualquier carretera tiene como consecuencia dispersar y aumentar la deforestación, pero, asimismo, su calidad (pavimentado, mantenimiento) y su antigüedad aumentan enormemente el ámbito deforestado pues, lógicamente, eso facilita más expansión vial y por tanto multiplica la deforestación. Por ejemplo, el departamento de San Martín que tiene 847 km de carretera asfaltada en gran parte hace mucho tiempo, tiene oficialmente 3.438 km de carreteras vecinales y, seguramente, mucho más del tipo informal. Por eso ese departamento es el que registra la mayor área deforestada. Igualmente, Madre de Dios, con 401 km asfaltados posee oficialmente 1.416 km de carreteras vecinales, lo que ha ocurrido en muy corto plazo a consecuencia de la construcción de la Interoceánica Sur. En Loreto, la máxima concentración de caminos vecinales y de área deforestada se ubica a lo largo de la carretera Iquitos-Nauta, la única que es asfaltada y en las proximidades de Yurimaguas. Durante el lapso 2010-2015 se produjeron varios casos escandalosos de obras que además de carecer de licenciamiento ambiental violaron otras normas. El caso más comentado fue el de la carretera entre Nuevo Eden y Boca Manu, pasando en las zonas de amortiguamiento del Parque Nacional Manu y de la Reserva Comunal Amarakaeri, sin autorización del SERNANP136. Esa obra fue construida parcialmente y en todo el sector habilitado existe una flagrante extracción ilegal de madera de la El propio gobierno quiebra las normas de otros sectores abriendo caminos sin consulta y promoviendo la deforestación Reserva. El caso, que era apoyado por donde no debería. un proyecto de ley desde el Congreso Nacional, generó una reacción interesante del propio Presidente de la República137. Casos similares se dieron en lo que hoy es el Parque Nacional Sierra del Divisor, en Ucayali (Finer y Novoa, 2015) asimismo dentro del Parque Nacional Yanachaga-Chemillen, en Pasco138 y en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Cordillera Azul en San Martín (Novoa et al, 2015). En el primer caso la Defensoría del pueblo consiguió paralizar la obra. Otro caso absurdo fue la propuesta de construir una carretera dentro del Parque Nacional Alto Purús, supuestamente para conectar el poblado de Puerto Esperanza, pero, en realidad, para viabilizar la explotación de madera139. Curiosamente, a pesar de que ese proyecto fue abandonado, el Ministerio de Transportes lo mantiene en sus mapas como proyecto activo. Dicho sea de paso, lo mismo ocurre con la Carretera 5S, la ex Marginal de la Selva) que según el Ministerio y sus mapas debe pasar por el medio del Parque Nacional del Manu a pesar de 136 Dourojeanni, Marc 2015 Carreteras ilegales y destrucción de la Amazonía: ¿Qué pasa en Madre de Dios? Actualidad Ambiental, Lima Viernes 16 de Octubre, 2015 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=33098) 137 Oficio 243-2015-PR de 4 de diciembre de 2015. 138 Servindi 2016 Piden detener construcción de carretera en Parque Nacional Yanachaga Chemillen (https://www.servindi.org/actualidad-noticias/30/01/2016/piden-detener-construccion-de-carretera-en-parquenacional-yanachaga) 139 Servindi 2012 Perú: Nuevo tajo en la amazonía: carretera Purús-Iñapari afectaría refugio de biodiversidad (https://www.servindi.org/actualidad/66057) 165 que la legislación vigente lo prohíbe140. Felizmente, mientras se revisaba este libro un decreto supremo aparentemente corrigió esta aberración141. El Congreso promulgó a comienzo de 2018 una polémica ley que declara de prioridad e interés nacional la construcción de carreteras en zonas de frontera y el mantenimiento de trochas carrozables en el departamento de Ucayali. En efecto la Ley 30723142 pretende estimular la construcción de carreteras entre el río Ucayali y la frontera brasileña con lo que podría darse un tremendo aumento de la deforestación y degradación de bosques en esa región donde hay pueblos indígenas semi-contactados y áreas naturales protegidas. El escándalo generado por esa medida no ha determinado su derogación. Este es otro ejemplo, entre tantos citados, de cómo la política oficial continúa siendo irrestrictamente favorecedora de la ampliación de la frontera agropecuaria a costa de los bosques remanecientes. Es decir que cualquier decisión verdadera de frenar la deforestación pasa por la de establecer una moratoria para la construcción de carreteras nuevas en áreas con bosque. Eso no implica, por cierto, dejar de mantener y mejorar las carreteras y caminos existentes, donde la deforestación ya ocurrió ni, eventualmente, de complementar algunos trechos evidentemente necesarios. Como lo indican Pfaff et al (2018) hay carreteras buenas y malas y para definir eso hay tecnologías disponibles y bien conocidas. Esto se hace más urgente para facilitar los esfuerzos de incremento de la producción a través del aumento de la productividad. La moratoria de construcción de nuevas carreteras oficiales en la Selva debe ir acompañada de un estricto control sobre la construcción de carreteras informales, en general iniciadas a nivel de los municipios. Asimismo, esa decisión debe coordinarse con las concesiones forestales ya que los caminos de extracción son igualmente usados por los agricultores informales. Regularización de la tenencia de la tierra y moratoria de venta de tierra con bosque para fines agropecuarios La forma más peligrosa de ocupación de tierras con bosque y de deforestación es la que se hace informal. Esa la principal puerta de entrada de la deforestación. La otra, por cierto, es la adquisición legal o aparentemente legal --mediante corrupción o incompetencia de la autoridad-- de tierra pública cubierta de bosques, a través de procesos en las dependencias agrarias de las autoridades regionales que, en teoría, se basan en estudios de capacidad de uso de los suelos que son fantasiosos y últimamente inclusive realizados por los propios interesados. Este último asunto ha hecho grandes titulares con relación a la palma aceitera y al cacao en San Martín y Ucayali. Lo cierto es que debería ser tomada la decisión de no permitir la entrega de tierra cubierta de bosques naturales, sea cual sea la pretendida vocación de los suelos. De otra parte, mientras no exista formalización de la propiedad es difícil implantar la asistencia técnica y en especial la financiera que permitiría elevar la productividad. En efecto, nadie presta dinero sin garantía de la propiedad ni invierte en tierras de las que nos es sabe bien quien es el propietario. Eso es más valido aún para implantar cultivos perennes o desarrollar silvicultura cuyos costos de implantación son altos y cuyos productos se obtienen 140 Dourojeanni, Marc 2015 Los caminos de la destrucción en Madre de Dios: carreteras y el atentado contra áreas protegidas Actualidad Ambiental, SPDA, Lima / Martes 3 de Noviembre, 2015 (http://www.actualidadambiental.pe/?p=33413) 141 Decreto Supremo 005-2018-MTC 142 Sierra Praeli, Y. 2018 Perú: ley prioriza construcción de carreteras que amenazarían a pueblos indígenas Mongabay, 22 enero 2018 (https://es.mongabay.com/2018/01/peru-ley-carreteras-pueblos-indigenas-piaci/) 166 a mediano o largo plazo. Asimismo la falta de saneamiento predial hace que no se pueda vender o comprar tierra agropecuaria con seguridad, lo que también es necesario para hacer las inversiones que permiten aumentar el rendimiento. Para resolver o controlar esas formas de ocupación es preciso disponer de un verdadero catastro rural que sirva de parámetro para la titulación y, claro, una administración con capacidad de gerencial y supervisar el proceso de otorga de títulos de propiedad. El intento más sostenido para enfrentar la falta de títulos de propiedad y, en general, la falta de saneamiento jurídico de la propiedad se dio en 1991, con la creación del Proyecto Especial de Titulación de Tierras y Catastro Rural. No obstante, su labor se vio interrumpida cuando Cofopri --órgano vinculado al Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento-- pasó a liderar el proceso sin tener ninguna experiencia en temas rurales. Posteriormente, para complicar más las cosas, esa tarea paso a manos de los gobiernos regionales, lo que generó gran desorden. Debido a esa situación en 2013 el gobierno decidió devolver esa función esencial al Ministerio de Agricultura. A 2012 faltaba titular 944.337 agricultores, de los que 231.589 en la Selva. Además, se estimaba que faltaban títulos de propiedad a más de 1.000 comunidades nativas y unas 800 comunidades campesinas. La tercera fase del Proyecto Especial recién fue aprobada en 2015, por lo que es poco probable que se haya progresado mucho en la titulación, lo que implica que la situación empeoró pues cada año se suman miles de nuevos agricultores informales especialmente en la Selva. Con titulación o sin ella, actualmente es lícito vender tierras de la Selva recubiertas con bosque natural. Eso lo hace el propio Estado a través de sus reparticiones agrarias en cada departamento y también lo hacen los privados, en este caso sin evidencias claras de que eso sea realmente legal. Basta entrar en la Internet para ver ofertas ilimitadas de venta de tierras en la Selva143 por valores que van de S/1.000 a 5.000/ha y aunque anunciados como tierra agrícola y con tenencia saneada, están en general aún cubiertos de bosques naturales. Se trata de un mercado muy activo que es perfectamente aceptable en tierras ya deforestadas y con capacidad de uso mayor agropecuario demostrado, pero que si se desea frenar la deforestación debería ser, simplemente, prohibido. Ninguna hectárea cubierta de bosque natural fuera de propiedades ya debidamente tituladas debería poder ser comercializada ni, por cierto, deforestada. Un ejemplo reciente de la falta de buena voluntad del Estado para frenar la deforestación es el Decreto Legislativo 1333 de 2017. Este crea el Proyecto Especial para el Acceso a Predios para Proyectos de Inversión Priorizados, como organismo dependiente de la Agencia de Promoción de la Inversión Privada (Proinversión) que a su vez está adscrita al Ministerio de Economía y Finanzas. La función principal de la agencia es disponer de predios saneados para entregarlos a proyectos de inversión priorizados. Entre sus funciones están sanear física --demarcar y georreferenciar-- y legalmente --entregar derechos-- tierras comprendidas en el ámbito geográfico de proyectos de inversión priorizados, sin importar si son tierras formales o informales, públicas o privadas. Puede identificar tierras, reconocer derechos, rectificar planos, linderos, medidas perimétricas, rectificar títulos de propiedad e incluso definir la necesidad de reubicación de pobladores y convocar a asambleas comunales, entre otras. Este decreto, además, de estimular la deforestación, representa una amenaza para las tierras y territorios de las comunidades campesinas y nativas debido a que crea un organismo cuya función principal es disponer de predios saneados para entregarlos a proyectos de inversión priorizados. Para muchos esta norma desconoce el ordenamiento jurídico y los avances en 143 http://www.agroforum.pe/blogs/rob3020/vendo-terrenos-selva-de-2-000-100-10-5-hectareas-501/ 167 institucionalidad gubernamental en materia de saneamiento físico legal, crea un conflicto de competencias con el Ministerio de Agricultura y los gobiernos regionales como ente rector y ejecutor en materia de titulación de tierras comunales. Es decir que al contrario de lo que se debe hacer para frenar la deforestación, todas las iniciativas de los gobiernos pasados y del actual tienden a hacer aún más elástica la ya muy relajada legislación al respecto de derechos sobre la tierra y acelerar así, el ritmo de la deforestación. En este caso, como en el anterior, la política actual es claramente a favor de la conversión de bosques. Sobre concesiones y permisos de extracción forestal La explotación forestal tiene dos consecuencias capitales: la primera es que sus vías de extracción o caminos forestales son puertas abiertas a la entrada de campesinos invasores que hacen sus chacras derrumbando los árboles que la extracción maderera dejó, es decir que como las carreteras en general, es un vector de deforestación. En segundo lugar, está la degradación del bosque ocasionada por la saca de madera, que es muy considerable, aunque se usen técnicas de bajo impacto. La explotación forestal ocasiona daños en una escala aún mayor, especialmente a través de la caza y la pesca que sus operarios practican tanto para abastecerse como para comercializar los despojos. Por eso, además de ser muy discutible la lógica de continuar la explotación forestal de los bosques naturales144 es necesario, cuando menos, racionalizarla concentrándola en áreas mucho menores, en las que además sea controlable. En 2013 existían 555 concesiones forestales sobre más de 7 millones de hectáreas --9 millones de hectáreas en la actualidad-además de 3.209 permisos y 228 autorizaciones para explotar madera de predios privados y comunidades. Las concesiones y otras autorizaciones abarcan todos los departamentos y la mayor parte de las provincias y atienden En el futuro la extracción forestal deben ser limitadas a espacios menores estratégicamente controlables, prácticamente cada rincón de la Amazonía asegurando la calidad del manejo (Milano). donde carreteras o ríos llegan. Eso implica una dispersión enorme que multiplica el perjuicio ambiental y, que, por imposibilidad de ejercer control efectivo, lo agrava. La propuesta de reducir y agrupar las áreas destinadas a concesiones no es nueva. Se aplicó con éxito durante algunos años con la Ley Forestal de 1975. Se trata de reducir el área cedida en concesiones y de concentrar éstas en determinadas zonas de cuencas escogidas --en el caso de la Selva Baja-- donde sea posible controlar todo lo que ocurre en las concesiones que allí operan. La madera al estar obligada a salir por un solo punto puede ser controlada con 144 Muchos opinan que los bosques naturales tropicales no pueden ser manejados y que cualquier explotación de sus bosques redunda en su destrucción o severa degradación. A eso se añade que en teoría esos bosques valen mucho más en pie que talados, especialmente por el valor de sus servicios. 168 facilidad con un puesto de fiscalización fluvial en la parte baja, antes de entrar al río mayor donde su control sería más difícil por mezclarse con maderas provenientes de otros lugares. Las áreas que pueden cederse en concesión son definidas en función de la relativa proximidad de su área de procesamiento y de su carácter controlable. Eso es más difícil donde la extracción es por vía terrestre, pero de hecho no es imposible ya que las carreteras actúan como los ríos. La supervisión efectiva de la explotación maderera no presenta ninguna imposibilidad logística. El problema es exclusivamente político. La autoridad debe resistir a la presión de los madereros por expandir áreas de extracción y ofrecerles alternativas sensatas y atractivas. Eso pasa, claro, por el apoyo político al sector forestal --en general inexistente-- y por una reforma del sector forestal, incluyendo su política y la legislación actual que es simplemente inviable. Enfrentar la minería ilegal El precio del oro se multiplicó seis veces durante la primera década de este siglo, detonando una nueva onda de fiebre del oro. En el Perú, muchos mineros pequeños y artesanales con concesiones otorgadas por el Estado, pero que operan sin licencias de funcionamiento e incumpliendo las normas laborales y ambientales --es decir, con costos mínimos y nula supervisión-- multiplicaron varias veces sus ganancias y ampliaron sus operaciones. La alta rentabilidad de la minería informal atrajo, además, a nuevos inversionistas completamente al margen de la ley. Así se fue conformando un grupo de poder constituido por ex-pequeños mineros extraordinariamente prósperos, dueños de plantas de beneficio --instalaciones donde se separa el mineral valioso contenido en materiales rocosos--, capitalistas inmersos en delitos altamente rentables --narcotráfico, trata de personas, contrabando-- y funcionarios corruptos en todos los niveles y poderes del Estado (Ráez, 2017 en Dourojeanni et al, 2017). Como dicho la última onda de minería ilegal145 invadió toda la Amazonia peruana pero tuvo concentración en Madre de Dios, aprovechando la existencia tradicionalmente conocida de oro en esa región y, por cierto, las facilidades creadas por la carretera Interoceánica Sur y otras vías que unen ese departamento con Cusco y Puno. El problema ha sido ampliamente descrito en inúmeras publicaciones (Swenson et al, 2011; Asner y Tupayachi, 2016) y no será detallado aquí. En esencia, el Gobierno, incapaz de poner orden en la minería de oro aluvial a pesar de la buena voluntad de los ministros Brack y Pulgar Vidal, ha optado por dar cierto viso de legalidad a la minería llamándola de informal en lugar de ilegal y “blanqueando” el dinero mal habido y, por cierto, estimulando más ilegalidad. Se consuela comercializando más oro, que puede contabilizar como “producción nacional”. Es obvio que gran parte del origen del problema de la minería ilegal es la pobreza que aún predomina, en especial en el medio rural andino. Pero no se puede pretender resolver la pobreza tolerando la minería ilegal u otros comportamientos similares que, apenas, aumentarán la pobreza destruyendo el porvenir de todos. No se puede resolver un problema grave creando otro mucho más grave y duradero. Eso es un comportamiento irresponsable que repercute en toda la sociedad minando la esencia del estado de derecho que establece que la ley debe ser igual para todos. Para reducir la pobreza se debe, para comenzar, admitir que existe y enfrentarla con políticas, planes sensatos, concertados y que se cumplen. Y si debe cambiarse la ley, que se cambie. Pero que siempre sea cumplida. 145 Se insiste en mostrar que minería informal no es igual a ilegal. Pero eso es un eufemismo ya que ser informal significa no obedecer las leyes, o sea que es ilegal. 169 La solución al problema pasa, primeramente, por una decisión política clara y firme que posibilite una verdadera colaboración entre los ministerios. Brack y Pulgar Vidal consiguieron esto parcial y esporádicamente y siempre sometidos al sabotaje de otros sectores, como Energía y Minas y Economía. De allí que sus propuestas, muy sensatas, dicho sea de paso, no dieran el resultado esperado. Estas incluyen: suspensión de los petitorios mineros, establecimiento de zonas de exclusión minera, prohibición de uso de dragas y similares en los ríos, formalización de actividades mineras en las zonas permitidas y rehabilitación de las áreas degradadas, compromiso de los sectores involucrados a participar activamente en la solución y, apoyo al gobierno regional de Madre de Dios para cumplir con sus funciones. A eso debería añadirse una vigorosa acción contra el transporte y comercio de combustibles y de mercurio, así como un examen fiscal minucioso de cada una de las “empresas” mineras. Con la elección de un líder minero informal como gobernador, toda es Esa realidad que en la foto hasta se ve bonita, se extiende sobre decenas de miles de hectáreas. Es una tragedia que debe ser detenida. Es decir que el problema de la minería ilegal debe ser abordado por el Estado como un todo, incluyendo sus tres poderes y, en el Ejecutivo, debe ser liderado por el Ministerio de Energía y Minas y no por el de Ambiente. Debe, pues desarrollarse una estrategia nacional, consensuada 170 con las organizaciones representativas de la minería formal e informal, que incluya en primer lugar una definición por geólogos, ecólogos y profesionales mineros de dónde y cómo puede extraerse minerales, en especial oro aluvial, minimizando los impactos ambientales. O sea, reconocer que si existe oro en determinadas regiones se puede tolerar un cierto nivel de explotación por la pequeña minería, a pesar de sus perjuicios --no existe minería sin impactos ambientales. Esas áreas, una suerte de reservas mineras para minería artesanal o de pequeña escala, deben ser demarcadas. Eso es importante ya que los mineros informales suelen moverse de un lugar a otro en función de informaciones fantasiosas. Después de gastar en movilizar el equipo y de destruir el bosque se dan cuenta que allí no hay oro y entonces procuran otro lugar. Ese ciclo puede cortarse si los especialistas determinan los lugares con verdadero potencial. Pero la prohibición del uso de dragas debe ser mantenida. En segundo lugar, al delimitar las áreas a las que la minería tendría acceso debe llevarse en cuenta la voluntad --mediante consulta previa-- de los propietarios de las mismas-comunidades, privados-- que deben ser resarcidos por la eliminación de sus bosques y la pérdida de la fertilidad de sus tierras, entre otros perjuicios. Pero eso debe hacerlo el gobierno y no cada minero individualmente. En tercer lugar, la modalidad de acceso a esas áreas debe ser definida con cuidado, pero, a priori, solo debería ser otorgada a mineros registrados como microempresarios, mediante procedimientos simples y baratos con indicación clara de la procedencia de los recursos que financian la maquinaria y con la obligación de enganchar sus operarios conforme a ley. Tamaños y plazos de esas pequeñas concesiones deben ser establecidos. Una opción simultánea es la de fomentar mediante apoyo estatal que mineros individuales se organicen en microempresas o en cooperativas, caso en el que algunos de los beneficiados deben demostrar tener ya experiencia minera. Esa opción implica proveer financiamiento además de asistencia técnica. Las medidas ambientales que deberían ser aplicadas, en el caso del oro aluvial, deben ser definidas por especialistas y estandarizadas --las mismas para todos, bastando el compromiso de respetarlas--, claras y simples. Dos son los puntos clave: (i) la recuperación (nivelación) del terreno después de la explotación usando sus propias máquinas y, (ii) utilizar técnicas de sublimado o de recuperación del oro que no impliquen riesgos para la gente ni la biota. Probablemente no es necesario reforestar para “restaurar” como viene siendo propuesto (Román-Dañobeytia et al, 2015), aunque puede haber excepciones. En general la naturaleza lo hace mejor y sin costo. Si bien de una parte se debe dar apoyo y facilidades para la pequeña minería, de otra el control debe ser mucho más severo y constante. Debe mantenerse y reforzarse mucho el control de los insumos para la minería, como combustibles y mercurio y usar la fuerza pública para destruir cualquier instalación que no se someta a los espacios y reglas Los infractores deben ser severa y ejemplarmente sancionados, con participación del Ministerio Público y del Poder Judicial. Es evidente que en un escenario como el planteado habrá menos interés en contrabandear oro a Bolivia o a cualquier otro país, lo que además puede ser mejor controlado y que, si la imposición tributaria es razonable, habrá beneficios para el erario regional y nacional. Lo anterior parece simple y realizable y, realmente, lo es. Pero depende de la seriedad con la que el Estado aborde el asunto. La estrategia demanda: (i) un presupuesto propio importante y mantenido por largo plazo para implantar el plan y brindar asistencia técnica eficiente y de calidad; (ii) un esfuerzo coordinado y constante del Ministerio de Energía y Minas pero con intervención de todos los demás sectores, incluido el ambiental; (iii) el concurso del sector 171 financiero nacional que debe crear condiciones especiales para la minería tradicional y; (iv) la presencia y apoyo sostenido de una fuerza pública eficaz, especialmente al comienzo. Si es verdad que el negocio de la minería informal es tan cuantioso como lo afirman muchos, no hay duda que la inversión que haga el Estado para racionalizarla será rentable. Apenas deberá adelantar un poco de dinero que recuperará con creces en pocos años en forma de impuestos y derechos. Para mitigar los impactos de la explotación de hidrocarburos Aunque no cabe dudar que la humanidad está viviendo el estertor del petróleo como combustible, siendo reemplazado por fuentes más limpias de energía, tampoco cabe dudar que el interés mundial en su explotación va a durar todavía algunas décadas. Por eso, la Selva peruana aún deberá convivir con sus beneficios y perjuicios. Siendo así, solo queda la opción de procurar que sus impactos ambientales no conlleven pérdidas económicas, por ejemplo por contaminación y deterioro del potencial pesquero o deje secuelas ambientales y sociales. Además, el costo de sus impactos negativos, que son muchos, debe ser compensado por el canon petrolero y otras compensaciones e indemnizaciones que sean del caso y por el abastecimiento de energía para consumo local a precio subsidiado, mientras eso sea necesario. Para lograr esto debe exigirse que las empresas que exploran y explotan petróleo apliquen los más altos estándares sociales y ambientales disponibles en la industria lo que, como bien se sabe, no ha sido ni es el caso. El tema del loteado inconsulto del territorio amazónico a capricho de Perupetro debe ser resuelto. Esta entidad decide ese loteamiento sin consulta con los gobiernos regionales. El requisito mínimo exigible es la realización previa de una evaluación ambiental estratégica seguida, obviamente, por la consulta previa a los indígenas y otros pobladores afectados. Resultante de esos dos requisitos, que no necesariamente invalidarían la exploración y explotación petrolera, aunque podrían prohibirla o limitarla en determinados lugares, sería la aplicación de reglas de juego específicas para cada lote, de acuerdo a la realidad social y ecológica de cada lugar. La premisa es que el petróleo no dura, mientras que la vida humana y natural permanecerá allí por siempre. La mayor parte de las reglas de juego socioambientales a aplicar para la exploración y explotación petrolera son bien conocidas y no requieren ser reiteradas. Ellas son mencionadas hasta en los estudios de impacto ambiental convencionales que la legislación requiere. Se trata, en este caso, de insistir en temas mayores o relativamente novedosos. Entre éstos se mencionan los siguientes: (i) consulta previa en caso de superposición a comunidades nativas y campesinas, (ii) prohibición de operaciones donde hay evidencias de presencia de indígenas aislados; (iii) tratamiento especial de lotes superpuestos a áreas naturales protegidas, (iv) uso de la técnica de perforación de alcance extendido y pozos múltiples, (v) racionalización de la construcción de oleoductos y fomento del su uso compartido, (vi) limitación a la construcción de carreteras o caminos de acceso y estímulo al uso de helicópteros y embarcaciones, (vii) manejo moderno de desechos y de prevención de derrames, (viii) uso de carcasas y cimentación avanzadas y, (ix) monitoreo socioambiental comunitario. La Ley de Consulta Previa vigente, que, en gran medida, tuvo su origen en litigios en torno al petróleo, no deja lugar a dudas sobre su finalidad, que se resume en alcanzar un acuerdo o consentimiento entre el Estado y los pueblos indígenas u originarios respecto a la medida legislativa o administrativa que les afecten directamente, a través su inclusión en los procesos de toma de decisión del Estado y la adopción de medidas respetuosas de sus derechos 172 colectivos. De este proceso deberían resultar garantías solidas a la población de no correr riesgos para su salud, de no tener sus fuentes de alimentos cerceadas y, además, de ser equitativamente resarcidas por los inconvenientes, incluyendo compensaciones e indemnizaciones si fuera el caso --accidentes, por ejemplo-- así como de disfrutar de beneficios, por ejemplo empleos y energía. De otra parte, la empresa debe recibir seguridad de que su desempeño no será afectado por litigios o reclamos improcedentes, robos y hasta sabotajes, como los que se vienen produciendo en las operaciones en la Selva Norte. Más que en cualquier otro caso -comunidades nativas o áreas protegidas-- la mera sospecha de presencia de indígenas en esa condición debería determinar la obligación de realizar una confirmación científica independiente y, en caso de ser confirmada, debería determinar la paralización inmediata y absoluta del proceso de otorgamiento de concesiones o de las operaciones, si es que ya el lote ya fue concedido. Es lamentable que ese tema sea motivo de sospechas de parcialidad sobre los antropólogos que hacen los estudios provocando que, finalmente, no se lleve en cuenta sus informes. Aunque la legislación, erradamente, permita explorar y explotar petróleo en las áreas protegidas de uso directo, lo que es inadecuado pero entendible especialmente si éstas son de creación posterior al otorgamiento del lote a una empresa, es sentido común que ese hecho, en cualquier momento, implique condiciones especiales, más severas, a las empresas que trabajan en esas áreas. En el Proyecto Gas de Camisea se usan intensamente los helicópteros para evitar abrir trochas, resguardando el bosque (AlfredoVS) Aunque existen dispositivos legales en contrario, el Ministerio de Energía y Minas ha intervenido reiteradamente para evitar la creación de áreas protegidas que entorpezcan el otorgamiento futuro de concesiones. A pesar de la antecedencia de las decisiones ambientales, no solamente se otorgaron concesiones sobre ellas, sino que demandaron de los contratistas ningún cuidado especial para permitir que las tales áreas cumplan sus funciones en beneficio de la sociedad. Esto ha sido, con variantes, el caso en Zona Reservada Güeppi y asimismo, en la de la Sierra del Divisor, establecidas con vista a crear los respectivos parques nacionales que, después de años de lucha fueron efectivamente creados. Y, asimismo, ocurrió cuando se trató de establecer el área de conservación regional del Alto Nanay, Pintuyacu y Chambira que tiene como unos de sus objetivos conservar el recurso hídrico originado en las nacientes de los mencionados ríos para asegurar la calidad y aprovisionamiento de agua y otros servicios ambientales en beneficio de la población local y de la ciudad Iquitos De otra parte, existen muchas opciones técnicas disponibles y demostradamente rentables para limitar los impactos ambientales de las explotaciones. Por ejemplo, es tradicional perforar numerosos pozos, a veces bastante cercanos los unos a los otros, donde se concentra el petróleo. El acceso a cada plataforma, además, requiere de un camino y en cada pozo suele permanecer un equipo de trabajo, con lo que además de la deforestación de áreas relativamente importantes se dispersa basura y desechos, aparte de que cada pozo genera residuos contaminantes propios, como los lodos de perforación. El Consejo Nacional del Petróleo (CNP, 2011 y Powers, 2012), entre otros, revelan que la explotación del petróleo 173 puede ser hecha con bajo impacto mediante la técnica conocida como perforación de alcance extendido. Esta técnica, que está disponible desde los años 1990, permite alcanzar depósitos de petróleo que quedan a ocho, diez o más kilómetros horizontales a partir de una plataforma de perforación única. Esta técnica ya se ha usado en muchos países, inclusive en Venezuela y Argentina, y se ha propuesto ya en Ecuador, para extraer petróleo del Parque Nacional Yasuni desde fuera y por debajo, sin afectarlo. El uso rutinario de la perforación extendida en los proyectos petroleros, tanto para exploración como para producción, eliminaría en gran parte la justificación de construir caminos entre plataformas de perforación/producción. Aunque individualmente, esos pozos son más caros que los comunes, en su conjunto reducen los costos de la operación pues hay menos plataformas, menos ductos y menos caminos a construir y mantener. Powers (2012) confirmó este hecho para el caso del Lote 67 operado por la Perenco, en Loreto. Sin embargo, Perenco propuso instalar plataformas de perforación/producción con una separación de apenas 1,5 km, es decir hacer como todos los proyectos actuales y los propuestos en el Perú hasta la fecha que solo usan pozos convencionales o, eventualmente, direccionales. Según Powers (2012) otras técnicas que deberían ser intensamente usadas en las futuras explotaciones petroleras: (i) prohibición de la construcción de caminos y de campos permanentes fuera de las orillas de los ríos navegables; (ii) limitar el ancho del derecho de vía para cualquier ducto de transporte a menos de 13 metros; (iii) maximizar el uso de herramientas remotas en la etapa de exploración y limitación del uso de la sísmica a donde haya el potencial demostrado de depósitos; (iv) limitar o prohibir, por ejemplo en áreas protegidas, la construcción de caminos y fomentar el transporte por ríos o por helicópteros, con control del tamaño de las unidades y la frecuencia de movimientos. El proyecto gas de Camisea dio el ejemplo de no construir caminos para acceder a las plataformas. La construcción y toda la operación de este enorme proyecto fueron y continúan siendo hechas por vía fluvial o por helicóptero, incluyendo el tendido de los gaseoductos, con un daño mínimo al ambiente (Tollefson, 2011). Pero esa práctica no es exclusiva a ese proyecto ya que se ha usado antes en el Lote 10, en Ecuador. Ese país está imponiendo esta opción en otros lotes, inclusive en el Parque Nacional Yasuní. Cuando no es posible recuperar o reciclar los desechos de perforación, hay muchas opciones para la eliminación. Tradicionalmente, el lodo se puede transferir a los vertederos o sistemas terrestres de tratamiento para ser biológicamente tratado. Uno de los nuevos métodos es la transferencia de residuos de perforación hasta sitios de inyección. La inyección de residuos consiste en el bombeo de desechos de perforación a formaciones subterráneas permeables y porosas que pueden contener los residuos de manera ambientalmente segura. La reinyección del 100% las aguas de producción, que ya es practicada en los lotes 1AB y 8 gracias al Acta de Dorissa146, debe ser práctica generalizada. El objetivo final de un programa de revestimiento y cementación, sobre todo desde el punto de vista ambiental, es la creación de aislamiento zonal confiable. Ya se trate de la protección del suministro de agua subterránea utilizable, el sellado de una zona de pérdida de circulación, o dirigirse a un depósito de producción, el objetivo es el mismo (CNP, 2011). 146 El Acta de Dorissa (2006) consolidó el triunfo de los Achuar para que los perjuicios que les ocasiona la explotación petrolera sean reconocidos y que se tomen medidas serias para evitarlos en el futuro. Una de ellas, fundamental, fue la reinyección de todas las aguas de producción. Otra consecuencia fue establecer el monitoreo socioambiental comunitario. 174 Finalmente, debe comentarse la importante contribución que puede dar el llamado monitoreo socioambiental comunitario, a cargo de las comunidades nativas afectadas y sus federaciones, como practicado en los lotes 1AB y 8 de la Pluspetrol Norte desde el 2006 y, desde 2007, también en el Lote 8. Estos programas, ampliamente descritos por Stoll (2011) y Dourojeanni et al (2012) han demostrado su importancia para mitigar los conflictos entre las empresas y las comunidades y, en especial, para reducir los riesgos para la población y para el ambiente, mediante este mecanismo eficaz de alerta temprana. Las ventajas directas e indirectas de este tipo de monitoreo, para todos los actores, han sido particularmente evidenciadas en el caso del proyecto Gas de Camisea, incluidos los gaseoductos hasta la Costa (Dourojeanni et al, 2012). Por ese motivo es que esa opción es altamente recomendada como obligatoria para los nuevos proyectos petroleros en todo Loreto. El manejo de las cuencas y los bosques de protección Las cuencas pueden considerarse un sistema interdependiente donde lo que se hace en la parte alta influye forzosamente en la parte bajar de la misma. Si en la parte superior se destruye la vegetación y, por ende, sus suelos están sometidos a erosión, las aguas de la parte inferior estarán sucias, con una gran carga sedimentaria y podrán sufrir crecientes que pueden ser desastrosas. Si en la parte alta, se vierten relaves mineros, las aguas de la parte baja estarán contaminadas con elementos tóxicos. Los bosques, en especial, tienen una gran influencia en las cuencas pues disminuyen el escurrimiento superficial y pueden reducir la erosión y la sedimentación. También reducen la contaminación pues sus suelos filtran los contaminantes e influencian la calidad del agua. Reducen el flujo total anual de agua en la cuenca, pero regularizan ese flujo y, en función del tipo de bosques de que se trate, pueden aumentar o eventualmente, lo que es improbable en condiciones amazónicas, disminuir la recarga de los acuíferos. Además, tienen influencia en la lluvia a escala regional. Es decir que, en resumen, en la Selva los bosques talados pueden disminuir severamente la productividad y la calidad de los cuerpos de agua. Por eso la cuenca es un factor que se debe tener en cuenta en la planificación del desarrollo de una región. El manejo de las cuencas, en su versión más amplia, implica la gestión de todas las actividades que en ella se desarrollan de modo a que la sociedad que depende del agua de la cuenca disponga de ella en la mejor forma y al mayor costo-beneficio que sea posible. Por eso, el manejo de cuencas también es un importante mecanismo de ordenamiento del uso de los recursos naturales, guardando similitud y/o relación con la zonificación ecológica-económica y el ordenamiento territorial. El manejo de las cuencas de la inmensa hoya hidrográfica del Amazonas es un tema vital para toda la región y es gravitante para el futuro de la Amazonia brasileña, que está localizada en su parte baja, recibiendo las consecuencias de lo que se haga en la parte alta, es decir en los Andes y en la Amazonia alta que están localizados en los países andinos. El manejo de cuencas debe ser realizado en varios niveles, con subcuencas cada vez menores hasta llegar a lo que se conoce como micro-cuencas de las que, respectivamente, hay millares y millones. El concepto de manejo de cuencas es, en la actualidad, bastante confuso147. Comenzó con el objetivo precipuo de obtener más control sobre la descarga de agua, su calidad y sobre el tiempo o momento en que ocurre. Pero, como dicho, ahora se le asocia a temas de gestión ambiental, de ordenación del territorio, de desarrollo regional y de gestión ambiental integrada y, por 147 Dourojeanni, A. 2004 La evolución de la gestión de cuencas en América Latina y el Caribe http://www.cepes.org.pe/debate/debate18/04_Articulo.pdf 175 último, a todas las acciones orientadas al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de la cuenca. Quizá debido a la confusión imperante en la región sobre el significado de gestión o manejo de cuencas este paquete de técnicas, aunque bien conocidas, ha tenido muy poca aplicación en el Perú y aún menos en la Amazonia. En efecto, a pesar de que en teoría se le promueve desde hace décadas, apenas se han realizado acciones puntuales que puedan encajarse en ese concepto. Entre otras, deben mencionarse las desarrolladas en el contexto del Programa Nacional de Manejo de Cuencas Hidrológicas (Pronamach) del Ministerio de Agricultura que llegaron a ser significativas, pero que se han concentrado en condiciones de Sierra y de Ceja de Costa y que muy raramente se han dirigido a la Selva Alta, donde es indispensable por la existencia de enormes volúmenes de agua que bajan en trechos brevísimos millares de metros de altura, arrasando todo a su paso y, en cambio, en otros periodos, escasear tanto que hasta puede privar de agua a las poblaciones locales. Bosques de protección que jamás debieron ser destruidos por ser capitales para evitar la erosión y mantener los flujos hídricos. Pero son los que más son deforestados por los agricultores de origen andino. Parece importante volver a los objetivos iniciales del manejo de cuenca, mucho menos pretenciosos que los actuales y referidos claramente al agua, en términos de regularidad de flujos y calidad, sin pretender que el concepto invada territorios de otras disciplinas. Manejo de cuencas es una necesidad vital para la Amazonia peruana y también para la brasileña. Baste recordar los trágicos eventos provocados tanto por las secas como por las inundaciones extremas del rio Amazonas, especialmente en el Brasil. Este país, que también pretende aprovechar para beneficio propio el enorme potencial hidroeléctrico Andino-Amazónico, debería ser el más interesado en cuidar de la Selva Alta. Baste recordar que, sin conservación de las cuencas, las represas se llenan o colmatan de sedimentos y que su capacidad de almacenamiento de agua disminuye. El ejemplo de la represa de Poechos (río Chira, Piura) que en 17 años ha perdido la cuarta parte de su capacidad de almacenamiento, significando que en 51 años más esa represa quedará reducida a un inmenso pantano, debe ser llevado en cuenta por los que pretenden hacer grandes represas en la Selva Alta, donde el potencial erosivo es equivalente o mayor. Pero, el tema de manejo de las cuencas colectoras ni siquiera es considerado por los proponentes de esas obras gigantes Hay una estrecha relación entre el manejo de las cuencas y el tema muy relegado en el Perú de los bosques de protección, que deberían ser una de sus herramientas principales. La idea original de bosques de protección fue declarar como tales a todos los bosques que cumplen función evidentemente protectora de aguas y suelos. De ese modo estarían protegidos por el 176 solo efecto de la ley, como ocurre en el Brasil. Cualquier bosque en pendientes, por ejemplo, de más de 45 grados y los que bordean cursos de agua sobre una extensión a definir -depende del ancho del río-- estarían protegidas de facto, sin necesidad de declaración específica. Pero, desde la Ley Forestal de 1975 en adelante se cometió el error de que su declaración sea caso por caso y, realmente, estos comenzaron a ser creados a partir de los años 1980. ¿Por qué es errado el enfoque actual? Pues simplemente porque los bosques que deben ser protegidos por sus funciones protectoras de suelos y agua cubren una enorme extensión y se localizan en todas partes, imbricados con tierras o bosques que no requieren esa protección. Se trata, según la clasificación de tierras por capacidad de uso mayor, de 18,9% del territorio amazónico, o sea de unos 25 millones de hectáreas. Este tipo de bosques están obviamente también dentro de muchas propiedades donde, si se aplicara una legislación de tipo general Laderas deforestadas de Chanchamayo que ya en los años y no específica, estarían bajo protección. 1970 estaban como se muestra. Es el proceso de Pero, debido al criterio adoptado, no lo "serranización" de la Selva que hay que revertir. están. Prueba de que crear bosques de protección uno por uno no funciona es que, desde 1975, sólo existen cuatro en la Selva abarcando apenas 390.000 ha, es decir una ínfima fracción de lo que debería realmente ser protegido. Pero, si posible, peor fue su transformación en áreas naturales protegidas dependientes del Sernanp, cuando este tipo de bosques nunca debió salir de la gestión del Ministerio de Agricultura y/o del actual Serfor. La mayor crítica a declarar bosques de protección automáticamente en función de sus características físicas es que hacer cumplir esa norma sería imposible. Sin embargo, en el Brasil, cuya población no se caracteriza por ser más respetuosos de la ley que los peruanos, esa disposición legal viene siendo bastante bien cumplida y mejor cumplida año tras año. La razón es simple: (i) ese tipo de bosques --o tierras-- son fácilmente distinguibles a simple vista, como en el caso de las pendientes radicales y de bosques ribereños y; (ii) los propios agricultores están conscientes de las ventajas para sus propias tierras de proteger las cuencas que los sirven para disponer de agua limpia y de flujo regular así como de evitar erosión ribereña o aluviones, entre tantos otros riesgos que se incurre cuando se destruye la vegetación de los bosques protectores. Otra forma de control está determinada por el hecho, en el caso del Brasil, de que esos bosques deben estar declarados y demarcados en los títulos de propiedad y porque, además, las propiedades son eventualmente inspeccionadas --en algunos estados la supervisión es sistemática-- por la autoridad forestal. El incumplimiento de la norma trae enormes complicaciones para el financiamiento y en especial para la venta del predio, además de multas y obligaciones de restaurar las áreas ilegalmente taladas. Y, de otra parte, el Ministerio Público de ese país ha tomado en serio el tema, pues se trata de garantizar la seguridad de la sociedad. El hecho es que si se puede hacer funcionar bosques de protección por el simple efecto de la ley. 177 En las tierras deforestadas que son inadecuadas para la agricultura deben restaurarse sus funciones ecológicas mediante dos tipos de opciones: (i) permitiendo la regeneración natural, eliminando el pastoreo y, en especial el uso del fuego y; (ii) estimulando su reforestación con fines económicos, inclusive con especies exóticas. La primera opción es, evidentemente, la más simple y viable. Debería crearse un programa especial de restauración de la vegetación natural de la Selva Alta que apunte a todas las tierras desnudadas sin vocación siquiera forestal. Estas se observan a pérdida de vista a la entrada de todos los valles que bajan a la Selva y son especialmente abundantes en la Selva Central y en el departamento de Amazonas. Esto implica diseñar un texto legal nuevo, que adapte las experiencias de otros países a la realidad peruana amazónica, estableciendo sus parámetros técnicos a ser discutidos y debatidos con todos los interesados, pero teniendo como meta evitar los mal llamados desastres naturales, cuyas trágicas consecuencias asolan al Perú cada año. Áreas protegidas, la válvula de seguridad Lo que mejor funcionó durante el último medio siglo para conservar los ecosistemas amazónicos fueron las áreas naturales protegidas. Esto es una realidad en los nueve países amazónicos y especialmente en el Perú y en el Brasil. Es verdad que los territorios otorgados en una forma u otra a los indígenas son muy extensos, pero su destino en términos de conservación de los recursos naturales contenidos en ellos es más incierto debido a que se trata de espacios que pueden ser habitados y explotados. Por eso, para muchos y también para este autor, las áreas protegidas son la mejor garantía de que algo de la Amazonia sobreviva a la codicia cortoplacista que está avasallando la región. Pero, como se verá en esta sección, lograr eso no será fácil por una serie de motivos. Destacan los siguientes: (i) gran parte de las áreas protegidas no lo son realmente pues, como en el caso de los territorios indígenas, son de uso directo y permiten habitantes y ciertos niveles de explotación de los recursos; (ii) ninguna categoría de área protegida está Pico emblemático del Parque Nacional Sierra del Divisor. Los parques nacionales conservan los adecuadamente manejada por deficiencias escenarios naturales más hermosos del país además de considerables de presupuesto y su biodiversidad (Pronaturaleza). consiguientemente, de personal, infraestructura y equipamiento; (iii) aunque las áreas protegidas se han defendido mejor que otros espacios contra las agresiones “económicas” ellas están también crecientemente amenazadas; (iv) el sistema de áreas protegidas aún no es completamente representativo de los ecosistemas amazónicos y; (v) las áreas protegidas, por estar muchas de ellas aisladas, no pueden enfrentar adecuadamente el cambio climático. En la actualidad, en la Amazonia peruana existen 38 áreas protegidas nacionales (cuadro 10) de las que 19 corresponden a las categorías de uso indirecto --parques y santuarios nacionales e históricos--, sumando 10,2 millones de hectáreas, y 19 de uso directo --reservas nacionales, comunales, bosques de protección-- que suman 5,9 millones de hectáreas. A eso deben agregarse 6 áreas de conservación regional y unas 70 áreas de conservación privada que suman 2,3 millones de hectáreas. Podría considerarse asimismo que existen 3 zonas 178 reservadas que agregan casi medio millones de hectáreas al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sinanpe). De cierta forma, podría añadirse a esta lista las 90 concesiones de conservación sobre 1,2 millones de hectáreas y 51 de ecoturismo sobre 114.000 ha que no son formalmente parte del Sistema pero que contribuyen a los mismos objetivos. Cuadro 10. Áreas protegidas nacionales en la Amazonia peruana Categoría/Nombre Superficie Provincia(s) Dpto(s) (ha) Áreas de Uso Indirecto 14 Parques Nacionales (9.902.593 ha) Cutervo 8.214 Cutervo Cajamarca Tingo María 4.771 Leoncio Prado Huánuco Río Abiseo 274.520 Mariscal Cáceres San Martin Yanachaga-Chemillén 122.000 Oxapampa Pasco Bahuaja Sonene 1.091.416 Tambopata , Carabaya y Sandia Madre de Dios y Puno Manu 1,716.295 Paucartambo y Manu Cusco y Madre de Dios Otishi 305.973 La Convención y Satipo Cusco y Junín Cordillera Azul 1.353.191 Bellavista, Picota, San Martín, San Martín, Loreto, Ucayali Ucayali, Padre Abad y L. Prado y Huánuco Alto Purús 2.510.694 Tahuamanu, Tambopata y Purús Madre de Dios y Ucayali Ichigkat Muja-C.Cóndor 88.477 Condorcanqui Amazonas Güeppi-Sekime 203.629 Maynas Loreto Sierra del Divisor 1.354.485 Coronel Portillo, Ucayali, Maynas Ucayali y Loreto y Requena Yaguas 868.928 Maynas Loreto 4 Santuarios Nacionales (298.753 ha) Tabaconas-Namballe 32.125 San Ignacio Cajamarca Cordillera Colán 39.216 Bagua y Utcubamba Amazonas Pampa Hermosa 11.544 Tarma y Chanchamayo Junín Megantoni 215.869 La Convención Cusco 1 Santuarios Históricos (32.592 ha) Machu Picchu 32.592 Urubamba Cusco Áreas de Uso Directo 5 Reservas Nacionales (3.347.942 ha) Pacaya-Samiria 2.080.000 Loreto, Requena, Ucayali y Alto Loreto Amazonas Tambopata 278.284 Tambopata Madre de Dios Allpahuayo-Mishana 58.069 Maynas Loreto Matsés 420.635 Requena Loreto Pucacuro 637.954 Loreto Loreto 10 Reservas Comunales (2.166.588 ha) Yanesha 34.745 Oxapampa Pasco El Sira 616.413 Puerto Inca, Oxapampa, Atalaya y Huánuco, Pasco y Ucayali Coronel Portillo Amarakaeri 402.336 Manu Madre de Dios Ashaninka 184.468 Satipo Junín Machiguenga 218.906 La Convención Cusco Purús 202.033 Tahuamanu y Purús M. de Dios y Ucayali Chayu Nain 23.598 Bagua y Utcubamba Amazonas Tuntanain 94.968 Condorcanqui Amazonas Airo Pai 247.888 Maynas Loreto 179 Huimeki 141.234 Maynas 4 Bosques de Protección (389.896 ha) Pui Pui 60.000 Chanchamayo, Satipo, Concepción y Jauja San Matías-San Carlos 145.818 Oxapampa Pagaibamba 2.078 Chota Alto Mayo 182.000 Rioja y Moyobamba 3 Zonas reservadas (497.032 ha) Sierra del Divisor 62.235 Santiago-Comaina 398.449 Condorcanqui y Datem Marañón Río Nieva 36.348 Bongará Total 16.635.396 ha (16.138.364 ha) Fuente: MINAM/SERNANP (2018) Loreto Junín Pasco Cajamarca San Martín Loreto Amazonas y Loreto Amazonas Parece mucho y lo es si comparado con otros países y con lo que había poco tiempo atrás. El esfuerzo peruano en este campo durante las últimas cuatro décadas es digno de elogio y supera al de la mayor parte de los países tropicales. Sumando todas las categorías de áreas protegidas en el Sistema o fuera de él, se llaga a la importante superficie de 20,2 millones de hectáreas, es decir el 28% del territorio amazónico y, si a eso se suman las comunidades nativas y las reservas territoriales indígenas, o sea otros 16,6 millones de hectáreas --23% del territorio amazónico-- como lo hace el gobierno cuando pretende demostrar cuán buena es su acción con relación a la naturaleza. Efectivamente, en teoría, el Perú protege nada menos que el 51% de su Amazonia. Pero como anticipado conviene limitar el entusiasmo en función del análisis de las categorías de manejo que corresponden a las áreas protegidas establecidas que, en términos gruesos son de dos tipos (i) las de uso indirecto --parques y santuarios-- que cubren el 14,2% de la Selva y (ii) todas las demás categorías y concesiones encima citadas son de uso directo, y cubren el 13,8% de la Selva. Es decir que grosso modo, la mitad de lo que se protege en la Amazonia peruana está estrictamente protegido por el Estado y, en principio, en ellas no puede haber actividad económica fuera del turismo y la otra mitad está abierta a formas controladas de usos económicos diversos, residencia humana permanente y a otras intervenciones. O sea que mientras que en las primeras la conservación de la biodiversidad está teóricamente garantizada, en la segunda está condicionada a negociaciones con los intereses de la población. Cuadro 11. Áreas de conservación regional en la Amazonia peruana Nombre Superficie Provincia(s) Cordillera Escalera 149.870 Lamas y San Martín Comunal Tamshiyacu420.080 Maynas, Mariscal R. Castilla y Tahuayo Requena Imiria 124.313 Coronel Portillo Choquequirao 103.814 La Convención y Anta Ampiyacu-Apayacu 434.129 Maynas y Mariscal Ramón Castilla Alto Nanay-Pintuyacu954.635 Maynas y Loreto Chambira Total 2.231.841 Fuente: MINAM/SERNANP (2018) Dpto(s) San Martín Loreto Ucayali Cusco Loreto Loreto Es decir que partir de la idea de que “todas las áreas protegidas tienen igual valor protector” induce a error. Si bien el primer grupo, en efecto, ofrece garantías razonables de un nivel de conservación adecuado del patrimonio natural a través del tiempo, en el segundo las 180 probabilidades de deterioro ambiental son mayores. Aun así no se puede negar la importancia y, más aun, la necesidad de todas las modalidades de conservación. Lo que determina su valor conservacionista, al fin de cuentas, es la calidad del manejo que en ellas se implemente. Y eso es diferente en cada área protegida en función de su realidad particular. En las áreas protegidas de uso indirecto en la Amazonia peruana no debe, en principio, haber ninguna explotación de recursos naturales renovables o no renovables y, también en principio, no debe haber habitantes. Son pues las de mayor valor e importancia para conservar ecosistemas y especies. Pero, como bien se sabe, en varios de los parques nacionales amazónicos peruanos --Manu, Alto Purús-- existe población indígena residente que no siempre mantiene por completo su estilo de vida tradicional. Es decir que esa presencia tiene impactos negativos, a veces considerables, especialmente sobre la fauna de la cual poblaciones indígenas cada vez más numerosas dependen para sobrevivir. Pese a ello hasta el presente los parques nacionales han cumplido razonablemente bien sus funciones, como lo demostraría el bajo porcentaje de deforestación constatado en ellos por el Centro de Datos para la Conservación (2011). En efecto (cuadro 12) en ellos tan solo había 0,11%, de deforestación en contraste con el alto porcentaje de deforestación registrado en las áreas circunvecinas lo que, además, era más de diez veces menor que en las de uso directo (1,15%). Esta situación fue confirmada a nivel de los 93 parques establecidos en los bosques de 22 países tropicales de todo el mundo por Bruner et al (2001), en respuesta a socioambientalistas radicales que sostenían que lo que ellos llaman “parques de papel” no sirven para nada. Y, volvió a ser confirmado por Peres (2011) en un análisis de la deforestación en áreas de uso sostenible en el Brasil. En las categorías de uso directo la situación es difícil pues en su mayoría hay poblaciones residentes indígenas o tradicionales muy significativas. Las reservas nacionales son las principales por su extensión y en todas ellas, sin excepción, hay habitantes dedicados a la explotación de uno o más recursos naturales además de deforestarlas para hacer chacras y criar ganado. La mayor de todas en el Perú es la Reserva Nacional de Pacaya-Samiria, con 2.080.000 ha, que es también la más Ciadro 12. Deforestación en áreas protegidas densamente ocupada, dentro y alrededor, con hasta 2011 casi unos 50.000 habitantes distribuidos en % de forestado según categoría de uso 109 centros poblados incluyendo unas 24 Total en uso indirecto (nacionales) 0.11 comunidades nativas de la etnia CocamaTotal en uso directo (nacionales) 1.15 Cocamilla. Las actividades económicas Total en nacionales 0.57 incluyen, evidentemente, caza y pesca, pero Total en regionales 0.41 también diversas formas de extractivismo, Total en uso directo (nacional +regional) 0.91 tala ilegal de madera y en particular una Gran total 0.54 expansión continua de las actividades Fuente: CDC (2011) agropecuarias (Inrena, 2000). En el 2000 el 24% de esa Reserva estaba bajo aprovechamiento directo (caza, recolección), 5,7% estaba bajo uso agropecuario y el 12,3% ya necesitaba de recuperación debido a usos anteriores abusivos. A pesar del esfuerzo de las autoridades y de las organizaciones no gubernamentales allí actuantes, así como de la buena voluntad, interés y participación de parte de esa población para compatibilizar desarrollo con la conservación de la naturaleza, ésta última se ve a cada año más impactada por la presencia humana. Los planes de manejo de las reservas nacionales consideran zoneamientos para diferenciar el nivel de uso en cada lugar. Hay zonas de protección estricta y zonas silvestres que, en el caso de Pacaya-Samiria, cubren el 57% de área total. Lamentablemente, por falta de personal y de medios esos límites no son respetados. Según el Plan Maestro de Pacaya-Samiria (Inrena, 2000) esa Reserva ya perdió el 181 18% de sus bosques originales. Siendo que ella cubre por si sola el 32% de todas las áreas de esa categoría, no es posible creer que se haya deforestado tan poco como para que en todas juntas se sume apenas 1,3% de deforestación, como indica el estudio de Proclim (2000). Más aún porqué las reservas comunales y los bosques de protección también sufren el impacto de inúmeras actividades económicas. Felizmente, el caso de Pacaya-Samiria no se repite con esa severidad en ninguna otra área protegida, pero en una medida u otra es un tipo de problema creciente, especialmente en las de uso directo. Sin embargo, las reservas comunales mayores y donde aún no hay presión excesiva, conservan bien los recursos, lo que podría continuar para siempre dependiendo de la calidad del manejo. Hay categorías como las áreas de conservación privada y las concesiones de conservación y de ecoturismo, de las que las dos últimas no forman parte del Sinanpe, que pueden ser tan o más efectivas para conservar la naturaleza que las áreas protegidas de uso indirecto. Eso se debe a que su gestión es privada, caracterizada por un celo mayor y a veces por inversiones por hectárea más elevadas y en todo caso más sensatas. Las áreas naturales protegidas regionales, en general, asumen la modalidad de uso directo y sufren de los mismos problemas que éstas. Tratar las comunidades nativas como áreas en las que se preserva la naturaleza es válido únicamente en aquellas que son de gran tamaño y que aún están poco pobladas y alejadas de las vías de comunicación. En las que son muy pequeñas el uso de la tierra es intenso y no garante conservar nada. En cambio, las reservas territoriales, que son áreas en las que los indígenas viven por propia voluntad como antaño, es decir manteniendo un buen equilibrio con los recursos, existe, si, un buen nivel de conservación. Sin embargo, varias han sido cedidas para exploración y explotación de hidrocarburos y, de cualquier forma, su utilidad depende mucho de que el Estado No es suficiente crear áreas protegidas. Ellas, para servir al controle el ingreso de madereros y turismo, requieren de inversiones, como en este centro de visitantes en el Parque nacional del Manu. gambusinos. Es importante mencionar el tema de las denominadas Zonas de Amortiguamiento que son áreas adyacentes a los límites de las áreas naturales protegidas y que conforman espacios de transición entre las zonas protegidas y las agresiones del entorno. Su establecimiento intenta minimizar las repercusiones de las actividades humanas que se realizan en los territorios inmediatos a las áreas protegidas e implica que sean manejadas de modo a que garanticen el cumplimiento de los objetivos de las áreas protegidas. Su forma y tamaño es generalmente discutido durante la preparación del plan de manejo y responde a criterios estratégicos y tácticos, pero debe ser negociado con la sociedad local y con las autoridades regionales. A pesar de la resistencia a su creación estas áreas ocupan un enorme espacio alrededor de las áreas protegidas en las que el Sernanp tiene cierto derecho de intervención. Dar prioridad a la asistencia técnica y financiera en las zonas de amortiguamiento de las áreas protegidas naturales de uso indirecto es pues, crucial. Si éstas están rodeadas de tierras de 182 comunidades sometidas a un verdadero uso sostenible, se evita que ellas sufran impactos negativos y, a través del turismo y de la visitación, se puede beneficiar más y mejor a las comunidades, creándose una sinergia positiva. Para materializar esas posibilidades es indispensable brindar un apoyo importante y de largo aliento a los comuneros, comenzando, como ya dicho, por la garantía de pose formal y efectiva de sus tierras. Los indígenas, para recibir el apoyo necesitan ser capacitados en cuestiones legales, contables y técnicas y, durante muchos años, deben recibir asistencia financiera. En conclusión, las áreas protegidas, en especial “las de verdad”, o sea las de uso indirecto, son, sin duda alguna, la mejor opción --y bajo ciertos criterios la única-- disponible para conservar algo de la Amazonia para el disfrute y el beneficio de las generaciones futuras. Muchos misterios de hoy, en esos bosques, serán soluciones casi mágicas de mañana y el valor inclusive económico inconmensurable pero absolutamente real (Dourojeanni, 2008; Figueroa, 2009). Todo esfuerzo que se haga hoy para defenderlas pagará su costo con creces. De otra parte, a pesar de los problemas mencionados, el Perú ha hecho un trabajo notable estableciendo y manteniendo sus áreas protegidas amazónicas y, por eso, ellas son el pilar o la columna vertebral de su política de estabilización de la frontera agrícola. Proporcionales más recursos para garantizar su protección y en especial para asegurar su manejo efectivo de modo a que cumplan las funciones para las que fueron creadas, en especial para estimular el turismo nacional e internacional es fundamental para el futuro. Los territorios indígenas ¡ojalá! Muchos, especialmente los antropólogos, pero también muchos ambientalistas, consideran que los cada vez más amplios territorios otorgados a los indígenas --para muchos se trata de una devolución-- son una garantía de que se preservan los ecosistemas naturales y la diversidad biológica que contienen, que es adicional a las áreas protegidas. Este autor ya ha dejado entrever, en diversos capítulos de este libro que, lamentablemente, no está convencido de eso. En este momento, en el Perú, los territorios relativamente en poder de los indígenas son: las comunidades nativas y las reservas territoriales. Como antes discutido, hasta cierto punto puede añadirse la categoría de reserva comunal, aunque legalmente no sea así y por eso no se les incluye en la discusión que sigue. Ese mismo es el caso de algunas reservas nacionales, como Pacaya-Samiria, en la que viven comunidades indígenas y en las que se permiten actividades económicas teóricamente compatibles. Según el Instituto del Bien Común en 2016 el universo de comunidades nativas era de 2.166 de las cuales 1.359 (63%) han sido reconocidas y tituladas sumando una superficie de 12.415.863 ha. Habría, según la misma fuente, otras 608 comunidades reconocidas, pero no tituladas y 199 por reconocer y por titular. A eso deben sumarse las reservas territoriales para indígenas en aislamiento voluntario (no contactados) que han sido oficialmente reconocidas por el Estado, que suman unos 2,4 millones de hectáreas. En efecto, en el marco de la Ley N° 22175, se establecieron Reservas Territoriales en beneficio de los pueblos indígenas en situación de aislamiento o en situación de contacto inicial. Las reservas territoriales han sido creadas por el Estado peruano entre los años 1990 y 2003, en algunos casos por iniciativa de las organizaciones indígenas y diversos sectores del gobierno. 183 Actualmente existen seis reservas territoriales y hay otras en proceso. Varias más están planeadas, por ejemplo, en el Yavarí148. Pero, de acuerdo con la legislación de esa extensión sólo una parte son territorios titulados para uso agropecuario y el resto, es decir en total entre 8 y 9 millones de hectáreas, son tierras forestales de producción o protección que se consideran cedidas, bajo contrato, para su uso restringido a manejo forestal, caza y pesca. Pero, en la realidad, en la mayoría de los casos los tales contratos no existen. La falta de formalización de la entrega de las tierras forestales mediante contratos de cesión en uso ha impedido a muchas comunidades la aprobación de sus planes de manejo de recursos por parte del ente rector pues no pueden demostrar con el documento correspondiente la titularidad de las áreas a manejar. Es una vergüenza que el Estado haya descuidado de una forma tan escandalosa el tema de la regularización de las tierras para los indígenas amazónicos. A pesar de eso, habida cuenta del activismo político indígena, se puede partir del supuesto que en los indígenas en la práctica ya tienen o tendrán control sobre la totalidad de las tierras de las comunidades nativas, que ya suman 12,4 millones de hectáreas, lo que es una extensión apreciable para una Sede de una comunidad nativa Machiguenga beneficiada por recursos de Gas de Camisea. población de unas 350.000 personas y que, por lo visto, va a aumentar bastante. Saber cuál es el potencial para conservar la naturaleza en la porción de tierra no directamente utilizada para agricultura de esas comunidades no es fácil. Algunas comunidades son muy pequeñas, tanto que son insuficientes para mantener adecuadamente a sus habitantes. Otras son más grandes pero sus bosques remanecientes ya están sumamente degradados y están sujetos a incursiones de madereros y cazadores furtivos. Pero aún existe una parte, importante, en la que podría materializarse cierto nivel de conservación del bosque y de la biodiversidad si en ellas se aplicara un manejo forestal realmente sostenible o, negocios de carbono, ecoturismo o piscicultura, entre muchos otros. Obviamente el valor para la conservación de las reservas territoriales es actualmente muy grande, pero se prevé que tarde o temprano serán transformadas en comunidades nativas o en otras categorías, quizá reservas comunales. Muchos esfuerzos de este tipo se han desarrollado en la Selva peruana con apoyo de un gran número de organizaciones no gubernamentales y también con empresas privadas y varios de estas experiencias, en especial las planeadas con largo aliento, están dando frutos muy positivos. Uno de los más conocidos ha sido el proyecto manejo de bosques en el Palcazú que, aunque fracasó por la incidencia de Sendero Luminoso, mostró su viabilidad socioeconómica. Según Malleux (2010) existían unas 841.000 ha oficialmente bajo manejo forestal en tierras de comunidades nativas. La mayor parte está en los sectores Ucayali (297.000 ha), seguido de Atalaya (199.000 ha), Yurimaguas (147.000 ha) y Pucallpa (98.000 ha). Una porción de esta explotación es certificada, pero, según la autora, gran parte de la extracción en esas 148 Hill, D, 2018 Peru moves to create huge new indigenous reserves in Amazon, The Guardian (https://www.theguardian.com/environment/andes-to-the-amazon/2018/feb/28/peru-moves-huge-newindigenous-reserves-amazon) 184 comunidades, que es significativa a nivel nacional, es ilegal y practicada por madereros inescrupulosos o por los propios nativos. El manejo forestal en comunidades nativas se ha promovido con éxito en el caso de especies forestales no maderables como la yarina o tahua (marfil vegetal) ejecutados entre otras, por la comunidad Santa Cruz de Tahual en la cuenca del Chambira; de irapay, ejecutados en la cuenca del Nanay, piasava en el Alto Chambira; y, camu camu en otros lugares. Los planes de manejo de aguaje en base a la cosecha anual de los frutos de la palmera a través de subidores son ejecutados por un buen número de comunidades ubicadas en ambas márgenes del bajo Marañón, en la Reserva Nacional Pacaya Samiria y en su zona de amortiguamiento. Un doble impacto positivo se ha alcanzado con la implementación de estos planes de manejo: (i) se ha detenido la destrucción de más de 12.000 palmeras al año solo en las comunidades de la cuenca del bajo Marañón y; (ii) se ha mejorado la calidad del fruto, y con ello han subido los precios y las mujeres han asumido un nuevo rol que contribuye con el mejoramiento de los ingresos del hogar, al ser estas las que mayoritariamente desarrollan la actividad149. El manejo de fauna y de la pesca, también ha dado buenos resultados y se puede destacar a comunidades que han implementado manejo de charitos --tortugas acuáticas-dentro de la Reserva Nacional Pacaya Samiria o, que han desarrollado planes de manejo (no comerciales) de recuperación de fauna en zonas de caza, como ejecutado en la Comunidad Nativa Cada vez más las comunidades nativas discuten y planean, con serenidad y seriedad, sus opciones de desarrollo durable (Pronaturaleza). Matsés; manejo de cochas en las cuencas del Chambira, Putumayo y Gálvez–Yaquerana y, crianza de peces nativos -piscigranjas de paco, gamitana y boquichico-- en comunidades de las cuencas de alto Madre de Dios (Santa Rosa de Huacaria), Alto y Bajo Urubamba (por nueve comunidades, en Gálvez Yaquerana y en la Comunidad Nativa Matsés --9 piscigranjas, entre otros. Los casos en que nativos han manejado o participado con éxito en operaciones de turismo en la naturaleza son mucho más frecuentes, como se verá en otra sección. Cabe, realmente, esperar que ese tipo de trabajos prosiga y que contribuya, realmente, al esfuerzo nacional de conservación y, a la vez, a garantizar el cumplimiento de la declaración de intención de los pueblos indígenas de aplicar el estilo de desarrollo que llaman de “buen vivir”. El Programa Nacional de Conservación de bosques para la Mitigación del Cambio Climático del Ministerio del ambiente procura, precisamente, concentrar su accionar en el apoyo a comunidades nativas y campesinas. Parte del principio, en su procura de la deforestación cero en el año 2020, que las áreas protegidas son responsabilidad del Sernanp y que los bosques de producción y las concesiones forestales lo son del Serfor y que, en consecuencia, su misión es apoyar esencialmente la conservación de los bosques localizados fuera de los sistemas anteriores, es decir los que están en las tierras indígenas. Y son muchas 149 Informaciones reunidas por Mariana Montoya 185 las oportunidades de desarrollo sostenible y armonioso con la naturaleza y con la filosofía indígena disponibles. Se menciona agricultura permanente y agricultura tradicional y orgánica --en todos los casos en la porción legal para agricultura; procesamiento productos agrícolas --i.e. fariña; manejo bosques naturales (madera) y secundarios; reforestación con especies nativas o exóticas; restauración forestal en áreas muy degradadas, agro-silvicultura (>50% sombra) y silvo-pecuaria (>50% sombra); manejo bosques y procesamiento madera, pequeña industria de muebles; manejo y procesamiento nueces, frutos, resinas, etc.; plantas ornamentales; plantaciones frutales; negocios de fito-farmacia, confección de artesanías para turismo; manejo fauna extensivo, zoocriaderos; manejo pesca en cochas ; piscicultura; colecta y producción insectos; apicultura; colecta/proceso de venenos de ofidios; lodges turísticos; servicios de guía de ecoturismo y de bird watching; otros servicios al turismo -embarcaciones, alimentación, etc.; negocios REDD+ --venta de bonos CO2; consorcios manejo de cuencas, etc. En verdad la lista de oportunidades es infinita y, en general, es desperdiciada en la actualidad. Sin embargo, por la experiencia brasileña y aun reconociendo las diferencias entre la realidad indígena brasileña y la peruana, el entusiasmo debe ser prudente. En efecto, como centenas de denuncias anuales lo revelan, en ese país los líderes indígenas no suelen resistir mucho a las ofertas tentadoras que les hacen los madereros, los buscadores de oro o de diamante e inclusive las grandes empresas agrícolas en procura de tierras para expandir el cultivo de la soya o de otros cultivos intensivos. Madera y minerales son simplemente explotados ilegalmente con anuencia de los caciques, existiendo Son muchas las oportunidades de generar renta sin destruir casos en que promovieron matanzas de la naturaleza. La extracción de siringa o jebe es una entre docenas de oportunidades disponibles (WWF) gambusinos cuando consideraban que el pago era insuficiente. Existen ya varios procesos y gestiones de reservas indígenas solicitando autorización de la Funai para permitir la agricultura de exportación en sus tierras, en asociación con latifundistas vecinos. Los indios brasileños arriendan sus tierras a los ganaderos, queman el bosque para favorecer el pasto, pescan con dinamita e insecticidas prohibidos y, en suma, cuando tiene la oportunidad su comportamiento no difiere en nada del de otros ocupantes de la Amazonia. En el Perú, ante recientes acontecimientos referidos al esfuerzo del Estado por combatir la minería ilegal de oro, fue notorio que en más de una oportunidad las comunidades nativas salieron en defensa de los mineros o a favor del uso de dragas en los ríos aledaños a sus comunidades. Reforestación y restauración La reforestación es una gran oportunidad para el desarrollo de la Selva peruana, ocupando las tierras deforestadas degradadas o abandonadas. No importa si las plantaciones son de especies exóticas o nativas. Lo importante es dar uso a la tierra subutilizada y cubrir sus suelos con un manto protector y a la vez generar renta. Lamentablemente, a pesar de la disponibilidad de millones de hectáreas ya deforestadas, el último censo agropecuario revela 186 que apenas 15.895 ha de bosques artificiales fueron plantadas hasta 2012 en esa región. El Brasil posee cientos de miles de hectáreas reforestadas en su porción amazónica. Es muy bueno que un Presidente del Perú se interese seriamente por la cuestión forestal. Aunque se equivoque, ayuda mucho a la discusión del tema. En el último medio siglo, los únicos que lo hicieron a título personal fueron Fernando Belaúnde, Alberto Fujimori y, en su segundo gobierno, Alan García. Especialmente el primero y el último no fueron felices en sus expresiones. El primero consideraba al bosque, a los indígenas y a los ambientalistas como enemigos y el último, aunque con buena fe, “metió la pata” con su famoso artículo “El perro del hortelano”150 por haber recibido informaciones erradas o quizá porque no comprendió el mensaje. No solamente se equivocó al confundir el origen de la producción forestal de otros países, que es de plantaciones, sino que también se equivocó en las causas del problema. No son, en efecto, los ambientalistas ni los indios los que impiden el desarrollo forestal peruano. Como le fue demostrado en los meses siguientes a su mensaje, el único responsable del problema es el propio gobierno. Las estadísticas de plantaciones forestales en el Perú son hechas a través del artificio de dividir el número de plantones que salen de los viveros entre el número de plantones teóricamente necesarios para plantar una hectárea. Nadie sabe si Esta plantación de pinos no es en la Selva peruana. Pero la reforestación es una gran oportunidad poco aprovechada de usar la tierra deforestada y abandonada. los plantones fueron plantados, si las plantas sobrevivieron o si los tales rodales realmente existen. Esa farsa, acumulada por años, provoca distorsiones tan enormes como la mencionada. Cuando el autor, en los años 1970, asumió la por entonces llamada Dirección General Forestal y de Fauna, una de sus primeras medidas fue precisamente limpiar las estadísticas mentirosas de reforestación que se redujeron al 30% de lo que aparentaban. Por lo visto, la falacia renació de las cenizas y, claro, es muy improbable que el Perú poseía 1.057.165 ha de bosques cultivados en 2015151 como pretende el Ministerio de Agricultura. Según la misma fuente en 2015 había más de 82.000 ha reforestada apenas en Loreto, Ucayali, San Martín y Madre de Dios. No se explica la contradicción con los resultados del censo agropecuario citado antes, pero en esto no hay duda de que el censo está más próximo de la realidad. Importante es saber que el Brasil, que tiene 546 millones de hectáreas de bosque natural, proporcionalmente no exporta más madera de ese origen que el Perú. Lo que exporta proviene de sus más de 5 millones de hectáreas de plantaciones. Chile posee 15 millones de hectáreas de bosques naturales, pero exporta esencialmente madera de plantaciones y así ocurre también con Argentina. Por lo tanto, el argumento presidencial para comparar la producción de madera de la Selva del Perú con la producción forestal exportadora de Brasil, 150 García Pérez, A. 2007 El síndrome del perro del hortelano El Comercio, Domingo, 28 de octubre de 2007 (https://pt.scribd.com/document/211691557/alan-garcia-el-perro-del-hortelano-pdf) 151 Perú Forestal en Números (Anuario Forestal 2015) Serfor, Lima (https://www.serfor.gob.pe/wpcontent/uploads/2017/04/Anuario%20Peru%20Forestal%20en%20Numeros%202015.pdf) 187 Chile o Uruguay está completamente errado. El hecho es que ningún país suramericano o amazónico exporta gran cosa a partir de sus selvas naturales. El Perú no es una excepción. La pregunta correcta hubiera sido porqué el Perú tiene tan escasa área reforestada. Y la respuesta nada tiene que ver con las organizaciones no gubernamentales que, muy por lo contrario, llevan décadas empeñadas en fomentar la reforestación en las tierras sin uso de todo el país, ni tampoco con los indígenas. El problema ha sido culpa de los gobiernos de los que ninguno tuvo la sensatez de hacer lo que sí hicieron los vecinos, o sea fomentar la reforestación mediante toda clase de incentivos fiscales y crediticios desde más de 40 años atrás. Hoy, las inversiones forestales en esos países caminan solas y no requieren más de apoyo del sector público. Cada vez que las autoridades forestales nacionales propusieron eso a los políticos y al gobierno de turno fueron recibidos con sorna o con promesas incumplidas. La otra causa de la escasa reforestación en la Selva del Perú es el problema de la tenencia de la tierra. Nadie invierte miles de dólares por hectárea sin saber quién es, real y definitivamente, el dueño de la tierra. El atraso del Perú en materia de titulación de tierras de la Selva y de deslinde de conflictos referidos a la tierra es descomunal y, mientras no se resuelva, la reforestación en tierras ya deforestadas caminará a paso muy lento, como es de facto. Ya en Costa y Sierra el problema es de otra índole, más bien de apoyo financiero gubernamental, pero a pesar de eso casi toda la reforestación nacional está en esas regiones. De otra parte, el tema de la reforestación en la Selva debe ser contrastado con el de manejo de la vegetación forestal secundaria que, en muchos casos, es más adecuado en términos económicos y ecológicos. En conclusión, es indispensable comenzar a reforestar de a verdad, a través del sector privado y dando a los inversionistas y a los dueños de la tierra las facilidades que los tiempos actuales permiten y que se necesitan. Basta ya de mini-plantaciones empujadas por el sector público para comprar apoyo político de las comunidades rurales o apenas para “mostrar servicio”. Pequeña plantación de eucalipto en Villa Rica Desde el punto de vista de mitigación del cambio climático las plantaciones forestales en tierras degradadas o subutilizadas son, sin duda alguna, muy valiosas y por eso ellas deben poder beneficiarse de los fondos que se supone estarán disponibles. Más aún si son realizadas por agricultores pequeños o medianos dispuestos a usar parte de sus propiedades para ese fin. Pero, debido a su alto costo152 y al hecho de que no pueden hacerse en todos los lugares degradados que, en la Amazonía Andina cubren áreas inmensas, subsiste la necesidad de usar otras alternativas, más extensivas y baratas, que por su extensión contribuyan más significativamente a fijar carbono y a mantener el buen funcionamiento del ciclo hidrológico. Para eso está la regeneración natural. 152 El costo de las plantaciones forestales convencionales, desde la preparación del terreno, los viveros y el plantío hasta la cosecha pasando por los raleos, varía muchísimo. Desde unos 2.000 hasta 10.000 dólares por hectárea. No es, pues, cosa barata y aunque perfectamente rentable si bien conducida, requiere de capital y de seguridades. 188 La regeneración natural típica es la que se produce sin intervención humana y que, para darse, solo necesita que se le brinde una oportunidad. Después de abandonado el cultivo o el pastizal, aparecen especies arbóreas pioneras que inician una sucesión vegetal que después de un cierto número de años lleva a un bosque secundario a veces denso que muchas décadas después, si dadas las condiciones, puede volver a ser un bosque parecido, aunque no igual al original. En sus primeras etapas la sucesión puede dar lugar a rodales casi tan homogéneos como una plantación. Pero eso depende de si subsisten en el suelo semillas o de si existen en relativa proximidad las especies que las proveen para que los elementos o la fauna las dispersen. Cuando la deforestación se produce sobre áreas muy extensas o el suelo lleva décadas dedicado a la ganadería extensiva, dejándolo muy compactado, o si su vegetación es reiteradamente quemada, la sucesión vegetal que se produce puede ni siquiera contener arbustos o árboles, por lo menos en sus primeras etapas y su restauración a nivel de bosque es lenta. De un modo u otro, especialmente si los suelos son pobres y no aptos para agricultura, ganadería o plantaciones forestales, la regeneración natural es la forma más barata y eficiente de restaurar las áreas degradadas. Lo único que es esencial para que funcione es evitar la incidencia de fuego y del pastoreo. Dicho sea de paso, fajas cortafuego y cercos también son necesarios para el buen manejo de las plantaciones forestales y de los pastos, lo que permite integrar las actividades y diluir los costos. Como explicado, la regeneración llevará más o menos tiempo en función de la presencia de semillas y del grado de degradación, pero, en esos casos, suele no haber prisa y, ya en pocos meses y con certeza después de un año, el suelo estará revestido de alguna forma de vegetación que lo protege contra la erosión y que regula el flujo hídrico. A igualdad de condiciones la regeneración natural además de barata es muchísimo más rápida que la reforestación para recrear un bosque. El costo de permitir la regeneración natural es mucho menor que el de la reforestación. Sin embargo, dependiendo de los factores mencionados en plazos de 5 a 10 años, la biomasa forestal de la regeneración natural puede almacenar tanto o más carbono que una plantación industrial de la misma edad, además de ser mucho más eficiente para regular flujos hídricos, conservar el suelo y permitir el desarrollo de la diversidad biológica. Más aun, la regeneración natural reconstruye la fertilidad del suelo, equilibrando la disponibilidad de nutrientes, mientras que en la reforestación es preciso abonar. Si el dueño de esos bosques tiene acceso a las compensaciones que merece por los servicios ambientales generados puede ganar Esta forma de agroforestería, café bajo pinos, es un buen dinero. tanto curiosa. Pero está bien si se implanta sobre tierras ya deforestadas. Entre la regeneración natural y la reforestación, hay un sinfín de alternativas intermediarias que han sido probadas y que funcionan bien dependiendo de los lugares y de las condiciones. Estas incluyen plantar en cada hectárea unos pocos árboles pioneros muy rústicos, como por ejemplo el cetico (Cecropia), cuyos frutos atraen murciélagos y aves que dispersan semillas o formar bosquetes aislados con los mismos, a partir de los cuales ocurre la dispersión. También se puede comenzar el proceso de recuperación a partir de la ribera de ríos y riachos, donde en general queda un poco de vegetación ribereña y porque el agua trae semillas de 189 partes más altas mejor preservadas, etc. Pero lo ideal es que al momento del desbosque se prevea no eliminar radicalmente toda la vegetación original, como lo manda la ley, pues en ese caso la regeneración natural tiene vía libre y es rápida. En conclusión, las plantaciones forestales y la regeneración natural son complementarias y ambas tienen igual importancia para el futuro amazónico y para aprovechar los recursos que se espera estarán disponibles con los acuerdos sobre cambio climático. La reforestación tiene la ventaja de ofrecer más empleo y una activación de la economía más rápida y significativa. También tiene una viabilidad económica elevada y más obvia. Por eso atrae inversionistas y profesionales forestales y su futuro depende del financiamiento y de avanzar más rápidamente el proceso de regularización de la tenencia de la tierra en la región. La regeneración natural, en cambio, es la mejor alternativa de reconstitución de los ecosistemas sobre áreas grandes y de proveer servicios ambientales esenciales como fijación de carbono, conservación de la biodiversidad y mantenimiento del funcionamiento del ciclo hidrológico. Su viabilidad depende esencialmente de que esos servicios sean recompensados brindando a los que permiten que ocurra el beneficio correspondiente. Alguien debe pagar por frenar el cambio climático o por evitar las trágicas inundaciones seguidas de secas en la parte baja de la cuenca amazónica o por el agua que transpira la Amazonia para regar las pampas argentinas. Su realización depende mucho de asistencia técnica y de educación ambiental y, obviamente, de recursos para lanzar el programa, incluyendo cercos y cortafuegos. Es decir que en esto los gobiernos tienen un rol esencial a cumplir. Un último comentario es que ni los bosques recreados por medio de la regeneración natural y mucho menos los creados por la reforestación sustituyen al bosque original. Hay evidencias crecientes de que el bosque intacto restante reúne una confluencia excepcional de valores ambientales significativos a nivel mundial si comparado a los bosques degradados o restaurados, incluida la biodiversidad en peligro, el secuestro y almacenamiento de carbono, la provisión de agua, cultura indígena y el mantenimiento de la salud humana. Mantener y, cuando sea posible, restablecer la integridad de los bosques intactos es una prioridad urgente para los esfuerzos mundiales para detener la actual crisis de biodiversidad, frenar el rápido cambio climático y alcanzar los objetivos de sostenibilidad. La conservación de la integridad de ecosistemas forestales intactos debería ser un componente central de las estrategias ambientales proactivas mundiales y nacionales, junto con los esfuerzos actuales destinados a detener la deforestación y promover la reforestación (Watson et al, 2018) El potencial subutilizado del bosque secundario Era el año 1978 un grupo de expertos forestales recorría el área de Curuá-Uma, en el Estado brasileño de Pará, que es un experimento de plantaciones forestales establecido a finales de los años 1950 con apoyo de la FAO. El objetivo del grupo era recoger experiencias útiles para hacer un plan de manejo para el Bosque Nacional del Tapajós. El calor era intenso y las parcelas eran muchas y grandes y, peor, los resultados eran frustrantes. Parcelas plantadas con cedro o caoba solo mostraban árboles retorcidos y sin valor, a consecuencia de ataques del barreno de los brotes; otras parcelas, la mayor parte, mostraban volúmenes de madera reducidos, sin interés. La esperanza de encontrar alguna información valiosa ya era poca cuando el grupo se quedó pasmado ante una parcela frondosa: Vio un rodal lleno de árboles gigantes, de troncos rectos, sin ramificaciones y con volúmenes de madera obviamente excepcionales. El matero ayudó a los expertos a reconocer los arboles allí presentes. Había diversas especies, muchas de ellas de gran demanda en el mercado. Los cálculos rápidos 190 indicaron más de 400 m3 por hectárea de madera con demanda comercial segura ¡Una maravilla! ¡La solución ideal! ¿Y cuál habría sido el excelente tratamiento silvicultural que ofreció resultados tan espectaculares? Después de un breve momento de expectativa vino la respuesta contundente: ¡era la parcela testigo! O sea, la parcela en la que después de cortar el bosque original no se hizo absolutamente nada, no se gastó nada. Sólo se abandonó. Sólo se dejó que la naturaleza hiciese su trabajo. Esa parcela, en menos de 30 años, se había convertido en un óptimo bosque secundario natural. Como reiterado tantas veces, gran parte de la Amazonía ha sido deforestada y está abandonada, sin uso, año tras año, cumpliendo rotaciones o períodos de “descanso” de duración variable, pero en general de más de tres años y de hasta 20 años. Eso acontece por dos razones principales: (i) Los suelos pierden o aparentan perder rápidamente su fertilidad y, (ii) la dificultad que tienen los pequeños agricultores para combatir las malezas que, dicho sea de paso, crecen más rápido en suelos de buena calidad. Por eso, campesinos pobres al Los aguajales no son bosques secundarios, pero si son bosques igual que indígenas, practican la tantas homogéneos muy productivos que deben ser protegidos pues veces mencionada agricultura además garanten la calidad del agua y su flujo. migratoria o shifting cultivation. La diferencia entre ambos es que los campesinos pobres son muy numerosos y que, por eso, las áreas que dejan sin cultivar o pastorear sao inmensas, hasta de millones de hectáreas en toda la Amazonía. Peor es cuando los ganaderos abandonan sus pastizales inservibles por sobrepastoreo y pisoteo. En cambio, los indígenas son relativamente pocos. Ambos, campesinos e indígenas usan cada año un área estimada entre un quinto y un décimo del área que deforestaron. Esas son las purmas153 o, sea la vegetación secundaría que ahora domina la mayor parte del paisaje amazónico. Terminado el descanso esos bosques jóvenes son cortados y quemados para iniciar un nuevo ciclo. En términos ecológicos, una purma no es improductiva, pues ella fija carbono, restaura la fertilidad natural del suelo, favorece la presencia de algunos animales aprovechados en la alimentación humana, protege el suelo contra la erosión, regula el flujo y conserva la calidad del agua y, si dejada por largo plazo --unos 66 años-- restaura un bosque con cualidades parecidas al que existía antes de su eliminación. Poorter et al (2016) encontraron que en 20 años la mayoría de las purmas recuperan en promedio 122 TM/ha de biomasa. Pero, en términos económicos puede ser considerada como tierra abandonada o subutilizada, pues no produce renta para sus dueños o usuarios. Además, su necesidad se correlaciona con la destrucción de más bosques naturales u originales ya que por cada hectárea abandonada cada año se cortan otras tantas de bosque nativo. Es propicia la ocasión para remarcar que mismo que no se guste de la soya e de otros cultivos industriales o intensivos, altamente mecanizados Las “purmas”, llamadas “capoeiras” en Brasil, pueden recibir diversos otros nombres en el Perú, dependiendo de la vegetación secundaria predominante en la tierra deforestada y abandonada. Esos nombres incluyen “cetical” (predominancia de cetico o Cecropia), “shapumbal” (predominancia del helecho Pteridium), “chamizal” (predominancia de Vernonia), “pajonal” (predominancia de Imperata), etc. 153 191 y tecnificados, se debe reconocer que ellos desperdician menos recurso de tierra y bosque que las formas tradicionales de agricultura y pecuaria. Apenas ocurre que ese tipo de agricultura debería respetar limites técnicos y legales, lo que no acontece. Ahora bien. Hace muchas décadas que resultó evidente para cualquiera que conozca la Amazonía, hasta para los que nunca visitaron Curuá-Uma, que las purmas podrían ser manejadas o conducidas para producir madera y otros productos entre cada período de uso agrícola. Muchas de las especies de árboles que crecen en las purmas tienen madera con valor comercial u podrían tenerlo, si su uso fuese más promovido. El volumen de madera producido es variable con la calidad del suelo, con el tratamiento silvicultural y con la distancia a la que se encuentran los “arboles madre”, que providencian las semillas para que el viento o la lluvia o los pájaros y murciélagos las dispersen. Más, en términos generales puede obtenerse hasta 40 m3 de madera en 7 a 10 años y más de 200 m3 por hectárea antes de cumplir 20 años. Existen purmas muy ricas en especies con mercado ya conocido y otras donde la diversidad es mayor. Estudios recientes en el Perú, financiados por la Organización Internacional de la Madera Tropical (ITTO) confirman que la rentabilidad económica de eses bosques secundarios es elevada, providenciando una renta anual muy superior, casi el doble que cualquier otra actividades agrícola o pecuaria, tradicionalmente realizada en esas condiciones. El manejo de bosques secundarios es probablemente más conveniente que la reforestación en condiciones del trópico húmido. Su costo de implantación es muy bajo porque la inversión necesaria es mínima. No precisa de viveros o de producir plantones, ni de plantarlos ni cuidarlos contra plagas y hierbas dañinas, ni de fertilización. Puede practicarse en parcelas o rodales de una a varias hectáreas, apenas sobre la base de una propiedad familiar cuyos individuos al mismo tiempo, pueden seguir atendiendo sus cultivos e animales en la fracción que cultivan a cada ano. El manejo es elemental, apuntando apenas a favorecer las especies más comerciales y los mejores individuos. El retorno económico, como dicho, es alto, más que el de la mayor parte de los cultivos y, en suelos buenos o dependiendo de las espéciese, puede ser muy rápido. El aprovechamiento forestal de las purmas está integrado al ciclo agrícola y, por tanto, es beneficio seguro, tirando provecho de la tierra que de otro modo quedaría ociosa. También, como dicho, esa opción brinda servicios ambientales. Los agricultores que deseen lucrar más pueden, claro, combinar esa técnica con cierto nivel de reforestación con especies muy valiosas como cedro o caoba, entre muchas otras. Basta para eso que ellos usen la técnica de enriquecimiento de las purmas. Hasta hace diez años pocas personas estaban realmente interesadas en la madera de la vegetación secundaria, ya que, aparentemente, había mucha madera de mejor calidad disponible en el bosque original. Sin embargo, la creciente escasez de madera debido a la deforestación y a la explotación incontrolada de los bosques originales está favoreciendo un aumento del valor de muchas especies de rápido crecimiento, es decir, de las que crecen en los bosques secundarios, que antes eran despreciadas. En los países donde la deforestación Bosque secundario. Si bien manejados pueden ha avanzado mucho, como en el Perú, existen producir mucha madera con buena demanda numerosas especies de árboles de bosques (Itto). secundarios que tienen ya una gran demanda y, a cada día, el mercado acepta nuevas especies como la de los géneros Schizolobium, Guazuma, 192 Callicophyllum, Ochroma, entre muchas otras. Incluso hay un auge de la industria de la construcción de viviendas exclusivamente sobre la base especies típicamente secundarias. Por lo tanto, lo que en realidad siempre fue desperdiciado es hoy en día un negocio seguro y floreciente, aunque con dificultades creadas principalmente por la burocracia. En efecto, en lugar de facilitar la gestión de los bosques secundarios y la comercialización de su madera, las administraciones forestales han creado una serie de requisitos complicados, como la exigencia de planes de manejo, con diámetros mínimos de corta y cuotas de reposición olvidando que, de hecho, una de las mayores ventajas de la producción de madera en purmas es precisamente su simplicidad. Es suficiente controlar la densidad del rodal, eliminar las especies indeseables y cortar las trepaderas. Para eso basta y sobra el sentido común y un machete afilado. Es tanto más ridículo pedir planes de manejo y exigir tasa mínima de reemplazo, cuando se sabe que la tierra es propiedad privada o comunitaria y que volverá, al término de la zafra de madera, a ser usada para agricultura. Asimismo, los diámetros mínimos de corta deben ser determinados por la demanda. Tampoco es lógico cobrar un canon de reforestación ya que se trata de árboles de reemplazo que ocuparon temporalmente zonas agrícolas lo que volverán a ser al final de la rotación. El gobierno inventa martirios para los que hacen algo positivo e interesante, pero descuida cuidar del bosque original. La necesidad es la madre de la invención y de los grandes cambios. La madera es un bien cada vez más raro y caro y por lo tanto, las purmas ya son una opción importante y lo serán cada vez más, mientras esa tierra no se destine a usos más intensivos. Reinventando la gestión de los bosques naturales Ya se trató de la situación forestal en el Perú, caracterizada por la informalidad dominante, la corrupción y, obviamente, la inexistencia de manejo de bosques naturales, conllevando la extinción comercial, una después de la otra, de las maderas de más valor y un enorme impacto ambiental, en forma de facilitación de la deforestación y degradación de los bosques que son explotados. Todos los esfuerzos para poner coto a esta situación han sido infructuosos. Si se intenta crear un futuro mejor eso no puede continuar así. De poco serviría ordenar la agricultura y frenar su expansión sobre los bosques si la extracción maderera continúa deteriorando el bosque. También se mencionó la importancia de reducir la extensión de las concesiones o áreas de extracción y de concentrarlas en áreas determinadas que sean controlables por la autoridad. Ese ya sería un gran paso adelante pero insuficiente. Dos aspectos Toda la madera de los bosques tropicales debe ser adicionales deben ser cambiados. Uno es considerada un material precioso, de altísimo valor de mercado, para muebles finos. conceptual, el otro es de gestión. Hay dos problemas de fondo en el tema de los bosques naturales. El primero es la necesidad de reconocer que esos bosques son y serán mucho más importantes por los servicios ambientales que brindan --fijación de CO2, ciclo hidrológico, etc.-- que por sus productos, como la madera. Esto es crucial y está demostrado por cuanto estudio teórico existe. Pero, se 193 reconoce que transformar esa teoría económica en beneficios reales y actuales para los pobladores puede llevar mucho tiempo. Por eso hay que aceptar que mientras eso ocurra pueda asociarse cierto nivel de explotación del bosque procurando un mínimo de daño y manteniendo en lo posible la provisión de los servicios ambientales. El otro problema de fondo, en el uso de los bosques naturales amazónicos, es el criterio que lo domina, basado en la extracción masiva y exhaustiva de maderas consideradas sin gran valor, que son objeto de un comercio tosco, poco rentable. Casi toda la madera extraída, excepto unas pocas como cedro y caoba, es tratada como de baja calidad por el simple hecho de no tener demanda internacional y es destinada al mercado nacional o local, como madera de obra barata. El hecho es las maderas de los bosques naturales deberían ser consideradas como un material precioso y muy valioso, no sólo por su excepcional belleza, sino por ser natural y por tanto “ecológica” u “orgánica”. Cualquiera que visite una xiloteca154 de maderas extraídas de las más de 3.000 especies de árboles de la Selva, descubrirá la increíble diversidad y belleza de esas maderas que, por ignorancia, falta de criterio y de procesamiento y, claro, de mercadeo adecuado, son destinadas a usos banales como construcción civil, muebles económicos, cajones, etc. Simplemente si bien cortadas y trabajadas esas maderas revelan su extraordinaria belleza escondida. Y, para ellas, existe un gran mercado dispuesto a pagar mucho dinero por la exclusividad. Es decir que es un crimen seguir usando las finísimas y exclusivas madera de la Selva como si fueran vulgares pedazos de eucalipto o pino los que, a veces, son más caros que las maderas tropicales en el mercado local. Las propiedades y los usos potenciales de gran parte de las maderas peruanas ya son conocidas desde hace décadas, pero nunca ha habido una acción consistente ni inversiones para fomentar esa opción de comercialización y, en cambio, siempre se ha facilitado el comercio masivo y se ha insistido en unas pocas especies de moda, entre ellas la caoba o en aquellas de uso industrial. A su diversidad y atractivo, la madera que se extrae del bosque natural adiciona la virtud de ser absoluta e indiscutiblemente “ecológica” u “orgánica”, lo que no es el caso de las maderas que provienen de plantaciones como pinos y eucaliptos en las que se usan agroquímicos y, si esas maderas provienen de bosques real y comprobadamente manejados, se completan todas las virtudes que permiten que obtenga los más altos precios en el mercado internacional. La acción gubernamental debe, además de garantizar eso, hacer lo necesario para promover ese producto. Todo indica que para ese resultado sea necesario modificar la legislación actual, basada en el criterio de la explotación masiva y no en la de alta calidad y, en especial, cambiando el criterio de las concesiones forestales por la de manejo directo de los bosques naturales por el Estado aunque la extracción y los tratamientos silviculturales puedan seguir siendo realizados por el sector privado que compra, en subasta pública, la madera a ser extraída anualmente y ofrece, del mismo modo, sus servicios pero todo bajo control de la autoridad forestal. Esta opción es la que se usa en varios países de Europa desde hace ya más de un siglo donde funciona muy bien. Este asunto ha sido tratado en otros trabajos del autor (Dourojeanni, 2009). La producción de maderas finas puede, sin duda, ser un plato fuerte de la producción en tierras indígenas, si estos respetan las reglas que la harían sostenible. 154 Colección de muestras de madera. La principal en el Perú es la de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional Agraria, la Molina. 194 Manejo de la pesca y de la caza, piscicultura Pesca y especialmente caza parecen actividades económicas del pasado. Sin embargo ambas aún tienen su sitio en el futuro amazónico, especialmente para la alimentación de las poblaciones indígenas y ribereñas así como, en el caso de la pesca, también para la pesca deportiva que está asociada a ciertas modalidades de turismo. Lo que en gran medida puede descartarse es la vigencia futura de la caza con fines comerciales, como existió hasta el pasado muy reciente y, como bien se sabe, la Selva no ofrece condiciones para la caza deportiva. Como se ha visto la pesca en sus modalidades actuales es claramente predatoria y condenada a ser cada día menos importante para la población y para la economía. Tal como explicado, bajo el disfraz de pesca artesanal se encuentra una pesca comercial abusiva y descontrolada que está destruyendo el potencial de la pesquería amazónica, que ya se caracteriza por la casi extinción comercial de especies nobles y por sus tamaños cada vez menores y por la entrada al mercado de especies cada vez más pequeñas y/o antes despreciadas. Ayudando a la agravación del impacto de esa pesca abusiva están la contaminación creciente de los cursos de agua, los sedimentos ocasionados por la erosión generada por agricultura y minería y, entre otros factores, la intensificación de la navegación. La solución apoyada por los gobiernos, como se ha visto en otro capítulo, ha sido el fomento de El manejo de la pesca en cochas, como en el caso del paiche en la Reserva Nacional Pacaya Samiria, es la mejor oportunidad para la piscicultura que tiene, como incrementar la producción sin agredir la biota (Pronaturaleza) explicado, mucho potencial si bien conducida pero serios inconvenientes si continúa siendo llevada como hasta el presente. Su principal problema actual es referido a la alimentación de los peces criados en la Selva que tira alimentos de la población humana que en general vienen de muy lejos, inclusive del mar peruano, para transformarlos en pescado caro y de calidad dudosa. La hipótesis que se sostiene es que los ríos y lagos de la Amazonia, a pesar de la reducción de la calidad del agua por contaminaciones diversas, pueden soportar una pesquería próspera y estable, inclusive con excedentes exportables a otras regiones, si se adoptan y obedecen reglas simples que hoy existen pero que son completamente ignoradas. Estas incluyen tamaños mínimos por especie para asegurar la reproducción --respeto a normas sobre aperos, en especial redes--, vedas estrictas en los periodos reproductivos o mijanos, control del esfuerzo de pesca --en especial número y tipo de embarcaciones por zona de pesca--, vedas drásticas de especies en riesgo de extinción comercial o biológica, control estricto de métodos prohibidos como venenos y explosivos, etc. Eso debe complementarse con instalaciones de refrigeración y conservación pues gran parte de la producción se desperdicia por falta de instalaciones adecuadas entre la extracción y el mercadeo. 195 En el caso de la Selva baja hay otro aspecto esencial que fue identificado desde hace muchas décadas y que dio origen a la Reserva Nacional Pacaya-Samiria y en gran medida a las primeras ideas sobre reservas comunales. Como su nombre lo indica se trata del establecimiento de reservas de pesca donde ciertas especies codiciadas se reproducen y mantienen a salvo de la extracción. Lamentablemente, esa práctica fue descontinuada. Pero, así como grandes reservas son útiles, la experiencia indica que lo más importante es la protección de las múltiples cochas que existen a lo largo de los ríos amazónicos, donde gran parte de las especies se reproducen, saliendo a poblar los ríos a partir de ellas. Esas cochas son asimismo la fuente de alimentos de las poblaciones ribereñas aledañas. Pero son siempre depredadas por los pescadores “artesanales” que al menor descuido literalmente limpian las cochas usando redes y otros métodos ilegales. En general, los ribereños no tienen capacidad de oponerse a esas prácticas y muchos de ellos hasta participan de ellas. Colocar esas cochas bajo la custodia legal de las comunidades ribereñas sería una garantía de su uso más racional y sostenido, como ya ocurre en cierta medida con el lago Rimachi, en Loreto. Planes de manejo simples, rigorosamente supervisado por los vecinos, podrían suplir las necesidades locales y brindar un excedente comercializable sin amenazar el estoque. Esas y otras opciones son revisadas, por ejemplo, por McDaniel (1997). La extracción o producción de peces ornamentales es, sin duda, un filón importante que debe ser mantenido pero que precisa de una supervisión y asistencia técnica mucho más afinada. En la actualidad como en el pasado esta explotación es realizada de modo precario y con gran desperdicio de especímenes. La pesca deportiva, asociada o no al turismo requiere de precauciones similares a las mencionadas para la pesca en general. Pero en este caso podría considerarse la reserva de ríos o de trechos de ríos específicamente dedicados a esa actividad que, si bien conducida, puede generar renta importante por ejemplo para las comunidades nativas. Decidir si puede o debe ser del tipo “pegar y soltar” depende de muchas circunstancias tanto relacionadas a las especies objetivo como a la demanda y a las características del medio y de la población. Manejo de tortugas acuáticas en Pacaya-Samiria (Pronaturaleza). Como discutido en un capítulo previo hay mucho espacio para la piscicultura convencional siempre y cuando cumpla con evitar los riesgos descritos. La piscicultura es asimismo una opción válida para las especies ornamentales. El tema de la caza en todas sus modalidades ha sido extensamente tratado en otros trabajos155. La caza de subsistencia tradicional, en el bosque, seguirá siendo importante para las poblaciones nativas más alejadas y, en realidad, para todos los campesinos, aunque para 155 Dourojeanni. 2005 Manejo da fauna I, II y III (www.oeco.org.br) pero especialmente em Manejo de Fauna II O Eco, Rio de Janeiro, 08 Abril 2005 (http://www.oeco.org.br/colunas/marc-dourojeanni/16354oeco-11987/) 196 estos últimos se centrará en especies que se adaptan a ecosistemas antropizados y a vegetación secundaria. En ambos casos debería haber un manejo, aunque sea del tipo más simple --vedas, rotación de campos de caza, cuotas, etc.-- para evitar la extinción local de las especies motivo de la caza. En territorios indígenas grandes puede aplicar criterios más sofisticados de manejo extensivo, del mismo modo que los correspondientes a manejo intensivo, posibilitando inclusive un cierto comercio si hubiera demanda. De hecho, ya existen varias iniciativas de ese tipo especialmente con tortugas acuáticas en diversos lugares de la Selva y con buen éxito, por ejemplo, en Pacaya-Samiria. Zoocriaderos son la posibilidad más sofisticada y costosa de producción de animales silvestres, equivalente en intensidad a la piscicultura, y está disponible para especies de alto interés comercial bien sea por sus cueros, eventualmente su carne o para fines ornamentales, medicinales u otros. El manejo de lagartos blancos y otras especies ya ha sido experimentado con éxito en varios países de la Amazonia. La producción de venenos de serpientes ponzoñosas tiene gran demanda en medicina y, ciertamente, hay interés mundial en psitácidos y otras aves ornamentales. Muchos insectos amazónicos, desde las mariposas y otros insectos para colecciones y mariposarios, hasta abejas sin aguijón para producción de miel ofrecen inúmeras oportunidades de negocios sostenibles, muy apropiados para la población indígena o ribereña. El problema con la zoocrianza es mantener un control estricto en las operaciones para evitar que sirvan apenas de pantalla para caza ilegal de los especímenes producidos. Turismo en la naturaleza El turismo en la naturaleza, a veces impropiamente denominado ecoturismo --que es apenas una de sus opciones-- es una expresión de la bonanza económica de la sociedad mundial y nacional que está en plena expansión desde hace más de tres décadas. En verdad, el Perú se anticipó en este tema a otros países de la región gracias a empresarios visionarios y dedicados, y por eso, el país, pero especialmente la Selva donde esas experiencias pioneras se realizaron, está bastante adelantado en esta opción de uso de los recursos naturales amazónicos. Las áreas naturales protegidas son en casi todo el mundo la base de este floreciente negocio sin chimeneas. Los visitantes a los parques norteamericanos se cuentan por cientos de millones al año y mueven miles de millones de dólares; prácticamente todo el turismo en países africanos como Kenia, Tanzania y Sur África depende de los parques. Es lo mismo en Costa Rica y aún en países con enormes atractivos culturales, como los de Europa, las áreas naturales protegidas mantienen su poder de atracción en todos los cinco continentes. Eso es una realidad en el Perú, aunque podría ser mucho mejor aprovechada. Un estudio reciente (Vilela et al, 2018) demostró que el efecto económico local directo producto del turismo dentro del sistema nacional de áreas naturales protegidas fue S/2.340 millones (US$723 millones) apenas en 2017. Esta cifra es 40 veces más de lo que gasta el Estado actualmente en mantener el sistema. Además, el turismo en áreas protegidas generó más de 36.000 empleos en las localidades y ciudades circundantes. Parte de esta renta fue generada por áreas protegidas en la Selva, como Machu Picchu y otras. Pero, debido a la inaccesibilidad de la mayoría de ellas o, más comúnmente, por falta de infraestructura de visitación en los parques peruanos, muchos permanecen sin visitantes, es decir sin contribuir al turismo. Uno de los casos más flagrantes es el del Parque Nacional Yanachaga-Chemillen que, a pesar de estar al lado de la muy visitada Oxapampa y rodeado de carreteras, prácticamente no recibe visitantes porque no existe ninguna área abierta o habilitada para eso. Otros parques, como el Alto Purús, Sira o Cordillera del Cóndor están, realmente, alejados de todos y por el momento no son visitables, salvo mediante la organización de verdaderas y costosas expediciones. Pero, el 197 caso del Parque Nacional del Manu demuestra que ni siquiera eso es un obstáculo y que, en cambio, hasta puede ser un aliciente adicional para el fomento del turismo. Pero corresponde al gobierno, a través de los ministerios respectivos y del Sernanp, crear las condiciones para fomentar esa posibilidad, entre otras. Debido a lo anterior, aunque algunas áreas protegidas amazónicas --Manu, Pacaya-Samiria, Machu Picchu, Tingo María-- son foco de actividades turísticas, la mayor parte del turismo amazónico se ha desarrollado fuera de estas, lo que tiene la ventaja de llevar sus beneficios a poblaciones que los necesitan y de proteger lugares no protegidas directamente por el Estado. A eso han contribuido desde los años 1970, pero mejor reguladas y definidas en tiempos recientes, las llamadas concesiones de turismo y ahora también las de conservación, así como las áreas de conservación privada. El boom del turismo en la naturaleza se produjo especialmente en los años 1990 en la Selva Sur. Permitió, en aquellos días previos a la Carretera Interoceánica y a sus incontrolados impactos negativos, esperar que esa región fuera foco de esa actividad, cambiando la perspectiva de desarrollo de Madre de Dios y Cusco. Fruto de eso fue, entre otros, la declaración de Puerto Maldonado como la “capital de la biodiversidad” que hoy, claro, debería ser llamada “la capital del oro”. En aquellos años el Cuzco se convirtió en el centro desde el cual se irradiaba el ecoturismo a Manu, Tambopata y Urubamba, dando lugar a un nuevo y numeroso grupo de empresarios prósperos --solo en el Manu y alrededores, en 1993 existían 6 empresas que trabajaban este destino, en el 2003 ya eran 17 y en la actualidad hay más de 23. El turismo en la naturaleza requiere de inversiones importantes. Un grupo de empresarios visionarios han puesto el Perú en primera fila amazónica de facilidades para disfrutar de la naturaleza, pero hay demanda para muchísimo más (Inkaterra). Pero el ecoturismo no está limitado a la Selva Sur y son muy numerosas las empresas que explotan este segmento a partir de todas las ciudades amazónicas, especialmente Iquitos, Pucallpa, Yurimaguas y Tarapoto, pero también en la Selva Central. Se trata de hoteles de selva, campamentos, viajes en embarcaciones tradicionales o modernas y, además, se ha diversificado mucho la oferta de actividades deportivas o recreativas, entre ellas la pesca, los safaris entomológicos, etc. Se trata de un negocio creciente que no deja de tener impactos negativos en el ambiente y en la sociedad local pero cuyos beneficios los superan largamente. En términos generales, en los proyectos de turismo en la naturaleza deben contemplarse los impactos en el suelo, especialmente en el caso de establecimiento de albergues pero igualmente de consideración para el diseño de trochas, embarcaderos y otros puntos de pasaje frecuente y de aglomeración de gente, donde el pisoteo y la consecuente compactación del suelo provocan erosiones importantes. También son importantes los impactos en el 198 recurso hídrico: abastecimiento de agua y al tratamiento y disposición de las aguas residuales --el tema de los detergentes es particularmente serio y, donde se facultan actividades acuáticas como baños, puede perjudicarse los recursos hidrobiológicos de ríos pequeños. Pero, asimismo, puede haber impacto en la vegetación y en la fauna. El buen entrenamiento de los guías y el diseño y calidad de las trochas es tema esencial para reducir esos impactos. Otro tema importante es el impacto en el paisaje cuando las infraestructuras contrastan con el paisaje degradándolo. Es común, en condiciones de bosque húmedo, que se abran espacios demasiado grandes para asentar la infraestructura perjudicando el clima local --mucho sol y calor-- y la vista. Cuidado especial debe ser tomado en localidades donde el turismo toma provecho de fenómenos geológicos como las cavernas, que son extremamente sensibles. Suelen haber impactos en el ambiente cultural, especialmente cuando el turismo se desarrolla en comunidades locales, especialmente nativas. Además de todas las precauciones habituales en estos casos las iniciativas deben ser decididas por consenso de las propias comunidades. Descuidos en este aspecto pueden: alterar drásticamente el estilo de vida de las poblaciones nativas, generar indirectamente problemas de prostitución, inclusive infantil y, en casos extremos, puede provocar la partida de habitantes. Otro problema bien conocido del turismo en la naturaleza es que, con frecuencia, sus beneficios no llegan o llegan solo marginalmente a las comunidades. Por este motivo varias organizaciones no gubernamentales y, asimismo, algunas empresas privadas han desarrollado acciones específicas para demostrar la viabilidad y la conveniencia de hacer asociaciones mutuamente beneficiosas con las comunidades locales. Entre muchas otras experiencias cabe mencionar la experiencia que hoy se llama “La Casa Machiguenga” en la cocha Salvador, en el Manu que es de propiedad de las comunidades nativas Machiguenga de Yomibato y Tayakome (1994). También puede citarse el Sabeti Lodge (2000) establecido en la comunidad nativa Timpía del Río Urubamba y la Pusharo Lodge de la comunidad nativa Palotoa-Teparo (2008). Todas estas fueron promovidas por el Cedia. Hay varias otras instituciones que están promoviendo ese tipo de soluciones en las comunidades Shipetiari (2007), Shintuya (2006) y pronto Santa Rosa de Huacaria todas ellas en el Alto Madre de Dios, en la ruta hacia el Manu. Es destacable la consolidación lograda por la comunidad nativa Infierno (1996) en asociación con Rainforest Expeditions, en Tambopata; y, el proceso que la comunidad nativa Matsés ha iniciado para implementar y ejecutar su plan de manejo turísticos con el apoyo de Cedia (2010). Igualmente notable, aunque en este caso con comunidades tradicionales, es la experiencia exitosa de Pronaturaleza en la Reserva Nacional Pacaya-Samiria, conocida como “Rumbo al Dorado”. En resumen, el turismo en la naturaleza es una gran oportunidad para el desarrollo durable en la Selva, que aún no está ni medianamente saturada habida cuenta de la demanda creciente y que permite, con un poco de buena voluntad por parte del Estado y de los empresarios, hacer participar de sus beneficios económicos a las comunidades locales. Además, esta forma de uso de los recursos es perfectamente compatible con los llamados negocios de carbono pues se fundamenta, precisamente, en la conservación de la naturaleza y de sus servicios ambientales. Grandes empresas y sociedad local Las grandes obras públicas como las viales y las energéticas, así como las grandes explotaciones de recursos, incluidos las dedicadas a hidrocarburos y minerales, son conducidas por empresas privadas nacionales y muy frecuentemente transnacionales o por 199 empresas públicas nacionales o extranjeras que, frecuentemente actúan en consorcios. Estas empresas, aunque conduzcan operaciones público-privadas, son las que enfrentan a las poblaciones afectadas por las obras o por las explotaciones de recursos. Esta relación es tradicionalmente difícil y se presentan conflictos graves, justificados o no, independientemente de que las obras sean necesarias y que la propia sociedad local reconozca que esos recursos pueden y deben ser explotados. Los tales conflictos encarecen enormemente los costos de construcción o de operación, especialmente por las demoras e interrupciones que generan. Muchas son las causas de esos conflictos, pero tres son evidentes: (i) las empresas incumplen la legislación vigente ocasionando graves accidentes ambientales, (ii) las obras y explotaciones se inician, muchas veces, sobre la tierra que pertenece a comunidades locales, sin información adecuada ni consulta legítima y, (iii) las comunidades locales son marginadas de los beneficios de los que otros hacen o sacan de sus tierras. Puede añadirse varios factores que agravan los conflictos: (i) la ignorancia de la población afectada, (ii) la incapacidad de las empresas para dialogar genuinamente con las poblaciones afectadas y (iii) la interferencia política, en general de izquierda, que usa los conflictos con fines proselitistas. El problema es especialmente notorio con los recursos petroleros y mineros que están en el subsuelo de las tierras de la población local, cuya explotación inevitablemente los impacta negativamente. La legislación peruana otorga más derechos a los que usan el subsuelo que a los que son dueños del suelo. Lo cierto es que los conflictos entre los derechos mineros y energéticos y los demás usuarios de los recursos naturales es universal y, en verdad, en ninguna parte está completamente resuelto ya que, preciso es reconocerlo, los minerales y la energía son casi tan necesarios a la sociedad moderna cuanto los alimentos, el agua y los otros servicios ambientales. Smith (2003) sintetizó una discusión sobre ese tema para el caso del Gas de Camisea con la frase “¿Puede David tener un matrimonio feliz con Goliath?”, analizando cómo los nativos Machiguenga del Urubamba podrían no ser maltratados por el poderoso consorcio que explota el gas en ese valle. En verdad, ese tipo de problema afecta casi toda la Selva, en la medida que exceptuando apenas las áreas protegidas de uso indirecto, toda ella ha sido o está siendo concedida para exploración y explotación de hidrocarburos, los que en algunos casos también están superpuestos a derechos o concesiones mineras. La experiencia de ya más de 30 años en materia de convivencia entre grandes empresas dedicadas a minería y a hidrocarburos con el resto de la población rural, especialmente indígena, ha sido como bien se sabe muy negativa y los perjudicados siempre fueron éstos últimos. Pero hay que reconocer que gran parte de esa mala experiencia se refiere a un periodo en el que ni siquiera existía la obligación de hacer un estudio de impacto ambiental y, evidentemente, conceptos como los de consulta, participación o transparencia ni eran mencionados. Las cosas han cambiado mucho y todos esos requisitos son ahora exigidos, en un grado u otro, por la legislación y/o por las condicionalidades de las instituciones financieras. Por eso, las experiencias más recientes, sin ser perfectas, son considerablemente más adecuadas ambientalmente y bastante más justas para la sociedad local. Aunque cada caso es diferente, puede afirmarse que, en términos generales, si se cumplieran estrictamente las normas, a pesar de la imperfección de estas, se establecería de hecho una relación equitativa entre ambas partes y con el ambiente. 200 Para mejorar la relación entre ambos intereses es indispensable que la decisión de hacer la obra o la explotación sea tomada sin una previa evaluación de impacto ambiental y social. Esta evaluación debe ser un elemento fundamental para tomar la decisión de “hacer” o “no hacer”, dónde hacer cuando existen alternativas y, en muchos casos, cuándo y cómo. Como se sabe, en la actualidad no existe la opción de “no hacer” pues los gobiernos lo decidieron antes. La viabilidad ambiental de obras como las hidroeléctricas o de explotación de gas y minerales deben insertase en una evaluación ambiental estratégica y no ser analizadas únicamente como obras aisladas. Es tradicional que las evaluaciones de impacto ambiental eviten mencionar que existirán otras obras similares, en el mismo río o, en la misma región, generando impactos compuestos muy complejos. La decisión de “hacer” una obra o de llevar adelante una explotación debe ser precedida por una consulta efectiva, sustentada por una información clara y suficiente sobre sus beneficios e inconvenientes, como manda la nueva Ley de Consulta Previa. Poner en práctica esta ley es esencial pero aún falta mucho trabajo para materializarla. Una vez decidida la obra, aprobada o modificada en consulta previa, debe realizarse la evaluación ambiental detallada, acompañado los estudios de factibilidad. Como también manda la legislación, durante la realización de los estudios debe procederse a los mecanismos de consulta (audiencias u otros) previstos en ley y, una vez obtenidos los resultados preliminares de dicha evaluación, estos deben ser otra vez presentados e informados a la sociedad, en especial pero no únicamente a la directamente afectada. Cuando esta es aprobada y es concedida la licencia ambiental, el plan de acción que se deriva de ese proceso, conteniendo las obligaciones de la empresa, debe ser público. La transparencia debe ser un comportamiento permanente y, por lo tanto, continuar en todo momento de la obra, sin interrupciones. Una de las formas de lograr esto es fomentando el monitoreo socioambiental participativo que permite que las comunidades locales vean “por si mismas” lo que se hace y como se hace y, en especial, que puedan saber si se están cumpliendo las decisiones contenidas en el plano de acción ambiental derivado del estudio de impacto ambiental. El gobierno, sea nacional o regional, debe hacer su parte en forma seria y efectiva. En general, como en el caso de la explotación de hidrocarburos, las recomendaciones del plan de acción exceden las de las empresas y muchas de ellas, a veces las más importantes, recaen en el gobierno. Entre ellas, por ejemplo, la titulación de tierras, la creación de reservas territoriales para indígenas en aislamiento, el manejo efectivo de áreas protegidas, el control sanitario. Ocurre que, muchas veces, mientras que la empresa cumple sus obligaciones, el gobierno las incumple creando situaciones que echan por tierra todo el esfuerzo por hacer bien las cosas. El poder ejecutivo nacional debe ser serio en cuanto a poner orden en el uso de las regalías u otros beneficios que la ley establece para las poblaciones locales que son afectados por la explotación de recursos. Debido principalmente a la incapacidad y a la ineficiencia, cuando no a la corrupción de los gobiernos locales, esos recursos son malgastados o no usados o, peor, son aplicados para hacer obras que contrarían abiertamente lo que el plan de acción ambiental pretende evitar, como es abrir carreteras sin estudios de ninguna clase en bosques que supuestamente deben ser preservados. Otro problema de la aplicación de esos recursos es que, en general, benefician principalmente pobladores que no son los directamente perjudicados o afectados por la explotación. 201 La transparencia y la consulta no deben limitarse al periodo de la construcción de ese tipo de obras o proyectos. Debe ser continuo durante toda la vida útil de esas operaciones. Una forma de hacerlo es a través del mismo monitoreo socioambiental participativo antes mencionado que, estructurado en otra forma, debe mantenerse para la tranquilidad de los habitantes afectados por ellas. Hay dos situaciones que deberían determinar obligaciones ineludibles para las empresas que las desarrollen: (i) el manejo de las cuencas colectoras en el caso de centrales hidroeléctricas de gran tamaño y (ii) el monitoreo socioambiental participativo o comunitario para explotaciones mineras y de hidrocarburos. Estas obligaciones deberían ser motivo de legislación especial. Se han realizado excelentes experiencias de monitoreo socioambiental participativo, con indígenas amazónicos y campesinos andinos, con ya casi dos décadas de ejecución que fueron conducidos en torno al Proyecto Gas de Camisea, entre otros (Dourojeanni et al, 2012). Podría, asimismo, considerarse la obligatoriedad del apoyo financiero al manejo de las áreas protegidas influenciadas directamente por esas actividades. Oportunidades que ofrece la lucha contra el cambio climático Este es un tema de actualidad que es extraordinariamente complejo y que desde hace más de dos décadas ha generado decenas de miles de publicaciones, de las que gran parte se relacionan a la Amazonia y no pocas al Perú --bien resumidas en Minam, 2014, 2015-- por lo que en este texto no se entrará en mayores detalles. Apenas se enfatizarán algunos aspectos. El argumento generalmente implícito de los que favorecen abierta o soterradamente la destrucción de los bosques amazónicos es que estos “no sirven para nada”. Esta, lamentablemente, es una media verdad. Como se ha visto los bosques, en términos de producción, nunca aportaron siquiera el 1% del PBI y, de otra parte, sus servicios, aunque se admite su importancia teórica, tampoco han sido convertidos en dinero contante y sonante en los bolsos de los habitantes de la región. Es decir que para el ciudadano común dentro y fuera de la Selva es más lógico cortar el bosque, vender la madera noble, quemar el resto e instalar La rapidez de la desglaciación de los Andes y el futuro de una chacra o poner ganado, que conservar la agricultura en la Costa están relacionados directamente el bosque. Ocurre que los beneficios a lo que se haga para frenar la deforestación de la actuales y potenciales de la foresta Amazonia. amazónica en términos de productos del bosque, incluidos los que se generan en los cursos de agua y, más aún, los tan promocionados servicios ambientales, aún son en gran medida una promesa incumplida. Sin embargo, existen evidencias de que eso está cambiando. Los ejercicios para invertir la forma en que se hacen las cuentas nacionales, dando más peso a lo que se tiene --por ejemplo, el bosque-- y menos a lo que se destruye --por ejemplo, la madera-- son un paso importante. También hay un esfuerzo a desarrollar para que productos preciosos del bosque natural, desde maderas finas hasta tantos otros elementos de su biodiversidad, sean justamente compensados por el mercado. Pero más importante aún es la valorización del agua de modo a 202 poder retribuir a los que la producen cuidando del bosque o la definición del valor y del costo del carbono fijado en la biomasa o en el suelo para, otra vez, retribuir a quien la conserva. Todos estos esfuerzos están en camino y ya hay pasos concretos en esa dirección, inclusive en el Perú. Lo que es evidente es que el bosque natural en breve va a valer mucho más y su conservación va a ser más rentable, en términos económicos, que una especulación agropecuaria de las mismas proporciones. Lo que falta es establecer los mecanismos económicos, financieros y administrativos para materializarla. Pero eso ya está aconteciendo y no va a demorar en ser aplicado en gran escala. No es, pues, el momento para permitir más deforestación inútil. ¿ Pero cómo compensar a los que protegen o usan bien el bosque? Las muchísimas de propuestas para mitigar o adaptarse al cambio climático (ver, por ejemplo, Prüssmann et al, 2016) no ayudan mucho al productor al que se le dice que no puede o que no debe deforestar. Lo que le ayudaría es que se le ofrezca un pago por hectárea bien cuidada ya que los beneficios que él o ella generan sirven para beneficiar a otros que pueden vivir muy lejos y que muchas veces son más ricos que ellos. Por eso mismo, el Ministerio del Ambiente ha lanzado una década atrás una suerte de programa del tipo “deforestación cero” enmarcado en la “Iniciativa peruana frente al cambio climático”156, en el marco de la 14ª Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (2008). El primer paso del Ministerio para hacer realidad este propósito fue la creación del Proyecto Especial “Conservando Juntos”, lanzado en noviembre de 2009 que después (2010) sería modificado y transformado en el Programa Nacional de Conservación de Bosques para el Cambio Climático (PNCB). Concomitantemente, el gobierno del Perú negoció préstamos blandos para financiarlo. Lamentablemente el compromiso de deforestación cero en 2021 despareció de los documentos oficiales. Ahora el Perú se compromete a reducir sus emisiones proyectadas al 2030 en apenas 20% y con 10% más si recibe apoyo externo suficiente. El objetivo inicial del PNCB era “conservar 54 millones de hectáreas de bosques tropicales como contribución a la mitigación del cambio climático y al desarrollo sostenible” y sus objetivos específicos son: (i) “identificar y mapear las áreas para la conservación de bosques” ; (ii) “promover el desarrollo de sistemas productivos sostenibles con base en los bosques, para la generación de ingresos a favor de las poblaciones locales más pobres” y; (iii) “fortalecer las capacidades para la conservación de bosques de los gobiernos regionales y locales, Los ríos voladores existen. Transportan tanta agua como el río Amazonas y la depositan en tierras a los miembros de las comunidades campesinas lejanas de la Selva. La deforestación los reduce. y nativas, entre otros.” Los beneficiarios son “las comunidades nativas y campesinas tituladas y pobladores que viven en y alrededor de los bosques tropicales amazónicos y secos del país”. En su corta existencia, el PNCB ha dedicado mucho esfuerzo a consolidarse, preparando su manual de operaciones, planes operativos, términos de referencia para las consultorías, acompañar éstas y evaluarlas, coordinaciones intra e intersectoriales, etc. Es notable que en tan poco tiempo también hayan iniciado la línea de incentivos para las comunidades nativas y campesinas tituladas que protegen bosques 156 Inicialmente denominada “Conservación de Bosques y Servicios Ambientales” 203 naturales con una compensación de $10/ha/ano157. El programa tiene como meta atender a mil comunidades amazónicas en un plazo de diez años y no está relacionado con las iniciativas REDD + y otras similares del gobierno, pero está consignado en las metas físicas del PNCB. El esfuerzo para llevar a cabo esta iniciativa es muy intenso pues implica mucha coordinación con las comunidades, confirmación de los límites territoriales de las comunidades, visitas al bosque, preparación de documentos legales, etc. Del mismo modo, las metas físicas del Programa señalan la meta de capacitar a 600 guardaparques o guardabosques, entre otras. Este trabajo, considerado políticamente prioritario, ya ha sido iniciado. Ese tipo de iniciativas es el que debe ser mantenido y fortalecido para mitigar el cambio climático. Un estudio reciente (Jayachandran et al, 2017), en este caso en África, demostró claramente la respuesta positiva de las comunidades rurales a ese tipo de ayuda. Pero, no avanzan en la proporción debida. Es de suponer que con la aprobación de la Ley Marco de Cambio Climático en marzo de 2018 las posibilidades de atender en forma práctica a los campesinos e indígenas sean más funcionales y efectivas. La nueva ley establece obligaciones puntuales en las regiones y en los sectores, permitiendo posible definir acciones concretas de adaptación y mitigación. Es importante señalar, además, ahora existe un mandato claro que ayuda al cumplimiento de los 17 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas y de las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El Estado deberá aumentar el gasto público para la generación de proyectos de inversión sostenible y resilientes al cambio de clima, muchos de los cuales deben centrarse en la Selva. En efecto, además del pago por conservación de bosques y disminución de emisiones de CO2 la nueva ley financiará proyectos e inversiones sostenibles y beneficiosas en reemplazo de aquellas actualmente degradantes del ambiente. En efecto, el cambio climático que es de facto una tragedia obliga a desarrolla lo que son algunas oportunidades como crear nuevas formas de negocio basadas en la economía circular, por ejemplo, utilizando energías renovables o reciclando desperdicios o diseñando productos eco-amigables con materiales naturales y biodegradables. Son muchas las nuevas oportunidades de negocio para las empresas, desde la participación en los mercados energéticos, el uso y desarrollo de nuevos recursos energéticos más limpios, hasta la mejora del posicionamiento y la mejora de la reputación. Es, en buena cuenta, una oportunidad de descubrir nuevos estilos de vida sostenibles. 157 Por la forma un tanto apresurada en que este programa fue lanzado (por ejemplo, el valor a ser pago por hectárea no ha sido fijado técnicamente y por la dificultad de monitorearlo) los especialistas consideran que crea expectativas que constituyen un riesgo muy grande de generar conflictos con las comunidades nativas. 204 VI. ¿Qué futuro? En este capítulo final se aborda dos temas. El primero es lo que debería cambiar en el Estado peruano para que un propósito firme de enderezar el desarrollo amazónico tenga mayores probabilidades de éxito. Estos cambios son altamente deseables y, si se dieran simultánea y prontamente, las oportunidades de un éxito mejor serían mayores. Pero si se dan unos sí y otros no, o se dan en periodos diferentes, también pueden llevar a una solución aunque sería obviamente más demorada y consecuentemente menos próxima a lo que sería deseable. No hay duda que la sociedad peruana reaccionará en algún momento, como lo han hecho tantas otras cuando el desastre largamente anunciado se torna en desastre presente. Pero eso es lo que se quiere evitar. Gran parte sino todos los problemas descritos en este libro, en especial el fracaso de las buenas intenciones, se relacionan a la política nacional y a los políticos, sus actores principales158. Ellos son los que, en nombre del pueblo, de la nación, han dado lugar a un Estado que no funciona bien, con poderes muy poco democráticos y confusos, hasta el punto de ser caóticos y de una ineficiencia abrumadora. Ninguno de los tres poderes del Estado, ejecutivo, legislativo y judiciario, se libra de esos pecados que hacen que el Perú, a pesar de su pueblo trabajador e ingenioso y de su inmenso patrimonio natural y cultural, se revuelva en un subdesarrollo que no merece. Atrás de todo lo que de malo ocurre en la Amazonía peruana están esos tres poderes. Leyes que no sirven o que no se cumplen, gobiernos prepotentes e incompetentes y jueces que raramente actúan dónde, cuándo y cómo deberían. Esos tres poderes, además, son corruptos, ni tanto corruptos activos cuanto pasivos, es decir de esos que no ven ni escuchan, que dejan hacer, lo que es peor. El segundo y último tema es una visión, con algunas cifras en parte especulativas, de lo que sería la Amazonia peruana si se adoptaran las medidas necesarias, dígase culminándolas entes de terminar los próximos diez años. Como se verá en el cuadro … de este capítulo, la situación, aunque grave, o gravísima, desde algunos puntos de vista aún es remediable. La Selva peruana, a pesar de las heridas dejadas por el maltrato, aún pueden cicatrizar bien y eso permite vislumbrar, si se da un cambio de actitud, un futuro promisor en que la realidad pueda acercarse a la utopía del desarrollo sostenible u a otras parecidas, como la del buen vivir. ¿Reinventar el Estado en busca de la democracia? ¿Cómo abordar la problemática amazónica y tratar de resolver los problemas descritos con el Estado que el Perú tiene? ¿Acaso es posible una racionalización, mejor dicho, mejorar la sensatez del desarrollo amazónico, con el tipo de gobierno que se tiene en la actualidad? El Estado peruano faculta gobiernos que bajo un barniz democrático son, en realidad, profundamente dictatoriales y también, contradictoriamente, anárquicos. Entonces ¿Qué hacer? Son dictatoriales porque los presidentes y los ministros deciden lo que les da la gana. La Marginal de la Selva o las carreteras que unen el Perú al Brasil fueron decisiones presidenciales, sin consulta previa siquiera con el Congreso de la República. El caso de cesión 158 Ver también el artículo de Oscar Arias, The real obstacles to Latin American development en Foreign Affairs Jornal de 1o de enero de 2011 205 al Brasil de la mejor parte del potencial hidroeléctrico del Perú fue asimismo decidido por el Presidente, quizá con la participación de un par de ministros. Lo mismo ocurre con las decisiones sobre petróleo, gas, minas y otras explotaciones de impacto nacional. Son ideas o decisiones de unas pocas docenas de personas, dentro o fuera del gobierno, pero amparadas por éste, que impactan en una inmensa mayoría que es indiferente porqué, en realidad, ni sabe de qué se trata. Cuando esa mayoría es informada, siempre “más o menos” y tardíamente, suele apoyar ciegamente decisión. Lo hace por inercia o porqué fueron influenciados por la publicidad del gobierno o de las partes interesadas, que miente o no dice todo toda la verdad. El Congreso, si llega a discutir esos temas, siempre lo hace tardíamente, en respuesta a los reclamos de la opinión pública o, apenas cuando los congresistas de oposición ven en eso una oportunidad de fastidiar al gobierno. Y, al discutir el tema, los parlamentarios casi siempre lo hacen a partir de datos errados o parciales, sin consultar ni escuchar a quienes conocen el problema. A falta de educación popular, que permita a los ciudadanos discernir y escoger, es indispensable que existan mecanismos de filtraje de las ideas de los gobernantes evitando que se conviertan en decisiones prematuras. Esto podría ser proporcionado por un parlamento que además de contar con miembros honestos los requiere capacitados para entender, analizar, criticar con justa causa y respaldar o rechazar las propuestas del ejecutivo y que disponga con El Congreso tiene en sus manos el mecanismos efectivos de consulta. Pero eso, como bien se destino de la Amazonia, Bastaría que se dedique a preparar leyes bien sabe, tampoco es el caso debido, otra vez, a que la decisión consultadas y con sentido común. de elegirlos recae una vez más en el mismo pueblo incapaz de discernir y de escoger razonadamente y que los periodos de gestión parlamentaria no solamente son largos sino que estos, en función de los medios a su alcance, suelen ser reelegidos. La elección de los parlamentarios es función del dinero que ellos o sus partidos invierten en el proceso electoral. O sea, los legisladores representan, en general, el dinero invertido en ellos y no su calidad personal o sus mensajes o los de sus partidos, que muchas veces ni siquiera tienen una línea político-partidaria definida. Es así como el pueblo da un cheque en blanco a esos sus representantes por varios años. Como es obvio, los “representantes” abusan y mucho de esa libertad y, en cambio, raramente hacen lo que es su obligación. El mejor ejemplo de esa irresponsabilidad del Congreso es la proliferación de leyes que declaran de necesidad pública e interés nacional los proyectos más estrambóticos y peligrosos, como en el sonado caso del Proyecto Corina que determinaba el transvase del Marañón y el represamiento del Huallaga o, asimismo, la construcción de carreteras innecesarias a la frontera del Brasil 159. Entre 2011 y 2016 se aprobaron 46 leyes de necesidad pública e interés nacional, casi todos sin ningún estudio ni justificación razonable y frecuentemente en contra de la opinión del Ejecutivo. Es así como el poder legislativo, que no es capaz de producir leyes sensatas tampoco cumple su función de controlar al ejecutivo. 159 El caso más reciente fue la Ley 30723 de 2017, que declaró de prioridad e interés nacional la construcción de carreteras y el mantenimiento de trochas carrozables en la frontera de Ucayali, afectando territorios indígenas y áreas protegidas, así como estimulando la deforestación. 206 A la par que dictatorial, eufemísticamente calificado de presidencialista, el gobierno peruano es anárquico. No obedece ni a sus propias reglas. No comunica, no coordina, no informa, casi no piensa160. Cada sector, cada ministro va por su lado, haciendo lo que bien quiere y creando problemas al otro, como si cada ministerio fuera un país aislado y autónomo. Así es como las carreteras nuevas en la Selva se hacen sin que los ministerios de salud, educación, agricultura o interior prevean más escuelas y maestros, más hospitales y médicos, mejor uso de la tierra o más puestos policiales y guardas. Así es como se planean hidroeléctricas encima de carreteras y encima de áreas naturales protegidas. Es siempre la ley del “más fuerte” que predomina. Hasta puede ser que la motivación sea justa y loable, pero gobernar no es un campeonato en el que gana quien hace más y más rápido. Gobernar es consenso, es trabajo de equipo, en el que el pueblo debe ser parte del equipo y en el que todas las partes sean beneficiadas. Es decir que el Perú debe repensar y rediseñar el Estado, sus poderes y sus relaciones, así como los mecanismos participativos que legitimen la democracia, el funcionamiento de los gobiernos regionales y locales y mucho más. El problema de fondo del Perú es, como bien se sabe, la educación. Para que el pueblo tenga un gobierno como debe ser, debe saber elegir y eso depende de presupuestos adecuados para la educación. O sea que se vive ahora, como hace siglos, en un dramático circuito vicioso. Para romperlo existen muchas fórmulas, entre ellas las que usaron los llamados tigres asiáticos que consiguieron salir, bien sea de la dictadura socialista o de la democracia representativa tradicional y del subdesarrollo a una democracia razonable con desarrollo y más bienestar. Comunistas, socialistas o capitalistas, no importó, todos apostaron en la educación y en la formación de una ética social basada en la disciplina para salir adelante. Dieron más énfasis a la educación a todo nivel que a la misma salud, pues la salud de la población depende mucho más de su educación que de vacunas y microbios y, dentro del tema de salud dieron prioridad a la prevención que a la curación. Enfrentaron y continúan, claro, enfrentando la corrupción, pero lo hacen cada vez con más éxito. Se trata, entonces, de conseguir que en el Perú se dé, finalmente, verdadera prioridad a la educación en todas sus formas y niveles, a la ciencia, a la cultura y a la ética. La educación es absolutamente esencial para mejorar el destino de la Amazonia. No es posible que la educación sea dada en las condiciones que muestra la foto y, peor, en las que no muestra como son los sueldos despreciables de los maestros que además siempre los reciben con meses de atraso (Pronaturaleza). El autor no sabe cómo pasar de la situación actual, dominada por la cultura de la pendejada y de la “criollada” a una situación en que el Estado acepte que no hay inversión mejor para el futuro de la nación que la educación y que actúe en consecuencia. Educar es tarea de largo 160 De hecho, un ejemplo de esto es que lo que menos interviene en las decisiones públicas es el conocimiento, la ciencia o la tecnología. La academia está banida del gobierno y es rarísima en el Congreso. 207 aliento y la decisión de hacer educación de verdad debe ser continuada por varios gobiernos lo que, hasta ahora, parece imposible ya que cada gobierno reinventa las prioridades mostrando otra de las formas que asume la anarquía del Estado peruano y, obviamente, suele caer siempre en lo mismo que el anterior gobierno, es decir en inversiones efectistas para ser reelecto. Es probable que sin revolución y sin los dolores que todas ellas conllevan no se consiga dar ese paso y que sea necesario, por lo tanto, progresar pasito a paso, como de hecho ha venido ocurriendo en el Perú. Es un proceso lento y lleno de retrocesos pues a un gobierno que avanza sigue uno o más que retroceden, pero al final eso puede ser más seguro ya que no todas las revoluciones aseguran desarrollo. El progreso macroeconómico peruano refleja una continuidad digna de ser imitada. Comenzó con Fujimori y continúa más o menos hasta cuando se escribe este libro. Fueron más de veinte años de continuidad. Si se consiguiera aplicar esa continuidad, ese mismo sentido común, a la educación, el Perú estaría más cerca del éxito. El caso de la economía demuestra que sí se puede. Es interesante anotar que el pueblo, como los políticos, no piensa que la educación es la primera prioridad nacional. Las encuestas de opinión en el Perú siempre la mencionan, pero antes aparecen los temas economía, salud, seguridad o infraestructura. El pueblo, en especial las clases sociales más bajas, no parece tener conciencia de que la educación es el punto de partida para el desarrollo de la nación. Por eso también es deber de los intelectuales, en cada caso, vincular el problema del que tratan al analfabetismo funcional y a la falta de capacidad para comprender a cabalidad los problemas, sean estos nacionales o locales. Así se estimularía al gran público a demandar escuelas y maestros antes que carreteras, estadios e iglesias. La llamada sociedad civil debe empeñarse en esa prioridad desde cualquier ángulo de actividades: educación y escuelas mejores para los indígenas, para los barrios populares, para los campesinos, para los que moran alrededor de las áreas naturales protegidas y, claro, más y mejor educación también para los presos, los obreros de la construcción civil o de la industria, los reclutas militares, los policías, en fin, educación para todos los que no tuvieron oportunamente la suerte de asistir a una buena escuela. Definitivamente los intelectuales tienen una gran responsabilidad en promover el cambio que significaría la revolución que aún no ocurre. Esperando que la educación produzca sus frutos es necesario buscar alternativas, como la de la formación de la opinión pública aprovechando el uso masivo de la televisión y, claro, de todos los otros medios, como diarios y radio. Eso implica una legislación que estimule los medios de comunicación a hacerlo, por ejemplo, con ventajas económicas o tributarias. Cuando aparecen denuncias públicas referidas a decisiones del Ejecutivo que son importantes para el país, especialmente cuando esos temas llegan al nivel de escándalos, se despierta el interés de los políticos y se obliga al Congreso a pronunciarse. Esos casos son una importante Escuela para niñas Machiguenga con metodología ejemplar de enseñanza, en Boca Manu. fuente de educación pública si los medios los explican adecuadamente. Ese ha sido el caso, recientemente, con temas como los cultivos genéticamente modificados, el gas de Camisea, las hidroeléctricas brasileñas en la Selva, el oro de Madre de Dios y algunos otros. En esos casos la comprensión del problema está frecuentemente influenciada por intelectuales que desde 208 diversas trincheras luchan por dar a conocer y promover sus prioridades políticas o cuyos conocimientos son comprados por los que promueven una u otra alternativa. Corresponde a esos intelectuales, si desean lo mejor para el país, ser honestos y objetivos en sus propuestas o alternativas y aprovechar la ocasión, junto a los medios masivos de comunicación, para informar al pueblo de la verdadera disyuntiva que, por ahora, muchas veces no es claramente expuesta. Los intelectuales peruanos tienen una fuerte tendencia a la desunión y a la lucha o competición desleal e impiedosa entre ellos mismos y sus organizaciones, terminando muchas veces destruyéndose y desacreditándose ante la opinión pública y los políticos. En los pocos casos en que hay unión, se progresa y hasta se consigue torcer el brazo a decisiones arbitrarias del gobierno. El mejor ejemplo de esto en la última década fue el trabajo conjunto de varias organizaciones no gubernamentales que, por lo general trabajan aisladamente, en el caso de la propuesta central hidroeléctrica del Inambari y que, gracias a ello, después de más de un año de lucha, consiguieron que el gobierno revoque la concesión otorgada sin base técnica o económica ni consenso social. Ese tipo de unión es, felizmente, cada vez más frecuente y a veces sirve para apoyar a instancias del gobierno, como en el caso del respaldo dado al Ministerio del Ambiente en su lucha contra la explotación ilegal de oro en Madre de Dios. Pero, como esos dos casos lo demuestran, los esfuerzos de poco sirven si no son continuados. Para reinventar el Estado sin revolución hay, también, otros caminos que complementan la educación. Uno de ellos que, felizmente, se está viendo cada vez más en el Perú es el de la participación popular que se ha expresado en las mesas o plataformas de dialogo y en inúmeras otras modalidades a nivel nacional, regional y local. Aunque minimizados, los presupuestos participativos también son una Palacio de Gobierno. Un símbolo del Poder central que buena iniciativa que aporta a la noción de debe ejercer mejor su responsabilidad de gran que el pueblo puede decidir directamente. coordinador de la nación. Toda opción de escuchar la opinión de la gente y de fomentar debates es importante y, otra vez, aunque a veces eso parezca pérdida de tiempo se trata, en realidad, de avances consistentes. Esto, por ejemplo, ya es bien conocido con relación a las áreas protegidas, cuyos consejos consultivos o gestores son eficaces para resolver asuntos delicados o, como en el caso del Brasil, del Consejo Nacional del Ambiente que es una instancia de gestión ambiental con amplia participación de la sociedad civil. Ante el comportamiento dictatorial de los gobiernos democráticos de turno el incentivo a la participación popular es una respuesta efectiva. Pero, esa participación debe ser ilustrada y no derivar, como suele ocurrir, en reclamos absurdos, muchas veces incentivados por intereses políticos contrarios al bienestar de los propios reclamantes. Y a este punto se retorna al problema básico que es el de la educación, aunque ante su falta existen, para problemas específicos, formas de informar a la población que deben ser mejor aprovechados, especialmente por las organizaciones no gubernamentales. Idealmente la reinvención del Estado, si fuera posible, debería considerar un poder ejecutivo renovable con una fuerte descentralización y desconcentración, con departamentos o 209 regiones autónomas161 pero sometidas a las normas de la Constitución y de pocas y amplias leyes nacionales. El ejecutivo nacional, con excepción de la seguridad nacional, relaciones exteriores, economía o finanzas y, planificación --que actualmente no existe-- que deben ser ministerios plenos, debería disponer apenas de ministerios con funciones técnico-normativas y acciones supra-departamentales, de solución de conflictos interregionales y de compilación de estadísticas nacionales. Todos los ministerios y otras instituciones públicas, sin excepción, deberían disponer de consejos deliberativos, con participación de la sociedad civil. Los ejecutivos departamentales o regionales deben, en principio, replicar los ministerios nacionales si así convenir o inclusive tener otros, si fuera necesario y, como al nivel nacional, cada uno debe tener un consejo deliberativo. El voto electoral, en todas las instancias, nacional o regional, debe ser promovido, pero estrictamente voluntario. Solamente deben votar los que saben por qué y para qué van a votar. El poder legislativo debería ser bicameral al nivel nacional para poder corregir errores en una de las cámaras y con mandatos renovables a cada dos años, para asegurar que la opinión publica pueda discriminar entre los elegibles más de dos veces consecutivas (cuatro años). Cada departamento o región debería tener su propio poder legislativo independiente, en este caso unicameral, también renovable cada dos años y con capacidad para legislar dentro del marco de la Constitución Nacional y de las leyes nacionales. La otra función del legislativo, además de hacer las leyes, es fiscalizar la marcha del ejecutivo, complementando la labor de la sociedad civil en los consejos deliberativos sectoriales. Obviamente, el poder judicial debe ser simplificado y modernizado y, asimismo, descentralizado del mismo modo que el poder ejecutivo. Finalmente, hay otra característica peruana y probablemente latinoamericana que dificulta mucho gobernar. Se trata de la falta de confianza. El expresidente Arias (2011) de Costa Rica la hizo notar en un ensayo sobre los obstáculos al desarrollo latinoamericano. La falta de confianza, la sospecha gratuita sobre la honestidad o los buenos propósitos de todos los que desean hacer o hacen obras a los que, como se ha visto en tiempos recientes, se derrumba sin ninguna prueba, apenas por efecto de la maledicencia instituida especialmente como modo de sobrevivencia de la prensa, donde la difamación es regla, dificultan la gobernabilidad y el progreso. Menciona Arias un estudio que revela que en los países nórdicos el 55-65% de los encuestados declaran tener fe y confianza en la mayoría de sus gobernantes pero que en América Latina ese porcentaje se reduce a 16% y que, en el Brasil, mucho antes del escándalo “Lavajato”, ya era apenas del 3%. Es verdad que los gobernantes latinoamericanos no han hecho nada por merecer más respeto y confianza, pero no hay ninguna duda que los ciudadanos de esa región y del Perú en especial no son tan corruptos como creen ellos mismos. Otro tema íntimamente ligado al de la gobernanza es de la legislación. El cuerpo legal que rige al Perú, en principio, depende del Congreso que, como dicho, se revela incompetente para hacer oportunamente leyes que realmente sirvan a su propósito declarado. A eso se suman los decretos legislativos y los de “emergencia” de los que los gobiernos “democráticos” abusan tanto y que, aunque en general más coherentes que las verdaderas leyes frecuentemente 161 Es una verdad indiscutible que un departamento no es una región. Eso es apenas un cambio de nombres. Aunque hubiera sido ideal que las regiones inicialmente propuestas fueran respetadas, no se entiende la compulsión de algunos por crear regiones antes de que los departamentos funcionen bien. Como están las cosas es más sensato mantener los departamentos como “regiones”, siendo obvio que a medida que desarrollen, como ya está ocurriendo, van a asociarse y colaborar con otros departamentos que los complementan. Lo importante es la autonomía regional para gobernarse. 210 atienden intereses de grupo y, de cualquier forma, terminan subvirtiendo el orden. Los gobiernos los usan argumentando que el Congreso no es suficientemente eficiente ni ágil para tomar medidas que son urgentes y, si bien eso es muchas veces verdad, los decretos legislativos solamente agravan la situación. Y, aumentando la confusión y el orden constitucional están la infinidad de decretos supremos que, por ejemplo, aprueban los reglamentos de las leyes y que, muchas veces, simplemente las ignoran o que, sin vergüenza alguna, las “enmiendan”, “mejoran” o “amplían”. Son millares las leyes, decretos leyes y decretos que se emiten cada año y que, en muchos casos, crean una confusión enorme para poder aplicarlas. Rumrrill (2008) describe eso correctamente como “un bosque de leyes”, en su mayoría inconexas y centralistas, cuya densidad se ha acentuado en la segunda mitad del siglo XX. Las que directa o indirectamente más afectan a la Selva, como las de tipo ambiental o las concernientes a los recursos naturales, tienen en general siempre las siguientes características: (i) están desconectadas de la realidad social y económica del país, con propuestas ideales, a veces utópicas, persiguiendo objetivos y especialmente vías para alcanzarlos que son incumplibles habida cuenta de la realidad; (ii) son inadecuadas para amplias regiones del país pues fueron hechas especialmente pensando en la realidad costeña desconociendo las peculiaridades ecológicas de las demás regiones en que deberían ser aplicadas; (iii) son excesivamente detallistas y extensas, con centenas de artículos, no dejando posibilidad de aplicación del sentido común y de la lógica en el momento de aplicarla a casos específicos; (iv) son irresponsables en la medida en que ponen su implementación o ejecución en manos de un Estado que saben no está equipado para aplicarlas sin, en la misma ley, disponer los medios que permitirían su aplicación; (v) no hay compatibilidad entre leyes de diferentes sectores, en especial contradiciendo las ambientales, pero también dentro de un mismo sector como en el caso del agrario y, (vi) son técnicamente incoherentes debido a la falta de participación o de respeto por las opiniones de científicos y especialistas calificados o a la tergiversación de sus recomendaciones. América Latina tiene una tradición jurídica perfeccionista, casi utópica. En efecto, hacer “las leyes mejores y más modernas del mundo” sirve de absolutamente nada si no son aplicables. De allí, por ejemplo, la acelerada destrucción de los bosques tropicales de esa región. Diez años después de la ley forestal peruana de 1975, que el autor contribuyó a hacer, fue evaluado su cumplimiento por sus alumnos graduados. El resultado del análisis fue patético. Una ínfima parte de los artículos habían sido siquiera medianamente cumplidos y lo esencial de la ley había sido soslayado o ignorado. Sin embargo, esa ley era mucho más realista que las que la sustituyeron y que la vigente. Las características anotadas, en especial la complejidad y el detallismo son terreno fértil para la corrupción, en especial para aquella del tipo “crear dificultades para ofrecer facilidades”, que es tan común en el Perú. Son esas leyes las que posibilitan, asimismo, que las actividades de una empresa, como las forestales, sean controladas simultáneamente por fiscales de numerosos organismos e instancias gubernamentales, dificultando y encareciendo la gestión. El caso de la legislación forestal es un buen ejemplo de los problemas de la legislación para la Amazonia en general. Los principales defectos tradicionales de esta legislación son: (i) la desproporción abrumadora entre los objetivos y los medios que existen o que la propia ley pone a disposición de los que deben hacerla cumplir; (ii) la falta de mecanismos efectivos de control social del manejo forestal y de redistribución social de sus beneficios; (iii) la idea improbable de que el manejo forestal sostenible está, rentablemente, al alcance de todos y 211 cualquiera; (iv) los excesos del ambientalismo en relación al manejo forestal, incluido los “criterios e indicadores de sostenibilidad”; (v) dividir responsabilidades sobre el manejo forestal entre varios sectores; (vi) el abuso del uso de artículos meramente declarativos que incluyen las palabras “propender”, “impulsar”, “promover”, estimular”, “generar”, “deber”, “proponer”, etc.; (vii) la leyes deben decidir lo que es sí o no, blanco o negro, permitido o prohibido, pero nunca quedarse en el filo de la navaja, lo que si puede hacerse eventualmente en la exposición de motivos; o entre otros defectos, (viii) cambiar nombres a las cosas o recrear las que ya existen, y; (ix) dejar lo esencial de las decisiones prácticas para reglamentos que serán hechos después pero en lapso perentorio y por personas que, a priori, no tienen obligación de consultar a nadie o que consultan en exceso y a quien no deben (Dourojeanni, 2103). Hacer una nueva legislación para los recursos naturales, especialmente las que atañen a la Amazonia, debería ser una oportunidad para hacer verdaderos cambios, para innovar profundamente en el intento de encontrar la solución y el resultado que las leyes precedentes no consiguieron. Eso requiere originalidad. Requiere analizar honestamente lo que no funcionó y hacer un esfuerzo para diseñar un texto que ofrezca mejores posibilidades de ser aplicado con éxito. En el caso de la nueva ley forestal peruana162, lamentablemente, existe poca diferencia entre esta y las tres leyes precedentes. En esta última se repite esencialmente el mismo modelo que no ha funcionado desde los años 1960. Se cambian nombres, se complican las definiciones, se introducen conceptos colaterales que desvían la atención, se cambian los tamaños y los plazos de las áreas cedidas, se recrea lo que ya existe y, en esta última versión más que en las anteriores, se exagera en un palabreo conceptual que no corresponde a las leyes. También se exagera en la complejidad de los procedimientos que se elevan a niveles estratosféricos, aunque, en el fondo, son tan solo más de lo mismo. Lo único divertido es el invento de nuevos términos, en algunos casos hasta chistosos como ese de “regente forestal” en lugar de profesional competente o ingeniero forestal. En eso, por lo menos, hubo originalidad ¿o tampoco?163 De nada sirven las leyes, por bien hechas que sean, si no son aplicadas. Y esa es la realidad en los trópicos húmedos de América Latina debido a la debilidad de las instituciones encargadas de hacerlas cumplir. En general, como se ha visto en el caso de las áreas naturales protegidas, carecen del número de funcionarios suficiente, la mayor parte de estos carecen de las calificaciones y del entrenamiento o experiencia suficientes, sus regulaciones administrativas son tan complejas y rígidas que se tornan inoperantes, carecen de equipos e infraestructuras y cuando las reciben o tienen no consiguen mantenerlas. Esta situación caracteriza prácticamente a todos los gobiernos regionales de la Selva y, como dicho al Sernanp y al Serfor y peor aún al Indepa, de tanta importancia en la Selva. Pero afecta por igual a los dos ministerios cruciales, el Ministerio de Agricultura y Riego y el Ministerio de Ambiente. El primero es muy grande, viejo y decrépito, completamente inoperante --este debería ser reinventado desde la base-- y el segundo es joven, pequeño y muy débil. Y a eso no escapan los demás sectores públicos y ni siquiera el Poder Judicial. Es un problema nacional. Al parecer, apenas el Ministerio de Economía y el Banco Central de Reserva escaparían a esa realidad, con funcionarios bien pagados. La razón del problema, en casi todos los casos, no es tanto la cantidad de funcionarios sino sus calificaciones que reflejan sus bajos salarios. 162 El Perú promulgó una nueva Ley Forestal y de Fauna Silvestre el 22 de julio de 2011, después de una larga y accidentada preparación que, en este caso, si tuvo bastante participación de las partes interesadas. 163 La última ley forestal colombiana ya usó el término “gerente” para esa función. 212 En efecto, los salarios de los funcionarios públicos peruanos son dramáticamente inadecuados y, por eso, incuban ineficiencia y corrupción, especialmente la del tipo pasivo. Ante la competencia con el sector privado, los profesionales mejor cualificados abandonan el sector público y los recién egresados de calidad ni consideran trabajar en él. El Ejecutivo peruano lleva décadas de selección negativa, en que los mejores salen y los peores quedan. Y, como bien se sabe, eso crea un circuito vicioso muy difícil de quebrar, más aun considerando la prolífica legislación que defiende a los malos funcionarios. Si competentes y motivados por un salario adecuado, menos funcionarios bien equipados pueden hacer mucho más que muchos incapaces sin estímulo. Hay un dicho hindú que dice, más o menos, “si a tus servidores pagas con maní tendrás micos en lugar de empleados” (Naim, 1994). A pesar de lo anterior es preciso insistir en el hecho de que, especialmente a nivel de campo, se dan ejemplos extraordinarios de dedicación de funcionarios mal remunerados y tratados. Uno de los casos más notables es el de los guardaparques del Sernanp que trabajan denodadamente, arriesgando sus vidas en condiciones excepcionalmente difíciles, sin equipamiento y sin apoyo. Ellos, que no son profesionales universitarios, han comprendido a cabalidad la importancia de su misión y sienten orgullo de realizarla y, Felizmente en el Perú hay muchos funcionarios públicos realmente motivados para cumplir sus funciones con por eso, aunque tarde y mal pagados hacen un servicio de primera. Pero, en el caso de extrema dedicación y respeto a la ley. Guardaparques en el Parque Nacional Manu. ellos, si, definitivamente faltan más para la inmensa tarea que les incumbe. El problema institucional es, obviamente, peor a nivel regional amazónico que en el resto del país. En primer lugar, porque el tamaño de los departamentos de la Selva y la dispersión de sus centros urbanos aunados a la falta de vías de comunicación la hacen de por si, compleja y costosa. Pero, además de bien conocidas limitaciones de personal, salarios y presupuestos, en los departamentos se copia al nivel regional la frondosidad propia del nivel nacional. El resultado es la dispersión de pocos funcionarios para una serie de funciones o tareas que no tienen prioridad. Igualmente hay una infinidad de trámites o procedimientos anticuados que solamente acumulan papel o datos que nunca se usan. Reformar y simplificar las instituciones es tarea esencial para mejorar la gobernabilidad. La planificación no es la panacea para el desarrollo, pero si es una de sus herramientas esenciales. Construir un país sin usarla es condenarlo al fracaso o, por lo menos, a una acumulación de problemas y de costos económicos, sociales y ambientales innecesarios. De hecho, sin una buena planificación la obra se hace con un sinfín de vaivenes, con pasos para delante y otros para atrás y muchos a todos los lados. Es como construir un edificio sin plano. Es caro y peligroso. El planeamiento debe involucrar, además de los responsables del gobierno y de los actores sociales organizados, al sector privado que obviamente tiene enorme influencia en todo lo que pasa en el país, en especial con las infraestructuras. Por ejemplo, los caminos que abren las empresas petroleras en la Amazonía son el embrión de futuras carreteras que estimulan la 213 colonización, pero en su diseño no hubo intervención de las partes interesadas del Gobierno, como debieran hacerlo los sectores agropecuario y forestal o los responsables por los derechos indígenas. Cada inversión privada significativa en industrias extractivas determina movimientos de la población que deben ser previstos y asistidos y que, eventualmente, podrían no ser autorizados en determinado momento o sin precondiciones. En teoría eso es visto al momento de hacer los famosos estudios de impacto ambiental y social, pero, en realidad, se trata de planeamiento y debe preceder los tales estudios. La Selva es parte del Perú y su desarrollo no puede hacerse con abstracción del resto de la nación. Los ejercicios de planificación que hacen los sectores y los gobiernos regionales llenan un vacío pero como dicho son invalidados por la inexistencia de un plan de desarrollo nacional y de un plan de desarrollo de la Selva en los cuales se insertar. Además, esos planes como las leyes, son están frecuentemente mal hechos y, de cualquier modo, raramente son llevados a la práctica y, si lo son, es porque en realidad sólo confirman decisiones ya tomadas previamente y sin consulta. Una visión de lo que puede ser esa Amazonia deseable En el cuadro 12 se muestra cuál debe ser la situación a 2017 del uso de la tierra en la Amazonía peruana en base a la especulación hecha en el Capítulo III que recoge la versión oficial --8,5 millones de hectáreas-- a pesar de ser la menos probable y al tamaño que oficialmente se adjudica a la Selva. Como ya extensamente discutido el autor considera que esas informaciones están distorsionadas y que la deforestación acumulada actual debe alcanzar realmente unos 14 millones de hectáreas. Pero, para facilitar la discusión se usan los datos menos controvertidos. El cuadro 12 recoge informaciones citadas y/o discutidas antes. Pero hay dos elementos a llevar en cuenta. En primer lugar la información sobre área de uso agropecuario es de 2011 y debe haber aumentado un poco hasta la actualidad. En segundo lugar, el estimado de tierra deforestada sin uso, basado en una deforestación de 8,5 millones de hectáreas, ocurre no sólo en el ámbito considerado agropecuario por el censo de 2012 sino que también en las comunidades nativas, bosques de producción y, aunque en menor proporción, también en las áreas naturales protegidas, especialmente de uso directo. A primera vista se constata que gran parte de la Selva ya está protegida de facto por decisiones políticas previas. En efecto, las áreas protegidas --tanto las áreas naturales protegidas por el Estado, como las privadas y las concesiones que sirven a ese mismo fin— cubren 28,1% de la Selva. A eso, en cierta forma, puede añadirse que otro 23% de la Selva ya está adjudicado a las poblaciones nativas y campesinas. Por eso, en teoría, podría estimarse que el 51,1% de la Selva ya está razonablemente protegido. Como se vio antes eso está lejos de ser verdad ya que tanto comunidades campesinas como nativas deforestan para practicar agricultura y que esa área aumenta año a año. Sin embargo, no puede ser negado que eso es un gran paso en el camino de un desarrollo más equilibrado. Otros hechos importantes saltan a la vista: (i) queda muy poca tierra --6,1 millones de hectáreas o 8,5%-- teóricamente por alocar; (ii) la insignificancia del área que produce cada año, en forma de agricultura perenne o anual y ganadería --apenas 2,2% o, 3,1% incluyendo las que no se usan anualmente-- . y; (iii) la enorme área deforestada --8,5 millones de hectáreas o 11,8% de la Selva-- de la que se usa apenas el 19%, o mucho menos si no se aceptan los datos oficiales. 214 La gran preocupación de algunos por la expansión de la agropecuaria para exportación pierde significación ante el hecho de que lo usado efectivamente para la agricultura en general es tan poco (2,2%) y, que en realidad se dedica menos de 1,1% realmente para exportación. Sin embargo, la agropecuaria usa en realidad 8,5% de la Selva de lo que desperdicia cuatro quintas partes. Pero, el tipo de agricultura que hace ese desperdicio no es la de exportación sino la de subsistencia o para consumo nacional. Como discutido la principal causa de la deforestación y del abandono de tierra deforestada y degradada es la agricultura migratoria muchas veces acompañada de la ganadería. Cuadro 12. Resumen más probable de las formas actuales de uso de la tierra en la Amazonía del Perú Categorías de uso de la tierra Área* % ** Notas Áreas Naturales Protegidas 20,2 28,1 Todo tipo de área protegida Uso indirecto 10,2 14,2 Principalmente parques nacionales Incluyendo regionales, privadas y Uso directo 8,7 12,1 transitorias Concesiones protegidas 1,3 Las de conservación y turismo Tierras indígenas y comunales 16,6 23,0 Comunidades nativas 12,4 17,2 Debidamente tituladas Comunidades campesinas 1,8 En su mayoría en la Selva Alta Reservas territoriales 2,4 Todas en la Selva Baja Bosques de producción 17,3 24,0 Concesiones forestales maderables 9,0 12,5 Concesiones no maderables 2,9 Reserva forestal productiva 5,4 ¿Bosques a ser concedidos en el futuro? Humedales, ríos 3,3 4,6 Teóricamente deben ser preservados Total deforestado (oficial) 8,5 11,8 Estimado con datos oficiales al 2017 Total uso agropecuario (oficial) Agricultura permanente Agricultura transitoria +asociada 2,2 0,8 0,4 Pastos (pecuaria) 0,4 Tierras sin usar cada año (oficial) 0,6 3,1 2,2 Tierra deforestada sin uso 6,3 8,8 Tierra sin alocar 6,1 8,5 Censo de 2012. En 2017 debe ser más. Incluye reforestación Cultivos anuales En la Selva solo hay pasto cultivado Incluye tierras en producción o descanso y las de uso urbano según censo 2012 En base a información oficial Aún con bosques o, sin ellos --si la deforestación real es mayor que la oficial-- TOTAL 72,0 100.0 Notas: * En millones de hectáreas; ** Porcentaje del área oficial de la Amazonía peruana (72 millones de hectáreas). El cuadro está basado en las discusiones anteriores. Otro asunto evidente en el cuadro 12 es que, en teoría, queda relativamente muy poca tierra por alocar o destinar a otros usos. Lo que sobra no aún destinado con bosque es 6,1 millones de hectáreas. Pero, una parte no definida de lo deforestado tampoco está alocado, es decir que no está titulado. Aquí es preciso aclarar que, en la actualidad y cada vez más en el futuro, las tierras consideradas como de producción forestal serán convertidas a otros usos, inclusive agricultura. E decir que el tipo de uso de la tierra que más será reducido en las décadas por venir será el forestal --de producción y protección-- ya que todas las demás formas de uso -conservación, indígenas y agropecuaria-- se expandirán sobre ellas. En este ejercicio no se ha considerado que la minería ilegal pueda incrementarse mucho. 215 También debe llamar la atención que en ese cuadro no aparece la categoría de bosques --y tierras-- que se conoce como de protección, que se supone cubren un 25% de la Selva, en especial localizados en la Selva Alta. Este tipo de bosques, ahora conocidos como bosques protectores con la última ley forestal, prácticamente han desaparecido de la legislación y de la práctica, lo que revela el poco cuidado que se tiene de ellos. De facto ese es el tipo de bosque que, pese a que debió ser el más protegido, ha sido el más destruido. Mucho de la restauración debería hacerse en ellos. Visto el cuadro 12 pareciera que la situación a 2017 no es tan mala como se puede prejuzgar. Lamentablemente, las cosas no son tan simples ni estáticas. Los factores a considerar incluyen: (i) las áreas protegidas, en especial las de uso directo, están todas considerablemente mal protegidas y manejadas y son a cada día más agredidas, perdiendo parte de sus bosques; (ii) las tierras de las comunidades nativas se pueden dedicar a explotación forestal, minera y agropecuaria y en ellas hay progreso rápido de la deforestación; (iii) la extensión cubierta por comunidades nativas debe crecer considerablemente; (iv) las reservas territoriales indígenas serán inevitablemente asimiladas a comunidades nativas con los mismos problemas, (v) la explotación de los bosques de producción no es sostenible y continúa siendo vector de degradación y de deforestación debido a los caminos de extracción, (vi) la agricultura de todo tipo, y la deforestación, continúa expandiéndose gracias a los planes viales del gobierno que no dan tregua en la Selva. Entonces ¿Cómo sería la Selva en un plazo de diez años si se continúa “como siempre”? Habida cuenta las discusiones en los capítulos previos el escenario tendencial más probable se caracterizaría por: (i) Aumento significativo, quizá en un millón de hectáreas, el área dedicada a áreas naturales protegidas, posiblemente más en la categoría de reserva comunal que en otras, aunque aún existen gaps a ser completados en las áreas protegidas de uso indirecto. (ii) Aumento muy significativo, posiblemente en más de dos millones de hectáreas, el área dedicada a las poblaciones indígenas, en especial en vista de lo previsto para comunidades nativas. Pero es previsible que algunas reservas territoriales disminuyan para dar lugar a comunidades nativas y reservas comunales. (iii) Aumento muy significativo del área bajo uso agropecuario, quizá alcanzando un total de 4 millones de hectáreas, incluyendo lo que el censo agropecuario denominó tierras en descanso anual. (iv) Aumento muy significativo del área deforestada acumulada. Puede estimarse en base a la progresión entre 2001 y 2017, que entre 2018 y 2028 se deforesten de 2 a 3 millones de hectáreas adicionales. Si se usa la versión oficial se llegaría a un acumulado de 10,5 a 11, 5 millones de hectáreas deforestadas. Si se usa la versión probable, se alcanzaría entre 16 y 17 millones de hectáreas. (v) Disminuya considerablemente, en varios millones de hectáreas, el área dedicada a la producción forestal, por su uso por agricultura migratoria, conversión a comunidades indígenas y reservas comunales (vi) Disminuya hasta casi desaparecer el área de bosques no alocados que pasarían a formar parte de uso agropecuario, tierras indígenas o áreas protegidas. (vii) La proporción de tierra deforestada sin uso a tierra en producción se mantendría probablemente igual, es decir cinco a uno con los datos oficiales y muchísimo menos con los datos probables. 216 En ese escenario puede suponerse que el PBI amazónico aumentaría un poco pero que los niveles de pobreza se mantendrían tal como en la actualidad, debido a los mecanismos de distribución de la renta. Es probable que se ofrezca un mayor volumen de servicios a la población pero como esta aumentará es de suponer que la atención al público no mejore. Si todo quedará congelado tal como está hoy, la situación de la Amazonía peruana estaría bastante buena. Tampoco sería irremediable el escenario tendencial a diez años esbozado arriba. Por eso es que la próxima década debe ser aprovechad apara hacer cambios drásticos en la política nacional con relación a la Selva, pues esa será la última oportunidad. La explotación de petróleo continuaría del mismo modo que la de oro aluvial y, claro, la contaminación ambiental por esos factores así como por agroquímicos y residuos urbanos aumentaría mucho. Dicho en otra forma, el impacto principal del escenario pesimista no se producirá en un horizonte de diez años sino más adelante. La región de la Selva no va a acabarse, pero perderá los atributos y beneficios del bosque y por eso sus tierras se verán asoladas por largas sequias alternadas por inundaciones excepcionales y, en la Selva Alta, la tierra expuesta descenderá sobre los valles en forma de aluviones cada vez más fuertes y frecuentes. La tierra agrícola carecerá de lluvias oportunas y producir sin riego será cada vez más arriesgado y, lo peor, No hay derecho que el egoísmo de la generación actual destruya el si se cumplen las previsiones futuro de los niños y jóvenes. El esfuerzo vale la pena. científicas, el proceso de sabanización de la Amazonia debido al cambio climático será cada vez más evidente, con graves consecuencias económicas. En medio de eso, con los ríos interrumpidos por inúmeras represas, éstos quedarán prácticamente estériles y la diversidad biológica tanto acuática como terrestre disminuirá en forma drástica. Vale la pena leer, entre otros, el pronóstico de Nobre et al (2016) que recuerda que los males descritos se refieren no sólo a la Amazonia, sino que asimismo afectarán otros biomas distantes que, en el caso peruano, se refieren a la disponibilidad futura de agua en la Sierra y en la Costa. El peor escenario sería que el Perú entrara en la tendencia que en inglés se conoce como “protected áreas downgrading, downsizing and degazettement” --degradación, disminución y derogación de áreas protegidas-- que está ocurriendo en varios países del mundo y que es muy fuerte en el Brasil (Mascia y Pailler, 2010) y de la que, felizmente, el Perú sigue inmune. Las emisiones de dióxido de carbono se acelerarían a partir de las deforestaciones, degradación, quemadas y exposición de humedales en cuyos subsuelos hay estoques de carbono importantes. Resumiendo lo ya dicho, salir de la espiral desastrosa en la que se está implica que, a partir de ahora, en lugar de hacer lo mismo que siempre, se apliquen gradual pero persistentemente 217 todas las medidas mencionadas en el capítulo V, con énfasis en estabilizar la frontera agrícola mediante la intensificación del uso de la tierra ya deforestada y habilitada y el aumento de la productividad. Como se ha visto, aún hay cierto espacio para expandir la frontera agropecuaria sobre bosques naturales, pero eso debe hacerse como segunda opción y sólo en casos extremamente justificados en base a la buena calidad de los suelos y a necesidad evidente, pues, en todas partes puede elevarse varias veces la producción sin aumentar una sola hectárea deforestada. Asimismo, debe velarse por realizar un manejo de bosques que sea realmente rentable, tanto económica como ecológicamente y eso pasa por la reducción de área que se concede a madereros. Las tierras y bosques degradados deberán ser restaurados mediante reforestación o regeneración natural. Estas acciones deben integrarse armoniosamente en un plan bien estructurado y cumplido a cabalidad, como discutido antes. Si eso se hace, dentro de una década se mantendría en lo esencial el uso de la tierra actual presentado en el cuadro 12, pero habría aumentado mucho la superficie dedicada a agricultura y pecuaria sin aumento de la superficie deforestada y, por lo tanto, con una relación mucho más eficiente entre área en producción y área deforestada. La economía habría mejorado mucho, al producir mucho más en el mismo espacio, aprovechando más eficientemente los medios de producción, en especial la malla de vías de comunicación que mejoría en calidad, pero no en número ni extensión. Se supone que década después de década estas medidas se incrementarían y profundizarían, aprovechando las ventajas que ofrece un entorno natural que provee sus mejores servicios ambientales. El mundo ha entrado en la era geológica del Antropoceno, es decir la era en la que los humanos han asumido el control de la biosfera y quizá algo más que eso. Se asume, en general, que esa era comenzó con la segunda guerra mundial, lo que coincide con el inicio de la destrucción masiva de la Amazonia. Dicho de otro modo, lo que ocurra en el futuro depende esencialmente de la humanidad y lo que ocurra en la Amazonia peruana depende de los peruanos. 218 Que este bello atardecer con arcoíris en la Selva sea premonición de un mañana mejor (Milano) 219 Referencias Ab'Saber, A. 1989 Zoneamento ecológico e econômico da Amazônia. Questões de escala e método Estudos Avançados São Paulo (3)5 Agarwal, A. & C. K. Gibson 1999 Enchantment and disenchantment: the role of community in natural resources conservation World Development 27(4):629-649 AIDESEP 2007 La tala ilegal de caoba (Swietenia macrophylla) en la Amazonía peruana y su comercialización al mercado exterior Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, Lima Mayo, 2007 54p. Alem, A. C. e C. 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